Sume el agua y que ello sea un movimiento.
Cierra las aspas donde molinos y sartas de enjambres
poseen movilidades de mafias, tinieblas
y el sol no puede ocultarse.
Corteja esa noción del capitulo y sus explanadas
ronden los titeres de la naturaleza
la porción decimal del hambre
el dios del olvido y la campana
desenvainando gorjeos de diluvio.
Se apocaliptico hasta donde no pueda dar
el tropo, recurre a herramientas
cuya placenta de tripticos
abre el acrilico de libros
cuya morada de bosque los sacrifica
entre liendres de duendes
y homónimos.
Presenta la efigie -no necesariamente- gregoriana
y que recorra la optica del hilo
cuando guía tu nuca
a ese camino que dejaste atras una noche.
Y que sólo la memoria de tu pensamiento
explora vertiginosamente
mordiendo ninfas
virgenes de verde soplo
ante los astros y constelaciones
de hiedras.
Se inconciente, deja al libido entramparse
en tu esquizofrenia
con el canto de un sueño incomparable
intuyendo una flor
acampanando el ciclo del tallo
y las cupulas ardientes
donde retumbas sobre una frente
el observatorio
secreto -el planetario-
de mis manos.
Guillermo isaac paredes mattos
viernes, 31 de diciembre de 2010
El Ser de la Palabra
El ser de la palabra es una noche
muy pequeña.
Un volumen de piedras sobre la arena.
Las orillas del algo.
Toda vida palidece ante ese conocimiento.
Toda vida vuelve al vacìo para reconocer el canto perdido
de la aurora suicidandose ante la llegada
del hombre.
Y desde el infinito ese ser busca astromelias
que cierren la noche.
Desordenados lùmenes de isis
cuelgan su espera.
Sus copas.
Nuestros lìmites enarbolan ante èl
aullidos de làtigos.
Augurios de otros testigos, un testimonio
que ampare nuestra faràndula de nieve
rondando su lìrico homicida.
El ser de la palabra es inercia
con fonèticas de cadaveres.
La palabra ante èl asciende como un pubis
buscando sus ojos.
Sus oboes de sangre devorando mesias.
Sus venganzas de
crines.
Ese desprecio donde el deseo es inmortal como
el hastio.
El ser de la palabra.
La palabra del ser.
Ambas cosas son hados decapitados.
Y el hombre es su derrota.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
muy pequeña.
Un volumen de piedras sobre la arena.
Las orillas del algo.
Toda vida palidece ante ese conocimiento.
Toda vida vuelve al vacìo para reconocer el canto perdido
de la aurora suicidandose ante la llegada
del hombre.
Y desde el infinito ese ser busca astromelias
que cierren la noche.
Desordenados lùmenes de isis
cuelgan su espera.
Sus copas.
Nuestros lìmites enarbolan ante èl
aullidos de làtigos.
Augurios de otros testigos, un testimonio
que ampare nuestra faràndula de nieve
rondando su lìrico homicida.
El ser de la palabra es inercia
con fonèticas de cadaveres.
La palabra ante èl asciende como un pubis
buscando sus ojos.
Sus oboes de sangre devorando mesias.
Sus venganzas de
crines.
Ese desprecio donde el deseo es inmortal como
el hastio.
El ser de la palabra.
La palabra del ser.
Ambas cosas son hados decapitados.
Y el hombre es su derrota.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Abajo de un Pergamino
Para los pergaminos hay historias ocultas, aquellas
que escriben debajo y encima de la sepia, trastocando y llenando
el universo de martillos. Aquellas.
De providencias como la hoja seca. De una divinidad
procesando la mejilla y el parpado, de una noche
que nunca contò en mis sienes, la caida del pensamiento.
Y siempre estoy hablando de caidas.
Serà que asi uno puede volver a esa experiencia
donde esto que llevamos como un cuerpo se levanta
y asume la gravedad y la inercia
para sentir el viento, para acariciar una mantis
para construir imagenes o destruirlas
con la magia que no hay en la magia.
Para los pergaminos existe un hombre desprovisto de agua,
sobrepasado a cada momento por los limites
incluso cuando se mira la distancia, el infinito
y su lenguaje nos dicen que en ellos
sòlo sensualiza el limite
su hoguera de providencia.
