sábado, 3 de noviembre de 2018

Paraje Absoluto de Hélices






El hálito del día. Sobre lo hialino.
La herida en la piel que precisamente muestra
un tejido de carbón. Pero ese no es
su drama.

La tragedia que purifica como entre
atléticos dioses en la antiguedad.
La tragedia en un sentido moderno habilitando
grietas entre los arquetipos.
Grietas por donde entra y sale el hombre
a los pasadizos de su locura.

Desde un mitopoyético ángel vuelven 
narraciones de clorofila
a las encrucijadas del follaje.

El hálito, porque no tiene liendres
y seguramente ha oído del océano en la orilla.
En un atardecer que no es crepuscular
pero irisa la sangre en sus
celajes.

El día en particular listo como un coeficiente.
Igual que un paraje absoluto lleno de hélices.

Entre ceremonias de cúpulas-hombres
que eligen reencarnaciones en el pavimento
distan helechos de brea y embarcaciones
transparentes.

Bueno, sí. Por momentos lo que nos rodea
se hace transparente

Para no estrellarse contra los automóviles.









Inverosímil Poética






Ayer encontré al eternidad.
No era una forma del humo como se sugiere
entre las cosas apiladas en el fuego.
No era el lenguaje después de abandonar
en el sueño elefantes boreales cifrados en cada
una de sus imágenes.

No era el vapor de un manantial que se eleva
a la atmósfera en un ardiente día de verano.
No era ninguna de esas cosas.

Mucho menos el hilo que duerme en un cuarto
de papel donde en los ángulos se escribe
de otras cosas. De heridas amarillos por 
ejemplo.  Sucede casi a diario.
Irracionalmente a diario.

No faltará por allí alguien que diga que ello
es poesía. A veces lo creo. Es un a veces que dura poco.
Que no tiene garrochas.
De las garrochas uno puede sostener cosas
como también de lo incomparable.

No sé si estas tres ultimas oraciones son 
necesarias en este -por decirlo- texto.

Ayer encontré la eternidad pero lo más 
probable es que ella me haya encontrado.
No puedo asegurar en este momento una de ambas
cosas. Sólo sé que son diferentes.

Que tienen hambre porque siempre llevan
una noción del espacio que desconozco.
Una estampa del tiempo.

Los artistas descansan en fases de hojarasca.
La arista alcanza el escrúpulo de un ión.
Aquello que es sombreado muestra su siseo con
tendencias hacia lo perpendicular.

Hacia extrañas temporadas de aceite.

Donde un sagrado halcón sacia su sed.











viernes, 2 de noviembre de 2018

Continuidad





Veo en la arena.
El poniente ha partido llevándose
un navío con su ancla
respectiva.

Un solido se ha materializado
de tal manera que ha construido un
corazón. La tarea del soplo es ahora 
para lo divino.

El horizonte empieza a estrenar
sus formar para que puedan unirse y
dar forma al crepúsculo.

El agua se pierde en el caos. Es un
hermoso caos.

Las hormigas reproducen en los árboles
un preciso movimiento que no es 
sino aquel de ayer.

Tal movimiento está ligado al 
desplazamiento
de toda una colonia entre los
hormigueros.

Veo en la arena.
El sol es aún de plata y el corte de esa
imagen pertenece a la abstracción.

Dios que es un atleta sostiene que
pertenece a la inspiración.

No diré nada al respecto.

La inspiración tanto como la
abstracción.

Saben muy bien que camino
tomar sin nosotros.





El Nombre de lo Poético




Quisiera escribir más a menudo de ti.
Escribir tu nombre sin determinada poesía.
Saber de qué física-material proviene.
Preguntar si mordiste o no una manzana.
Oír entre las catapultas su historia.
Quisiera besar un dragaminas como tú lo haces.

-es algo que no sé si aprenderé de ti-

Escuchar en la hierba la mejor pronunciación
que tuvo la clorofila para él.
Quisiera más a menudo hablar de ti aunque
sea con mi sombra.
Pronunciar algún ritual allí propio
de mi subjetividad.  Nada más que de
mi subjetividad.
Volver a la realidad y las cosas.

Quisiera. Tantas cosas quisiera.

Ver el sol desde él. 
El sol apodíctico con un papagayo
dormido en sus sienes.

Soñarlo como un hígado que deje de crecer
a diario para que Prometeo no tenga nada que comer,
para que se sea -de alguna forma- igual 
al hombre.

-creo que nos lo agradecería-

Quisiera decir tu nombre y con esa
pronunciación en el crepúsculo mirar el final
del tiempo en los relojes.

Es la única manera.

La única manera de que cuelgue de mi
boca infinito.











Iniciación Gramático-Espiritual del Hombre




En esta ciudad vive un hombre.
En realidad más de uno. 
Pero eso lo sabemos.
Es tautológico.

De tanto reiterarse, sin ser 
molestamente fonético
se convirtió en cacofonía.

En esta ciudad vive un hombre
a base de preludios.
Es sintáctico y sintético.
Gramatical como la aurora de una
naranja en el abecedario
cuando descubre que el reflejo
de una palabra
es por lo general una herida.

Un hombre compuesto de arañas.
Lleno de nervios.
Impulsado por la parte oscura de 
la luna y en general por
la parte oscura de todo astro.

Semiestructurado.
Valiente como una uva o un plátano
oculto detrás del racimo.

En su rostro la parte ontológica
del mismo le señala a diario que se
defina metafísico.

Un hombre con mucho pudor a
sabiendas.

Descubierto por algas
y desengaños, ofrece sus pupilas
a los adjetivos del agua mientras se
elevan de un manantial
conducidos por 
el vapor 
entre cúpulas de aire.

Un anhelo del mar en sus ojos
lo ha iniciado en el arte de las planchas
y dequeismos.

Profundamente isocrónico
como la distancia de un acorde a
otro en un arpa

edifica a diario las funciones de una
cascara

de una apariencia raspando 
lo verosímil

hasta la iniciación espiritual

la iniciación espiritual que existe en
la escarcha.










jueves, 1 de noviembre de 2018

Las Raíces de los Arboles






En teoría no significa nada.
En el devenir pareciera que también.

Hablar del océano podría ser uno de
sus equivalentes.

Hablar de las imágenes que pueblan los
anfiteatros sería otro.

Lo cierto es que se mantiene oculto
entre la distancia que separa a dios de una rana.

No es el misterio.

No es esa mitología que se adhiere a nosotros.
No son sus mitos.


En teoría puede

-vaya a saber uno si tiene rituales-

alimentarse de moscas o zapatos.
Ir a los cines o morder de noche una mandíbula.

Claros de aceitunas viajan en sus represalias
ebrias de neón y pus en una lamina.

Sextantes de un momento imaginario donde
se filtra entre el barro el corazón de la lluvia.

Es obvio.

La misión que tiene el corazón la lluvia entre en el
barro es filtrarse.

Hasta llegar a las raíces de los árboles.









Poema





Memorizo el mundo con todas sus serpientes.
Alguna vez logré contarlas.

Mi memoria guardó su número en uno de sus
espejos.

En cuanto a los espejos en mi memoria sé que 
son miles. No los conozco todos.

Son similares a los pensamientos.
Nada más en términos cualitativos.

Con una pequeña diferencia.

Los espejos de la memoria te devuelven las
cosas y objetos intactos.

El pensamiento

-es una salida para terminar de una vez 
este poema-

los lleva por insondables caminos

donde la poesía los transforma.