sábado, 20 de octubre de 2012
Las Anclas de los Espolónes
Del libro a la armonía.
Al espolón desnudo mientras sueñas.
A un astillero donde caen placas tectónicas
igual que un primogénito.
A un vacío de crótalos.
Sobre correos y jaques
de lluvia, el amor roba un ancla.
Cuando la intensidad para tocar una hoja
deja el trance hipnótica por una devoción
sin puntos.
Cuando - en lo que concierne a mí - me separo
de una cornea para comprenderme.
Y ello no es inmensidad.
Es sólo un fruto particular de la mente.
Algo a lo que dedicamos nuestra vida.
De las cosas a los efectos, al ser de
nuestro lado con su gremeio de aire.
En nuestros sesos.
En las formulas del aliento.
Entre persecuciones de antiguos fantasmas
en la greba, siempre jugando como tigres.
Bajo rieles acuaticos. Vulnerables como un delta sinóptico
y sus dicotomías.
En el resplandor que abre burdeles.
En los cuellos de la fantasia, tan velada por la
iluminación.
Velada por toda iluminacion...
Hasta lograr que la trascendencia pueda
devastarla.
Guillermo Paredes Mattos
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