Los Bosques de la Imaginaciòn
En cada àrbol la rama es velero, una ciudad
de ventanas raìdos por invisibles tercetos,
estos imitan escuadras de tinieblas.
La lìrica es atroz y juega en las cùpulas
con una nave de sangre formada sin ciencia
en el barro fantàstico de las auroras.
Tejen bàcilos su cabellera de advientos
sus adioses de radas lejos del estuario
donde el ser anduvo buscando al hombre.
Existencas de ocasos dan letanìas y lumbres
de cavernas con el sòl despertando un dìa
bailando en la maldiciòn de la noche.
Pero la noche es pura como un eje entrenado
educado por sistoles cuajadas en la brea
de un otoño ocultando su crimen al invierno.
En cada àrbol los bosques ensamblan mediocres
especulaciones de agua balanceadas por iris
de luces y tronos ebrios de academias.
Luciernagas enfermas son devoradas por retos
descubriendo el insomnio debajo de una puerta
un ciclo de polillas desde el hado llega a ellas.
Los tropicos unen sus alas desgraciadas, temores
y funerales inician la edificaciòn del espejo
y dos momjes perversos inclinan sus auras.
Alarmas de gritos y posturas de ciegos, detallan
la espuma hambrienta del dedo. Un hombro ahora
es condenado junto al imperio de la memoria.
Y memorizan los nombres el dìa y su mirada,
aquel que no vacilò en el incesto de la palabra
en el eter dorado de su mortal imperio.
En todo àrbol, el desasimiento deja su poema
su cementerio pudriendose en la flor, ni cortes
ni lineas de sal hay cuando todo se abandona.
Y estamos solos con semàforos y làgrimas
que prefieren caer hacia adentro. Ya no
es una historia la que llevan las venas.
Y ese dolor tan profundo. Menguante ardiente
donde se sientan a soñar gritos de sacerdotes
la liturgia sòlo cae desde la imaginaciòn a la sepia.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
viernes, 30 de abril de 2010
lunes, 26 de abril de 2010
Banquete
Banquete
Me sumo a la belleza.
En sus craneos mis manos
interceptan como ayer la abstracciòn.
Mi alma apenas era un cometa.
El punto central de una esfera cuando es abordada
por la inteligencia.
Tanto universo para mi ser poètico.
Para el perverso àrbol de su logos.
Para la màs severa episteme.
Y no hay nada que pueda desdecirlo.
Mi intenciòn es sòlo el placer del lenguaje.
Algo màs humano.
Pero busco otro idioma. Un mundo
que sostenga mis muertes gramàticas.
ese sueño que profiera la palabra màs profunda
sin jamàs llegar a ella.
Esa representaciòn del cristal y la cruz.
Esos patriarcas de sangre diciendonos
que hay bajo la noche otro conocimiento.
Y este poema tarde o temprano con todo
su significado serà arratrado hacia la podredumbre.
Pero presiento que al suceder una de sus palabras
serà sepultada sin haber leìdo en sus velas.
Asi es y no de otra forma, como lo esperaba belleza.
Entre tù yo sòlo acudiràn sobresaltos.
La matemàtica de cierta sacudida.
Una calle rosacruz si quieres.
Pero esta noche vivamos en otras veredas.
Miremonos desde lejos, para poder hablarnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Me sumo a la belleza.
En sus craneos mis manos
interceptan como ayer la abstracciòn.
Mi alma apenas era un cometa.
El punto central de una esfera cuando es abordada
por la inteligencia.
Tanto universo para mi ser poètico.
Para el perverso àrbol de su logos.
Para la màs severa episteme.
Y no hay nada que pueda desdecirlo.
Mi intenciòn es sòlo el placer del lenguaje.
Algo màs humano.
Pero busco otro idioma. Un mundo
que sostenga mis muertes gramàticas.
ese sueño que profiera la palabra màs profunda
sin jamàs llegar a ella.
Esa representaciòn del cristal y la cruz.
Esos patriarcas de sangre diciendonos
que hay bajo la noche otro conocimiento.
