viernes, 6 de octubre de 2017
Del Muelle a la Soledad
Del muelle a la soledad hay un silencio de nieve.
Una incursiòn.
Se comporta igual que los electrodos.
Busca iones en los
semàforos.
Pronòstica la llegada de la brisa a los volumenes.
Elige trayectorias.
Preàmbulos donde el eter reacciona a una
hoja.
A un recorrido donde el mundo parece de yodo.
Del muelle a la sal.
A la invenciòn del peciolo en una moneda.
A las escoltas que toman la luz de las sombras.
A esas escoltas con un hilo de vidrio en sus
cabellos asumiendo metabolismos.
Trascendencias de cera
con una proporciòn de anclas.
Con estadios que algunas veces se inclinan
a una circunferencia.
A un exorcismo en el tallo.
A un elastico.
A un pedazo de goma.
A una esfera donde el dìa logra colocar un
emperdible.
Un diario de manadas que cotejan
luces azules.
En una ciudad inutilmente iridiscente.
jueves, 5 de octubre de 2017
Versiòn de la Realidad
No he habitado un reloj.
Nunca he vivido en el interior de una brùjula.
Recuerdo los pianos como tallos vacìos donde
se inspiraba una nervadura.
Allì sin duda alguna crecìa un enigma.
Recuerdo la imagen de un cretaceo dormido
en una peninsula.
La imagen de los diàlogos con una gruta de
nieve deshilachandose. Caminando siempre a la niebla.
A los principios de un dìa bañado de alfileres.
De espejos escribiendo en las sienes.
No he habitado algo terrestre en la piel como
una desembocadura o un desembarco por ejemplo.
Seguì a los travesaños en epocas de inviernos
cuando la luz se hace nada y es en el gris
donde deben ser formados los idilios.
Los dramas.
He visto millones de seres bajo ese gris forzando
con todas sus fuerzas esos idilios.
He habitado miles de vientos con una escalera llena de guitarras.
Guitarras dotadas de costras igual que una bandera.
Que un vilo en la espuma.
Que el fragmento de una moneda buscando sus pedazos
para volver al comercio.
A la circulaciòn.
Lugar donde son incrustados para siempre los alambres
en el espìritu de una linea.
Ese lugar al que jamàs llega un cuerpo.
Los Personajes de Ozono
Hay una carta en la arena.
Un universo de palabras invertebradas en ella
sugieren un destello crucial en la orilla.
Allì esconden sus craneos.
Los pàjaros se ensortijan en el aire.
Las bandadas de pàjaros vuelven a ensortijarse en
el aire.
La belleza desciende del hemisferio con una
bocina muy angosta. Una donde el relato de los automoviles
pertenece siempre a un semàforo.
El silencio con que es delatada esta edad oprime
lo reciproco. Lo reciproco esta mañana es el candelabro
donde un pubis gira hacia la identidad en
una silaba. En un contenido
que vuelve a ser un protagonista de la luz
cuando teje miserias.
Cuando se arrastra entre voces que inobjetablemente
supuran en el acrilico.
Quizà algo semejante haga el hambre.
Hay una carta en la arena.
Las palabras en ella se reconocen como mamiferos
que alguna vez anduvieron entre los hombres
y crearon mediodìas. Adolescentes y
mandibulas. Rasgos de una araña sin dientes
que rodea un escrùpulo o se ejercita
en cosas que jamàs son magnificas.
Quizà sean inocentes.
Quizà completen sus circulos entre diarias peliculas
de desengaño.
Donde todos.
Absolutamente todos los personajes son de ozono.
Los Objetos y las Cosas
Creo que uno llega a los objetos un poco tarde.
Cuando ya han terminado de formarse.
Igual sucede con la realidad.
De igual manera los terminos son posibles.
Lo son de una manera semejante a lo que sucede con
los objetos.
En realidad llegamos tarde a todas las cosas.
Y el universo de las palabras se encuentra allì
para recordarnoslo.
miércoles, 4 de octubre de 2017
Rehenes
La vida de todos los árboles.
