sábado, 14 de febrero de 2015
El Caminar del Espejo
El espejo camina.
Como cada atardecer deja un muerto.
Muestra en èl cada pelo, cada simpleza,
el tornasol o la cavidad inmunizada por el tiempo
los veranos en que la mirada llega de otro
resplandor para dejar sentado
que su visión se pierde
en otro mundo.
El espejo camina
su sudor es la arteria baja de un eufemismo
coloquial y
herviboro como lo que brota en el aire
con su espacio siniestro de anclas o birremes
dorados como una bicicleta
uniendo sus catalinas desesperadamente
en el viento.
Yo pienso en ese espejo que camina.
Parece bien que ello suceda, parece que es
indispensable tal acontecer en mi existencia
lo cual me dice que hay lo necesario
tambièn deja su craneo en mis
labios, para que pueda vivir
sumergirme un poco màs
enterrarme todo lo que
pueda en ese
horizonte tan pequeño que diseño
cuando estoy dormido.
Nunca cuando estoy despierto.
Y pienso que lo ùltimo debe ser asi.
Que los cabellos y los caballos se unen pero sòlo
foneticamente. Puedo tomar de los cabellos
a alguien con una caricia, alguien
cuyo amor se un polinomio
por ejemplo y traiga
practicas de
geografìa en las orillas de todos los
continentes.
Mientras soy capaz de medir la distancia
que me separa del horizonte.
Y tambièn cuando no soy capaz.
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