Mensajes del Aura
Este mensaje del aura con cabellos descoloridos'
la seca humedad de la arena y su ciudad paradòjica de ensueño.
Esa curiosidad de haber escrito temprano
para ver las cosas que suceden muy tarde.
Esta convicciòn de que el ejemplo es decir las cosas
mas de una vez y basta una.
Mi cabeza contigua a la formaciòn del papel
donde los veleros detienen su conocimiento.
La aventura que no forma parte de nada,
aqui arrojarè ordenes que llegan en cada amanecer
desnudas por un cirio.
Y sobre ellas la hecatombe supondrà como yo que
no hay aguilas, pero sì elementos para empezar
sobre los faroles igual al buho
que detiene una clepsidra.
Vestido de estrella.
Aquì el retablo de humana medicina, la cirugìa profunda
ante dios, el despistaje de ese encabezado
para un suicida que mira en sus heridas
para ver su màgico fracaso.
Empero una herida es sòlo eso, no posee fracasos.
El fracaso es el final del prodigio.
La abstraciòn del milagro.
No camina como el hombre ni deja estelas
ahora que el tiempo trae el instinto
donde el origen camina hacia una fortaleza.
En ella doncellas de arena alientan el furor
del seno en maquinas donde gritos de alcohol
presagian su sonàmbula experiencia.
Las palabras con enves petreo
en su cultural generaciòn.El cientìfico desarrollo
de sus nervaduras sacrificandose en el cèfiro.
Como lo hace una ràfaga.
Guillermo.
domingo, 28 de febrero de 2010
sábado, 27 de febrero de 2010
Entrada hacia la Lluvia
Poesìa
Nosotros que dejamos atràs la razòn
para dejar una raìz en cada sentimiento.
Que fuimos abandonando aquello para lo cual
estabamos preparados.
Que desertamos a cada momento de todo lo
que nos ofrecìa la vida.
Que repartimos angeles entre la madera y
pendientes azules en los mercados.
Que nos satisfaciamos con muy poco,
una situaciòn con algas y estuarios donde
los niños se convertìan en medusas.
Aquellos, sin mucho que decir, sin nada que buscar.
En ese prodigio crecimos y no fuè
por hambres y acertijos que recogimos del aire
banquetes de encinas, una ancestral demostraciòn
donde las cenizas que recogimos en nuestras manos
sabìan que habiamos leìdo en su fuego.
Aquellos burlando y amando la fè, el estilo del temple,
del yermo màs viejo donde el silencio
era un escrupulo de la providencia.
Y la mortal caricia de la divinidad.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Nosotros que dejamos atràs la razòn
para dejar una raìz en cada sentimiento.
Que fuimos abandonando aquello para lo cual
estabamos preparados.
Que desertamos a cada momento de todo lo
que nos ofrecìa la vida.
Que repartimos angeles entre la madera y
pendientes azules en los mercados.
Que nos satisfaciamos con muy poco,
una situaciòn con algas y estuarios donde
los niños se convertìan en medusas.
Aquellos, sin mucho que decir, sin nada que buscar.
En ese prodigio crecimos y no fuè
por hambres y acertijos que recogimos del aire
banquetes de encinas, una ancestral demostraciòn
donde las cenizas que recogimos en nuestras manos
sabìan que habiamos leìdo en su fuego.
Aquellos burlando y amando la fè, el estilo del temple,
del yermo màs viejo donde el silencio
era un escrupulo de la providencia.
Y la mortal caricia de la divinidad.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Mientras
Mientras
Mientras una daga enciende sus palabras interpretamos
que en ello a la vida de èstas se asemeja.
Nunca dice su nombre.
Y celosos como una noche de nieve en las
alas de un pàjaro volvemos a ser desconocidos.
Lo siento.
No tuve el cristal de la centella.
El vidrio expresivo relatado por una mirada
al borrar sus ojos de la realidad.
Contuve el aliento pues sentìa mi corazòn en
los labios y nunca supe que hacer
con su mundo.
