martes, 29 de octubre de 2019

Las Apenas Sílabas







En la arena se desvanece la imagen de un cuchillo.
La resaca al volver al océano lo hace colmada de espuma
en su boca. Entre la espuma se filtra una palabra.
Idearios ahora. Alabardas de incógnitas bujías que
acentuamos. Sólo el texto conoce el porqué.

La playa y un hombre son cómplices de esa imagen.
Ambos eran abstractos al llegar a la arena.
-fueron adiestrados unos segundos-
Seguidamente esa imagen los hizo sólidos.
¿Fué lo poético en esa imagen lo que logró ello?
De ser así...Qué era lo poético?
Dios no estará involucrado en todo esto?

En la arena se desvanece un cuchillo.
No es lo mismo que pronunciar una daga.
Que recoger un escalpelo de las manos de una cebra.
Que vivir a la par de un dromedario que se alimenta
de pianos por la noche y en la aurora
devuelve su corazón a las canteras.

A esas manadas de abalorios donde la distancia
ha puesto un cereal.
Una historia de planos y cartones que muerden.
Que llevan ojeras y presienten el ladrido
en el barro. El ser convertido en estatua cuando
voltea la mirada en el desierto.

Luces. Una para que puedas alimentarte.
La otra es para que acaricies las sombras de la noche.
En ambos casos una suerte de esgrima
ha de supurar. En ambos casos hay un cráter
donde un arpa llega con apenas sílabas
de un canto que oprimen los relojes.

-el que oímos no es igual al verdadero-

Y el mismo pertenece al tiempo.












sábado, 26 de octubre de 2019

De Acuerdo al Desasimiento





De acuerdo al desasimiento.
A las nubes amarillas que poseen la trayectoria de un
anhelo convertido en carbòn o silueta.
Segùn las reencarnaciones y encantamientos.
En esa coyuntura donde el trigo pertenece a uno
de los cuellos de dios.

Desde aquellas imàgenes que en desbande acentùan el aliento
en un poema y muestran su desvelo. La cita con el 
mar. La relación con los pájaros algunas veces nocturnos
disputando un gorriòn al velo. A las cuencas
imaginarias. Iridiscentes.
Muy cerca de una orilla. Una que crece sólo entre
árboles.

Segùn lo genuino que duerme en
las catedrales del viento. Frente a un vaticinio 
de agua. Lleno de aposentos o raìces que buscan collares
de polen. En una habitaciòn donde
millones de cebras se preguntan còmo es que sobreviviràn
en un espacio tan reducido. Còmo lo haràn sus descendientes.
Claro no es lo mismo vivir en el àfrica.

Entre lo inasible.
En el pudor con el cual el pensamiento observa la realidad.
En sus escrùpulos que màs que un ladrido
muerden una media 
en un espiral.

En las estelas donde un brillo se recoge para siempre
devolvièndose al mar.

Con la certeza de que en la pròxima ola
tal brillo serà otro.

Y nosotros.

Sòlo nosotros en un extraño infinito encontraremos
su nombre.





miércoles, 23 de octubre de 2019

Sobre las Primeras Palabras






Creo que era en el tiempo de las primeras palabras.
Cada una de ellas se elevaba desde las cenizas.
El universo era un ritual de fuego.
Una misteriosa cúpula.
Una encerrada en las entrañas de tu cuerpo.

El viento recopilaba.
Las corrientes en él exhalaban crónicas y parentescos invisibles
en sus céfiros.
Sin conocer el sonido de tu nombre entre la pronunciación 
dormías. El sonido lo oías en sueños.

Creo que era un tiempo de primeras palabras.
El amor era una mitología con racimos de arena en su pecho.
Yo bebía desde hace siglos en ellos.
Desde antes que el corazón y el espíritu fueran colocados
en esta forma.

Los ríos formaban serpientes en su curso.
En realidad eran meandros.
La mirada crea sus propias supersticiones para vivir.
Eso es algo ajeno a nosotros.
La mirada crea una estética totalmente desconocida para nosotros.
Sin embargo es la condición para que la nuestra exista.
Y viceversa.

El tiempo de las primeras palabras.
De los ramas de los árboles desde las cuales se desprendían.
Del movimiento de un velero en la superficie del mar
pero con pelícanos que se confundían en las crestas de espuma
de las olas. En realidad eran sus cómplices.

En realidad el deseo anida en un piano como la esperanza
vibra en esas redenciones que de noche elaboran
solsticios azules. Húsares que llevan una mandarina en la
boca y rozan el idilio de un crepúsculo al
encender sus estandartes milenarios.
Llenos de antepasados como un misterioso cuchillo que
abre la tierra.

Primeras palabras sostenemos en un paraje que describe
la luz y al hacerlo recorre un himno para
mantener en silencio ese periplo del lenguaje por los labios.

Y esas palabras son como un beso.

Un furioso beso que nos lleva a veces a la lucidez.

