lunes, 29 de diciembre de 2014
Poema
A veces deberìa tener la convicciòn
por la cual vive un dinosaurio y la composiciòn
de una hormiga en amaneceres
de naranjas.
Y segùn el lenguaje
volverìa a caminar por la vida
desde un contenido que pesa y aguarda en los
oràculos donde el agua y ninguna otra cosa
planta un oceano o una rosa que por el peso de
sus tallos, accede a extraños equilibrios del
mediodìa extendiendose.
Todo ello es extraño al reconocer en el
crepùsculo, un verso sudorosamente
doloroso.
En dònde esa rosa que diariamente deja
de tocarse. Una que se prolonga.
Cùal el nombre de quien la toma del oceano
con el eufemismo de un horizonte en los
parpados o la intensidad del calendario de
vidrio en las ballenas.
Cùal cipres fijado en el poliedro.
En las palabras doradas de la teorìa. En el universo
relativo a los cisnes y los gemelos.
Què mundo de astillas es.
Què paradoja de crisolita. Cùal de todas las
convivencias -casi surrealistas- entre
los barcos que quedan y semejantes a un
preludio buscan la memoria en
el panal, el atardecer de los nombres al llegar,
dibujados, silenciosamente volteandose
a los liquidos.
En un azul que entonces sobre la soledad
empieza a ser purpura como
el tacto de los mandarines.
Continuidad
En una luz pre-intuitiva bañada
de semi-dioses, donde el eter no encuentra
lo divino. En ese brillo a pesar de los
inmensos senderos de arena que
de noche por la playa lleva o imita el oceano
lanzado por el eter a la naturaleza.
En la destrucción de los tulipanes.
En esa conmoción donde los ritos se impregnan
de hermeneutica por la noche
y asi llegar a los lenguajes. A un trebol o
el diagnostico del cipres cuando transmigra
entre la sintesis, lleno de radiografías.
Diagnostico donde agita lo boreal su corazón.
Y llega para oprimirse en la arena, en ese espíritu
de sacudidas silenciosas. En los faroles al ser
iluminados en cierta perfección que deja
la escritura del sonido entre los arreboles.
En los prefijos de la continuidad y los seres
que lanzamos vestidos de color amarillo a las
sienes...
Mientras los árboles extienden sus manos
para tocar esas sienes y asi saber si
todo ello es cierto.
Los Peces al Tensarse
De acuerdo a la libertad o los peces que
son tensados entre la fantasía igual que un camello
al ser herido por la percepción en la playa; esos
mismos peces brotan de los idolos.
Y entonces una remota idea del mar
colmándonos, edificando
un soplo más antiguo para
un antepasado. El uniforme del coral
junto a un instante donde las
cosas se convertían en objetos para equilibrarse.
Según los tornasoles, los pajaros llevan
yelmos en sus alas para un día lejano
en que los ficus pasearan idilios
en las manos llenos de
anfitriones.
En medio de ese mundo que unía paladares
la oración de una mandibula se
desvanecía entre universos
donde escrupulos y jirónes
de arnes encontrabanse
semejantes a menguantes vacíos como los sinos.
Luego el rostro de una marcha en el agua. Los
instrumentos de herradura y hierro que
lograban explicar una lenguaje del
mundo entre los leñadores.
Siempre y cuando - también lo profanaba
el espíritu- estos descendieran por
las noches llevando constelaciones
del acero.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Poesìa
Ayer sobre la racionalidad había un
punto.
Una hoja de agua que el aceite ungía
a cada momento.
La versión que no era celeste del
mundo.
Un instante sin proporción a los
leones y árboles.
Una tierra conquistada por bosques
sin cipreses.
Una ventana que arrastraba el
placton.
El juicio del amanecer cuando el hemisferio
se llena de vaticinios.
Una tierra donde los diluvios son
semejantes a los nombres.
Ayer existió un manantial con intuiciones
vacías.
Sobre la racionalidad algo real como
la espuma traía pájaros.
Sentimientos como la noche y la escama
eran sólo pronunciaciones.
La oscuridad traía el talante de una proporción
en las tautologías.
El ave era una muestra de liebres y
arquitecturas.
Los paises tenían faroles como los ciclos
y las jabalinas.
La sensibilidad dejaba un jirón de nieve
en sus arcos.
Entre las auroras ludicos pedazos eran
escafandras.
Hoy sobre los ríos el sudor presenciaba
inutiles emparejamientos.
Los orientes se derramaban perfeccionistas
y puros.
La flor angelical se deshace derramando
una copa.
Un libro de truenos como el que nunca duerme
busca equinoccios.
Ambares y huestes semejantes a los racimos
vuelven a la experiencia.
Silencios y vidrios se hacen inconquistables.
El pensamiento vuelve al poema.
La providencia presiona un ala entre su
adolescencia.
Yo quería mi amor para un semicirculo.
Uno pre-hispánico.
Donde los funerales de la mitografía abren
bengalas en las dimensiones de sus
propios ojos.
viernes, 26 de diciembre de 2014
Astrofísica Verbal
Toda criatura que pasa por el corazón tiene
un mundo.
Al llegar allí lo pierde.
Toda criatura es una manzana con alas de
velodromos.
Una nación primogénita de la pared que se
descalza.
