Las formas se unen, pero eso no salva al hombre.
Tampoco los capìtulos del èxodo
el devenir del vientre sobre una luz de invernaderos
llenos de trozos donde el amor
se fragmenta.
Pero tù miras, la piel se abre para que la sangre
forme su enjambre en el espacio
y nadie puede tomar ese eco
ese topacio de alabastro
esa imagen purpura.
Y vivì bajo otros espejos.
Las reliquias fueron brùjulas sin sentido
en mi corazòn,
las mariposas encubrìan su espìritu en
los àrboles,
antes de una llegada dimensional
donde se preguntara
como el principio
preguntò en la inteligencia,
como lo hizola propia creaciòn arrojada al relato
al nombre de las propiedades y los
sinònimos del sueño adheridos a
una plaga
a un prelado de mimbre
a esa liturgia con la cual asciendo
a la noche
como un topacio solido y distante.
Un pedazo de diamante terrible
y extraño
en el ensueño formado por sus metaforas
cuando duerme.
Y su vida es recorrida por cartilagos y
projimos.
Por larvas de mamiferos sin posibilidad
de las aguas
y los movimientos.
Eternamente replegàndose.
Guilelrmo Isaac Paredes Mattos
miércoles, 30 de marzo de 2011
martes, 29 de marzo de 2011
Morfologìa Inasible
Yo salìa del perfil con una travesìa
de aire. Cubierto de hierro
contemplaba el plastico
del vicio y el remordimiento
cuando relata calendarios o mitos
invadidos por feretros
de tropeles ardientes
donde nace oficialmente
un rocìo inasible.
Y en ese rocìo, el desdecimiento
describìa maquillajes
una insurgencia soberana
de laciados y cortes
tratados por el sol
con mercenarios
y efebos.
Yo salìa del apogeo
cuando la nada pasa con replicas
de rotaciones vacias, con desprendimientos
generalmente cayendo al repliegue
de un oracùlo
o una licencia de espinas
que bañan el mar sin darnos cuenta.
Y ello sucede sin la necesidad
del fenomeno.
Sin las melodìas
del mar cuando es auyentado por una voz
de la orilla, una voz poètica
como mi adentro
en su interior.
Rociado de esquirlas,
bendecido por
puas.
Guillermo isaac paredes mattos
de aire. Cubierto de hierro
contemplaba el plastico
del vicio y el remordimiento
cuando relata calendarios o mitos
invadidos por feretros
de tropeles ardientes
donde nace oficialmente
un rocìo inasible.
Y en ese rocìo, el desdecimiento
describìa maquillajes
una insurgencia soberana
de laciados y cortes
tratados por el sol
con mercenarios
y efebos.
Yo salìa del apogeo
cuando la nada pasa con replicas
de rotaciones vacias, con desprendimientos
generalmente cayendo al repliegue
de un oracùlo
o una licencia de espinas
que bañan el mar sin darnos cuenta.
Y ello sucede sin la necesidad
del fenomeno.
Sin las melodìas
del mar cuando es auyentado por una voz
de la orilla, una voz poètica
como mi adentro
en su interior.
Rociado de esquirlas,
bendecido por
puas.
Guillermo isaac paredes mattos
viernes, 25 de marzo de 2011
Extraña tarde
Extraña tarde, bajo la cual
éste corazón parece llevar otro cuerpo.
Y tiembla.
Mística, como al perder el sentido
de la divinidad entre la providencia,
sólo para que se alze el destino.
Donde el soplo cavila entre la creación
como una particula de huellas
que la inspiración traba
en una nube de carne
o un galpón de huesos.
Lírica tarde, aún no has muerto
entre todos los hombres, por lo tanto algo
en nuestro pensamiento ha de imponerse
sin ayuda del halo.
Sin necesidad de la inteligencia o los
focos comunes. Habituales, llenos de estropicios
arrasados por el tiempo.
Conocimiento de albergue. Pócima de profecía,
extraña tarde llena de arrobos,
quisiera saber que papel ocupa el misterio
en tus pómúlos, en tus cítaras, en lo remoto
y terrible que has púesto entre nosotros.