Pero la mayoría de esas veces nos conduce a la locura.











lunes, 21 de octubre de 2019

Poestética








Claro. Ella es un pubis pero no necesariamente.
Tampoco necesariamente se determina así la naturaleza de nada.
La vida nos vuelve a reconocer en un halo.
En el lampo donde los dinosaurios son procolábicos.
Llevan comunidades extrañas y aposentos recíprocos
en sus mandíbulas.
Recipientes de cromo aislándose en sus sienes.
Fueron hervíboros un día.

Y por supuesto se encuentran los cimientos.
La estética de un día cultural sobretodo. Térmico. Dormido 
en el destello de un fluorescente en la mañana.
Cuando los caminos de los hombre se separan.
Cuando de núcleos y tempestades volvemos a la barbarie
del pan y los acertijos en todo rostro de los hombres.
En toda palabra.

También las constelaciones.
Extasiadas por un evento de alcohol.
Por una estela submarina que en el encantamiento
contempla el destino de los simulacros y las
cosas que aprendemos a escribir
-muy torpemente-
cuando nos queda nada.

Oh miramiento que te tardas en decir.
Oh corola con tirabuzones en las catalinas de las bicicletas
que parecen reflejos y toman la continuidad.
Toman el devenir si es una leyenda donde el amor
confina sus abalorios.
Y un naipe mágicamente se seca.

Aguardando la humedad del otoño.









Ascenso de Abraham







Cierto esbozo se asemeja a un cisne.
Es un poco temprano para decirlo. 
Mucho más temprano para intentar escribirlo. Pero
cierto esbozo se asemeja a un cisne. Sobretodo
en el instante que lo roza.

Ambos. El prefijo y yo evocamos una desembocadura.
Un relato del sol en el océano.
Una narración en la cual el filo vuelve a los cuchillos
abandonados por los ángeles.

Cierto esbozo. 
Pero para ti y para mí es la luna quien participa.
Una chapa de lata quien se desarrolla.
Quien toma de los cabello al agua.
Quien evita la superficie y llega a la profundidad
del vacío. Es decir aquello que se encuentra adelante de 
cada paso casi en toda realidad.

Los carbones sugieren.
El viento es un conjunto de escarcha con estandartes
invisibles. En la orilla la estela 
deja de ser un simulacro y muerde los collares.

El céfiro agita los ángulos de una concha.
El ámbar en él vuelve a ser una experiencia.
Un mundo que vuelve de la sal instruido
por los arquetipos.
Por mi inconsciente. Tan vulnerable entre la
realidad al intentar convertir en señales sus sueños.

Pero eso acontece en el día.
Durante la noche mi espíritu buscará los muelles
de sus sueños otra vez.

Uno de esos muelles es un país lejano.

En el mismo Abraham en estos momentos vuelve a 
ascender a una colina.


sábado, 19 de octubre de 2019

Contemplación Cardinal




Los ojos son como esa traslación que no tuvimos.
El pelícano en la superficie de la arena tomaba las sienes de 
un ser ese día. 

Era una mañana. La particularidad de esa mañana
no era la lluvia ni el sol. Eran los reflejos.

Los precios despiertan igual que un hombre del agua.
Los sacrificios eligen los comercios en
este brillo de plátano.

La coherencia no es un estado que me lleve a las cosas.
La lucidez no es otro estado que me guíe a las cosas.

Sólo tengo un paraíso del barro colisionando consigo mismo
mientras las hienas escriben un nombre en el desierto.
Uno semejante al maleficio. Uno con apariencia 
de acero

Los niveles del tiempo se reencarnan en las dunas.
Algo de sacrificio y menta despide un dado
de los adjetivos.

Los acertijos son de un jaguar ahora.
El mismo lleva historias de sucias mandarinas.

Indómitos muelles que se aíslan
en un génesis de agua.

Elevando su espíritu a los suburbios de los pájaros.




El Negro Vuelo





Todo esto es aéreo.
La sal en el vidrio. El horizonte con un único
velo. El polen en las alas del pájaro.

Sonidos y bucles se orientan hacia otro despertar.
El prodigio extiende sus sílabas en un retrato de amapola.
La lluvia se desplaza en la brisa.
Hoy es leve. Su diámetro cabe en cualquier céfiro.
Te rozo. Alguna puerta en ti desprende lo
hialino. Su botín de carbón.
Sus entrañas de cera.

Navíos con olor a papel zarpan de la piel buscando una boca.
Centinelas de humo cortan en hemisferio. Evento que 
vive apenas un instante. Seguidamente el hemisferio
vuelve a unirse. 

La horda -a la cual pertenezco- lee periódicos y escupe
sobre un pan en una esquina de amatista.
En otra escoltas de bozales danzan.
Todas las palabras en ellos - si las hay- son industriales.
Se componen de violines en ocasiones.
De axilas de trigo.
Obviamente de excrementos.

Todo es aéreo.
La oda para el collar.
El verbo un poco humano que parece sagrado esta aurora.
Aurora de decibeles. Planteamiento que el coral
pone en latido. Insinuación que te recoges
mientras emanan unidos a los gallinazos
en las cúpulas de una catedral

Un negro vuelo.