martes, 4 de julio de 2017

El Unico Momento






A cierta hora del mundo cuando los objetos
regresan del dìa. A esa misma hora cuando otros
objetos no vuelven a la noche.

En el instante donde un pàjaro abre sus alas entre 
las cenizas.
En un menguante que arroja palabras en el hollìn.

Cuando tomo la idea de la geografìa perteneciente a
un nudo.
Y aquella de la astrofisica desprendese de los
cabellos de un tren casi igual a una melodìa.
En las constelaciones de esa melodía.

En los cuerpos del crepùsculo apilados en una
escolta o los fragmentos de una playa dormida en
una gota.

A determinada hora en que los objetos regresan
sin saber exactamente como.

Dentro de un segundo que pertenece a una cronologìa
o una secuencia de iridio.
En el interior de un oceano de carbòn que alguna 
vez naufragò en una inmensa rama.
En el drama de una manifestaciòn que toca nuestro pelo
ahora que ignoramos.

Porque es el ùnico momento en que sucede.






lunes, 3 de julio de 2017

Al Lado de los Hilos






Alguien se encuentra sentado sobre un hilo.
Sobre los lados del mismo juegan los trapecios.
Tambièn los acantilados. En todo caso
son cosas que nada nos sugieren.

Seguidamente la corona sobre el buitre es de leche 
como si llegara de 
una mitologìa amarilla. La soledad pliega 
una silaba desde las escamas esparcidas
en una lata por un racimo.

Memoria de una estrella en el corazòn. Memoria 
puntiaguda de lupas y buzos.
Destinada a convertirse nada màs que en un
absurdo pliegue.
En el gesto helicoidal con que es voceada 
una mimesis entre dolorosos racimos.
Evocada en el crepùsculo por referencias que
tenemos alguna vez del infinito.
De algùn fasciculo de barro.
De un entrenamiento de polvo y cenizas.

Daguerrotipos de una cita con las apariencias
en un conjunto de huesos y carne que llamamos realidad.

Dibujos y criptografìas que huyen a cada instante
de nosotros al descubrir una herencia de pavor y olivos
sobrenaturales.

Cartas escritas a nuestro lado por los jabalìes y la
tierra en tiempos donde atravesabamos los nucleos.
El hollìn de una habitaciòn de fractales
donde escribese.

En esa escritura literalmente a vecen nacen
estèticos verdugos.

Y la belleza es otro inutil poema que junta 
sus latigos.










La Linea Desde una Ventana





Las cosas se deslizan igual que helices.
El lumen desliza una èpica estela creada por el oxigeno.
El viento es otra vez el coloquio de un teatro donde
sirgan los monòlogos. Pero. Què es sirgar.
Què es sirgar sobre un monologo o el
peso atòmico de una arquitectura que 
desciende de la sepia con un cartòn amarillo 
semejante a una membrana que juega alada
entre alguna contextura de hierro lleno
de profanaciones.

Muelles con fronteras que se borran entre las cosas
antes que tù o algun yo sea simplificado en la arterìa por
la sangre. La sangre que lleva algo denominado 
corriente o flujo. La sangre que imita a
la vida para que esta pueda llegar a la existencia.

Ensenadas donde la hierba detalla el uso
de una tortuga para las equivalencias y en las cascaras
de un heliotropo el mar dispone lo fantastico
casi como una ortografìa. Como un astro ebrio de dijes
representando cuerdas y opuestos.

Y entonces el mediodìa es terrestre.
Semejante a la relaciòn con la gravedad forcejeando 
en las nubes.
En las onomatopeyas.
En los supuestos porque siempre se es hiperbolico,
sobre todo en las marismas.
En un caso utopico si hablamos de la llegada al sol
con una soledad llena de cascos
limando miserables yacimientos.

Inviernos de costras o filos donde son fijados esos objetos
que a lo lejos parecen cometas.

Pero en realidad sòlo son el contraste entre la mirada
y las lineas del cuerpo de una cebra.

Ahora que pasa llena de jabones en su cuello
frente a una ventana.







El Nombre Esotèrico





Seguramente la hoja donde dormìa con un
artificio y la materia tenìa el significado de un 
repelente o una marejada. Probablemente
esa energìa que bañaba las costas
y ondeaba en las velas de los màstiles
llena de reencarnaciones.

Y el oceano. Un oceano poseido sòlo por entrañas.

Quizà el viraje de los similes.
La cultura en el rigor de ningùn alfabeto cruzando
entre las bocas de los hombres una avenida.
Un oceano de asfalto donde esta aurora las pupilas
inutilmente se baten y los fluorescentes son
carceles para el neòn y el oxigeno.

Tal vez el mar, pero no aquel que pregunta por
nosotros. El que interroga a las cisternas.
Aquel que se arroja a los continentes buscando
una peninsula o una ciudad.
Anhelando el respiro de una tijera de madera en esa
ciudad que espera.

