jueves, 7 de septiembre de 2017

Este Lugar






Este lugar donde los equinoccios duermen.
La pira en él cubierta por el reflejo de un astro
por la noche todavía reflexiona.
Hay un retrato de la nieve mientras es crepúscular.
Un hombre también es de nieve allí y se sueltan los juguetes
de un animal de acrilico con sienes amarillas.

Palidas luces como un rendimiento de cera en la brea.
Como el ciclo de los eclipses cuando mencionan un
trozo de vidrio en los espirales.

Este es el lugar donde el amor recibe un teatro
por la noche y lo confunde con un vortice.
Luego camina con él hacia margenes que aún 
encienden una isla o un telescopio.
Un pájaro que detiene un helice mientras los hilos
programan en las bocinas una silaba de carne.
Una que enciende una hoja.
Que se reencarna en la orgía de un velero
cuando se ahoga en las ciudades.

Y recuerda extaña e inutilmente.

Que el cemento confundiendose con el mar
no son sus elementos.






Como Toda Iridiscencia





Habrà una soledad.
Como en todos los cuchillos que cruzan
un rìo habrà una soledad.
Los recipientes seràn escritos en mayusculas.
Importaremos baules de las calles vacìas.
Anandonaremos los puertos
y caminaremos a una bacilica.
En ella los gorjeos sostendràn cosas antiguas.
Mundos rumiantes.
Rabiosos invertebrados carcomiendo objetos
nos mostraràn sus eclipses.

Dirèmos una palabra sin
recordar alguna que nos acompañò por los
puentes.
Acariciarèmos el sigilo de un bosque en 
un simulacro de ciegos.
Las imagenes recorreràn un deseo 
adornadas por huesos.
En una escalera seràn abordados los
truenos.
Los hilos que preceden a los relampagos.
El sol en el hemisferio tembloroso.

Habrà una soledad 
lo cual no representa una mejilla.

Es sòlo una proposiciòn natural que llega
de los ajos.

Que manifiesta un sonido.

Un eco a lo lejos marsupìal.

Carnivoro.

Rabiosamente carnivoro como toda
iridiscencia.





Episodio de Lamparas





Alguna hoja.
El tiempo de las bicicletas sobre un episodio 
de lamparas.

El mundo con una tijera de helio
en una emotiva utopìa
y luego el sol amarillo y cientìfico como una
pupila de sodio.

Casi un brillo de acrilico.

En el poniente 
un muro de esquirlas igual a una nube.

En el ocaso esa llamarada de estambres donde
las piedras se ensotijan en un abalorio.

En un naipe que constituye un
pedazo de saga en la espuma. En las
cenizas donde a veces se inclina una 
aurora.

Y seguidamente los puertos.
La oraciòn junto a una raìz.
La melena de espinas
donde el conocimiento recoge una hoja.

Un àrbol que crece en la distancia
con un recipiente
de humo en sus labios.

Una carta de monopolios iguales a los
que encrespa un gigante
en una hora coloquial; abstraida
por un himno de
yodo.

Cartas de arena que la marea recoge
de un arcipestre 
tomando la duda de los manantiales.

Arengas de un astro que oprime las balsas
de un dormitorio con perimetros
agitados por racimos.

El lenguaje en el eco.
La existencia en el vilo de un fervor
tomando arañas de acero de
los equilibrios.

Paginas que muerden el bronce para
reclinarse en una sortija.

Contemporaneos universos donde encuentra
un limite ese descenso de la noche.

Esos nocturnos hilos que empiezan a morder
entre la oscuridad las maderas.








miércoles, 6 de septiembre de 2017

Cosas del Verbo





Y entonces el mar està solo.
Lleva un muelle debajo de su superficie para
los barcos que navegan debajo del agua.
Pero eso es extraño.
Como un resorte tomando impulso en medio
de musgos.
O los conjuntos del espacio donde la realidad 
se abre paso.
Luego el latido de una tijera.
La coherencia de un rasgo en el sueño donde
las planicies llegan tambièn a los desencantos.
A las flores de higo varadas por los tigres.

Entonces el mar.
Pero es un mar que lleva kilogramos de polen.
Uno cubierto por ceremonias sin raices.
Indiferente a los plazos con que estimamos el 
color del deseo en una varanda.
En un pretil.
En los simulacros que los destellos anudan en
un brocal cuando empezamos a recorrer 
nuestros propios espejismos en el desierto.
Y es como un relampagueo.
Igual a un resplandor que empieza a llenar
de misterios y enigmas todo
aquello que es tocado por la palabra.
Supongo que son cosas del verbo.
Es èl quien finalmente a la larga entre la
poesìa se despedaza.

