viernes, 9 de junio de 2017

Penìnsulas de Radiactividad






Afuera sobre la saliva un reino de hipotàlamos.
El hihilismo que -creìa- era del sol hizo su apariciòn 
entre las legañas. Lo verdadero sostiene que 
la realidad no es uno de sus opuestos.

-las panteras preguntan por lo verdadero-

Y digamos que los limites observan lo reciproco.
Digamos que otros planetas sostienen la identidad.
Que un horizonte en la mesa es una membrana.
Un rostro en el talòn.
La uniòn de leche entre los camuflajes.

Afuera una rada.
Un mediodìa de canteras en un dequeismo.
La existencia del sueño entre particulas de anis
conjugadas por los equilibrios en el
insomnio de una mariposa.

De una diàspora.
Del libro del genesis llevado por una mueca
de barro en los hombros.

Lugar donde los huesos.

-casi todos lo sabemos- 

Alcanzan penìnsuals de radioactividad.









El Fuego de los Pensamientos





La noche dormida como un limòn
en las ramas. El cielo de coral vestido de
ubre y tenedores para una primavera
suspendida en una gama de limbos
recortados por un lampo.

El sol nuclear convertido en un hilo.
El reflejo de nieve gestado algunas veces en
el jardìn por una amapola. El dìa posterior
a un murcielago despertando 
foneticamente en
la vida de los prologos con un testimonio
de carne en sus tallos.

Naturalezas de escamas sobre una aleta
que se desprende del cipres.

-còmo llegaron allì los peces-

El olivo junto a una serpentina con dones
semejantes a los de un espiral. El silencio hecho 
de platanos en una coherencia o una peninsula
esparciendose en el eter
de las abstracciones.

Lugar donde a veces se forma la imaginaciòn.

Guiada por el fuego del los pensamientos.






Repertorios de una Casa






Alguna casa. Un instante en ella que
pertecene a la libèlula. El dìa es la caida de
una revelaciòn con sortijas y pàjaros,
con narraciones de goma al final de un espejo
donde sueña en silencio un paisaje de 
cartulina.

-ese es inicialmente uno de sus repertorios-

Los àrboles duermen en una de sus habitaciones.
Las cabelleras llegan a ella con un sentido 
que principia en un vuelo de hollin
y linternas suspendidas en un plano evanescente.
Propenso a los microbios. 

-Ese creo que es el siguiente-

En sus muros un apogeo de cigarras como si
esas superficies tuvieran ciudades y teorìas de 
hierba. En sus planos el idilio de artropodos
llenos de fotosintesis y coros cuando 
alejanse hacia los espigones
con un plato o una gaviota o una estrella.

-esperemos que sea el final-

Ahora, lamparas en sus àngulos evocando suburbios
de aluminio y repertorios de ganzuas.

-percibo que esto es otra cosa-

Virajes de bronce en una campana donde
los sonidos lucìan brazaletes y paraguas.

Soles en una brisa intermedia con aletas.
Piastras a travès del cefiro inundado por cabellos
y tendencias hacia las helices.

Alguna casa. En ella las palabras presentaron
un perfil de una aguja destruyendo
bandadas y los colores dejaron lo policromo
porque esa era la condiciòn para llegar a la sombras.

Donde aquella luminosa oscuridad espera.

Sin ningùn repertorio.


jueves, 8 de junio de 2017

Primer Sentido de los Poliedros





La piràmide de un recipiente es azul.
A su lado se esbozan trayectorias y nihilismos
que deja a diario la sangre. Los telèfonos
juntan miles de bozales
entre la niebla antes de llegar a los
puñales.

El hollìn escarba en un pulso con teorìas que
se extienden màs allà de los cuerpos.
Entre vibrares asolados por barbas y oboes.
Sobre medallas de barro con apariencia
de velos.

Peninsulas de salitre estampan colonias en
sus raices. El primer sentido de los poliedro 
vuelve a los menguantes con
un liceo de escarcha. 

Entre las botellas gira un atlas de leche.

-nos topamos con todo aquello que desde
la luz besò màs cabellos que nosotros-

Un cuello sigue siendo mediterraneo aunque
ya no lo crea.

En el libro del aire un hombre con peines
se inclina en un callejòn de herviboros semidioses.

-en alguna parte de este otoño son materiales-

Franjas de cenizas para aquellos que
consideran los àrboles como un producto 
del eter.

Ventanas o estelas donde el lapìz anida
igual que la oscuridad en el carbòn y el petroleo.

Serenatas en un astro con reminiscencias.
Veletas dirigiendose hacia la desesperaciòn entre
remotos inasibles.

Donde los huesos empiezan a cerrar sus ojos.

Intentando construir un episodio no sòlo
de iris entre la oscuridad.







Con Los Nombres de las Cosas






Cuando tienes una palabra de zinc en la boca.
Mientras el iridio tensa jinetes en los exorcismos
y en las alcantarillas manifestaciones como el odio
proceden.

En los cuarzos limitando con los tatuajes y obuses.
En el ejercicio aritmetrico de una constelaciòn
en la nuca.
En las avenidas de una polea
o el fosforo amarillo de un rascacielos.

