sábado, 14 de mayo de 2016

El dìa de Banderas-Fragatas






El dìa de banderas-fragatas. El màstil de la luna
en el pelo. Sobre la orilla, el fuelle de un desembarco
junto a una estatua de sal pensando en el dialogo.
La estrella?..cerraba el circulo de un
estrabismo en los parpados de 
un ser infinito...Quiènes eran esos seres?...

Los animales se alarmaban en el equilibrio de
una palmera con equinoccios y los diccionarios dotados
de astros eliminaban el primer sol de la gruta.

Aquellos que eran sacerdotes tendìan una liana a 
la ojera donde moria silenciosamente un niño.

Otros jugaban en la orilla con los craneos que habìa 
arrojado el oceano.

El dia de banderas-fragatas, pero en cada una
la constelaciòn a travès de la cual nos arrojamos en 
una aurora, al amor o el odio, empezaba a separarnos de lo inmenso
y en eso que llamabamos inmenso como en un
hecho de ganzuas, tomaba un pedazo de piel
de un adolescente
como carnada para un oso.

Parajes de cetrinas boinas para los manantiales.
Espejos donde un hombre probablemente llegarìa para
ver el suicidio de alguna de sus monedas.
El canto sucio de una coraza.

Dragones de verde aguardando el estreno de polen que 
nunca llegarìa y el olivo en el candil tensando las cuerdas
para que las helices de los molinos pudieran
girar de manera que pudieran conducir
a un hombre a la locura.

Atardeceres de astas, paginas de magnesio en la
subjetividad de un eslabòn, donde la cadena
empezaba arrastrando el eco de
un cuerpo, adivinado hoy por sus huesos.

El dìa de banderas que tambièn son fragatas,
pero en las axilas una foca con retazos de idilios,
de agua suspendidos en un nicho de antorchas
y colores iridiscentes, como los que elige
la muerte del
infierno.

Conos de aletas y en la fosforescencia el
recorrido de la energìa mantenìa sobre los monasterios
el vilo que una mantis que derramaba en sus
manadas de barro despliegues como
la espuma o el canto mas
secreto que toma
de la noche un cementerio.

Uno herido.

Divinamente herido por la noche.

Llena de pelicanos y lagartos.









El Atardecer





El atardecer debiò terminar aquì, junto al
vèrtigo de un làtigo.

En las murallas de una cavidad que empieza
a formarse en la amapola.

En las raleas con infancias donde el enigma
era pequeño. Entonces habìan palabras
que morìan entre los dioses.

Diminutos veleros a lo lejos en este atardecer
en que gotas de plastico caen a lo lejos.

Las civilizaciones escribiendo de arcos y 
utensilios, donde es esquirlada una casa con
un fruto que es violeta.

Aquì. En este paìs de arena con tantos juicios.
En la botànica de una densidad de barro, 
simplificada por el oceano.

En sus elixires con un llano de cimas celestes
donde los sacrificios en una hoja surgen de
antiguos cometas, donde descansan para 
siempre los pliegues.

Debiò terminar, entre los regimientos que devoran
las chimeneas y los testamentos.

Los faroles debieron ser un universo encallado 
con las ojeras de alguien cultivando el
aire en una burbuja de oxigeno.

Las madejas al emerger describirìan los patios
de los crateres.

La escama debiò ser el principio de un volcan
en las maderas cuando los pàjaros se
sumergen en sus precipicios.

En el interior de uno de ellos habita un abismo.

Donde otras alas duermen.







viernes, 13 de mayo de 2016

El Lenguaje de las Agujas






En los origenes se pensaba que algo era azul.

Tambièn se creìa en una cuchara y la gente se 
apostaba en el hierro.

Incluso vi a alguien dentro de un alfiler.

En los origenes se creìa en algo azul como
los hemisferios por la noche sembrando 
leopardos.

Desde ellos, tambièn se creìa en las auroras 
del vapor. En las soledades o deidades en las 
cuales el hierro sueña con una aleta.

En los alfileres con alguien en su interior.
En las mitografìas con ejemplos y un extasis
para que el corazòn alquile bicicletas y 
llegadas a los dormitorios.

En los origenes habìa ciudades donde
tramitabase el culto por los rostros y las
cartas y las temperaturas.

Cuando fue cultivado en un limite
el proceso de un mitòn entre la escarcha.

En los robles. En la intensidad del dia
viernes con una cigarra mientras los nudos
elaboran los màstiles.

En uno de esos màstiles habìa otro alfiler.

Esta vez no llevaba un hombre, sino
el lenguaje de una aguja.




Poema






Ella tenia una manzana en uno de sus ojos.

Al lado de esa manzana habia un techo colocando 
serpientes de forma amarilla.

Ella era una casa que adivinaba los misterios
debajo de un objeto de agua, durante epocas de diluvios
donde viran las herraduras para transformarse en
nombres.

El caminaba por las ruinas igual a una hoja.

Ella conmovìa objetos de algas que recordaban la
disciplina de la ley sobre una fogata.

A lo lejos las cabelleras tenìan el significado de
las catedrales.

El recopilaba en los plazos, las sintesis de una negra
fotografa.

El constituìa por la tarde, los estandartes con que el
humo fija las plagas del cielo en las maderas.

