domingo, 8 de febrero de 2015
Ojos de Brea
El poema es cínico en los barcos.
Transoceánico mástil.
El o la ceniza alternativa.
Aquel lenguaje de exodos y altavoces.
Parlante semejante al que lleva una codorniz
quién sabe dónde.
Labios de otro pico en lontananza.
Fantasma en la piel deshabitado por la carne.
Lo nocturno y esa transición infantil a
la idolatría, bebiendo una espora, una pórción ilimitada
de tarot. Del lapso y la percepción del agujero.
El poema clasificando las agujas y clavos
en el frenesí, entre tierras
electrógenas de dados y linternas que situamos
con un poco de sobriedad en la
penumbra
-esporádicos-
-casi hechos jardínes-
constituyendo nada más que voces ligadas
a un rayo
o la soledad lunar de la brea
y la organización de la escritura en el pavimento
como un manantial
donde el lirio es otro amanecer.
Y sólo necesita para ello dos ojos de un rostro
en la brea.
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