Y este poema tarde o temprano con todo
su significado serà arratrado hacia la podredumbre.
Pero presiento que al suceder una de sus palabras
serà sepultada sin haber leìdo en sus velas.
Asi es y no de otra forma, como lo esperaba belleza.
Entre tù yo sòlo acudiràn sobresaltos.
La matemàtica de cierta sacudida.
Una calle rosacruz si quieres.
Pero esta noche vivamos en otras veredas.
Miremonos desde lejos, para poder hablarnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Versatilidad del Tiempo
Versatilidad del Tiempo
Dìa tras dìa el grito fuè esotèrico.
Lo tuve en mi boca como une herida divina,
un sobresalto ardiente dirigido sòlo por la carne
y arrastrado a la piel.
Y yo tuve esas cosas que transforman el oceano
en una prenda.
Y al mirar mis hemisferios, todos eran crudos.
Encontrè mi destino al dejar de pensarlo.
Me ignorè entre palacios que forma la arena
cuando vibra esquizofrenica.
Segùn mis calculos mentales
el gatillo es un dios representado por mi corazòn
cuando no queda nada.
Reclamè a mi fìsica
una y otra vez por el polen de la gravedad.
Soñè primaveras colgadas de manicomios.
Dìa tras dìa
la carne abandona personajes
en la voluntad de otro pulso.
Y esto es fuerte, extraño y poderoso
para aniquilar adjetivos.
Sobre todo si son conjugados en una letrina.
No tuve tiempo para devorar serpientes.
Tampoco para indagar en jardines
que regresan a huertos para olvidar
su primer nombre.
Vivì en el insulto
el universo se horrorizò al descubrirme poeta,
contemporaneo del fuego
cerrando el tiempo a imperios de ceniza.
Y ante el tiempo lo ùnico que queda es admirarlo.
Sòlo su espìritu lleva en si la versatilidad
de convertirse en pasado presente y futuro.
Y ello se da en un instante.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
Dìa tras dìa el grito fuè esotèrico.
Lo tuve en mi boca como une herida divina,
un sobresalto ardiente dirigido sòlo por la carne
y arrastrado a la piel.
Y yo tuve esas cosas que transforman el oceano
en una prenda.
Y al mirar mis hemisferios, todos eran crudos.
Encontrè mi destino al dejar de pensarlo.
Me ignorè entre palacios que forma la arena
cuando vibra esquizofrenica.
Segùn mis calculos mentales
el gatillo es un dios representado por mi corazòn
cuando no queda nada.
Reclamè a mi fìsica
una y otra vez por el polen de la gravedad.
Soñè primaveras colgadas de manicomios.
Dìa tras dìa
la carne abandona personajes
en la voluntad de otro pulso.
Y esto es fuerte, extraño y poderoso
para aniquilar adjetivos.
Sobre todo si son conjugados en una letrina.
No tuve tiempo para devorar serpientes.
Tampoco para indagar en jardines
que regresan a huertos para olvidar
su primer nombre.
Vivì en el insulto
el universo se horrorizò al descubrirme poeta,
contemporaneo del fuego
cerrando el tiempo a imperios de ceniza.
Y ante el tiempo lo ùnico que queda es admirarlo.
Sòlo su espìritu lleva en si la versatilidad
de convertirse en pasado presente y futuro.
Y ello se da en un instante.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
Gladiador y Poeta
Gladiador y poeta
Puedes dedicarte como gladiador o poeta
a recitar como lo hace el acero dentro
de un pàjaro.
Ser iluminado por escuadras de hierro
o tensar circunferencias que ansiaban
ese rito
abandonado por un tambor
en las piedras.
Doblegar alguna nota
por demas pùbica
elevando un lugar hacia el sueño
pues era mitomano igual al cuadrado
con experiencia de golpe
y posiciòn de cumbre
sin legado.
Deberìas escudriñar una vez
en aquello simulado por actos y situaciones
de niebla y ya que andaba cruzando relojes
y perversidades
el universo guardo
la geometrìa
de todas, absolutamente todas
mis pisadas.