Ese farol horrible, esa mueca de incesto,
donde el pánico o las sacudidas
llenan de sabiduría una vena, su conexión
con mis átomos o los puestos del sol
antes que la luna toque
el ladrido del perro,
la manada donde desde ayer preparaba
mi corte,
esa espada de ovulos, esa nasciencia
de ser entretenido por una botella inerte
en las dunas del odio.
Allí donde mi amor hizo todo lo posible
para que lo milenario
escupa sobre sus propias espinas.
Sin jamás lograrlo.
Guillermo isaac paredes mattos
éste corazón parece llevar otro cuerpo.
Y tiembla.
Mística, como al perder el sentido
de la divinidad entre la providencia,
sólo para que se alze el destino.
Donde el soplo cavila entre la creación
como una particula de huellas
que la inspiración traba
en una nube de carne
o un galpón de huesos.
Lírica tarde, aún no has muerto
entre todos los hombres, por lo tanto algo
en nuestro pensamiento ha de imponerse
sin ayuda del halo.
Sin necesidad de la inteligencia o los
focos comunes. Habituales, llenos de estropicios
arrasados por el tiempo.
Conocimiento de albergue. Pócima de profecía,
extraña tarde llena de arrobos,
quisiera saber que papel ocupa el misterio
en tus pómúlos, en tus cítaras, en lo remoto
y terrible que has púesto entre nosotros.
Ese farol horrible, esa mueca de incesto,
donde el pánico o las sacudidas
llenan de sabiduría una vena, su conexión
con mis átomos o los puestos del sol
antes que la luna toque
el ladrido del perro,
la manada donde desde ayer preparaba
mi corte,
esa espada de ovulos, esa nasciencia
de ser entretenido por una botella inerte
en las dunas del odio.
Allí donde mi amor hizo todo lo posible
para que lo milenario
escupa sobre sus propias espinas.
Sin jamás lograrlo.
Guillermo isaac paredes mattos
El Origen de mi Presentimiento
Entiendo de lugares rankeados.
Tambièn entiendo de murallas alimentadas
por una torre. Comprendo que toda digestiòn
se perpetùa cuando algo nos simboliza
para arrancar figuras de esas aguas.
Sublimizo. No todo lo que vivo, pero sublimizo
y ese testimonio es equinoccial segùn lo volàtil
del dìa, llenando de leyendas mis ojos.
Y aunque no soy tan volàtil -como dije- sublimizo.
Sè que estro, es neologizar de noche lo siguiente,
una continuidad, una hoja donde la bruma deja su legaña,
con pergaminos de devenir en la garganta.
Debo a mi informalidad, su olfato de jardìn,
la busqueda de una conciencia, de un ser delirante,
otro expresivo y màs que la sensibilidad,
esquivo el sentir y las barajas donde mi percepciòn
se ocupa en que nunca nada serà suficiente,
en que gènero y epopeya son poèticos
dado los talismanes del cuervo
mordiendo de noche
una linea.
Yo tambièn muerdo en una linea.
Lo hice desde muy temprano, cuando la hierba
no tenìa colores y el mar aparecìa
con la cirujìa de una flor en su boca.
Y lo besaba, con ese arte que no engaña a nadie
pues se traiciona a cada segundo a si mismo.
Allì donde lo verdadero duda.
Unos lo entierran con el nombre de dòn.
Yo entiendo que es una veleta
donde la providencia tiene todo el derecho
de ignorarnos.
De niquiera representarnos.
Y ello es total. Porque su corazòn
nos desaparece.
Y entiendo
-vanamente sigo entendiendo-
con el fìn de toda mi atenciòn
desbocàndose en esa curva.
Guillermo Paredes mattos
Tambièn entiendo de murallas alimentadas
por una torre. Comprendo que toda digestiòn
se perpetùa cuando algo nos simboliza
para arrancar figuras de esas aguas.
Sublimizo. No todo lo que vivo, pero sublimizo
y ese testimonio es equinoccial segùn lo volàtil
del dìa, llenando de leyendas mis ojos.
Y aunque no soy tan volàtil -como dije- sublimizo.
Sè que estro, es neologizar de noche lo siguiente,
una continuidad, una hoja donde la bruma deja su legaña,
con pergaminos de devenir en la garganta.