En la aceituna oprimiendose en el equinoccio
En las personificaciones de los alicates.

Cuando le recitas a un balcòn de arena desde
el cual parten las langostas.

Desde el cual los preludios son extensiones de
una aguja expuesta durante milenios a un sol de
adoquines.

Cuando los triàngulos cierran sus ojeras
y el aposento de hiel en las prolongaciones se
encuentra con una historia de prismas
saludando nervaduras.

En lo subito agitado como un almanaque en
los trances.

-allì se incrustaba una laguna a lo sobrenatural-

En los frutos de un genesis con referencias a
una bengala creada por los tigres.

En nuestra cultura tercermundista donde hablamos
cabalmente de subdesarrollo.

En ese hilo gnostico sin generaciones de urnas.
Ni democraticos esquemas de aliento.
De himenes y ojeras segùn lo cabalistico.
Segùn las monarquìas y los cefiros para emigrar a
una copa.

Cuando posees un verbo que tambièn es de zinc
y de alguna manera medita en cuantificadores.
En la existencia y sus dirigibles somaticos.

-absolutamente hiperbolicos-

En los bosques del sur con una honda nìvea.

-por ella usualmente pregunta el invierno-

En las caminatas hacia el lenguaje con cinicas
insinuaciones.

Con tramites de lava y miocardios.
Con ensenadas donde son enrostradas a las
equidistancias toda practica escarlata 
de los minerales.

En el archipielago que a lo sumo se
reencarnarà en un abànico o en la actividad
sentimental de los objetos.

Antes que alguien al otro lado del mundo los
pronuncie con los nombres de las cosas.









Locomotoras





Pon una salida negra a la noche en el lugar donde
se aposta como un semàforo aguardando el alba.
Pon una herradura en los continentes de sus manos.
Eso sì, colindando con piedras o artificios siempre.
Con logisticas removidas de una ley inusual a cada
paso en una piràmide, con universos de cal 
arrancados a las extorsiones.

Escribe en las maderas como lo hacen las cascaras.
Despierta a la apariencia detràs del humo.
Revela el nùmero de los sellos en una balaustrada
donde los ciclopes podan.

Gira hacia las sombras con un esquimal de cera.
Inhala solarmente el pliegue abandonado por lo
maritimo. Habla sòlo por la noche con los 
dinosaurios.

Penetra en las alegorìas, pero no tanto.
Camina a las radas buscando la arena justo en
el momento en que empieza a crear un desierto.
Evita que ello suceda.

Coteja animales pero con màs frecuencia los
escalofrìos que continùan por las estelas etiquetando
e interrogando a los prologos.

Camina hacia los pàjaros pero no intentes
elevarte como ellos. En realidad no intentes nada.
-ningùn ser sobre la tierra tiene alas-
Hazlo porque animales en los bucaros con millones 
de intenciones liberan una quimera
del plomo o un cojìn de hierro desde hace siglos.

Coloca en los silabarios una guitarra
y deja que la muerda el hollìn.

Visita los silos con màs frecuencia.
Enamorate de la saliva y los gusanos.
De los olfatos y las nubes encerradas de un diario
donde artisticos travesaños lotizan un
hemisferio de espuma.

-no sè como haràn para vivir en ellos-

Pon una salida negra a la noche que sea tambièn
marròn.

Cocina las astillas a una temperatura adecuada.
De modo que la inmensidad tambìèn se alimente.

Aguarda la llegada de un templo en cualquier 
papel.

Barre todas las palabras que escribiste en eso
llamado pergamino.

Hazlo pronto. 

Tarde o temprano caeràn del cielo las locomotoras.







miércoles, 7 de junio de 2017

Cùpulas






El silencio con el cual llegaste a la luz es un adverbio.
Las gramaticas ascienden por la percusiòn de un violìn
hecho de argonautas.
Lo marginal empuja una corriente hacia la historia
de un bolido suspendido en los brazaletes.
Las narraciones escriben magneticas sobre temporadas
de ciego escarlata en los huesos.
Los astros con sus expediciones llegan a otros puertos
en el hemisferio.
Còmo seràn aquellos puertos.
Porquè son tan desconocidos. Quiènes habitan en
ellos.

Interrogantes de una orbita vadeando el recelo del
hambre. 
Dioses como pàjaros que incursionan.
Sueños de aceite en el coral de un paquidermo con
instrucciones acerca de un espejo.
-en ese sentido sabios-
Destellos de equilateros en una cadeneta de vidrio.
Enfebrecidas capìtales de odio en un carbòn.
Boreal la crin esceptica.
El conteo inmediato de una planicie.
Agnostica y pura en los màs grandes estrepitos.
Uno de esos grandes estrepitos funciona por la tarde
como idolatrìa.
Uno de esos grandes estrepitos significa millones de
aconteceres en un punto.

-lo cual no deja de ser abominable-

Lo cual no deja de ser atroz.

Igual que una nuez dormida con los ojos abiertas
en una cùpula.