Diarios de espuma que entre las crestas
desfiguran una prenda.
Una aleta llena de incognitas entre sus
proporciones.
Una cola donde la hoja separa una manzana
de la lluvia.
Primigenia y azul como un horoscopo.
Como una peninsula que asciende por el
dolor en busca de animales.
De enigmaticas heridas por las que serà
estilizado el fervor de una silueta
en un atomo.

Siempre entre una sobrenatural penumbra.

Supongo que esas tambièn son cosas del verbo.

Es èl quien finalmente a la larga se despedaza
entre la poesìa.












Llamado





No habìa conocido ese lado de la realidad.
El angel que seguìa a las hojas despuès de la lluvia.
El viento enquistado en una uña con un color rojo.
El mar policromo regado de uvas.
El plano iridiscente por el cual llegarìa a una rama.
A un vacìo.

Y la forma del caos en una bahìa.
Recogiendo omoplatos de arena a cada momento.
Tomando palabras de un lampo como se hacen en ciertas
reencarnaciones, cuando el olivo queda encerrado
en un acertitjo. En un tatuaje.

Y luego el himno con un monòlogo de vidrio en la piel.
Llevando expediciones de complices y rehenes.
Dirigiendo conjuntos de escarchas que toman una porciòn
de la voz. Un ritmo inèdito de una ciudad en la
cual alguna vez llegaron al ensueño los 
vagones. Las barbas.

Las mechas dormidas en los senos de una bujia.
Las bicicletas con rigones que ensartaban infinitamente sus
circulos entre lo luminoso.

Y desde esa luz nos llamaban.




martes, 5 de septiembre de 2017

Ese Viento





Ese viento que recorre el mundo arrancando
una capa de azufre en el aluminio.
El diario de espuma con una bitàcora.
Con una serpiente de hollìn en el pelo.

Y la brisa que cuelga del horizonte con una
especie de infinito varado.
Ese viento como una especie de leña
y fragmento.

La sed de un precipicio entre conjuntos
de carne mientras los huesos juntan microscopios.

El vuelo del peciolo en un nube donde la existencia
se alarga. Se aprisiona. Se suspende en el ambar
y dado que la trascendencia es un finisimo hilo donde
se ahoga el destello
yo vuelvo a los travesaños.

A las eras de un lingote con frases y vertigos.
Con laminas alrededor del ocaso donde son antiguas
las fragancias semejantes al aroma de un
paradero que posee limones
o en todo caso los pliegues de la arena
en la orilla son descendientes
de una historia màs antigua aùn que aquellas
errantes en el genesis.

O son las pupilas una escala.
Un vidrio donde pasta el conocimiento con
envergaduras que constan necesariamente de 
cenizas y costras. De lenguajes de
barro. De espirales de sombra
donde la luz
acaricia un embarque de lluvia.

Un pètalo de agua formado en el pubis.

Junto a tradiciones de uvas y colmenas
despertando a otra realidad entre sus sueños.








A Partir de los Circulos





Los circulos son espejos pero perpendicularmente.
Un relato de sal que recorre megàfonos
y auditorios.
La narraciòn que trae un pulmòn y la misma aborda
el asunto de los semàforos que dirigen el transito de las monedas.
O el asunto del neòn trascendental correspondiente a 
una peninsula o una utopìa.

Coordenadas de brillos.
Manchas de biotipos que golpean la arcilla.
Màscaras que duermen en sus puntos como botellas.
Estaciones en sus circunferencias que reciben
el invierno de los hilos con un eslabòn de iridio.
Es un eslabòn que formarà en un prologo una cadena.
Tal pròlogo serà un evento marginal de castillos.
De suburbios estrellandose contra las 
conchas.

O los cisnes.
Luego los cisnes en un atlas halino.
entre conceptos dialògicos del mundo con una uña
o el manantial donde se encuentran los prefijos
y enmudecen ante las cronicas de un
pelìcano en las ventanas.

En los sudarios de una especie de tropico
transportando una hoja. Un arrecife sucio. Una pisada
que enumera todas las siluetas de las puertas
como aquello que extrañamente son:

Nada màs que una solitaria epifanìa.