Debo a mi informalidad, su olfato de jardìn,
la busqueda de una conciencia, de un ser delirante,
otro expresivo y màs que la sensibilidad,
esquivo el sentir y las barajas donde mi percepciòn
se ocupa en que nunca nada serà suficiente,
en que gènero y epopeya son poèticos
dado los talismanes del cuervo
mordiendo de noche
una linea.
Yo tambièn muerdo en una linea.
Lo hice desde muy temprano, cuando la hierba
no tenìa colores y el mar aparecìa
con la cirujìa de una flor en su boca.
Y lo besaba, con ese arte que no engaña a nadie
pues se traiciona a cada segundo a si mismo.
Allì donde lo verdadero duda.
Unos lo entierran con el nombre de dòn.
Yo entiendo que es una veleta
donde la providencia tiene todo el derecho
de ignorarnos.
De niquiera representarnos.
Y ello es total. Porque su corazòn
nos desaparece.
Y entiendo
-vanamente sigo entendiendo-
con el fìn de toda mi atenciòn
desbocàndose en esa curva.
Guillermo Paredes mattos
martes, 22 de marzo de 2011
El Poema y el Destino
Con perdòn del amor, la noche tambièn es
otra doctrina
Tenìa una historia, me habìa creado.
Saltaba por mis ojos, despistada por mi frente
suspendìa su cuello igual al mìo
al ser ahorcado por las cosas.
Por lo demàs se borraba entre la gente.
Tambièn en la realidad.
Hasta los objetos llegaban a esa fiesta,
nubes moradas debido a la falta de aire caìan,
vientos que ya no pueden tomar
un pedazo de ràfaga,
ràfagas que olvidan resplandores
de miseros navegantes -con letras pequeñas-
cuando sus latidos buscan patios de azur
para el rocìo,
el elemento temprano de la nada,
la fortuna del halo mientras el destino
atraviesa su casa con un vaticinio
de pàlidos estandartes.
De mìsticas banderas.
Soplos como un guardian de otro tamaño.
Tenìa una historia, meditè en sus recorridos.
Hoy vuelvo a tomar esa sustancia en sus pòmulos
para representar la medida de una venia,
del paladar ahora que su misiòn
sobre esta escollera ha partido
y yo el que escribìa, camina con escopetas
de presentes con sustantivos de torres
o traversas, performances donde vivir
serà nuevamente este final amarillo.
Tenìa una historia.
Escondida aquì en estos versos
en otro poema contarà su historia.
Tal vez no serè quien lo escriba.
No sè si ello sea el argumento para caminar por
un poema. No lo sè.
Pero es su destino.
Guillermo paredes mattos
otra doctrina
Tenìa una historia, me habìa creado.
Saltaba por mis ojos, despistada por mi frente
suspendìa su cuello igual al mìo
al ser ahorcado por las cosas.
Por lo demàs se borraba entre la gente.
Tambièn en la realidad.
Hasta los objetos llegaban a esa fiesta,
nubes moradas debido a la falta de aire caìan,
vientos que ya no pueden tomar
un pedazo de ràfaga,
ràfagas que olvidan resplandores
de miseros navegantes -con letras pequeñas-
cuando sus latidos buscan patios de azur
para el rocìo,
el elemento temprano de la nada,
la fortuna del halo mientras el destino
atraviesa su casa con un vaticinio
de pàlidos estandartes.
De mìsticas banderas.
Soplos como un guardian de otro tamaño.
Tenìa una historia, meditè en sus recorridos.
Hoy vuelvo a tomar esa sustancia en sus pòmulos
para representar la medida de una venia,
del paladar ahora que su misiòn
sobre esta escollera ha partido
y yo el que escribìa, camina con escopetas
de presentes con sustantivos de torres
o traversas, performances donde vivir
serà nuevamente este final amarillo.
Tenìa una historia.
Escondida aquì en estos versos
en otro poema contarà su historia.
Tal vez no serè quien lo escriba.
No sè si ello sea el argumento para caminar por
un poema. No lo sè.
Pero es su destino.
Guillermo paredes mattos
El Espìritu de Cera
Todo lo que habìa creado.
Un universo de cera en el aliento
una certidumbre desprendièndose
hacia una valle sin vida.
Hacia un agujero sin rostro.
