El color natural de una avenida
aquel que no posee razòn.
El que neutraliza y repele poesìa.
Ese que lleva un asta entre nosotros.
Como una nube, como llamarada fluorescente
en las orejas y lo nocturno es un banquete
sin lograr juzgarnos
y damos por sentado un idilio
de linchamientos, donde empalamos
una pradera bordada por tejidos de escaleras.
Ese color liberandose del velero y una perfecciòn,
como si percibir fuese exacto,
seruro de este tramite
sumando liendres a mi burocracia.
- Mi mirada -digo- es mi burguesìa
de perro-
- O esa nube de caìn tomando este recurso,
para que su rostro pueda sorprenderse
de un higado en el suelo-
Esto ùltimo en mi intenciòn debìa ser postrero,
deajr que llevara el acento que arroja
al pièlago del escribir a una fosa.
Por màs que toda fosa no sea
demiurgo.
Un soñador de boìnas.
Esa mitad divina sin encontrar la providencia
y que vaga entre los hombres.
El dìa natural.
De tinta y lapicero.
De zar o azufre.
Llevando prendas, tomando botines,
caos y sobrevivientes.
Desvaneciendose en caos eternos,
edificados por cànticos.
Construìdos solamente
por gemelos.
Guillermo Isaac paredes mattos
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miércoles, 11 de enero de 2012
sábado, 29 de octubre de 2011
Los Cisnes de la Oscuridad
Hay puertas que insinuan peciolos
hemisferios de insomnes caidas por la nieve
cuando el invierno confunde su corazón con el rocío.
Es el espíritu de un sueño
recorriendo pergaminos que fueron del veneno
que una noche juntaron espoletas
que divisaron siluetas
antes que la imagen pudiera hacerlo con su escencia.
Hay cristales donde ninguna transparencia
debe a la existencia una palabra
un sonido de metal
una calle de svasticas trazando
el lenguaje mas facil del arte
esa velocidad de miedo camino
de la playa
cuando el mar nos espera
sumergido en las aguas.
Pero dios es subterraneo
igual que la piel, igual que un bosque
poseido por los ecos
por un disturbio hecho de fabricas
de florecimientos que hurgan ruinas
en los humeros, caminantes de sueño
en las entrañas
y los cascabeles anuncian
caravanas podridas en el viento
fermentando una y otra vez su adios en las pupilas
en esa mirada que ofrecemos para nadie
cuando el mundo parece el atomo
que no dará su corazón a la tierra.
Hay puertas, solsticios de uñas
orfebres de papel
mirando en las maderas
y entonces sobre la oscuridad
emergen las frentes
llevando cintas negras de levantes
incendios donde la soledad recuerda sus juguetes
su castillo de niño
su borde rodeado de pubis
y por amor al mar
vuelvo a creer en un barco
en un verso de metal
en una página de sed
en el nombre que seguramente diré
un día
unido al más extraordinario sacrificio.
No lo conozco.
No sé si llegaré a él.
Sólo sé que traza sus raices
entre cisnes de oscuridad.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
hemisferios de insomnes caidas por la nieve
cuando el invierno confunde su corazón con el rocío.
Es el espíritu de un sueño
recorriendo pergaminos que fueron del veneno
que una noche juntaron espoletas
que divisaron siluetas
antes que la imagen pudiera hacerlo con su escencia.
Hay cristales donde ninguna transparencia
debe a la existencia una palabra
un sonido de metal
una calle de svasticas trazando
el lenguaje mas facil del arte
esa velocidad de miedo camino
de la playa
cuando el mar nos espera
sumergido en las aguas.
Pero dios es subterraneo
igual que la piel, igual que un bosque
poseido por los ecos
por un disturbio hecho de fabricas
de florecimientos que hurgan ruinas
en los humeros, caminantes de sueño
en las entrañas
y los cascabeles anuncian
caravanas podridas en el viento
fermentando una y otra vez su adios en las pupilas
en esa mirada que ofrecemos para nadie
cuando el mundo parece el atomo
que no dará su corazón a la tierra.
Hay puertas, solsticios de uñas
orfebres de papel
mirando en las maderas
y entonces sobre la oscuridad
emergen las frentes
llevando cintas negras de levantes
incendios donde la soledad recuerda sus juguetes
su castillo de niño
su borde rodeado de pubis
y por amor al mar
vuelvo a creer en un barco
en un verso de metal
en una página de sed
en el nombre que seguramente diré
un día
unido al más extraordinario sacrificio.
No lo conozco.
No sé si llegaré a él.
Sólo sé que traza sus raices
entre cisnes de oscuridad.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
jueves, 9 de junio de 2011
La Metáfora del Espíritu
Vivir como lo hace la incertidumbre.
Haber inventado tu propia noche.
Crear un nombre para las diferencias.
Reconocer la huella del rito en la literatura
porque toda literatura es un rito.
Buscar el canto más humedo de la niebla
donde el día parece escudriñar el tiempo
al deformar un planetario.
Reflexionar en el pensar una oración
el semántico agudo del escrito,
despuntando al calíz de una cordillera
donde sólo se mecen montañas.
Descender único entre las azoteas
idéntico al barro
tan seguro en el libro de los anonimatos
como un titán en celo, soñando sólo un verso
uno sólo,
un poema que no sea reflejo de nada
sino una bestia sin amarras
exfoliando avezadas marismas
donde descansan sus secuaces
Oir que percibimos
al oriente del despojo
entre el desdén y los cabellos,
femáticos. Como una audacia sin puertos
en medio del propósito.
Allí donde todo corazón es persuadido
por el latido
para despertar un día encerrado en el pecho
de los hombres.
Guillermo Isaac paredes mattos
Haber inventado tu propia noche.
Crear un nombre para las diferencias.
Reconocer la huella del rito en la literatura
porque toda literatura es un rito.
Buscar el canto más humedo de la niebla
donde el día parece escudriñar el tiempo
al deformar un planetario.
Reflexionar en el pensar una oración
el semántico agudo del escrito,
despuntando al calíz de una cordillera
donde sólo se mecen montañas.
Descender único entre las azoteas
idéntico al barro
tan seguro en el libro de los anonimatos
como un titán en celo, soñando sólo un verso
uno sólo,
un poema que no sea reflejo de nada
sino una bestia sin amarras
exfoliando avezadas marismas
donde descansan sus secuaces
Oir que percibimos
al oriente del despojo
entre el desdén y los cabellos,
femáticos. Como una audacia sin puertos
en medio del propósito.
Allí donde todo corazón es persuadido
por el latido
para despertar un día encerrado en el pecho
de los hombres.
Guillermo Isaac paredes mattos
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