Es pragmatica como el caos de la luna en
un subtitulo de madera. Es una iniciación de
epistolas en ninguna vanguardia. Una frase que
antes de llegar a los cabellos denomina por
su verdadero nombre a las plantas.
Debe tener -tal criatura- un reloj de
pared en sus ojos además de un verso que
declinará perpetuamente entre fragancias
de neones en su boca.
Tal criatura debe ser un objeto para llegar
al esgrima y los santuarios.
Tendrá claro que tanto cipreses como
bibliografías jamás se multiplican entre
los árboles.
Vivirá siempre como una versión acustica
entre las liebres.
Debe fragmentarse.
Oir en sus capitulos amparada por la
niebla.
Descifrará como lo hacen escasamente los
caracoles.
Dejará de lado su tarea con las serpentinas.
Tal criatura escribirá que está hecha de sólo
un pétalo, de un solo monasterio.
Se convertirá en persona para imitar el riesgo
pero nunca convivirá con él.
Mirará las lilas por los aires, se sujetará a la
brisa que camina silenciosa en los bolsillos de
los pantalones.
Se transformará en persona y llegando a las
astromelias con un solo ditirambo
intentará elaborar las partes de su historia
con los sonidos que semejantes a
serpientes configuran palabras en una caverna.
Acompañará a la bruma con pocos
virreyes.
Debe poseer teorías tal como la poseen los
cinefilos.
Será plusvanguardista como los plasticos.
Configurandose más y más en persona
será el personaje que nos propondra una visita
a los laboratorios, descansando en el fondo
de los vidrios.
Tendrá el ajuar de una mosca.
La invernación de una libelula.
Recreará contrastes para dejar de lado
las linternas.
Compondra calles de literatura como las que
exigen de noche los hipodromos.
Tal personaje guíado por criaturas escribirá
en las espaldas de los gasfiteros.
Para que lo último suceda no deberá tener
mas lenguaje que aquel que lleva en las uñas y
mas espaldas, que las de un gasfitero y nosotros
-cada uno- veremos, observaremos. Quizá
esto sea algo evanescente y psicodélico pues no
aspirará a ser otra cosa.
Toda criatura debe haber vivido igual a una
persona para llegar a concebirse como un
inutil personaje en los vidrios.
Sólo entonces uno de sus ojos
compondrá astrofisicas.
Y el otro, develará
nirvanas.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Ejercicios Svasticos
Las practicas del lenguaje en un rostro.
La cabecera de mustios empedrados con hilos.
El desempleo tocando las dunas y los medanos.
El destello de aquello y algo multiplicàndose.
El ariete de brea junto al vellocino.
La balada del arnes en un soplo cualitativo
nuevamente.
El ejercicio svastico en el acantilado
cuando las medusas abren una puerta.
La divinidad apenas mostrada en las panteras.
El ciclope que extiende un valle rojo en la boca
mientras los planetas abandonan su
infinito en un pedazo de yesca.
El abalorio. El presente en
un sitio de cartilagos como la espuma y
entre todo ello la naturaleza del aire.
La religaciòn en ese aire.
La proposiciòn que lleva procolabismos
como el sueño y los jirones de
aceite, tomados de la espìga, de la anunciaciòn
y el relampago que mustias veces
es bengala y soplo de la originalidad tejido
por una carta,
un sauce o una avenida con litros de orejas
o el kilometraje del anda
a travès de los lustros y las premoniciones.
El palacio de lata. El tambor junto a
los frutos que el elixir deja caminar con
un gitano. Gitano de las voces, de los equilibrios
y mustelidos y junto a tal equilibrio
el siseo del mustelido cuando
se acaba la tarde.
Y ella tanto como el corazòn de este poema
vuelven a la ceniza y los
mamìferos.
Las Raices de los Cipreses
Pienso en las raices de los cipreses donde
la cultura està enterrada al igual que la sangre.
Evoco traslaciones de antimonio y junto al
cerco del aire, el cansancio del efluvio.
Salì al mar para beber del sol la postrera
figura que cuelga de mi casa.
Trasladè eso que vibra como ansia a traves
de las inmensidades y lo inhospito.
Pero pienso, menos humanamente que dios
en un santuario repartiendo arboles.
Reconozco esa proporcionalidad o la
travesìa de un arpa debajo del hierro.
He tomado una de las libelulas que en
manada convertìan en crucigramas los
templos.
Embarrè mi corazòn de proposiciones
en medio de las agujas llevadas por las
orejas.
Oi ese pedazo de mi corazòn donde los
cristales buscan en el espiritu algo de hierro
y porcelana.
Algo que se perdiò detràs de los rieles
un dìa de climax donde la poesìa
no era todo.
Era un cuadrilatero, donde las funciones
del opalo se acercan a los rumiantes.
Era una situaciòn de membranas y yescas
de cartilagos.
Tambièn la posibilidad del arte que cae
de la niebla.
Medito en esa carta llena de inflexiones
y de glebas como ovulos.
Respiro segùn la cualidad de los jinetes
en una torre de plastico.
Menciono esa disposiciòn de los grillos
tambièn de las estalactitas.
Ambas componiendo un astro que al
final del poema busca en el principio de una
deriva nuevamente.
Y tampoco encuentra.
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