Sì, yo sè que han muerto en mis manos los vivos,
que no hay una sola palabra que pueda cruzar con alguien,
una que lleve mi corazòn a otra parte,
por eso la creaciòn dejò la soledad en alguno que otro desayuno,
al lado de la alfombra,
temblorosa en el buho o la postrera mano
de una cupula, tan ceremoniosa, tan dispuesta a nombres
de sobrevivientes o celulas,
màs aùn cuando esconden su color en manticas de carne.
Pera. Uno deberìa no asumir mas que nada. Alguien no
deberia involucrarse sino con las sombras.
Yo aprendì mas de los espectros, fuì iluminado sòlo
por fantasmas, ese es el ùnico testimonio
que puedo dar a mi gemelo,
de pronto èl significa tambièn un cuchillo,
pero es agradable pertenecer a esos rìos
que en su memoria
sòlo fueron bañados por las venas.
Y no nos engañemos, no hay objeto ni ser en el universo,
que no haya abierto una noche las suyas.
Guillermo Isaac paredes mattos
que escriben debajo y encima de la sepia, trastocando y llenando
el universo de martillos. Aquellas.
De providencias como la hoja seca. De una divinidad
procesando la mejilla y el parpado, de una noche
que nunca contò en mis sienes, la caida del pensamiento.
Y siempre estoy hablando de caidas.
Serà que asi uno puede volver a esa experiencia
donde esto que llevamos como un cuerpo se levanta
y asume la gravedad y la inercia
para sentir el viento, para acariciar una mantis
para construir imagenes o destruirlas
con la magia que no hay en la magia.
Para los pergaminos existe un hombre desprovisto de agua,
sobrepasado a cada momento por los limites
incluso cuando se mira la distancia, el infinito
y su lenguaje nos dicen que en ellos
sòlo sensualiza el limite
su hoguera de providencia.
Sì, yo sè que han muerto en mis manos los vivos,
que no hay una sola palabra que pueda cruzar con alguien,
una que lleve mi corazòn a otra parte,
por eso la creaciòn dejò la soledad en alguno que otro desayuno,
al lado de la alfombra,
temblorosa en el buho o la postrera mano
de una cupula, tan ceremoniosa, tan dispuesta a nombres
de sobrevivientes o celulas,
màs aùn cuando esconden su color en manticas de carne.
Pera. Uno deberìa no asumir mas que nada. Alguien no
deberia involucrarse sino con las sombras.
Yo aprendì mas de los espectros, fuì iluminado sòlo
por fantasmas, ese es el ùnico testimonio
que puedo dar a mi gemelo,
de pronto èl significa tambièn un cuchillo,
pero es agradable pertenecer a esos rìos
que en su memoria
sòlo fueron bañados por las venas.
Y no nos engañemos, no hay objeto ni ser en el universo,
que no haya abierto una noche las suyas.
Guillermo Isaac paredes mattos
El Lugar Violaceo
A partir del estro -el eter-viejo compañero del agua- me demuestra,
la ciencia con nebulosas de sol, la relaciòn que agoniza
sin ningùn detalle, semejante a muestras de esencias,
en mi boca. Yo quisiera un pedazo de esa boca
retòrica y elèctrica en mi mano.
Ahora voy a hablar de còdigos sin recordar indices.
Falaz y verdaderas campanas de amarillo, despejan el equilibrio
donde angustiosos cabellos recorren el presente
de un verano entreabierto
suspendido en el sueño como una ventana.
Y en este hoy siniestro en los hombres
el genero del mar encuentra su espacio
su cresta empapada de celajes
esa mortandad que libera
un polìgono de arte en la miseria.
Por ello idolàtro lugares violàceos
y con tulipanes de polvo visto regiones de arena,
camposandos movedizos cual
bozal de ingenierìas
arañando cada amanecer los astros.
A partir del estro -antigua mordaza del enhebro-
yo camino y al descolgarme de un ser encuentro
sonidos temblorosos, telepatìas idiomàticas
ya sin lenguaje y la estructura fatal
de su belleza.
Y me sigo demostràndo
que tal ideòlogo en mi lengua
sembrò escarnios de manera revolucionaria
en ningùn lado, para mì los parajes
del dìa son ciclopes sobre anhelos de nieve
y he deshechado tantos que puedo leer
en ellos el corazòn de mis ojeras,
casi parecido a como lo hace el pulmòn
del linguista y sus cenizas,
eso que ustedes llaman palabras.
