sábado, 29 de septiembre de 2018

El Destino de los Zodiacos





Si la estrella volviera a esa calle.
Si la estrella volviera a esa calle donde vivimos.
Qué haríamos. Me pregunto.

La pregunta por lo general tiene la capacidad de 
sobrecogernos. Ese es el primer paso que da el misterio.
A través del sobrecogimiento camina.

Pero el misterio es como una intuición por la cual
el devenir nunca pierde su relación con el oxigeno.

-!vaya pulmones¡-

Pero si esa estrella volvería a aquella calle.
Y luego -igual que ayer- ascendiera por tus prendas hasta
llegar a tu cuello.
Y desde el mismo enumeraría -en una especie de
narración- las cosas que vagan por el infinito.

Si tú pudieras afirmar nuevamente que ello es
lo eterno.

Si yo lo escucharía.
Si pudiera volver a escucharlo como se oye a veces
la sombra de una palabra.

-con esa mágica fantasmagoría incrustada en cada
uno de sus puntos-

Si los espectros no tuvieran que esforzarse tanto para
saber que están allí colmados y extasiados.
Llenos de pubis y a veces de ubres.

!oh si la estrella regresaría a esa calle donde 
alguna vez tuvimos hambre o sed¡

Y volviera a decir -como entonces- millones de palabras.

Y tú y yo después de quedar dormida en tu cuello
sólo pudieramos coincidir en una cosa.

Que con su partida de una de las constelaciones.

Una figura de los zodiacos irremediablemente 
jamás volverá a ser la misma.




viernes, 28 de septiembre de 2018

La Dialéctica que hay en la Sangre





El viento posee una muchacha en el pelo más no lo sabe.
Todo lo que queda parece celeste o azul.

Realmente no hay manera de saber si todo aquello 
que queda es realmente celeste o azul. Asi parece desde
la distncia.

Lo cierto es que el viento posee una muchacha en su
superficie. La muchacha además lleva un carbón.
Nada en el universo puede afirmar lo contrario.

Sus ojos de carbón llevan un iris de acrilico.
Una dulce barbarie de milagro destruye la realidad.
Bueno. Se necesita poco para destruir la realidad.
La existencia de determinados objetos por ejemplo.
El sonido de las barajas dormidas en una
encrucijada digamos.

Se necesita poco. Un pájaro. Un prologo donde
la mgia recapitula el viraje de las entrañas.
La dialéctica que hay en la sangre.

Veredas de carne en este viernes de sueño con
algunos sobrevivientes.

Con esquinas donde los astros comparten inicialmente
su llegada a una vereda con la esperanza de alcanzar
el pavimento.

El viento. La muchacha en su pelo.

Pero ahora que el espacio empieza a separar esa imagen
vuelvo al tiempo.

Casi con desesperación.

Sólo para pedirle que siga engañándome con esa 
ilusión.






Conservación de Dramas y Tragedias





Los puertos están allí.
En esta aurora primordial.
Aún despiertan en su memoria la imagen de
los navíos alguna vez atracados en ellos.
Todavía conservan sus dramas.

-claro está si es que los tuvieron-

Los puertos se encuentran allí porque en ese 
tiempo -como ahora- todo era trágico.

-o al menos eso se creía-

En todo caso había algo que vivía con desesperación.

No era una melodía.
Tenía un rostro y caminaba por las cavernas con
un mito dorado en sus ojos.
Parpadeaba y en ocasiones colisionaba con el
espacio.

Nadie comprende todavía porqué.
Nadie se lo ha preguntado asi que nosotros seres
febriles y evanescentes vivirémos en la posibilidad de
infinitas respuestas.

Es lo que sólo a veces podemos amar.

No hay otra cosa.

-eso puede ser o no desgraciado, en el fondo creo que
lo es-

Ni siquiera el hecho de plantear de manera coherente
una pregunta  -definitiva-  para que toda infinita posibilidad 
de respuestas desaparezca.




jueves, 27 de septiembre de 2018

El Viento -lo creo fervientemente- aún era de Trigo





El pétalo se hallaba dormido en una de tus manos.
Al igual que tú sobre la hierba.

Tal hierba evitaba que tu cuerpo se sumergiera 
entre la misma.

