sábado, 14 de abril de 2018
La Vida-Pàjaro
El viento tan leve como una vida-pàjaro.
El sol sobre las calles igual a un ardiente simulacro.
Asistimos a sus ejemplos durante toda nuestra vida.
Lo hicimos ebrios de animales.
Y los astros.
Cada uno irrepetible en su espìritu.
Casa uno tan indòmito en la mirada que al ver en los
pliegues de nuestros ojos que forman la misma
adquiriò una escritura invisible.
-no hablamos de esta que escupimos para la realidad-
Cada uno se preguntarà para sì mismo, porquè
tuvo que ser una escritura. Porquè entre lo invisible.
El viento suave, casi etereo.
Incursionando en la imagen de la sal como un espejo.
Como un subterfugio.
Igual a un subversivo corazòn oprimiendo en las
palabras todos los roles de la existencia
que podìan darnos las raices
màs allà incluso de esa escritura
la que llena extrañas heridas llevamos
entre pergaminos reales
entre pergaminos reales e invisibles.
viernes, 13 de abril de 2018
Caño Primordial
Todo dìa.
Cualquier ser que es tomado por el nombre
en una equidistancia donde el
impulso es equilibrado por
dorados vaticinios.
Y en una hermètica selva incrustada en el verbo
donde se apilan constelaciones y
semàforos en busca de los
buhos, brota una
raìz.
Cualquier dìa anhelando en el papel una
silaba
o viceversa.
Todo mundo que se viste de lagos o la fotografìa
de un eclipse suspendido por
el vacìo.
-tal vacìo en apariencia es infinito-
Todo atomo.
Todo diario de moleculas.
Las celulas que poseen javas o un conjunto
de trigo en las barbas del polen.
Las celulas confirmando que cada latido
de nuestro corazòn es en realidad
el intento de abrazar el aire
de aquello que se mantiene
secreto debajo de
la carne.
-pero eso es imposible, tarde o temprano tocamos
con ese corazòn la realidad-
Cualquier dìa.
Todo caño o trapecio primordial.
Los acantilados de aceite o tù y yo màs anti-remotos
que la brisa. Mucho màs antepasados
que el cartilago o las dunas
desde los cuales despiertan dirigiendose
al hemisferio la figura de los eclipses.
La brisa coloquial.
Embistiendo cada amanecer los monòlogos.
Tomando las ojivas y redes de un encantamiento.
De un exorcismo de polen.
Incrustandose en la orilla del mar en busca
de la nada.
La Transformaciòn del Verbo
Ya sabes donde se encuentra el sol.
Ahora pensemos un poco en la felicidad.
La felicidad como un diario de hambre que se repite
en un cuerpo. Un cuerpo tomado de las vigas.
De los talones y tallos.
Que alude a lo reminiscente sobre misticas presencias.
Que alude a la poesìa cuando sueña y rigidamente
intenta llevar lo homogeneo de ese sueño a lo terrestre.
La felicidad cuya intenciòn es catapultar o colmar
de inviernos el interior donde el pulso a veces nos engaña.
Entonces podemos hablar de un corazòn que
paradòjicamente dentro de nosotros mismos busca su
distancia.
Ya sabes donde se encuentra el sol y el mar nos
es desconocido a pesar que se adaptò al vuelo de una
mariposa.
Al frenesì del tiempo.
Al enfasis con el cual el espacio separo las arpas
de una metàfora
ese enfasis que trajo consigo un àrbol
un precipicio donde consignamos en la infancia un
ruido de espirales
ajenos y amarillos
semejantes a aquello que como todo primero se presiente
y luego se transforma en verbo.
jueves, 12 de abril de 2018
Civilizaciones Poèticas
La ciudad donde un silencio enarbola bacìlicas.
Tal silencio izando lumenes y plagas.
Todas de langostas.
El algo que ice o devorè sin una cuchara.
La brisa por ejemplo.
El granizo adiestrado por una orilla de leche
contemplada por la sangre.
La incandescencia que hoy delibera y dilata
entre nudos.
El vellocino hecho de eslabones con muchas
intermitencias.
El vellocino atroz donde màgicas abominaciones
oprimen un sufijo hasta la costra de
un enigma.
El sol con eclipses y fascìculos
donde las equivalencias disputan a si mismas
la idea del caos.
