sábado, 8 de septiembre de 2018
Naturaleza
Hay una casa en la entrada del puerto.
Pelìcanos y conchas habitan en ella.
Desde esa casa por la noche se deja escuchar una
voz.
Constantemente habla de presagios.
Un oràculo -atento a sus palabras- en ocasiones
piensa en esa voz.
-tal oràculo es un violìn que cuelga de una cola-
Por lo demàs algunas cosas son atàvicas.
Otras no.
Luego el mundo.
El mundo donde toda paràbola es
necesaria para ciertos antìlopes pero no
para aquello cuyo devenir es una
de sus manifestaciones
sobre la playa.
Su nombre es naturaleza.
A la entrada del puerto existen unas paredes.
Forman una casa.
No tiene mucho sentido pero ahora sabemos
que en el interior abundas
pelìcanos y conchas.
En los ojos de tales pelìcanos aùn puedo ver
la orgìa de indòmitos atardeceres
donde los equilateros
alcanzan el desasimiento logrando
asi rozar una piràmide.
-no digo que los equilateros deben llegar al
desasimiento para rozar una piràmide-
No. No quisiera afirmarlo.
Pero a veces.
A veces simplemente es asi.
viernes, 7 de septiembre de 2018
Mitografìa Individual
Veo el horizonte. La ciudad que se empina antes de
èl desplegando edificios de trigo. Vellocinos y buitres
escoltando bandadas de humo.
El mundo se desliza lejano pero no para
restar importancia a todo lo que es material o vibra
preguntando por las piedras. Es todo
lo contrario.
El absoluto pregunta a un velero por la escarcha dado
su paso por el oceano. Alli donde las ceremonias tienden a
oprimir su corazòn en el agua. En los rasgos que
se desfigura la espuma.
Veo el horizonte porque es reciente.
Porque desembarca lleno de ghetos en un espiral.
Porque su -por decir- poètica sòlo es una
encrucijada de adobes donde
una amapola es
cierta mitopoyesis
que llega hasta el amor o un màgico desprecio.
Un màgico desprecio con que a veces el espìritu
devasta las cosas.
Para encontrar un alma.
jueves, 6 de septiembre de 2018
Versiòn Fantastico-Marginal de la Conciencia
La conciencia es un lirio con determinada naturaleza.
Escribe en algun punto donde el amor relata la vida de las ademanes.
Incrusta el lado invisible de los sufijos en una alameda.
En un gesto. En una dada proclividad.
Recorre versiones siempre y cuando sean marginales en funciòn
de aquello que fijamos entre los astros cuando intentamos
alimentarnos de eter.
-sòlo cuando intentamos alimentarnos de eter-
Podrìa ser un perimetro donde nos cuentan que los polos
no siempre son boreales o que la gravedad encuentra el flujo del
vidrio cuando parpadea en una fisica de trigo.
En una astronomìa de polen.
En una cascara donde el requien es una temblorosa
carta de vapor que surgiendo de un dado.
De una hipotenusa.
La conciencia. A algunos les importa que
sugiera la luz o la silueta de los vocablos. La hipèrbole
o la andanada. La incandescencia por la que un hemisferio
de clorofila narra el torpor de un tallo.
El aliento con el cual en ocasiones mordemos el soplo
de una bengala.
El relàmpago de un grial o la corpulencia de
un pubis
-seguramente rojo-
desesperadamente lucido entre oceanos de arpas y pianos.
Autopropulsado Rinoceronte
Del lado del mar hay un horizonte.
-por momentos es un rinoceronte-
A veces se piensa en èl cuando se duerme.
Cuando se otea o nos dedicamos a
multiplicar.
A soñar absurdos monopolios.
Quizà alguna cigarra lo sabe.
Quizà el universo se ha extendido hacia
si mismo como tambièn hacia lo lejano.
No precisamente para elevar o
menospreciar dialècticas.
Eso es muy etico cuando se funge
o se destruye maravillas.
Del lado del mar hay un rinoceronte.
Observa a diario la llegada de las olas.
Embiste cuando puede las crestas.
Alimenta con su excremento
las resacas.
Del lado del mar decimos.
Porque no siempre sucede de esa manera.
A ese rinoceronte le basta voltear
la vista para ser consciente de que a sus espaldas
sucede lo mismo
entre mareas de carne.
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Narcisidad
Es extraño quedarse solo.
Tener una metáfora en la garganta.
Contemplar a un dios que besa a si mismo
su rostro.
Lo último es poco convencional.
Implica un giro de los labios poco comun.
Pero sucede.
Luego de que ese dios se ha desarrollado
casi por completo entre la humanidad.
Y sabe que no queda más que las
sombras.
Las Manadas de Bacìlcas
El contenido de la arena oscilando en un eje.
El sol de coral y en los galeones el devenir montando
regueros. Semànticas coyunturas de alambres.
Estructurales acusticas de ensueño.
Perimetros de nieve donde las manos oprimen
una luz con esos bozales que sòlo
puede ofrecer la poesìa.
Sì. No son màs que bozales.
En un bosque donde la imaginaciòn toma la
inspiraciòn de inutiles vanguardias el antìlope se
pregunta còmo.
Y en la respuesta a ese "como" palpita por
primera vez una lechuza. Lo hace de manera condicional.
Mediterranea; subcutanea linguistica
en proceso.
Oh los pergaminos que cruzan el filo de un cuchillo
en la hierba.
Oh los diálogos de una envergadura con
gnoseologìas que regresan del corazòn mientras
el aliento se crispa en el interior
de una cuchara
-siempre entre universos de magnesio-
oprimiendo con todo su corazòn manadas
de bacìlicas.
martes, 4 de septiembre de 2018
El Grito en el Alba
El lenguaje llega de las crestas.
Ilumina confìnes.
Forma denuestos.
Vela por un montòn de adioses en un
plano donde
los recipientes acumulan
vestigios neoliberales.
Todos en absoluto verbales como
la saliva.
Buenos para el infinito y uno que
otro hueso.
El lenguaje dada las corolas
asciende entre orbitas a lo sumo
crepùsculares
donde los hombres trajinan con
misteriosas botànicas
semejantes a un
dado
en sus palabras
o un velero en sus uñas
en el que la inspiraciòn coloca
por la noche sus
cuchillos.
El lenguaje pregunta por ti que
estàs tan cerca del poniente y lo
contemplas de manera
amarilla
cuando es atravesado por
los pàjaros que
alcanzan el hemisferio
colmados de
reencarnaciones.
Precisamente en el momento
donde la soledad le canta a todos
sus mitos en el infinito.
El lenguaje exhorta
al hambre entre sobrenaturales
movimientos de leche.
Da a conocer a la miseria
dentro de un democratico ambar
con efigies y embajadas
purpuras que
viajando en las mandibulas
de los jabalìes
inundan el amanecer de
plata
de astros que en ocasiones
se multiplican entre la
inmensidad
y semejan
-que tragica y mortal duda cabe-
el desnudo grito de un brillo que
se desvanece en el alba.
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