sábado, 12 de abril de 2014
Poema
El nombre es una esquina.
Una de cobre encerrada en elixires y ciclos
de despeñadero y azogues.
Costumbrista.
Acribillado en las sienes por la idea que
sigue un pensamiento.
Una de parafernalias como los que transparencias
crean en el interior de una casa
mientras los huesos y la piel son sacudidos.
Portadas de acero que encierran el silabeo del
mal en tigres de castas donde
los planetas muestran un tejido, días de embrujo
como el himno que roza el planteamiento del
sacrilegio en un alud de escarcha.
Bosques de trigo anunciados por el polen
hoy que hace temblar el ave su peso antes de posarlo
junto al cuerpo sobre la hierba.
Follajes que vieron esto miles de veces. Alguno
guarda en su memoria que todos formaron
expresos diferentes antes de intuir el alba
la noche y la amapola de esporas.
Esa noche conquistada
por los pétalos al abrirse.
El polen del universo llegando
al interior de ellos.
Y la imagen ante ellos.
Una imagen de espuma que
sueña eternamente.
Guillermo Paredes
La Pregunta entre los Esquimales
Una reminiscencia como noesis o
de coincidencias edipicas entre la piel.
No sé si antes o en el mismo instante la mayeutica
dejó su geografía de barco de modo que
introdujo su espíritu en el verso.
-el lenguaje ya había sido desterrado-
Hay destierros dicen que son como un acento.
Exilios tan particulares que llevan al hombre siempre
a un elefante, siempre y ello conduce el corazón a
esas piedras que yerran neológicas, sobre plataformas
de estambres y sonidos de eras.
También el verso tuvo una.
Vivió de la puerta de mi casa al lugar que me pertenece
en ella.
- yo era también lenguaje de ese verso y era inevitable
llevarlo -
En ese lugar de hojas. Algunas amarillas. Otras completando
un amor con el vacío adquirí el silencio.
No sé mucho de vacío ni silencio
asi que diariamente puedo entender que hay racimos
o frutos que como elixires desprendiendose entre
desvanecencias o adrenalinas, testimonían rebeldías
que crecen hacia autarquicos nihilismos. Eso
en apariencia. Tal cosa es absurda.
Para darnos cuenta de ello, sólo hay que preguntar
entre los esquimales.
Guillermo paredes
Las Crestas del Sol
Extenso desplazamiento donde una trayectoria
flechada por el barro deja en esa luz sus raices.
Origenes de sal escribiendo en el cirro.
La melodía del tisne y la pergola donde el frío jugaba
conjurando la textualidad de un río, su idolatría
animada por el valle de los versos.
Pero el verso recogía otro trance.
Uno para el cual la boca nunca está preparada.
Y los labios prefieren mariposas sagradas
antes que la muerte en la pronunciación de ese velo.
Yo tuve también aquel itsmo.
Un antropomorfismo en la mesa, antecedido por
edades de sufismo en la niebla. Y aprendí que hay sufimos
que se crían en los arboles, donde el instinto pasa
de largo con un heteronimo de saliva.
Aprendí en mi proclividad a la bruma y sus
antepasados. Entre silencios, junto a una rosa o la
espina enseñando un destino cuya ceremonia era
cualquier nimbo acompañada de espejos.
De hienas brillantes como el sol en una cresta.
Cortando el peso del acromíón a su paso.
Y la providencia en ese mundo parece tan relampagueante
como su penumbra.
Pero no...
Es sólo otro peso de humero.
Otra escritura en diágonal.
Sólo asi volvemos a encontrar un dinosaurio.
Guillermo paredes
Nocturno de Pétalo
Algunos tenemos latidos. Todos los llevamos.
En ellos la alusión al infinito tanto como al talisman
son de talmud.
Hay también un piloto con libros de agua.
El lienzo providencial de la armonía en las cartas.
El privilegio mortal de una oreja psico-clinica.
La episteme de una herida.
Algunos trotamos como efigies.
Entre el páramo y la electricidad desollados nostalgicos futuros
porque esa decisión es tomada por el tiempo. Por
uno de sus tantos pensamientos, por flores de encinas
con equipajes ciegos y tortuosos en una sola circunferencia.
