martes, 4 de agosto de 2015

El Simio Blanco de la Aurora





Escribo sobre el brazo vacìo de esta hoja
en una noche variopinta donde el lumen ha sido
decapitado y entre la muselina se ahoga.

Sobre ese dìa de julio que una daga abre en el
aire, con martilleos conjugados por un soplo, sobre
rafagas y figuras de chimeneas.

Desconcertado por el sueño de una epopeya
que desde una oraciòn ardiente en los arreboles,
tornasola los movimientos de las raices.

Escribo sobre esa casa invadida por las sienes
junto al mentòn que creciò entre la hojarasca
bañado de jinetes y brazaletes de esquirlas.

En el dìa que equidista del musgo y direcciona
el sentido de una clasificaciòn en los ojos, donde las
escamas descuelgan prototipos de cera.

Totalmente arquetipico al caer con la luna
desde racimos donde el simio blanco de la aurora
desnudò el perfume escarlata de una alhambra.

Sobre las cartas que elevan sus trompetas
en dimensiones de arpas y ciudades, empujando
tradiciones de abominaciòn en la brea.

Solidificando el material de las colinas, el soplo
medieval de una tijera en la nuca, cuando el animal
divide en planetas de ambar el castigo.

Escribo desde este planeta que se mimetiza, desde
ese patio de enjambres que disecan los planetarios
entre dioses celestes en las encias de las sombras.

Desde un pàjaro que toca la espuma en el aire
Desde un presagio que acaricia el hollin de la tarde
entre pavimentos ludicos y suicidas como el hombre.









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