Mientras en las calles borrones egipcios
y nebulosas con la espalda
despistaban embrujos
una vìa lactea recorrìa el destino
que el horizonte
determino para un libro.
Y tuve miedo de deshacerme de èl
porque la noche seguìa siendo una daga.
Toda daga no es mas que una palabra.
Y como èstas jamàs dice su nombre.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Mientras una daga enciende sus palabras interpretamos
que en ello a la vida de èstas se asemeja.
Nunca dice su nombre.
Y celosos como una noche de nieve en las
alas de un pàjaro volvemos a ser desconocidos.
Lo siento.
No tuve el cristal de la centella.
El vidrio expresivo relatado por una mirada
al borrar sus ojos de la realidad.
Contuve el aliento pues sentìa mi corazòn en
los labios y nunca supe que hacer
con su mundo.
Mientras en las calles borrones egipcios
y nebulosas con la espalda
despistaban embrujos
una vìa lactea recorrìa el destino
que el horizonte
determino para un libro.
Y tuve miedo de deshacerme de èl
porque la noche seguìa siendo una daga.
Toda daga no es mas que una palabra.
Y como èstas jamàs dice su nombre.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
viernes, 26 de febrero de 2010
La vena de los Perseguidores
La vena de los Perseguidores
No se inventan calles para que todos se sometan
al uso de la niebla. Tan sòlo se crean.
Ni se desdibujan fàroles de siglos con radiografìa
de goma en las pupilas.
Yo reconocerìa algo de mì cuando la noche
se alarga en la caida de un àngel.
Y los pasos despuntan como naves o revolveres
llevando fragancias de pensamientos.
En el fondo la figura conduce el corazòn
a algo màs profundo como el polvo.
Y en los centinelas de los estandartes sòlo
la brisa te mira pasar en secreto.
Y tù y yo momento, adivinamos que toda manìa
es espìritual y reconoce el lenguaje
como un navegante con el cual se abre
un estambre de niños
sangrientos
en lo màs lejano del diàlogo.
El diàlogo tambièn corta el lenguaje pero
insinua como que la noche
algo espeluznante en
lo remoto.
Una letrina. Un cerco de muelles, un dios
al pasar, la vocaciòn religiosa de
saludo, una ojera, un metodo
de hambre ideològica.
No caminè entre mis venas con aire de persecuciòn,
tampoco hurdì retiradas de larvas cuando
el universo llenaba su rostro
de luciernagas. No.
Vivì como todo el mundo, pero un poco màs.
Eso no es todo, simbolizò rellenar la pereza del
cadaver que unìa alamedas
con un artificio
signfico implicar lògicas que arrastraron
el desencanto a la
iluminaciòn.
Y la razòn a otra
lògica.
Guillermo.
No se inventan calles para que todos se sometan
al uso de la niebla. Tan sòlo se crean.
Ni se desdibujan fàroles de siglos con radiografìa
de goma en las pupilas.
Yo reconocerìa algo de mì cuando la noche
se alarga en la caida de un àngel.
Y los pasos despuntan como naves o revolveres
llevando fragancias de pensamientos.
En el fondo la figura conduce el corazòn
a algo màs profundo como el polvo.
Y en los centinelas de los estandartes sòlo
la brisa te mira pasar en secreto.
Y tù y yo momento, adivinamos que toda manìa
es espìritual y reconoce el lenguaje
como un navegante con el cual se abre
un estambre de niños
sangrientos
en lo màs lejano del diàlogo.
El diàlogo tambièn corta el lenguaje pero
insinua como que la noche
algo espeluznante en
lo remoto.
Una letrina. Un cerco de muelles, un dios
al pasar, la vocaciòn religiosa de
saludo, una ojera, un metodo
de hambre ideològica.
No caminè entre mis venas con aire de persecuciòn,
tampoco hurdì retiradas de larvas cuando
el universo llenaba su rostro
de luciernagas. No.
