viernes, 28 de enero de 2011

Expresiònes de desesperaciòn

Expresiones como la sed.

Como la voliciòn o el arte de continuidades
y polvos que siguen a la ceniza.

De diamantes como el halo en mis crines
en mis cualidades
en los caracteres de mis sustantivos,
suponiendo que mi lenguaje no sea
la vida.

Expresiones como su existencia o claramente
mi mente otoñal encerrada en una piedra.

Expresiones de venus y edipo bajo la piel
llevadas a cabo lentamente.

Con en parsimonias de arañas o su frustraciònes
cuando compara sus hilos a los creados por el hombre.

Expresiones como mi frustraciòn.

O la inspiraciòn invitando a los monjes antes
que dios sea de azufre.

Y disemine sobre pàramos y nucas lo iridiscente.

El fenòmeno creado para dejar de escribir, jamàs
para devenir con ese ser
que la realidad
hunde en el brìo
con pelìculas de aceite.


Expresiones subsiguientes.

Un atraso. Un colapso. Sensaciones
entre dòciles violencias anunciando
una lluvia de formol que canta
y dora los cabellos de modelos
y principes
dotados de vacìo
y sucios faroles por una copula
que no llega de los pàjaros
y mucho menos de la lluvia.

Expresiones.

Cualquiera de nosotros las ha empujado.
Ha dormido con ellas y al conocer sus epitafios
llegamos facilmente a comprender
en la anagògia,
bajo su manto
que el insomnio representado en su espìritu
es acto que no camina
acompasado por la agonìa de mi ballet
de mis conscupicentes teatros.

Lo hace acompasado
de toda su desesperacion.



Guillermo Isaac paredes mattos

miércoles, 26 de enero de 2011

El Mar sin Bozal

Los nùmeros caminan asi.
Nunca ahorran tiempo, aeronaùticos
del nicho y los cabellos,
las vocales dèbiles y fuertes
se identifican en su corazòn
como si fueran consonantes.

He allì todo un albedrìo.

Llevan la magia del insomnio
pues siempre invocan.

El nùmero es una narraciòn
una canciòn socràtica,
un muelle.

Esterilizan el hambre.
Viven existencialmente y piensan
en metodos para que suceda
siempre asi, en ellos no hay otra manera
de vivir ni esterilizar.

No lograremos encontrar nada màs.

Los nùmeros.

Deducimos por lo anterior que conocen
metodologìas de piel.

Una proposiciòn de estambre,
porque creo que es error sentir que
laten segùn la naturaleza.

Igual a un mar sin bozal.

Los nùmeros buscan operaciones entre ellos
sencillamente porque existen.

Y se muestran demòcratas
que personalizan todo en absoluto,
cuando su universo es una banca.

Los nùmeros nos inventan ya que nuestra
pasiòn por el abismo es semejante a la suya.

En amaneceres de hormonas y aceros.



Guillermo Isaac paredes Mattos

martes, 25 de enero de 2011

Los trances de la Rosa

Hace algunas horas eramos un momento.
Nos encontràbamos segùn el sueño
o encinas de lluvia mojando su oportunidad.

La rosa no tenìa el color de la sangre
y el deseo de ilustrarnos bajo ella
condenaba los tallos al romance
a una cadena de tipo medieval ajusticiada por
la pereza.

Viviamos entre articulaciones.
Nuestro devenir era de medusa y casino.

Dejàbamos atras ciudades, apèndices
veredas de espadas y àlamos.

Arreciabamos en todas las plegarias
con esa vocaciòn de sentencia buscando en
la oraciòn el desmedro del tirabuzòn
la estela cabeceando junto al grillo
donde un juez de intenciones versatiles
era daltònico.

Galaxias y volumenes.

Naipes y asteroides.

Hace una noche lo intacto.

El cadaver allanado por la luz, mostrando
la pubertad del instinto.

Nuestra adolescencia de trueno al formarlo.

Degràdanse rutilantes fojas de eras,
incògnitos fulgores antarticos
llevan entrenando su parsimonia
su persa agitaciòn, su pulso. Una huella
con la promesa que jamàs es dicha
ya que el verbo se desliza màs raudo que
lo humano.

