martes, 5 de diciembre de 2017

Las Ciudades de Aluminio






La constelaciòn sobre la punta del farol.
El mundo con aparejos y velàmenes que todavìa duermen.
El lenguaje que sueña.

En uno de esos sueños una figura.
El deseo patrocinada en la misma por un pèndulo.
Por una abstracciòn de colores desde el
cual un arcoiris emana.
La tarde en los cirros obviamente es policroma.

La constelaciòn porque hay avenidas con àrboles.
Iglesias con vitrales que algun dìa se alimentaran de
dagas y por supuesto el horizonte que de una forma
nos impresiona por la distancua y la cantidad 
de navìos detràs de èl. De rigores.
De panteras.

De yacimientos con travesaños de anilina
y fasciculos de sirtes 
desplazandose entre las empuñaduras.

Laminas mediterraneas en una colonia
de mitones.

Linternas como las que rozan el ministerio
del sufijo. El misterio de la gravedad en una franja
magnetica. 

Conduciendo hacia los manantiales de nuestras
entrañas nada màs que ciudades de aluminio.




La Bicicleta Dorada





La luna va dejando su estela en el hemisferio.
Sobre los ojos de un racimo hay una manada que
canta. Un pedazo de espuma con el que los seres
inventaron alguna vez sus bocinas. Los hologramas 
que habitaron sus reminiscencias.

En un anillo hay una bicicleta dorada que
pertenece al fuego.

La intensidad sueña en los labios con un dirigible
que muerde los astros.

Diarios de sed en un poema se humedecen en
el barro justo en el punto donde crece una mandibula.

Las silabas llegan al recogimiento con un
enhiesto panorama sobre aquello que define lo
inaudito.

Pero. Què es lo inaudito.
Què cosa une lo maravilloso para tocar lo irreconocible
y devolverlo a una orilla de agujas.
A un alfabeto de reflejos.

La luna y su estela.
Subsidiando sombras.
Enquistando en las sienes escalofrìos.
Serpentinas que se descomponen hasta transformarse
en cometas.

Barcos que encallan entre rastrillajes 
entre los relàmpagos
donde basicamente se busca llegar a la luz de un
polinomio.

De uno que solitario cuenta la historia del clima.
Del aceite en las primaveras del caos.

Donde dios llega por la noche a una idea.

Rodeada de jardines de brea.

De pètalos donde se desvanecen insòlitos 
neologismos.












lunes, 4 de diciembre de 2017

El Dìa




El dìa se compone de orgìas.
De un algebra en el sueño que busca en el alba
un corazòn.
Un candelabro.
Una metàfora que posea esa fuerza para decir que
cosa es un pàjaro.
Una manada de sirtes.
Un margen occidental. Un suburbio que a la larga
podrìa ser esotèrico.

Mientras tanto tal suburbio es reciclable.
Porta dijes de anìs.
Veleros que llenan de nucas alguna travesìa.
Alguna expediciòn a los astros.
Asi ese suburbio seguirà siendo a la larga
esotèrico.

No lo veremos porque
està lleno de candados y bujìas.
De bacilicas en el pelo buscando anfiteatros.
Teorìas que llevan una nutria 
como principio.

Teorìas con vastos aprendizajes
en ese poema de zinc desnudandose en el caos.
En las profecìas.

El dìa està hecho de orgìas.
De piscinas que conceptuan el lenguaje de 
los dequeismos.
De los espigones y los elixires
de carne en ellos.
De las nervaduras que este amanecer dejan
ver sus hiperboles.


Es decir un mundo de jinetes sentados en el agua
oprimidos por los brillos del infierno.









sábado, 2 de diciembre de 2017

El Enves de la Cascara





El oceano està compuesto por millones de litros.
No sè si es algo asi como escribir de la fiebre en un aniversario.
O hacerlo de la luz mientras las mejillas son fijadas
en el rostro por el infinito.