Vivì como todo el mundo, pero un poco màs.
Eso no es todo, simbolizò rellenar la pereza del
cadaver que unìa alamedas
con un artificio
signfico implicar lògicas que arrastraron
el desencanto a la
iluminaciòn.
Y la razòn a otra
lògica.
Guillermo.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Escenario Morfològico
Escenario Morfòlogico
La escena verdea en el remordimiento una cùpula
un angel amarillo ejecutado por la arena, antes
del sufrimiento, el pavor y las aguilas.
Morfologìas de piedra ayunan entre vainas
que humedecen el devenir del azogue y los acidos
encienden una luna en sus senos.
Patios de perfidìa levantan una trampa
es de añil emergiendo en sus techos
como una ley de marionetas arrimadas al agua.
En esta escena de lenguajes interiores, subjetivos
un sol cubre relentes de pistilos antiguos
donde mercurio era marte despiadado entre alcoholes.
Los personajes descubrìan cadenas, eslabònes,
tercetos sin lugar, en su vibrar originario
el funeral màs absurdo era heroe nihilista.
Ambientes nocturnos, la mariposa incoherente
muerde el vidrio con la paciencia mistica
de un hombre descendiendo en sus entrañas.
Maestrìa de venas que buscaron el suplicio
que añoraron estrenos y fragatas donde el timpano
pudiera ser oido para interpretar el oceano.
Reos dogmaticos, absolutas naves sobre lìricos ojos
el ver equinoccial del azar convierte fuselajes
en discusiones de grillo dentro de una pantera.
Y entre cabezales de ira desciende el vinilo
con su ediciòn de versiones buscando la hoja,
el pètalo de papel donde enterrar sus halos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
La escena verdea en el remordimiento una cùpula
un angel amarillo ejecutado por la arena, antes
del sufrimiento, el pavor y las aguilas.
Morfologìas de piedra ayunan entre vainas
que humedecen el devenir del azogue y los acidos
encienden una luna en sus senos.
Patios de perfidìa levantan una trampa
es de añil emergiendo en sus techos
como una ley de marionetas arrimadas al agua.
En esta escena de lenguajes interiores, subjetivos
un sol cubre relentes de pistilos antiguos
donde mercurio era marte despiadado entre alcoholes.
Los personajes descubrìan cadenas, eslabònes,
tercetos sin lugar, en su vibrar originario
el funeral màs absurdo era heroe nihilista.
Ambientes nocturnos, la mariposa incoherente
muerde el vidrio con la paciencia mistica
de un hombre descendiendo en sus entrañas.
Maestrìa de venas que buscaron el suplicio
que añoraron estrenos y fragatas donde el timpano
pudiera ser oido para interpretar el oceano.
Reos dogmaticos, absolutas naves sobre lìricos ojos
el ver equinoccial del azar convierte fuselajes
en discusiones de grillo dentro de una pantera.
Y entre cabezales de ira desciende el vinilo
con su ediciòn de versiones buscando la hoja,
el pètalo de papel donde enterrar sus halos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Elasticidad de un Lunàtico
Elasticidad de un Lunàtico
Yo fuì creado por esa cobardìa llamada soledad.
Nada tengo que perder entre sus sombras.
Sea dìa o noche mi espìritu es enfrentado a mi alma
y mi conciencia no posee escrùpulos
para que suceda.
Por lo tanto jamàs sè que sucederà con mi vida.
No tengo una nociòn del mundo como la que hoy poseo
se que dentro de unos instantes cierto talento
harà que esta desaparezca.
Hablemos con propiedad, no necesariamente
talento.
Esto como un hecho es un pronunciamiento poètico.
Quisiera llamarla belleza pero en el fondo es enferma y lùnatica
como todos los vidrios, asi empieza un poema.
No el que escribo, el citado, es un susodicho que busca el amor
entre los filos, en las dimensiones donde el abismo
es capaz de reconocer la arena
en el viento
o el mar en un caballo.