Deberìa evocar que el universo empieza en
el violìn de mis labios y que llevo una boca para llamarlo
cuando la noche entre sus colores lo arrastra
soy un color porque no me queda otra cosa
un denuesto amado por el conflicto
y lo indòmito.
Que cante una rosa pero que su canto
sea imparable.
Palacios de persecuciòn nuevamente, ingravidos
como la soledad de una ciudad
comparandose con extraños elementos
viaje en ellos como poeta
quise ser el pobre artista que llevaba
una ansiedad de madera.
Un cartel de mafias.
Y por mas que quise la noche me hizo
misterioso gladiador
alimentàndose del corazòn
de un poeta.
Guillermo.
Puedes dedicarte como gladiador o poeta
a recitar como lo hace el acero dentro
de un pàjaro.
Ser iluminado por escuadras de hierro
o tensar circunferencias que ansiaban
ese rito
abandonado por un tambor
en las piedras.
Doblegar alguna nota
por demas pùbica
elevando un lugar hacia el sueño
pues era mitomano igual al cuadrado
con experiencia de golpe
y posiciòn de cumbre
sin legado.
Deberìas escudriñar una vez
en aquello simulado por actos y situaciones
de niebla y ya que andaba cruzando relojes
y perversidades
el universo guardo
la geometrìa
de todas, absolutamente todas
mis pisadas.
Deberìa evocar que el universo empieza en
el violìn de mis labios y que llevo una boca para llamarlo
cuando la noche entre sus colores lo arrastra
soy un color porque no me queda otra cosa
un denuesto amado por el conflicto
y lo indòmito.
Que cante una rosa pero que su canto
sea imparable.
Palacios de persecuciòn nuevamente, ingravidos
como la soledad de una ciudad
comparandose con extraños elementos
viaje en ellos como poeta
quise ser el pobre artista que llevaba
una ansiedad de madera.
Un cartel de mafias.
Y por mas que quise la noche me hizo
misterioso gladiador
alimentàndose del corazòn
de un poeta.
Guillermo.
La Flor Svastica
Al cerrar los ojos
a la palabra y lo que hay en ella...
He vivido demasiado en la palabra. Hoy no sè salir de ella.
Yo creo que la palabra es una especie de infierno
seduciendonos, en un principio
con luminosas espinas,
biblicamente las llamamos paraiso.
Tantas dìas, tantas noches, mi corazòn y su espìritu
fueron arrojados allì para que resistieran,
para que hallaran su volumen,
ese aire de peces llamado consistencia,
esa entraña hecha de lunas.
Y jamàs en ella fuì rebelde, jamàs pude
caminar en sus hilos de acuerdo a la precipitaciòn,
eso sì, escribì como si el mundo muriera lentamente.
Y el mundo como el universo mueren con paciencia.
Mi estancia allì no la debo al milagro,
la divinidad en mi pecho fue un trozo pronunciado
por extraños ignorantes, fuì uno de ellos
el principe de la màs fatal sabidurìa,
indòmito a veces,
increible como el barro que penetra la ceniza,
el fuego lo llama violaciòn.
He vivido tantas veces en la palabra. Siempre estuve solo ante ella
no es nada nuevo pronunciarlo para
poder escribirlo, no sè si mi debes es sellarlo en esta hoja.
En esta hoja deberìan vivir y morir otras cosas.
Al igual que yo nadie jamàs sabrà su nombre.
Guillermo Isaac Mattos.
Diciembre del 2008.
a la palabra y lo que hay en ella...
He vivido demasiado en la palabra. Hoy no sè salir de ella.
Yo creo que la palabra es una especie de infierno
seduciendonos, en un principio
con luminosas espinas,
biblicamente las llamamos paraiso.
Tantas dìas, tantas noches, mi corazòn y su espìritu
fueron arrojados allì para que resistieran,
para que hallaran su volumen,
ese aire de peces llamado consistencia,
esa entraña hecha de lunas.