La experiencia sigue a una carta de arroz en los peces
y entre la magia multiplican un eco
de eter 
destellos de monopolios transparentes.

Hacia el enves de una cascara dirigese un iòn.

Las estaciones giran de manera particulas en los cometas.
En el rostro del azufre.
En las orbitas con academias de salitre.

Con un atlas de hierba devorando superficies de nieve
asisto a un culto de granizo entre dorados esquimales.

El tejido y la sed opinan sobre los opuestos en ese
culto.

Sobre los àrboles que constituyen la intensidad pero
no siempre.

La noche lo sabe.

Mi corazòn lo sabe.

Hay un buho escalando en todo eslabòn de las cadenas
de hierba.

Y ese fragmento de poesìa es todo lo inevitable.






Aquello que Besa el Precipicio





De acuerdo al horizonte la vida siempre es de los pàjaros.
O empieza en ellos.

Segùn el ambar desconocido de las cosas.

Y la sal en la coronas impregnadas de imagenes donde el
ser se dirige a un crepusculo.

En un crepùsculo dios y su sombra cuentan las cenizas.
Sòlo dios conoce el secreto para que una sombra encuentre
una palabra en las cenizas. Nada màs que èl colisiona 
en ellas.

En las citaras de un parque los sabuesos muerden uvas.

Debajo de los àrboles donde las colillas de cigarros impiden
la entrada a los hormigueros, hay una corola.
Un mandatario de pus.
Un parlamento de constelaciones que llegaron a la abstracciòn
junto a un espejo.

De acuerdo al horizonte o un principio de cachorros
allende a metafìsicas que suspenden escenas de humo.
Escolasticas quimeras con una moneda.
Con un acantilado.

Con un hueso.

O una raìz de sangre que besa el precipicio.






viernes, 1 de diciembre de 2017

Sobre lo Hiàlino






No se sostiene el pàjaro sobre un destello.
Siempre lo hace sobre lo hialino.

Y tampoco ilumina las cosas igual a una mañana en
que los pliegues son de arroz en el sol
y caen sobre la tierra como 
racimos.

No sè sostiene ni toma las paràdojas con
las raices que cubren una mañana el infinito. 
Lo que falta es que la tierra se eleve hacia ese 
cielo. Para respirar en èl.

Ese mundo de raices en el cielo es todo lo que
la mirada de la piel sostiene mientras el viento rasga
un rostro. Colocado en la espuma
por martillos.

Tampoco los jardines llegan con un silencio en
sus ojeras debido a ciertos fenomenos electricos.

Demacrados y puros como la valija de un diente
alrededor del humo, dirigense a a los carbones las
encrucijadas.

La materia que pasa por allì.

Ascendiendo entre pubertades de bronce.

Y caravanas de meteoros.








El Nombre de las Cosas





Igual como corolas que besan la sangre.
En tanto la realidad es inaudita semejante a un pelìcano
de nieve que recorre los sesos.
Un pelìcano que encuentra el diàlogo.
Una ira magnifica.
El violeta de un silencio encallado para siempre
en la arena.

Como una dinastìa coloquial que arroja un plumòn
de nieve a los talones. En los acertijos que esos talones 
incrustan en las calles.

Historias que son conquistadas por planetarios 
de hilo, en los trazos donde viven las sombras de las cosas.

Inexactos parajes donde vibran idolatrìas.
Maleficios de un leòn para cuadernos de madera donde
escupen los truenos. O en el cual los manantiales
agitan sus linternas. Sus ponientes de cera
despiertando en una vereda llena de 
de coeficientes.

Donde evocamos imprescindibles martillos que llevan
en sus picos ciudades de polen.
Conjuntos de nervaduras que llegan a la sal
con un destello occidental en sus formas.

Mediterraneos como una coreografìa que sigue a los
solidos. Que busca cristos entre la porcelena

O principios en un amanecer de siluetas que
empiezan a separar los objetos.

Y asi entre la existencia poder
nombrar las cosas.