Me rìo de imperios y civilizaciones, de jardines o huertos,
señores yo siempre escupirè sobre todo poema,
incluso del que se jacte de llevar poesìa.
Esos son los màs terribles, lo digo con la experiencia del
que vago entre sus suburbios con el perfil sonàmbulo
desquiciado y astuto del desprecio.
Esta es mi elasticidad, un miedo indòmito que reclina su cabeza
a cada momento para ver que hago,
un relato tan inocente que da pavor desnudarlo.
Por ello me pudro en su inocencia.
En la inspiraciòn de esta metàfora sin destino.
Quièn nos ha engañado, aqui encontraràn sòlo verdugos o esclavos.
Y debes saberlo poesìa.
Ante tu latido jamàs serè lo uno
ni lo otro.
Guillermo isaac paredes mattos.
Yo fuì creado por esa cobardìa llamada soledad.
Nada tengo que perder entre sus sombras.
Sea dìa o noche mi espìritu es enfrentado a mi alma
y mi conciencia no posee escrùpulos
para que suceda.
Por lo tanto jamàs sè que sucederà con mi vida.
No tengo una nociòn del mundo como la que hoy poseo
se que dentro de unos instantes cierto talento
harà que esta desaparezca.
Hablemos con propiedad, no necesariamente
talento.
Esto como un hecho es un pronunciamiento poètico.
Quisiera llamarla belleza pero en el fondo es enferma y lùnatica
como todos los vidrios, asi empieza un poema.
No el que escribo, el citado, es un susodicho que busca el amor
entre los filos, en las dimensiones donde el abismo
es capaz de reconocer la arena
en el viento
o el mar en un caballo.
Me rìo de imperios y civilizaciones, de jardines o huertos,
señores yo siempre escupirè sobre todo poema,
incluso del que se jacte de llevar poesìa.
Esos son los màs terribles, lo digo con la experiencia del
que vago entre sus suburbios con el perfil sonàmbulo
desquiciado y astuto del desprecio.
Esta es mi elasticidad, un miedo indòmito que reclina su cabeza
a cada momento para ver que hago,
un relato tan inocente que da pavor desnudarlo.
Por ello me pudro en su inocencia.
En la inspiraciòn de esta metàfora sin destino.
Quièn nos ha engañado, aqui encontraràn sòlo verdugos o esclavos.
Y debes saberlo poesìa.
Ante tu latido jamàs serè lo uno
ni lo otro.
Guillermo isaac paredes mattos.
Trama del Suicidio - Oràculo del Granizo
Trama del Suicidio
El Suicidio es un poema que sòlo se escribe una vez
Ya sea por indicios o molèculas de aire.
Ya por el vidrio donde un purgatorio se detiene
al pensar en madrigal y un bosque rojo
irradia continuo en la perversidad
y su imagen.
Entre naipes y màrtires boreales.
Cuando sucedemos en forma de campanas y una
vez màs los interiores reflejan un sujeto
una caverna de hilos,
la aguja psicologica de mi boca
el subterraneo confìn de mi lengua.
Ya sea por el vaya y el tambièn.
Girando con exactitud y errores
describiendo y descifrando como lo hace
un tren en los vagones,
conciente de vivir suspendido entre rieles
y en ese nada màs sorber las crines,
decir hacìa los pètalos,
en realidad esa idea es un feudo
la ignorancia de este cosmos
el pergamino cojo de mi saludo,
mi hambrienta coronaciòn de versos en
el aire,
en la posiciòn de un jardìn pensando
en su pomulo,
en la reticula de su màscara
en el urbano deletreo de mi abecedario
seco y humedo al descender
hacia un hemisferio
donde un màgico maleficio
nos conduce hacìa tribunales de nadie.
Oràculo del Granizo
A veces uno puede ver en lo inasible.
Caminar una vez màs sin darse cuenta en el habito.
Ser el animal de una costumbre
carnivoro y asolapado de la ceniza y la huella
sobre todo de aquella que se ilumina tan nuestra
debajo de la providencia y una balada de dioses.
