jueves, 9 de septiembre de 2021
Los Circulos que se Prolongan
sábado, 15 de agosto de 2020
La Inmensidad del Naipe
Creo que el silencio puede ser épico.
Que algunas de sus cotas son simultáneas o ávidas.
Inundadas por negros terciopelos.
Que debajo de cada noche de neón existe una mañana
de crucifijos.
De bosques que llevan prismáticos y sienes
como si tratarase de marinos o relámpagos de nieve en
un rostro.
También creo en esa obra de la luz donde el brillo
cruza la realidad con una especie de metáfora en su boca.
-por más que parezca el asunto dejó por ello de ser poético-
Con una forma de definición llena de hélices
y espantapájaros.
Con un extraño mundo - si se quiere - de lechuzas que crecen
y alcanzarán un día no sé que inmensidad de naipes.
De neologismos.
Oprimiendo siempre una sentina de hollín en
la silueta que deja una xilografía o el acto de la sed
con reductos de algas y serpientes.
Y yo pienso en ello.
Con la percusión de un violín que humedece sus fibras
hasta llegar al verbo o la carne.
Yo vivo en ello con esa consistencia
que hace de los objetos lo más vulnerable en el mundo.
Es así cuando son guiados por las palabras.
Toda palabras es un prófugo. También un rehén.
Existe en la posibilidad igual que los cometas.
Narra orillas donde la naturaleza es de acrílico
y las figuras dormidas en ella
convocan fractales como si algo semejante al principio
sucediera.
Pero no.
Al igual que en este poema.
Es una herida la que se abre mostrándote el final.
Y el poema lo celebra.
Porque en ese instante se separa de los hombres.
viernes, 14 de agosto de 2020
El Triángulo de Polen
Hay una forma de habitación.
De lenguaje que se introduce en el principio de la hierba.
Existen elevaciones históricas de collares.
Exhortaciones en la profundidad de una mañana en que
eres el único prodigio y llevas una cebra en tu boca.
Un león invisible roza tu piel empero crees que es la brisa.
No te preocupes la belleza mientras más hermosa de manera
mas enorme nos traiciona.
Y nunca lo sabemos.
Longitudes de gravedad que transportan puñales.
Asociaciones de aire en los sonidos que oprimidos por
las palabras no encuentran así las suyas.
En qué ciudad son hallazgos?
En qué vórtice donde semejantes a mánticas y espejos devuelven
a las sienes de una hormiga un crepúsculo.
Animalitos de brea en las mejillas
seguidos de neumáticos.
Una serenidad que filtra un yacimiento dorado
o una lírica penumbra en el cuello.
En el espejismo que seguidamente sin saber porque se
transforma en ángel insomne.
Espíritus que la inocencia desnuda en un trance mientras
la mirada envuelve una constelación que cala
en todo vellocino la ira de una pupila.
La condición del mar mientras resiste en el agua.
La naturaleza de la ola que cifra en cada una de sus crestas
un alfabeto diferente.
Propulsado por seres con cabezas de toros
iluminados por laberintos.
Sólo por laberintos.
En uno de sus laberintos ellos saben bien que un
triángulo de polen
es lo único que los espera.
jueves, 13 de agosto de 2020
El Rasgo Apenas
Siempre he observado la noche.
De alguna forma es semejante a la oscuridad.
Las imágenes danzan en ella sin aguardar la llegada
a la metáfora.
Lo poético es un rasgo apenas.
Una bengala que humedece el silencio en que arcanos
y péndulos se materializan.
Todo es irreal.
Todo es real como un minarete o sinónimo que se tensa.
Los objetos aluden a aquello que no tiene tacto.
Y los pájaros saben que la pisada es una especie de barbarie
de la cual son salvados por las alas.
Eso puede ser muy subjetivo. No sé que piensan
al respecto los pájaros.
El viento es nuevamente una reencarnación.
El primer diluvio que conocí despertó de tu pubis.
Los dioses resisten en una orilla donde los navíos sostienen
lo imposible. La llegada a la brisa es un fleco
y las improntas de un ángulo
crean una paraguas con crónicas de acrílico.
La antorcha en la nieve borra la seguridad de una montaña.
La cresta es un movimiento cuyo devenir embarra
de espuma el espectro de un universo
que refleja en nuestra mirada
determinada consistencia
una cierta consistencia propia de veleros y carne.
De un patio donde la piel elige sus fantasmas.
De una vereda donde de todos los pasos que nos acompañaron
tomamos sólo aquellos que vieron con nosotros
aquello que sostenía la realidad.
Y no era el rostro que ves.
El objeto que ves.