La vida tanto como la existencia de todos los árboles.
La realidad como una intuición que roza las pirámides.
El sol encerrado en los baules con un pentagrama.
El nivel rosado de una pua antes de llegar al sueño.
Y entonces los planetas dormidos en una ballesta
decoran la silueta de una errante manzana.
Decoran el silencio con que las cupulas seducen entrañas.
Esa soledad donde la poesía no hace más que imitar
inutilmente su propio reflejo. Su extraño pendulo.
Su pesada brújula.
Diarios de maderas para que este crepúsculo encuentre
sus libélulas. Para que no sean más distantes las grietas que
aún vemos en el horizonte.
En todas duerme un monólogo empujado al iris por
las bujías.
En todas hay un lirismo que precede a las escamas.
Que antecede a un monólogo.
La vida de todos los árboles.
El mendigo ante el mar buscando faroles.
Perimetros de sal donde nuestras prisiones no naufragan.
Y de nosotros infinita y desesperadamente no
dejamos de ser los rehenes.
Los Objetos en Busca de sus Sombras
Como un lugar de àrboles donde hay una paradoja.
En los lenguajes que descienden del viento con un
tatuaje en sus manos.
Con un esquimal de arena en sus ojos.
En las iniciaciones que son nada màs para las hiperboles.
Muy cerca del vidrio, donde la transparencia desarrolla
otros vicios. Otros planes con palos
y densiometrìas.
En esa densiometrìa alimentada por cascaras.
En las trasciendas. En el eter de una cigarra que
conduce una pelicula a la nieve.
A un solsticio de goma.
A un emperdible que mira un alacran avanzando sobre
la superficie de un peine.
De un mito con pisadas rojas.
Con entrañas que a travès de la soledad imaginan
solsticios o mercados.
Instalaciones donde un pubis arranca los colores
a un semàforo.
Por un momento es valida la pregunta sobre el
destino del transito.
Què harìan los automoviles en las esquinas sin la
existencia de un semaforo.
Què harìan el resto de sus vidas los hombres
encerrados en ellos.
Como un lugar de àrboles.
Muy cerca de un procolabismo o un gallo que arranca
de su cabeza una cresta.
En una orilla donde los objetos de tanto observar
a los hombre terminan igual a ellos.
Y entonces crean gatillos.
Mandibulas.
Vapores.
Y avanzan hacia las ciudades en busca de
sus sombras.
lunes, 2 de octubre de 2017
Los Buitres de Hielo
La aurora es una hoja.
Las cortinas del aire despiertan igual que
muros azules entre las ramas.
-cosa curiosa-
En el interior del amor hay una corola que muere
como un pàjaro. Sus plumas de vidrio por la tarde han
dejado de tocar el aire.
Adioses formando racimos en una andanada.
Una donde los siglos liberan jardines de cuchillos.
Eslabones conjurados por indòmitos simulacros
de judios.
Por aceitunas de sol errantes en un camino
cuyas estelas son enumerados por universos de goma.
Todos con una idea particular y absoluta del agua.
Con un criterio de sal frecuentando en el amanecer
algùn sueño. Ese que no es habitado por
nosotros. Ese que calza una daga
o en su defecto amenaza a las iguanas que viven
secretamente entre la
nieve, bajo fervientes cupulas de sangre.
Todas acariciadas por buitres de hielo.
Himnos de sol para esa ternura habitada
nada màs que por una manzana.
Fragmentos de piel en un manantial donde
el sol dilata la espuma de las superficies.
Adoquines de pus en un crepùsculo de arboles
donde la pureza es un fidedigno carbòn
izado por los druidas
para aquellos que caen por los precipicios.
Sòlo para aquellos.
La aurora es una hoja.
Puede ser una nota. Un cirio de cascaras.
Una branquia por donde lo vertiginoso es de sodio.
Una resina de acrilico.
Desplegandose hacia la realidad.
Igual que un martillo.
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