Y tambièn respirar seducientes
fabricas de alcohol y albumina, desprender minaretes
ahogar serpientes dentro del agua,
no digo debajo, eso serà un artificio.
Y de todos prefiero el que empieza a llevarme.
A veces todo es epifanìa,
repetir el mismo indicio biològico
caminar tejiendo cavernas de monòlogos
estropicios de amoniaco, balticos techos de raices
comparàndose con armonìas de viento
y en todo viento la clarinada del presagio
trae oràculos de granizo. No hablo de adivinos
ni pòcimas, de alquimias o cadaveres entre
los arboles.
Hablo de sonidos sobre la nieve.
De la lentitud en mi gramatica para conocerse
y conocerte, incluso para conocer.
Si imprimo es para detener el discurrir
de las cosas,
pero ello es la pretensiòn màs cara del espacio
y sòlo soy un antiguo caballete de piedras,
un mal integrado debajo de la marea
un suburbio escarapelandose
donde las yugulares baten seres de insomnio
columnas de huesos,
caratulas de fè e hilos.
Serenas espadas donde las iglesias
gritan un nombre.
Y mi locura de celeste razòn les da
su velo.
© Guillermo Isaac Paredes Mattos
El Suicidio es un poema que sòlo se escribe una vez
Ya sea por indicios o molèculas de aire.
Ya por el vidrio donde un purgatorio se detiene
al pensar en madrigal y un bosque rojo
irradia continuo en la perversidad
y su imagen.
Entre naipes y màrtires boreales.
Cuando sucedemos en forma de campanas y una
vez màs los interiores reflejan un sujeto
una caverna de hilos,
la aguja psicologica de mi boca
el subterraneo confìn de mi lengua.
Ya sea por el vaya y el tambièn.
Girando con exactitud y errores
describiendo y descifrando como lo hace
un tren en los vagones,
conciente de vivir suspendido entre rieles
y en ese nada màs sorber las crines,
decir hacìa los pètalos,
en realidad esa idea es un feudo
la ignorancia de este cosmos
el pergamino cojo de mi saludo,
mi hambrienta coronaciòn de versos en
el aire,
en la posiciòn de un jardìn pensando
en su pomulo,
en la reticula de su màscara
en el urbano deletreo de mi abecedario
seco y humedo al descender
hacia un hemisferio
donde un màgico maleficio
nos conduce hacìa tribunales de nadie.
Oràculo del Granizo
A veces uno puede ver en lo inasible.
Caminar una vez màs sin darse cuenta en el habito.
Ser el animal de una costumbre
carnivoro y asolapado de la ceniza y la huella
sobre todo de aquella que se ilumina tan nuestra
debajo de la providencia y una balada de dioses.
Y tambièn respirar seducientes
fabricas de alcohol y albumina, desprender minaretes
ahogar serpientes dentro del agua,
no digo debajo, eso serà un artificio.
Y de todos prefiero el que empieza a llevarme.
A veces todo es epifanìa,
repetir el mismo indicio biològico
caminar tejiendo cavernas de monòlogos
estropicios de amoniaco, balticos techos de raices
comparàndose con armonìas de viento
y en todo viento la clarinada del presagio
trae oràculos de granizo. No hablo de adivinos
ni pòcimas, de alquimias o cadaveres entre
los arboles.
Hablo de sonidos sobre la nieve.
De la lentitud en mi gramatica para conocerse
y conocerte, incluso para conocer.
Si imprimo es para detener el discurrir
de las cosas,
pero ello es la pretensiòn màs cara del espacio
y sòlo soy un antiguo caballete de piedras,
un mal integrado debajo de la marea
un suburbio escarapelandose
donde las yugulares baten seres de insomnio
columnas de huesos,
caratulas de fè e hilos.
Serenas espadas donde las iglesias
gritan un nombre.
Y mi locura de celeste razòn les da
su velo.
© Guillermo Isaac Paredes Mattos
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