jueves, 13 de marzo de 2014

El Sonido y el Eco






Asi escribimos.
El relato del aire es cercenado.
El capitulo toma el exodo.
Nos ilumina el vacìo.
El hierro une los metales
desperdigados por el mundo.
Se despiden los barcos de los muelles.
Creamos marismas.
Sexagenarios vellocinos.
Sobrenombres de liricos crimenes
entre las tinieblas.
Lo mistico inhibe, allana y destruye rangos
entre su maquinaria.
Argonautas de fiebre ofrecen a los espejos
otra premeditaciòn.
Una selva de craneos.
El riesgo vuelve a custodìar cada sonido
rompiendo una cascada.
Una rosa de naipes
e intemperies.
Asi.
Con inhospitos enlaces
entre la fragata y un cuaderno
donde el gaviero
toca sus limites con la
memoria de una
flauta.
Con el eco que no llega del sonido.
Cuando mira a lo lejos algo que debe
en primer lugar destruirse
ser completado por
el sonido y su
eco.

Pero no es asi.

Sòlo hay un eco que no trae la belleza del ruido.

Y su espìritu golpea nuestro rostro 
simplemente.

Para que eternamente preguntemos
al sonido.



Guillermo paredes 

Los Granizos del Jinete




Como el dìa de un papel.
O la noche virgen de los testamentos.

En languidas escenas de incineraciones
con la curvatura de fibras que danzan aùn
como desvelos en la profundidad
de la llama.

En una pretina de gruta colocada por sabores
de arqueologìa, mientras el juicio es genero
de una rampla que sube al deseo con una misiòn
de lienzo romàntico como el platino.

Y son didacticas las plateas de metal en 
los cuellos de dorados argicidas.

En las convenciones sin brillo.
En las auras de universos febriles como
un vilo en el paso
restableciendo en el hombro un tatuaje
que va en detràs de sus relojes
de su medida sin ala
del prolegòmeno 
que desplaza lumbres entre
delicados fantasmas.

Lienzos de epistolas; rondas de
sinòptico equilibrio 
creando la 
espuma.

Y con ello un canto inverosimil
donde estallan granizos
y jinetes.


Guillermo paredes

El Halcón de Nieve





El futuro es sòlo un trance.
Un sigilozo exceso propio del tiempo cuando
trata de posarse en el halcòn
de nieve.

Pero otra carta ensamblandose
automaticamente en el presente escribe -el
bardo semiòtico y pragmatico de la ira
en la lluvia- cuando la tinta en el papel es desteñida
por el agua y el invierno es paralelo
al escalar pinàculos, abrevaderos mortales,
nostàlgicos uniformes donde las auroras
decapitan el nacimiento de la araña
la temàtica comparecencia de
un tripulante en la escencia
del àrbol desconocido.

Y ante ello nos queda la evidencia 
de un santuario en el espacio donde ayer
como hoy vivimos, uno uniendose y separandose
segùn las agujas y los tremantes.

Segùn las escrituras que no reconocen
proas o elementos amenazadas 
por una dimensiòn donde la vida llena
esa evidencia llamada tiempo
de extrañas pronunciaciones.

Y nada sino el hombre està allì para que
no suceda.

Y el pàjaro vuelva a alimentarse de 
halcones de nieve.

Igual que el tiempo.



Guillermo


Una Casa y su Interpretación del Poema






Mi casa es un principio sin verano donde
los gatos buscan sus raices.

El florecimiento de las lápidas.

El terciopelo del musgo mientras dios descansa
en la arena, después de haber colocado piedras o heridas 
de carne como un delfín o un pelícano.

Sus paredes no necesitan ser convencidas de 
que la providencia las ha desfigurado y la malagua 
o el fervoroso control de lo incandescente
es su primera escalera de fosforo.

Ha escrito en piramides que no son de barro
con animales de cerámica
y ello aparentaba la rebeldía de un retrete
o la canción del villorrio ascendiendo
hasta sus ángulos buscando galpones.

En este momento es un silencio absoluto porque
en ella los vivos imitan a los muertos.

Fortines de moscas en el piso. El tallo congruente
asume que una pisada abrió un bosque en
este amanecer para que ellas pasaran
y con ello formas maneras
de leñadores
montajes de cancerberos y cigueñas
la lata con el secreto del mineral
repartido en el lecho
escupieran los más secretos nombres.

Los moviles ya dejaron de sonar en ella como
una faceta de listas llenas de treboles.

No deseo que el libro de sus letras
se reencarne en el silencio buscando algo
o alguien.

No deseo oir en este silencio de los suyos.

Si ello sucediera, podría caminar 
hacia una lampara.

Pero eso significa construir oraciones.

Y una oración antes de llegar a la existencia lleva
la fiebre y la desesperación del 
monento literal antes de 
llegar a la vida.

Ese que jamás puede entender el poema.



Guillermo paredes

El Dios Opuesto






Sé del cosmos por alguna imprecisión en mi 
mente, cuando el universo persigue la noche
y deja de dormir abandonando un cuadro,
una sinagoga de cisnes
un metodo en el corazón devorado por
las tinieblas}por los regueros
llevando en sus ojeras nortes donde la
linea progresaba con diluvios de manos o la
carne entrenada por una maquina antes
del fín o los otros.

Páginas de estrellas contrarias a la 
formación del sentido. 

Páginas de universos en holocaustos
de huellas con la una pared donde
el poema colocaba la tarde.

Los tornasoles del icono descendiendo
con iniciaciones de tordos y mirras,
de efebos de gas.

Miras la distancia para completar el
sentido de tu vida donde te hallas
porque crees que todo lo determina el 
espacio.

Y muy cerca el planetario donde un
dios alternativo nos enseña a mirar otro
te muestra lo contrario.



Guillermo Paredes




miércoles, 12 de marzo de 2014

Descomposición del Intuir






Ebrio de barcos.
En mensajes de bardos.
Junto a la bestia antigua del grial
donde el hemetoma es purpura 
hasta despedir su
clarinada.

Pubicas estacas de olivo.
Continuidades de yelmos y ruinas.
La palidez de la circunferencia en el suceso.
De aquel descubrir en el llegamos a la conclusión
que intuir es una manera de decapitarse.

De viajar con un largo compromiso con
la reflexión entre la arena.

Más allá del suspiro, del orgullo y de la
estela, allende al esquí y la
alambrada.

Y luego volvemos a racionalizar todo lo
sensible y extraño que eramos mientras bebiamos
el preludio al cual llevó la intuición
colmando de morgues
nuestro espíritu.

Pero esto es racionalidad
al conjugarla sólo tacionalizamos.

Y no se intuye
nada.






Poesìa y Poema





Si tuviera un dìa como la intensidad.

Si mostrara dentro del conocimiento
el trueno que diariamente sostiene el tren
y la amargura que trasciende
no tanto como el hombre a la patriarcal
soledad de un hechizo.

Si como la vida todo fuera un hechizo.

Y dejaramos al viento reconocer
sus relampagos
la violencia inmemorial de una noche
donde la materia que llevamos
en la lengua parece que muriera en
el trigo y los planeadores
buscando un 
continente cuyas orillas
no estèn cercadas por
los oceanos.

Como dios por ejemplo.

Si tuvieramos un dìa tan criminal como
la poesia.

Y su poema se acercara tanto a nosotros
que diera pànico tocarlo.

Como ahora.



Guillermo