jueves, 3 de marzo de 2016
Encuentro
Una muchacha es un día.
Vino a encender un fervor para siempre.
Cuando llegó la aurora era una monarquía
mientras los elefantes dormìan.
Era invierno y no habìan palabras.
Era y lucidas jeraquìas de trenes llevaban senos
de madera en sus estatuas.
Prolongaciones de crines. Uno y otro aviòn
que despierta de los cines abriendose paso entre la
pantalla...La muchacha observa ello porque aùn era marina,
gravitacional o terrestre tal como lo escribìan los espacios
o el lugar donde se fermentan los milagros en las eras.
Tambièn oservò a los espectros.
Se retirò de la linfa y de las aguilas.
Fue un mamìfero hasta conservar la escritura de
la leche.
-hasta allì, tù yo seguìamos el camino de los
leprosarios-
Una muchacha convirtiendose en un dìa.
Habla entre moviles y sigue las ordenes de los
cigarros.
Se contenta con la estatura del agua.
Es prodiga y lunar como las biografìas.
Lleva craneos y hojas verdes de las cuales pueda
alimentarse.
-hasta ese punto lo sabemos tù y yo que paralelamente
hemos llegado a algo semejante-
A travès de un encuentro en los ojos.
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