La ciudad. Aquella por decir y aquella que
gesticula. Que casi se adhiere a la silueta de
una mañana donde el idioma pertenece a
los escalofrìos porque el mundo es
de fiebre
y las sienes de los hombres estàn llenas
de puros jabalìes
donde la sombra de estos animales imitan otra
sombras.
El Espìritu Material de la Distancia
El dìa no es vigente.
Alcanza el hollìn donde yerra una que otra poètica.
Una poètica traslada tramos de niebla.
Biceps de con relieves.
Coherencias de insomnes andanadas.
Y teoricamente existen aeroplanos y suicidios
en sus margenes amarillos.
Una horda de pètalos recoge el desasimiento pero
ello es sòlo un instante donde acontece lo inasible.
Quizà tambièn lo sagrado.
Incluso lo divino lleno de migajas.
Los rinocerontes beben en las orillas de una playa.
Los tatuajes evaluan el sistema mayeutico de un gato que
medita sobre la miseria.
Sobre los minerales se agita una
utopìa que ya ha sido descascaraada por la fibras del
viento.
Entre las ruinas suponemos un polo.
Una franja que toca el oleaje de una bicicleta.
Horizontalmente ahora del hemisferio se desprenden
las hipotesis. Los conjuntos. Las algas del oceano
sobre el eje màs anfibio de
las crestas.
-¿porquè indispensablemente de las crestas?-
Un mar distingue un navìo de otro y los astros
toman abstracciones. Las fragatas buscan secuencias
de negro como las que terminan en el pelo.
Las amapolas anhelan el origen de una boya.
De un suburbio donde el vilo despertaba a los pàjaros
con el roce del follaje
con el roce que hoy mordemos para que
la distancia de todo lo que es escrito deje de mostrar
tan sòlo su apariencia
y al acercarnos a ella como ahora
esa distancia muestre su material espìritu
para que pueda ser tocado.
Existencia de la Palabra
Como el matìz del vidrio.
Y la perpetuidad de una antorcha que posee como
manuscrito una placa. Un adios de hierba.
En las cosas puntuales que duermen en
los equinoccios y el anden formandose como un
marsupial pero dentro del aire.
En las peninsulas con dirigibles.
En la versatilidad de una manzana en un racimo
donde los cuchillos son los que señalan la
direcciòn de sus figuras.
En tanto a una bestia se
puede escribir que despierta de la brea como un
inutil coloso ebrio de cupulas.
-no es ardiente como un espejo-
Igual a las ventanas que cubren de sacerdotes los
desiertos porque alllì mueren las profecìas
y las reencarnaciones.
Y en las trayectorias del polipo un germen es
inaudito como un sol increible que besa con su luz
la piedra.
-o quizà la roza-
Igual a un deseo.
A una existencia en la palabra.
Como el rigor del sueño que traza una boca
y es escencial tras vastos dìas aleatorios en que
hay preàmbulos y tambièn maravillosos
poliedros
todos, absolutamente todos arrancando las
palabras a las hojas
con la intenciòn de ver completada su existencia
en el aire.
miércoles, 11 de abril de 2018
Tu Nombre
Con nombres de espejos que trajinan por la hierba
fraguados por misteriosos alambres.
En una astrologìa con cuerpos diferentes iluminados
por fìsicas disimiles
elegidas por el crepùsculo al tomar una gota de lluvia
que entre la atmosfera sueña con
convertirse en diluvio.
Sobre espìritus que llevan exorcismos al aceite
con un ritmo occidental
bañado de crines.
Entre figuras y lamparas que
miran los acantilados con una escarapela colgada
de la boca llena de epistemes
semejantes a los que empujan el vidrio
en amaneceres incandescentes
sin neones ni vanguardias
sin escoltas ni cardumenes que llevan un peciolo
o una arista tomada de las reencarnaciones
que regresan inutilmente a aquello
que en los suburbios los
semaforos
denominan como arte. Es decir, una suma
de acorazados que intentan
atravesar la puerta de un hormiguero.
Con telescopios y manchas de grilletes
que desatan coeficientes en las encìas mientras
una calle de nebulosas busca la
primera galaxia donde fue colocado tu
nombre para ser pronunciado
por las brujulas
-esas que no hallan ni el espacio ni el tiempo-
y sòlo en sueños -igual que yo- pueden
oir su sonido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