Allí la inflexión. El codo sin rostro contrayendo.
Y con ellos parajes de arcabucez y alcoholoes siguiendo
una s. -qué inutil espejismo se lee en las tinieblas-
Pero luego de mirar en mi sombra comprendo
que también hay un devenir en toda oscuridad.
La que me pertenece sólo es cultural y llena de estimulos
recibe la plenitud de ninguna fuga ni escala.
Es sólo un dormitorio donde un pez escarba.
Un pez mostrandome siempre una mancha
de ruecas.
Un follade donde se seca el ofertorio.
Para ser empalado suavemente.
Igual a la naturaleza cuando de noche
lo hace con un pétalo.
Guillermo paredes
jueves, 10 de abril de 2014
El Alfil de Oro
A consecuencia de un farol.
De la luna cuadràtica en el hemisferio.
De la tendencia del estuario a lo astral.
O la rosa separàndose en medio de metamorfosis
junto a un navìo troquelado por las aves.´
O la forma de un titan modelado por augurios
metropolitanos.
Alianzas maravillosas de dibujos en el espacio,
en cardumenes de estelas a la deriva un vacìo y
seguidamente una bengala desprende vallas luminosas
por las cuales un asterisco cruza el alba lleno de sirgadores
y enciclicas de fuelles ortogràficos.
Disciplinas de leves brisas
y deuteronomios lo guìan; allì el lègamo vibrò a la sed del templario
a la ilusiòn que caminò por la intensidad antes
que el sueño y en forma de estrella con asteroide
de agua virò al rìo de la copula,
a la ironìa de una lìnea encerrada en las manos
sin volver al verso
sin regresar a nada
y nuevamente la torre
el alfil de oro encerrado en el tiempo
hasta nuevamente aquella mano desplegada como
un horizonte o un dirigible
en ella se retorcìa hasta tensarse un alma
un alma ortodoxa, sin hegemonìas.
En esa soledad de hoy sin ayer, de mañana
sin ensenadas afiladas por embrujos
de bosques.
Donde vibramos perpetuamente entre cretaceos
y maderas.
Guillermo paredes
El Universo Rojo
Dònde el moniterio de la realidad se hace raudo,
congregando alma ardiente, un secreto entre la vida.
Y resumenes de cenizas
llevan en sus memorias una fogata
paralelamente a una escena donde un hombre quema un
libro de seda en sus ojos. El peso de una fragata
hundiendose en el horizonte; cianuros de
disticos y eglogas, canta allì el
escalofrìo insomnico sonàmbulo.
Y reptiles de auroras
se deshacen en centellas y tropeles
con experiencia de descagra y gorjeo
inundan el trazo del hincapie en la copa.
Dònde escribimos, ahora que esa realidad
tan rauda deja de ser un àrbol, ahora que en esa
congregaciòn de neones abandonamos una
puerta, un liquen forastero.
Y concluimos que si hay circulo escarlata inundando
el cielo de rojo, es sòlo para saber
si puede compararlo con las venas.
Guillermo Paredes
Los Limites Meridianos
La nube artemisa.
A babor el sentimiento
del coeficiente y los àrboles creando
los lìmites del meridiano
hundiendose en la flor
con un terreno macizo, lleno
de poemas y algas desvaneciendo
y uniendo como en una
abstracciòn.
Despuès la mejilla, los datos del fruto
apolìneo obligado a reconocer
en los dados
la secuencia de la divinidad.
A continuaciòn esa divinidad es una labor
de poesìa y lo hace con edades de yelmos
corregidas por el pelo y los calibres.
- colibrìes de muertos con un puerto
en vano. El visionario o el
reproductor de puas en el lenguaje
de la celula y el semen -
Semejantes a heurìsticas palmas
olivos elementales de nuestra instrucciòn
se convierten en objetos extraños del alba
comparables a racimos o arquitecturas
de regueros.
A soledades que incorporamos
a un diluvio, donde un santuario
evoluciona a la baraja
y se descompone un gitano: reminiscente
en los filos
y sus dimeniones arquetipicas.
Guillermo Paredes
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