Igual que una rosa de sangre
en los trances.



Guillermo

Opùsculo para mi Hipocrecia

Serà la circunferencia del astro.

La opiniòn del objeto
embarrando la tierra.

Mi lùcidez de contrabando.

Tendrè un dìa de polvo.

Sòlidos patios y etereos.

Un tabernaculo. La inspiracion
del oleaje al llevar cadenas.

Una puerta de hierro sin lugar.
El siglo donde el arsènico asume su
espectacular dicciòn de higado.

Los ìdolos ya no despertaràn.

El temperamento del sonido en sus pies
al cruzar una calle habrà hablado.

Tendrè otros pinàculos.
Otra rodilla abierta donde oir.
Un recreo de astillas serà mi tentaciòn.

Mi vida sitiada donde fermentè mi hipocrecia
detallando pielagos que la originaron.

Lagunas que jamàs dejaròn que orilla alguna
la cerque.

Esa hipocrecia serà de angustia.

No podrà burlar estrellas.

No respirarà en el concreto
y hasta buscarà estrangular los dedos
en sus manos para abandonar esta història.

Pero ante los àrboles
sus brazos las transformaràn en hojas.

Y esas hojas querràn saber de què cosa
se trata un poema.

Y mi hipocrecia, detalladora de pièlagos
que buscaba nada màs que sus manantiales
y lagos no fueran apresados por orilla alguna.

Esa hipocrecìa tan y menos mìa.

No podrà.





Guillermo Isaac paredes mattos

Pròlogo de Siameses

Este es un libro de siameses
una guarniciòn de retamas
un reloj de cirios.


Aquì sòlo existe un tropiezo nuclear
la magnetica historia de la realidad
probablememnte su magnetismo.

Un tribunal
donde la experiencia confiesa
su sonido.


Esa experiencia
donde los cèfiros antes que lo haga el canto
de la muerte, entonan fascinantes melodìas
a todas sus legiones.




Guillermo isaac paredes Mattos

sábado, 22 de enero de 2011

Versión de los peces

Porque somos maniatados
y como tricetas o
yacimientos de angustia descubrese
ese nosotros por el mundo
y el derecho a alarmarse
en medio de balancines
limpia nuestra morada
de orillas.

Para que alumbre el mar
una yema.

Porque leyendas reclinándose entre
míticos eros, donde el idioma
vuelve primitiva a la noche
nacen como gramáticas de palieres
vistadas desde puntos
y primitivas falanges
asumiendo lo crónico, vistiendo de campanas
sus hábitos, sus prismas,
todo aquello que el mar vuelve raso
para entrañar hasta el sueño
un estuario.

Un jardín de peces.

Donde mi voz vuelva a crecer en
tu piel.


Donde tu voz vuelva a crecer
en la mía.




Guillermo Isaac paredes mattos.

En memoria de la gravedad

El lenguaje del sol como un micròfono.

Su gatillo asediando una rampla
el rastrillaje mal dicho y convirtièndose
en exodo. Mi lectura del mismo
unièndome a doradas repeticiones
que ondùlanme logrando incrustar asi
mi latido en genèticos relàmpagos.


El rotar de ese sequito.

Muta el juego sagrado del inicio
como una elite de barcos inundando el fuego.

El cielo degollado por el vuelo
a màs no poder.

La entrada a un ìdolo y la raciòn
del espejo.

Los racimos antepasados del aura.

El sigilo y la sospecha con la cual lleguè
a mi soplo. El instinto donde sinopticos y diestros
palacios de enjambres crean la trama
de una aventura con mi dìa.

Mi dìa de vena.

Mi dìa temerario, de poca gravedad.

Bicicleta de pasos con identificaciones
y trompetas de carnet sin herencia.

Mì dia inmemorial.

Tremante.Tornasol. Què hubiera dado por ver
un pedazo de tu espìritu.

Uno de tus pecados.

Precisamente cuando representaban
esa lìrica secuencia sobre la tierra.



Guillermo Isaac paredes mattos