En los bacilos, cuando el corazòn
vuelve al espìritu con pànicos de àcido en
la boca y los labios inundan el coral
de ese fìn forastero de las playas
de los hilos trashumantes
y los remordimientos
uniendo placeres de sabidurìa igual
al plomo en los filos
y las cuitas
donde un jardìn añade su araña
esa naciòn de polilla
esa temeraria nuca de craneo
arrastràndose sobre un imperio silàbico
en una prosodia
en esa poesìa llamada de espejo
o prelaciòn que asciende a un ovillo
recreando azulejos
catacumbas sin hemisferio
o vocablos de agua.
Aquellos que preparamos inutilmente
para la tierra
en la escarcha del estilo
y la fortaleza de sus aguas
dobladas de noche,
quebradas cada amanecer...
Tan solo en el espìritu.
Guillermo Paredes Mattos
Un universo de cera en el aliento
una certidumbre desprendièndose
hacia una valle sin vida.
Hacia un agujero sin rostro.
En los bacilos, cuando el corazòn
vuelve al espìritu con pànicos de àcido en
la boca y los labios inundan el coral
de ese fìn forastero de las playas
de los hilos trashumantes
y los remordimientos
uniendo placeres de sabidurìa igual
al plomo en los filos
y las cuitas
donde un jardìn añade su araña
esa naciòn de polilla
esa temeraria nuca de craneo
arrastràndose sobre un imperio silàbico
en una prosodia
en esa poesìa llamada de espejo
o prelaciòn que asciende a un ovillo
recreando azulejos
catacumbas sin hemisferio
o vocablos de agua.
Aquellos que preparamos inutilmente
para la tierra
en la escarcha del estilo
y la fortaleza de sus aguas
dobladas de noche,
quebradas cada amanecer...
Tan solo en el espìritu.
Guillermo Paredes Mattos
domingo, 20 de marzo de 2011
Rampla del Mundo
Rampla del mundo.
Bajo esa presiòn el canto aparece desbocado
como una marioneta.
Monedas y espejos persiguen a los animales.
Altavoces, cirros y parlantes
ensucian efebos.
Y hoy como ayer el conocimiento
pierde la conciencia al ser hallado
por la belleza.
Yo era religioso por ello. Un muñeco
de trapo en el aura, un muerto que regresa
nuevamente de la providencia
porque toda su vida no hizo màs
que buscarla.
Y en esas imagenes fanàticas, respirase vastedad,
peros luminosos, auroras sin nosotros y la
honra cabalistica de un mago sediento.
Pobre mago. Se inclina a las cartas.
Abandona de dìa el poema, pisa la niebla.
Creo en èlpues estoy hecho de peces.
Lo amo casi sin amor y ello me transforma
en una playa,en nòminas de miseria.
Lo amo como si la nche no pudiera darme otra cosa.
Y como buen suburbio, llegue desde una insinuaciòn
con buho marginal y filosofìas de deshechos.
Lo amo categoricamente, con esos absolutos
que la aguja reconoce en los
adoquines de una raza.
Gloriosa y radiante como
un desesperado.
Guillermo isaac paredes mattos
Bajo esa presiòn el canto aparece desbocado
como una marioneta.
Monedas y espejos persiguen a los animales.
Altavoces, cirros y parlantes
ensucian efebos.
Y hoy como ayer el conocimiento
pierde la conciencia al ser hallado
por la belleza.
Yo era religioso por ello. Un muñeco
de trapo en el aura, un muerto que regresa
nuevamente de la providencia
porque toda su vida no hizo màs
que buscarla.
Y en esas imagenes fanàticas, respirase vastedad,
peros luminosos, auroras sin nosotros y la
honra cabalistica de un mago sediento.
Pobre mago. Se inclina a las cartas.
Abandona de dìa el poema, pisa la niebla.
Creo en èlpues estoy hecho de peces.
Lo amo casi sin amor y ello me transforma
en una playa,en nòminas de miseria.
Lo amo como si la nche no pudiera darme otra cosa.
Y como buen suburbio, llegue desde una insinuaciòn
con buho marginal y filosofìas de deshechos.
Lo amo categoricamente, con esos absolutos
que la aguja reconoce en los
adoquines de una raza.
Gloriosa y radiante como
un desesperado.
Guillermo isaac paredes mattos
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