Y es una lastima, que el llanto de esas palabras
nunca intentaràn hacer lo mismo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
la ciencia con nebulosas de sol, la relaciòn que agoniza
sin ningùn detalle, semejante a muestras de esencias,
en mi boca. Yo quisiera un pedazo de esa boca
retòrica y elèctrica en mi mano.
Ahora voy a hablar de còdigos sin recordar indices.
Falaz y verdaderas campanas de amarillo, despejan el equilibrio
donde angustiosos cabellos recorren el presente
de un verano entreabierto
suspendido en el sueño como una ventana.
Y en este hoy siniestro en los hombres
el genero del mar encuentra su espacio
su cresta empapada de celajes
esa mortandad que libera
un polìgono de arte en la miseria.
Por ello idolàtro lugares violàceos
y con tulipanes de polvo visto regiones de arena,
camposandos movedizos cual
bozal de ingenierìas
arañando cada amanecer los astros.
A partir del estro -antigua mordaza del enhebro-
yo camino y al descolgarme de un ser encuentro
sonidos temblorosos, telepatìas idiomàticas
ya sin lenguaje y la estructura fatal
de su belleza.
Y me sigo demostràndo
que tal ideòlogo en mi lengua
sembrò escarnios de manera revolucionaria
en ningùn lado, para mì los parajes
del dìa son ciclopes sobre anhelos de nieve
y he deshechado tantos que puedo leer
en ellos el corazòn de mis ojeras,
casi parecido a como lo hace el pulmòn
del linguista y sus cenizas,
eso que ustedes llaman palabras.
Y es una lastima, que el llanto de esas palabras
nunca intentaràn hacer lo mismo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Los Gritos Anònimos
En un segmento de aire que cita calendarios.
Donde la calle une aires a corrientes y nacen como ayer
los elementos.
Una escencia de luz, una apuesta a la baraja del as muy temprano,
cuando el hombre empieza el dìa luego de haberse ocultado
de la noche y aunque los juegos de naipes
devoran frutos de azar
crean misteriosas escuadras.
Soberbias de escorpiòn tan ocultas en la miseria
de decir y dejar de hacerlo con las cosas.
Tal vez el lenguaje no debiò sembrar palabras.
Cuando los reinos no arrastran palacios y la manìa por
elaborar una fàbrica nos convierte en el grillo
de un techo que recoge dirigibles solitario.
Y quièn podrìa oponerse a ese acto y por màs que todo acto
lleve un brillo que pueda sostenerlo.
Este brillo no siempre se llama pensamiento.
Los mìos retozan como astros.
Nunca hallarè el pensamiento que los suspende
en las ràfagas.
Asi que literario y literario voy entre sacudidas
y pulsos.
Nunca pueden desprenderse como un fòsil
cuando son descubiertas, simplemente elaboran,
presionan un fusil, confrontan misiones de
escabrozo y espeluznante sosiego
con el adjetivo.
Pero no soy sòlo una apuesta a los cirros.
Ni la niebla que cerca el pino de esta casa robada
por la hierba.
Todo lo hage porque el follaje guarda el secreto
de todo descenlace.
Y de ese todo que tensa como una visiòn en
su mirada.
Para lograr soñarlo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Donde la calle une aires a corrientes y nacen como ayer
los elementos.
Una escencia de luz, una apuesta a la baraja del as muy temprano,
cuando el hombre empieza el dìa luego de haberse ocultado
de la noche y aunque los juegos de naipes
devoran frutos de azar
crean misteriosas escuadras.
Soberbias de escorpiòn tan ocultas en la miseria
de decir y dejar de hacerlo con las cosas.
Tal vez el lenguaje no debiò sembrar palabras.
Cuando los reinos no arrastran palacios y la manìa por
elaborar una fàbrica nos convierte en el grillo
de un techo que recoge dirigibles solitario.
Y quièn podrìa oponerse a ese acto y por màs que todo acto
lleve un brillo que pueda sostenerlo.
Este brillo no siempre se llama pensamiento.
Los mìos retozan como astros.
Nunca hallarè el pensamiento que los suspende
en las ràfagas.
Asi que literario y literario voy entre sacudidas
y pulsos.
Nunca pueden desprenderse como un fòsil
cuando son descubiertas, simplemente elaboran,
presionan un fusil, confrontan misiones de
escabrozo y espeluznante sosiego
con el adjetivo.
Pero no soy sòlo una apuesta a los cirros.