Y jamàs en ella fuì rebelde, jamàs pude
caminar en sus hilos de acuerdo a la precipitaciòn,
eso sì, escribì como si el mundo muriera lentamente.
Y el mundo como el universo mueren con paciencia.
Mi estancia allì no la debo al milagro,
la divinidad en mi pecho fue un trozo pronunciado
por extraños ignorantes, fuì uno de ellos
el principe de la màs fatal sabidurìa,
indòmito a veces,
increible como el barro que penetra la ceniza,
el fuego lo llama violaciòn.
He vivido tantas veces en la palabra. Siempre estuve solo ante ella
no es nada nuevo pronunciarlo para
poder escribirlo, no sè si mi debes es sellarlo en esta hoja.
En esta hoja deberìan vivir y morir otras cosas.
Al igual que yo nadie jamàs sabrà su nombre.
Guillermo Isaac Mattos.
Diciembre del 2008.
sábado, 24 de abril de 2010
Deseo e Inmensidad
El deseo y la Inmensidad
dedicado a Paola Garay
No hay inmensidad por màs secreta que sea
buscando lìmites de oxigeno y gnosticas auras.
Y yo conozco el dìa gnostico de mis cabellos.
Conozco el lugar del corazòn en medio
de la lluvia, etiquetado por niños y rocìos.
Lleno de morgues como la apariencia.
No existe el deseo, sus avenidas llenan
un margen, un policia de verde en las làmparas
buscando en lo màs ardiente su poesìa.
No hay inmensidad, somos muy pocos
y a travès de las agujas no vibra el desierto.
Somos como un oropel, un pezòn mordido por el aire,
mi imaginaciòn me lleva a uno en la infancia.
No logramos escribir si en medio de la luz
que miramos, se ahoga una sombra.
Pero dejala en su canto ahora que la nieve
forma santiarios, sacrificios
donde paredes nihilistas
ofrecen su anarquìa.
Su paredon de barro. Su pupila de homicida.
Y
Yo tengo miedo a los barcos, porque
atraviesan el oceano.
Soy presa del pànico en cada paso de la noche.
Tanto azul en el cielo no es sòlo poetica.
Yo tengo miedo a vivir, de eso estoy seguro
como de una aurora tensada por los astros
aquellos que se aferran aùn al universo.
Tengo miedo, es el principio de una sabidurìa
que -como siempre- no conoce nada.
Y -valga la providencia de esta redundancia-
tengo un miedo profètico
como ahora.
Cuando entre dos seres termina para empezar
otro poema.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
dedicado a Paola Garay
No hay inmensidad por màs secreta que sea
buscando lìmites de oxigeno y gnosticas auras.
Y yo conozco el dìa gnostico de mis cabellos.
Conozco el lugar del corazòn en medio
de la lluvia, etiquetado por niños y rocìos.
Lleno de morgues como la apariencia.
No existe el deseo, sus avenidas llenan
un margen, un policia de verde en las làmparas
buscando en lo màs ardiente su poesìa.
No hay inmensidad, somos muy pocos
y a travès de las agujas no vibra el desierto.
Somos como un oropel, un pezòn mordido por el aire,
mi imaginaciòn me lleva a uno en la infancia.
No logramos escribir si en medio de la luz
que miramos, se ahoga una sombra.
Pero dejala en su canto ahora que la nieve
forma santiarios, sacrificios
donde paredes nihilistas
ofrecen su anarquìa.
Su paredon de barro. Su pupila de homicida.
Y
Yo tengo miedo a los barcos, porque
atraviesan el oceano.
Soy presa del pànico en cada paso de la noche.
Tanto azul en el cielo no es sòlo poetica.
Yo tengo miedo a vivir, de eso estoy seguro
como de una aurora tensada por los astros
aquellos que se aferran aùn al universo.
Tengo miedo, es el principio de una sabidurìa
que -como siempre- no conoce nada.
Y -valga la providencia de esta redundancia-
tengo un miedo profètico
como ahora.
Cuando entre dos seres termina para empezar
otro poema.
Guillermo Isaac paredes Mattos.
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