La superficie que ya sea la humedad o el calor devastan.
martes, 11 de agosto de 2020
Las Alambradas de Aluminio
Creo en un futuro de estelas en el presente de una nuca.
En el flanco sobre la desidia importunando a los prólogos
y creo en esa abstracción recorriendo el celaje.
Semejante al poema que nunca es alcanzado.
Recuerdo la impronta sobre lo dorado y sobre el jardín
un pájaro en su graznido alude al polen.
Yo vivía en una cascara entonces y a no ser por los dragones
los recipientes decidían sobre la hermenéutica
adherida a un soplo.
Las mitologías estaban compuestas de hígados.
También de pulmones.
En las corolas de los cráteres el destino arrojaba sus dados
a una cuchara de mantequilla.
Ensenadas de crestas para un relieve que despertaba
de un juicio mientras dios era
posible como el angulo de una mandarina que besa la fiebre.
Comportamientos entre la luz y el recodo donde
los nombres aprendieron que rasgar el velo de la vida
no es sino rasgar el de la muerte.
La incandescencia pasaba con un caracol dormido en la boca
y en la superficie de una serpiente los dirigibles
presenciaban el latido de lo que no puede verse.
Claro. Todo esto no pertenecía a la oscuridad.
Tampoco a las sombras.
Pero en su mágica penumbra despertaban
como hipotenusas elevando un arco en los ojos de un niño.
Y entre las silabas de un teatro griego un galgo es
presionado por alambradas de aluminio.
Probablemente así.
Sólo quizá de esa manera sea devorado por la transparencia.
Tú y yo rodeados de espectros.
Diezmados por cachorros lo sabemos.
lunes, 10 de agosto de 2020
Estereotipos Culturales
Después de la palabra una lechuza.
Un recipiente crepuscularmente disciplinado.
Un gesto preliminar adherido a una franja.
Un palacio o un nómade.
El reguero en el que son sometidas las anclas
y son limadas por lo invisible hasta convertirse
en cotas o perímetros.
En estadio y molécula por la que
la inercia coloca la gravedad entre las cosas.
Claro, hay eventos anti-gravitacionales.
El vuelo por ejemplo.
Cualquier estereotipo.
El indicio -cualquier indicio- cultural de la brea.
Y observa, una linea en el rostro puede dejar
que salga de nuestra piel un satélite.
De nuestro cráneo posiblemente un astro.
De nuestras manos un invierno que -como este-
pavimenta los idus.
Eso tan ebrio de leyes que es base de casi todos
los horóscopos.
De inusualmente los tatuajes.
Goteo del zigzag en una copa dormida
en que electricidades y esporas escenifican
el culto a los relieves.
Esa llegada a un jardín donde se baten nuestros
antepasados con una jarra de falsos profetas
inundada de anilina.
De cartón o juramentos de plástico
sometidos por la caspa.
Por un vaticinio de multitudes
que reciben el horizonte de una noche.
Y sólo la mirada en lo más profundo sabe que en
ese horizonte jadean infinitas
las cenizas.
Y que cierta imagen oprimida en ellas
alude a una mañana.
Incandescente -como el sudor de toda religión- en las
copas de los árboles.
Mientras un brillo oculto en ellas digiere.
Y otro regresando a su enigma
empieza.
Creación de la Píel
Aquello es posible.
El mar sobre la orilla arrastrado por un retazo
de polen.
El soplo que vuelve a los racimos
Mi álgebra pura por si acaso.
Enhiesto en la pira de un mito que cede pero nada
más en sueños.
O la idea de que la libertad es celeste igual que
toda renuncia es una provocación.
Una estética con dirigibles que llegan de lejos
como marejadas o trópicos.
Igual que andenes o lúmenes que incandescentes
giran al parpado de una silueta.
Y en las crestas algo inasible desciende
entre silabas propuestas por carbones
diezmadas o
desfigurados por el pubis de un diluvio.
De pronto el celaje
revienta en un aluminio purpura y en toda ocasión
una huella devora orillas de arpas
e ineditas cucharas
ven el movimiento en los asteriscos en un átomo
el viceversa de una cruz que responde a la aurora
con fronteras de barro
con una pálida cita arrancada al cuello
de eso tan doméstico como la luna.
Recodo que desgarra un manantial
en las sienes.
Prólogos de una marejada
en los hilos donde bate un tridente su
flora estomacal o dionisiaca.
Su bronquial estrabismo donde anhelan
los peces un sitio de escamas.
Uno para esos prófugos que debajo del mar.
Que debajo del mar anhelaron la piel
en la superficie de los peces.
Pero no lograron crearla.