Y en cada capitulo.
En cada sien el sino multitudinario y proporcional.
Modernamente condensado en una urna.
Estaca de filigrana o depòsito que cuelga del barro
igual que alguna confusiòn sagrada. Que algùn 
estertor o el relampago donde crece una
mantis con efectos cuadriculados y 
dado un sofisma toda orilla
logra ser magnetica
si avanza entre santuario de iones.

Seguramente ese sonido del frìo en los birremes.
La historia de un galeòn donde los marineros
caminan por las proas en busca de un articulo, de una
caracteristica o un adjetivo. De un molino donde
las esquirlas todavia confunden el aire con
la piel y se desvanecen en ellas.

Indòmitas. Enfrentadas a cada
instante con el maravilloso gemido que palpita
en las alambradas de ese aire.

Un aire sorprendido sòlo por el vapor.

Ese extraño vapor que muestra una de sus
presencias.

En un esoterico nombre denominado infinito.







domingo, 2 de julio de 2017

En Alguna de las Palabras





En una de las palabras un bosque aparece.
Es un día particular entre las sombras de los ofertorios.
Ludico y particular como un erotismo.
Está además marcado por siluetas de antinomias.
Por secuencias de yodo.

Observo en aquel yodo y pienso que es la próxima
huella hacia un tallo.

Hacia un embarcadero.

Nuestros mundos pueden soñar en esa luz si quieren.
Son mundos que confundieron alguna vez la experiencia.
Dimensiones que se irisaron con extraños bordes de 
idolatría. El viento suspende mientras tanto
una clase mistica. Un árbol tallado por
el desencanto. Una nervadura con siglas de entrañas
que llegaron de otras venas.
Asi sucede con el amor.

Un prólogo alcanza un circuito.
Una alegoría atraviesa una sombra segura en ella
de los nogales.
La tiniebla duerme en la curvatura de la orbita
segura de su epifanía.

En una de las palabras los bosques aparecen.
Antes que llegaran sobre la superficie que hoy habitan
giraba un mundo desgarrado. Cada amanecer era
velado por los trenes.

Nosotros que fuimos oscuros vagones lo sabemos.

Tanto o más que aquella profecía que de los mismos
giro hacia los huesos.

Para desvanecerse en ellos.






sábado, 1 de julio de 2017

El Caos Infinito





El viento llega hacia una oscuridad absoluta.
-ninguna oscuridad lo es-
Desde las grutas llegan voces sosteniendo que ello lo
aprendiò entre los cisnes. La pregunta interroga.
Una reencarnaciòn es como una sacudida 
dentro de un borroso tatuaje.

La hermeneutica en una libelula sigue el ciclo de
una cuchara en las sienes.
Es pràctico y empirico el sitio de todo devenir.
-sobre todo el que descuelga quiromancias de 
los espigones-
El pasado de la fiebre empujando un cometa presiona
los ojos de la naturaleza.
La miseria y las apariencia por donde los pàjaros
son rojos -sin alguna representatividad- son
cotejadas por el absurdo.
El hambre en algun lugar del sol parecerà una
hegemonìa.

Semibarcos terrestres indican el sitio del prisma
a un individuo. Un personaje de sal cree mostrar una
originalidad a base de pus y carruajes.

Estelas de goma descartan un lenguaje que tarde
o temprano volverà a humedecerse.
Sus sìlabas recorren plasticos atroces.

Las bacilicas recorren enciclopedias con templos
marrones y en una piramide los sargazos colocan nombres
a cada una de sus pulgas.

Es necesario determinarlas.

Los nombres serviràn para separar una de otra.

Asi no nos llevaràn tan facilmente al caos infinito.








La Piedra y la Mariposa





La piedra estuvo siempre acompañada de mariposas.
No es ninguna novedad si observamos el mundo desde una
amapola o los episodios de los hematomas.
De una luna buscando inutilmente constelaciones entre
la sangre.
De un mamifero acuñando polos en un adjetivo de madera.
Allì donde se extrapolan relieves y todo emanar
es desfigurado por los eclipses.
No es novedad alguna para aquellos que se derraman
entre la lògica como un nomade producto de 
las utopìas.

Rieles con olimpicos atlas recorriendo el reverso
del trigo. Espirales sobre una conformaciòn de fragmentos
a base de auroras y esquimales.

Volumenes de sol en un radio que citando a las
inclinaciones simulaba el arqueo del futuro en un àrbol.

El presente hecho de raices para las vertebras
de una sinagoga. Un sextante en esas sinagogas rozando
la inocencia del agua dormida en el espìritu del
eter.

La piedra estuvo siempre.
Eso puede afirmarse por una linea de mariposas entre
la nieve. 
Por la ilusiòn del graznido en un gorjeo.
Por los alrededores de las cupulas donde el insomnio
tallaba un rostro de pez en el aura.

Especimenes de hierro igual que performances 
de aluminio.

Traficos con los planetas antes de llegar a un ancla.
El vacìo y las sombras hechos de misticas alabardas y en una
honda el pliegue en el vuelo de una gaviota buscando una
peninsula en el oxigeno.

Donde sus pulmones pudieran descansar.