-Sí. Lo sé. En ese tiempo -menos que ahora- buscabas
las raices-

Era un día cualquiera de espejismos. De aquellos que 
trotan al lado del carbón. Siempre en el carbòn.

La luna se encontraba en tu cuello y te decía palabras
secretas. Como eran secretas jamás las pronunciaste.

Yo las busqué en el misterio tanto como
ahora las busco. Lo hice durante siglos. Pero llegué
a otras. Las mismas me condujeron a inutiles
poemas.

-no todo nos conduce a inutiles poemas, no todo-

El viento -lo creo fervientemente aún- era de trigo.

Tus cabellos tenían un rigor azabache.

-tú confesarías después que lo robaste del horizonte-

Pero en ese tiempo lo sabìamos.

Aùn ahora lo sabemos.

Con ese tipo de crimenes no se pierde el cielo.





El Perfecto Lugar






Recuerdo que el ave no dejaba ver sus parpados cuando
llegué. Ahora lo hace.

Busco el principio de un pensamiento -pero eso es tan
relativo- tanto como su fín.

Las manadas son como hordas a lo lejos. Yo no digo que
no se sigan pareciendo a aquellas que vibran en la realidad.

Yo no sostengo cosas que se repiten como el sonido de una
bocina. 
 -los únicos capaces de sostener ello son los automóviles-
Yo creo en el latido que se incrustó por un segundo 
en esa bocina.

-ello pertenece a lo verosímil, más que cualquier otra cosa
en el mundo-

Recuerdo las palabras que se despedían de tus labios.
Lo hago a diario porque mi intención es que esa imagen
nunca se desgaste. Espero que no sea nada más que mi 
intención.

Mira -puedes hacerlo- el navío en el hemisferio aún
cierra sus ojos buscando encontrar sus lágrimas.

Al igual que yo pregúntate qué profunda tristeza esconde
en su oscuridad.

Y porqué las sombras y penumbras son el perfecto lugar 
para encontrar su dolor.

Igual como lo hacen nuestras heridas.




miércoles, 26 de septiembre de 2018

Desasimiento Formal I





El invierno como una supernova en la
arena alimentandose de las dunas.

Un circuito de equidistancias a mi derecha
pero a la izquierda si interpreto el espacio también
es lo mismo. Más equidistancias.

En todas yerran los hombres.
Más apurados este día en relación a otros.
Una gota de pus cae de sus labios.
Memorablemente o no también es denominada saliva.
Diálogo. Cinta o cuaderno donde
vira la especulación igual que
un sagrado jabalí.

Pero no importa.
Es desasido el lenguaje en las puertas de 
toda raíz y en sus almanaques los circulos allanan
encrucijadas de brea como si
fueran cometas.

¡Algo más hay que saber?

Digo. La ráfaga helicoidal y no-fusiforme que 
desciende del rostro batuteada por una hemorragia
o una envergadura invisible
que la carne en los labios -no sé cómo- vuelve
a transformar en palabra.

En verbo con muchas -demasiadas- intermitencias.

-¡conocerán los cisnes de ello?-

Las corolas.
Esos seres que conocí en el prólogo
de las hojas.
El miedo oficial de los cuchillos al penetrar la carne.
El aliento con que los pseudonimos llegan 
al mar escalando poemas 
de arena.

Desde los cuales todo es inutil.

Podrás ver desde ellos las olas.

Pero jamás sus estelas.





Legado de un Buho





El legado del buho sobre exactas dianoias.
Inspirado por un ancla de carbón viaja hacia las
amapolas.

Ahora
el recuerdo es como un perpetua reminiscencia
que se cifra entre otras imagenes.
Una xilografía en la mirada de un vagón.
Incluso puede ser el reflejo de un tallo sobre la luz.
Es probable que sea el movimiento de un ala cuando
su sombra se ondula sobre la superficie.

-el ave vuela a una cota no muy alta de la superficie-

El viento mientras tanto se enlaza a las regiones
con opiniones llegadas de los vivos o los muertos.

En comparación con la brisa es un astro irascible
que muerde una uva. Que muerde el contenido de un trópico.

-debe ser boreal para que pueda suceder-

Debe encontrarse en una primavera donde el frío no
deja espacio al calor pero no por mucho tiempo.

Por la espesa neblina ya se filtra un ryo de sol.

Oprmiendo -por ahora inutil- esperanza del verano.