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sábado, 4 de septiembre de 2010

La Religion del Espejo

Alguna noche hemos sido transeuntes de
velos. Como nosotros. Que paradòjico.
Como una fuente talvez.

Con un pedazo de relàmpago y otro de vòrtice
jamàs dimos tregua hermeneutica
a la sobriedad del heraldo paseando por
troneras de agua.

Somos un mineral, el oboe saludo del sinuoso
lugar en la hojarasca, la crònica donde el rìo
desencaja su corazòn y ese escrito deriva
a psicologìcas figuras.

No hemos sido vesìcula para crear una sombra
un presagio puede entender el mundo
pero no la sensibilidad que juega
con metabolismos de acidos
con nombres carnivoros,
estrepitosas impresiones de arnes
martires donde cabalisticos ojos
abren una puerta
y una religiòn de espejos.

Una granada escondiendo en su corazòn
un heraldo.

Lleno de pànico cuando
las ventanas de cemento se acaban.

Y su palidez debe enfrentar
otras frondas.




Guillermo Paredes Mattos.

sábado, 27 de febrero de 2010

Entrada hacia la Lluvia

Poesìa


Nosotros que dejamos atràs la razòn
para dejar una raìz en cada sentimiento.

Que fuimos abandonando aquello para lo cual
estabamos preparados.


Que desertamos a cada momento de todo lo
que nos ofrecìa la vida.

Que repartimos angeles entre la madera y
pendientes azules en los mercados.

Que nos satisfaciamos con muy poco,
una situaciòn con algas y estuarios donde
los niños se convertìan en medusas.

Aquellos, sin mucho que decir, sin nada que buscar.

En ese prodigio crecimos y no fuè
por hambres y acertijos que recogimos del aire
banquetes de encinas, una ancestral demostraciòn
donde las cenizas que recogimos en nuestras manos
sabìan que habiamos leìdo en su fuego.

Aquellos burlando y amando la fè, el estilo del temple,
del yermo màs viejo donde el silencio
era un escrupulo de la providencia.

Y la mortal caricia de la divinidad.




Guillermo Isaac Paredes Mattos.

lunes, 22 de febrero de 2010

Poema

Poema


Nosotros, los silenciosos.
Los que fuimos asignados a una marea.
A esa puerta que empujamos pero que nunca terminarà de abrirse.
Los que llevamos tridentes y tambièn ocasionalmente mareas.
Los que desestimamos. Los que vagan. Amamantados por el cielo
o una ubre de pustulas sorprendiendo al semen
bajo un menguante de hiedras.

Que nos fermentamos y pudrimos, que ideamos cachorros
cuando todo ha caido y hasta un exhalo se llena de larvas,
de sepias como un bosque donde vibra la multitud igual
a cantidades de follaje, a aritmeticas que rozan el exilio
para quedarse solas.

Nosotros que jamàs seremos matemàticos, triangulares si se quiere.
Espiralmente el recorrido del vortice cuando llena su pupila
de tristeza, hablo en singular, la otra no sè por donde yerra.

Esos que llenan de cicatrices los excusados y retienen
en cada arpa lso recorridos de un arabe, de una miseria
en la nieve vestida de agua, cuando la ceremonia
pertenece absolutamente al granizo.


Que -en apariencia- quemaremos los cielos
Que -en apariencia- no resistiremos los centimetros
de ningun hemisferio.

Nosotros, los bordes, la linea atroz del poema.

Aquella que esconde otro en sus venas.


Guillermo Isaac Paredes Mattos