lunes, 2 de febrero de 2015

Historia de una Llama





El Oceano. El oràculo en èl con otros insomnios.
La puerta del horizonte al llamarnos con voces
de nihilismo como las que a veces soñamos.

El puerto, la inflexiòn, la coronaciòn de un mustelido
en los tejidos, el parlamento vidrioso del alma
donde el amanecer esparcìa sòlo espejos, tratos 
de estampas y celestes que llegando al atardecer
soplaban sus direcciones hacia mundos de algas 
hacia complementos de oxidos y lejanas ventanas
donde la marioneta de sal conducìa un muñeco y la
ira del mismo, hacia santuarios de muertos y luces
que inventaban cronologìas.

Ese oceano, salì a caminar por sus ojos, con la 
misma ceremonia que lo detuvo entre los desembarcos
entre fosas liquidas de inspiraciòn y caparazones de
espuma, que empezaban a dividirse en el fuego
frente a una chimenea distante en el alma
donde tambièn la sal oscurecìa la penumbra de 
una condiciòn, de una vela que pusimos como un
ùnico santuario para que otros viajeros lograran
reconocernos en nuestra mirada.

Y pudieran saber que tambièn como ellos descendiamos
de la llama.






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