El voceaba ese hemisferio en los relojes de un hombre
con una espina purpura.

Ella daba por sentado las tierras de los alquimistas
en un mundo de paradojas.

Ninguno de los dos pensaba en las uvas que son
tomadas de los craneos o esos nombres que al 
pronunciarse son silabas.

Tampoco vivìan en las calles con telas de sol o
periodicos.

Creo que una o dos veces se habìan encontrado 
bajo el nucleo de una ciudad o la identidad de la
fosforescencia.

Habìan escupido tal como lo hace todo el mundo 
ante la llegada de los atltas.

Se conmovieron ante el torpor de manera diminuta.
Miraron los advientos.
Dieron sepulcros grises a los sepulcros antes de 
la llegada de los dioses.

Ella volvìo de los espejos con raìces que crean 
inicios y circunferencias.

Dejo la intensidad en una piscina donde ciertas
y determinadas adolescencias practicaban 
rituales.

Ella escribìo sobre el tronco del àrbol de esos
rituales.

El llego a ellos con un plano del sol cuando
sueña.

Rodeado de selvas.





Iones








Hay inmensos iones donde las calles
han colocado su vida y conmemoran en todas
las auroras la llegada del aliento.

Hay dias que son como soplos y llevan 
amuletos constituidos por una cortina.

Hay puertos de neon en un relieve,

Siseos de electricidad que llegan de la vida
del placton.

Lianas que eligen una mañana el lugar de 
los verbos y luego los suburbios.

Membranas que se agitan entre la sed y los
respiros devorados por una amapola.

Hay santuarios donde la lluvia es adorada por
un pico de juguete junto a una botella.

Adoquines de sangre que forman en los labios
las heridas de las supersticiones.

Se encuentran como bordes en una madeja que
se reencarna en extraños acertijos.

Son iones que amarran los corchos con una 
manga de platino proveniente de los brazos.

Herraduras que cuentan narraciones de plomo
en los arbustos dormidos de una cebra.

Son los nidos de una culata en las esquinas de
una hoja.

Son personajes que bajo la luz miran los circulos
de las liebres entre los apellidos.

Hay infinitos iones donde la noche escribe de la
linfa y de los eslabones.

Tomados una noche del alba, de un alba encerrada
desesperadamente en la arena.





jueves, 12 de mayo de 2016

Para el Proximo Invierno





Para el proximo invierno esta casa rotará.

También lo harán los hombres que confunden sus
tatuajes con aquellos formados por la realidad.

A pesar de la niebla -en ese proximo invierno- veras
los dialogos que pertenecen a la lluvia y oirás en
sus latidos.

Los aposentos seguirán respirando en ese invierno.
Los cabellos -aquellos cabellos- seguirán ondulando
entre el aceite del polen.

El trigo sostendrá sus incursiones en una baraja y 
los cardenales seguirán erigiendo espolones.

Para ese invierno habrá un lagarto en las colinas
y en las batistas un enigma, acendrado entre raices de
algodón sobre un horror de seda.

El erotismo de los mastiles será una procesión de
balaustradas.

Las inquisiciones esbozarán en las piedras las
cadenas en las cuales se desnudan los girasoles.

La pronunciación será un departamento para
grises astros.

El soplo de las mismas será amarillo y diabolico.

En las puertas de las casas habrá una forma de
vibrar que asemejaremos a las corolas.

Esas mismas puertas que al abrirse dejaran ver su 
lengua de trigo.

Para el próximo invierno esta casa abandonará a 
los hombres.

En lo que a mí respecta, tendré que caminar a los
bosques para hallarla.

Guíado  - sea de día o noche- sólo por antorchas.




Las Corolas del Hidrògeno







Aquel color gris junto al pardo, donde se detenìa
una foca. El alba de una jirafa terrestre y ajena como
el humo.

Las chimeneas entonces sobre un radio de hojarasca
rosada, semejante a la lluvia.

Las cascaras de una ciudad, en cada una recogìas
un navìo para abandonarlo en muelles de deseo.

Las leyes del rasgueo en el interior de un prisma,
totalmente ajenas.

Las cortinas entre fabulas y la hipocondriaca 
luz de un circulo entre las ballenas, donde los oidos
prohibian la entrada del sonido a las bolicheras.

La piastra de un jueves que era una sintesis y
gemìa lleno de calambres y autopistas de madera en
las corolas de su hidrògeno.

Los barcos de alambre situados en el ozono mientras
las luces de los precipicios despertaban. 

Eran luces
donde el origen de las plantas representaba una 
y otra vez clanes verdes.

Aquel caballo sobre el agua con trasnparentes 
patines y las huellas para los ballets y los teatros.

Aquella casa llena de subtitulos donde el ser
aguardaba a las espinas con un mitòn en la boca,
colonial y amarillo como una locomotora.

Las esporas junto al polen reproducindose.

El prologo de las arañas sobre los ancestros y el
yelmo sobre una boutique de agua, donde
soñaban dragaminas.

La ralea de la brisa junto al cometa donde una orbita
aguardaba las venas.

La solitaria ralea donde la luna virgen de la hoja
vaga entre azules retiradas.

Mientras lustros de entrañas encuentran 
los menguantes sus vellocinos.