miércoles, 8 de enero de 2014

El Embarcadero del Aura





Reconoces en general esta estrofa.
Su población amarilla enarbolando carnes.
Desde un silbido muy particular, también la reconoces.
Mutas en el silbido de horas que pertenecen
al zinc y sus alegorías.
Presentaste a los metodos el alambre de una
teoría que conjugaba ante el plutonio
la borealidad de su abstracción 
por ser escéptica: rosaura como los monasterios
del hombre.

Sabes de ella porque algún día nos 
multiplicaremos: nuestra escencia deliberará 
sobre las coordenadas de pardos escenarios
donde giraban torcazas sobre sí mismas
y a la vez ensayando.

Observé el petróleo donde lo hiceron.
Mordí esos patios con la imaginación 
de alguien que se quedó dormido
en ellos y encontró
plantas como
el óxido.

Mercurios de agua.

Humedos libros llenos de megaterios.

Pero al final mis sílabas eran minúsculas:
entrenadas para decir lo siguiente...

Rosaura: el aura de una rosa mordida
por el lenguaje de los hombres.

Y sin embargo, silenciosamente 
decía rosa.

Y escribe aura.




Guillermo paredes mattos






Estopas Proféticas






Toda palabra es una profecía: creer
lo contrario es mi error.

A veces la inteligencia me asiste a caer 
en ese error: entones soy menos humano
que lo humano: pero humanidad al fín y al 
cabo.

Por lo general siempre soy una palabra:
legal y jurídica como ninguna economía.

Pero la balabra dice ser una clase de profecía.

El vuelo de una ortiga.

Y marca la contingencia de un nudo
en los labios, donde los claveles son estopas
y voy como una herradura a mis 
clases de cabalismo: aquellas
encerradas en la naturaleza.

Pero mi amor por la naturaleza no es
siempre como el pájaro que tiembla por los
suspensos de una maldición encadenada
en las corrientes.

Mi amor es como el santuario del himno 
del abecedario del relampago.

Situada fuera del alabastro o el olor 
del muecín después de largos días sin aceptar
la muerte.

Sin aceptarla porque la muerte es
otra palabra.

Elevando en ella la más poderosa
profecía.


Guillermo Paredes Mattos

Suicidio de la Providencia







No puedo recorrer la intensidad, debo ser 
tanto o màs que el instante- uno nativo-
para ello.

-Dialecticamente hay que convencerse
de lineas aborigenes 
muy antes de que la linea creara
su leyenda, como lo hace un sinòptico-

Debo existir, como aquello que
se escudriña con el gong de un silencio
aconteciendo en el dònde y sus
palacios.

Debo existir solamente con 
tremantes que digan rajatablas.

Pienso en telefèricos
-siempre en lo hialino-
modernos y sin equipajes
untados por el hierro.

Pensè los medallones como todo
lo que puede reflexionarse, lo hice sòlo una vez
y luego sentè esa reflexiòn en un jiròn,
la veo funcionar a medida que los tornasoles
dan al cielo la capacidad del embrujo.

La capacidad del embrujo...

Como si mi espìritu pudiera escribir
en el acto donde cae
sobre la realidad
desenvolvièndose indòmitamente cual maleficio.

En ese acto donde la providencia y no
el hombre se suicida.


Guillermo paredes mattos


Experiencia de la Supersticiòn






En primaveras de caballos aguardaba
mis supersticiones.

Podrìa escribir las que, desde el corazòn
se abrìan a un templo,
aquellas pertenecientes al momento en que
dejè las aguas buscando 
algùn acantilado.

Todo acantilado es precipicio, por poesìa.

Podrìa sin tesitura aventurarme a
palacios de leyes, morder en uno de sus
cantaros hasta ver brotar el agua,
esas aguas que el brillo de la noche
deja resplandecer.

Pero esto es sòlo posibilidad.

Yo soy una supersticiòn y un caballo
sin medias.

Un cosmos intergalactico con sobres 
de venus.

Un coche mutilandose a si mismo en
los abrevaderos.

Y escribì que dedicarìa mi vida a las
èpocas con ellos.

Sentenciè muy lejos la manera en que
la tarde sentencia en la agonìa
del polen la historia del
pètalo al que nunca
llegarà.

Y...

Siempre he vivido por termometros.

Sin ninguna experiencia mis tropos dejaron
en la lengua
el mercurio del grial y la discontinuidad de
los hibridos.

Me unì subjetivamente en el yo para 
preguntar còmo era.


Soy un equino por no ser un caballo.

Y a mì no me liberan las
supersticiones.



Guillermo paredes mattos


Extensiòn de Abalorios






Anterior a los objetos, una noche.
La alameda quitàndole una
raìz al cuerpo.
Una làmpara sin àtomos.
La electricidad describìa el mundo
desde una catalina.
Desde aquella nocturnidad donde 
las palabras son astillas.
Un barro semejante al cauce.
Una ilsuiòn cercana al hueso.
Mucho antes que el cadmio en el
corazòn del telescopio.
Màs aùn que el combustible y los
tropeles del grillo: la cabalgata
invisible en latìn del espejo
donde la brisa canta al oleo.

Paciencias donde el helio
se abre logisticamente a los yelmos,
el dìa que empieza a vivir
alimentado de cordilleras
de territorios y avenidas de olivo.

Con herramientas de caliz
compartì ese fanatismo.
Entre lluvias de incienzo
debo al sobrenombre el punto
unidimensional del habla.

Y entonces te das cuenta 
que en la imagen
no sòlo existe la dimensiòn que
conocemos,
hay una donde la noche se extiende
para crear las sombras
y otra donde la extensiòn del dìa
la acorta
para sembrar la luz.


Guillermo paredes mattos

lunes, 6 de enero de 2014

Vocalidad de Consonante






El abad del ambar.
El perifèrico pronòstico.
El poema prestidigitador.
Lo inmenso tan ignoto.
La fortaleza-fuelle.
Un distico diseminado.
Una prueba pro-semàntica.
Y del yelmo.
Del yelmo al yacimiento.
Del pavimento al presagio.
O el libro lapso.
Concentramiento y cuadro.
Libro lunar.
Libro liberalismo-pseudo.
Pràctica pre-anagògica.
de cordura ciega.
Elemental y electrica.
Caos cinètico.
Armonìa de hambre.

El ambar atlas.
Pètalo rosacruz.
Pètalo rosaleda.
Caminando entre dedales.
Contrariado o dicotòmico.
Descubridor de civilizaciones.
Desvaneciendose en las cartas.
Tradiciòn sinòptica.
Tramite semàntico.
Espìritu caligràfico.
Escencia cartomàntica.

Abad atòmico.
Ilusiòn idiomàtica.
Significado y sentido.
Donde se es destino.



Guillermo paredes mattos

La Hipnotica Ola






La escritura en un delta
de jade.

Con la poética y el elemento
del aire en el fuego.

La poética como el simbolo
de una epifanía
borrando sus crestas del sueño.

Esa poética que decidiste al
lado de una pubertad con su meridiano
ortopedico.

Cada una de sus metáforas pudo
ser hipnotica.

Por ello es que una ola vuelve 
siempre a la playa.

Sólo nos queda sentarnos.

Y si es voluntad de la ola,
mostrarnos su hipnosis.



Guillermo paredes mattos