Ni la niebla que cerca el pino de esta casa robada
por la hierba.
Todo lo hage porque el follaje guarda el secreto
de todo descenlace.
Y de ese todo que tensa como una visiòn en
su mirada.
Para lograr soñarlo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
miércoles, 29 de diciembre de 2010
El Destino de la Creaciòn
No soy un escrito que cite a las esferas cuando reconozco el presentimiento.
Cuando los vilos del presagio son una magia que despabila un canto.
Uno como el sol reventando en un tròpico.
Alguien como el verde resentido de una noche donde los actos lunares
son fracciones de muelles enseñando al hombre una albufera.
Creo ser meditabundo como esa albufera con mimesis de eroticos pasos
ascendiendo en escaleras transparentes donde el pànico fue mi
ùnica planicie. Mi superficie calamitosa que impregne de lògica
y ludicos homicidios donde la creaciòn jamàs encuentra la sed.
Entonces llega a conclusiones como la siguiente, el agua que saciarìa esa
sed es una maldiciòn.
Entonces esas conclusiones devanean entre sonatas como
un ejercito de silabas entre lo divino.
No soy un destino, lleguè a la rebeldìa sin haber
ansiado nada, esa es una contradicciòn que lapidò mi vida
entre la indiferencia y fuì por las ciudades con
un saber lacrimogeno, anestèsico totalmente errante como otros
dije a los astros que el infinito era un limite.
Y no hay lìmites que puedan amenazarnos.
La magia del poema le ofrece sòlo un instante.
Un instante donde la creaciòn nos ofrece su cuerpo.
Y ese lìmite sabe que si abre sus ojos
serà para saber como se agita entre la desesperaciòn
el destino.
Como se agita para recrearlo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Cuando los vilos del presagio son una magia que despabila un canto.
Uno como el sol reventando en un tròpico.
Alguien como el verde resentido de una noche donde los actos lunares
son fracciones de muelles enseñando al hombre una albufera.
Creo ser meditabundo como esa albufera con mimesis de eroticos pasos
ascendiendo en escaleras transparentes donde el pànico fue mi
ùnica planicie. Mi superficie calamitosa que impregne de lògica
y ludicos homicidios donde la creaciòn jamàs encuentra la sed.
Entonces llega a conclusiones como la siguiente, el agua que saciarìa esa
sed es una maldiciòn.
Entonces esas conclusiones devanean entre sonatas como
un ejercito de silabas entre lo divino.
No soy un destino, lleguè a la rebeldìa sin haber
ansiado nada, esa es una contradicciòn que lapidò mi vida
entre la indiferencia y fuì por las ciudades con
un saber lacrimogeno, anestèsico totalmente errante como otros
dije a los astros que el infinito era un limite.
Y no hay lìmites que puedan amenazarnos.
La magia del poema le ofrece sòlo un instante.
Un instante donde la creaciòn nos ofrece su cuerpo.
Y ese lìmite sabe que si abre sus ojos
serà para saber como se agita entre la desesperaciòn
el destino.
Como se agita para recrearlo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Los Paises Líricos
Señor de la imaginación
la fantasía hoy sugiere que marejadas
de nieve nos devastan
y pupila tras parpado el invierno
es original como una lágrima.
Robustas potencias
confinan nuestro interior,
esa condición donde
la naturaleza afirma
un infierno brillante como
la belleza.
Maniáticos vórtices
miran en las criptas
ese imperio de rastros
donde disimulamos un heroe
un ídolo lleno de preludios
como el secreto
y la perpetuidad,
un nicho dentro de la luz
o una ejecución,
un diagnostico donde
constelaciones de ira
posan sus labios
sobre el céfiro.
Y eligiendo travesaños
el amor vuelve a la lírica
práctica del lenguaje.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
la fantasía hoy sugiere que marejadas
de nieve nos devastan
y pupila tras parpado el invierno
es original como una lágrima.
Robustas potencias
confinan nuestro interior,
esa condición donde
la naturaleza afirma
un infierno brillante como
la belleza.
Maniáticos vórtices
miran en las criptas
ese imperio de rastros
donde disimulamos un heroe
un ídolo lleno de preludios
como el secreto
y la perpetuidad,
un nicho dentro de la luz
o una ejecución,
un diagnostico donde
constelaciones de ira
posan sus labios
sobre el céfiro.
Y eligiendo travesaños
el amor vuelve a la lírica
práctica del lenguaje.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
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