martes, 6 de septiembre de 2016

Imanes de Cenizas





Las palabras. El eco seco del acantilado 
en ellas.
El vapor a lo lejos construyendo la intermitencia
de los volumenes en una humareda.
Las chimeneas con un huerto azulado en uno de
sus senos.
El tono violeta del ambar una vez edificados todos
los crucifijos sobre los colores.
El ancla y los emperdibles en la melodìa de una
baraja.
Las medulas conduciendo dunas y acertijos
a una puerta que casi es hialina.
Escaladas de sienes como en un juramento en
los archipièlagos, donde el agua vuelve a
mostrar sus raices. 

La conciencia de madera en el interior de
una nuez.

Frisos de encantamiento en edades lunares de
astrofìsicas, donde el viento derrama en los faroles
conjuntos de vidrio como el alba.

Las palabras porque en ellas hay un animal
fosforescente encargado de emparedar las escoltas.

Porque en ellas el vientre del hilo es un desmayo
y el invierno un desnivel rozado en sueños por relieves
de artropodos.

Y los pelicanos.
Los universos que aterrizan en las garrochas
arrastradas en sus alas 
donde la lògica dejò una primavera imanes de ceniza.

Lo ùnico que tienes que hacer es llenarte de metales.

Al caminar por el mundo quedaràs adherido a ellos.





lunes, 5 de septiembre de 2016

Objetos





Yo no he deseado por los plasticos en los tallos.
Ni he arrastrado peces a los juicios de las focas o los
albedrìos fervorosos que limitan con los desastres.


No me he sujetado a mi mismo segùn las distancias
y lo riguroso del relieve en el barro cuando
es devastado por la nieve.

Tampoco he escrito de dormitorios o marejadas
que no siempre eran azules y sugerìan que por cada
escarabajo habìa un fondo de camellos, donde
el verano extinguìa los detalles indomitos de una
apariencia y los inviernos encarnizados
de lo profundo.

Yo no he llamado desde el fondo de las cosas
porque de alguna manera la naturaleza vive en ellas
igual que las superficies oscuras.

Te he visto rozar los acantilados como
en una navidad de cisternas y trineos de semidioses
donde las jabalies postraban sus historias.

Y no me acerquè a las condradicciones porque
en cada una las siluetas colocan una astronomìa
tejiendo en la soledad fervorosos manantiales
de aparejos y brùjulas, de encantamientos y
mandibulas.

He llegado al mar con pocas palabras, porque
sè que en las orillas otras esperaban.

He llegado a la luz con el màs minimo brillo
porque la luz es la apariencia de otro resplandor.

Despuès de ello hay cosas que se edifican.
Estrellas que suceden. Arcos de luz que recorren
los simulacros y los atomos donde juegan los rehenes.

Despuès de ello hay cosas que se definen
por si mismas.

Sòlo asi se convierten en objetos.








Diluvio Universal






Hay mas de un cuerpo.
Màs de una figura que se adentra entre la
realidad para llegar a sus hojas.
-conforman el principio-
Hay una conciencia si es que se trata de heliotropos
y un anelido si se escribe de espejismos; todos
colocados de manera que en ellos
sòlo caiga la sangre.
Un libro de arañas donde se encuentran las
narraciones orientales del soplo, los
asideros y conjuntos de escalofrìos.
Màs de una brisa que llega del jardìn totalmente
posesa al mar.
Y cada uno en la arena como esperando.
Como si el tiempo fuera nada màs que contar todos 
los latidos que atraviesan el corazòn.
Pero eso a veces no es verdad.
Hay quienes llegan a la orilla para desgarrar esos
latidos que provienen del mismo.
Al parecer, no pueden hacer otra cosa.
Y los observo, junto a un pais de 
lata y hule bajo un extraño
meridiano.

Hay mas de una palmera.
Un lugar cuya voluntad es el proceso del nombre
entre los nombres igual que un jardìn que sigue
al verbo para encontrar los suyos.

Existe una fogata. Un coro de antorchas donde
los dirigibles asumen el fondo de un patio
donde las palabras transforman
el izar lejano del polen en 
el aire
arrojado por una amapola.

Se encuentran los castillos. 
Con excursiones al centro de la nieve un dìa
de replicas y epicentros. Un dìa totalmente cubierto
de plagas y peces, de manadas y cerillas que
conforman los lagos de manera
transparente
como en una serpentina construida por husares.

Hay mas de un cuerpo.
Màs de una figura entre la realidad para llegar a
los àrboles.
Es inevitable. 
Amarillo como un sol que rota confundido en
una emanaciòn o los objetos que levitan dentro
de un hormiguero para huir de los rìos de yodo en la
hora del diluvio universal.

Dentro de un hormiguero que alguna vez conociò el 
genesis.














sábado, 3 de septiembre de 2016

El Universo Ungido





El universo ungido por algo secreto
en los parques.
La vida imitada por el interior del bronce
en las atalayas de transparentes
palacios donde un rinoceronte
sueña o se diseca.
El torpor del cuchillo.
El misterioso pliegue que en las 
cavernas roza un murcielago, para dar la
forma a sus alas.
El misterioso pliegue que tambièn devora 
los cabellos y hace del sol un pergamino
de fuego, donde emerge una 
nervadura.
Los hiatos modernos del petroleo en
los imanes de la lluvia.

El invierno junto a un poliedro donde
es golpeado un atun por millones de marsupiales.

El mantel de magnesio con el espìritu de
una amapola, junto a un fervoroso dìa de eter.
Los albergues donde lo indomito
eleva sus masacres hacia 
temporadas de
aceite derramado en una corola.

El universo y en cada peninsula la 
naturaleza del follaje,  insinuando una meseta
o un dios de carne, una luz que encallando
entre los espirales percibe un preludio
vorazmente enigmatico. Las resurrecciones
del sueño en las helices. 

Y en los periodicos el invierno del ser.
Un ser esoterico en las brisas y los cefiros. Un
ser que escribe de lianas.
Que describe bolicheras y el iridio humedo
en las olas de una sudestada. 
El nombre recordado por lo primigenio
bajo un prisma de barro y en los limites, 
la escencia del verbo desplazandose
entre otras nociones de
vellocinos, bajo 
una pared marròn de relojes y adioses
que retiran de aire
alguna de sus reencarnaciones.

Reflejos de horizontes
para los que huyen de las maquinas
con un termometro en las uñas.

Dìas de lapices consagrados
al olor de la materia en una ciudad sin plantigrados
ni voces, sin alfileres ni ubres donde la piel
sea escoltada a los milimetros por una
oraciòn de hemistiquios.

Dìas descolgandose de los astros
con otras maravillas de color rojo en sus mareas.

De color rojo en sus mareas porque la distancia
es profundamente azul, como todo aquello que no 
nos pertenece.











jueves, 1 de septiembre de 2016

El Eter y los Alfileres






Sobre el humero o las silabas que deforman el 
dìa con una amapola.

En los retratos de un herviboro con un hueso de
nieve en su boca.

En los preludios que preceden a los lunares en
el cuello de un tulipan violeta.

O los sonidos que escarban en la hojarasca con
inviernos inimaginables de carbòn.

En los palacios y perdigones que alargan un dìa
en los caracteres de extraños atunes.

Sobre el granizo y el desencanto de manera que
el eco pueda tomar una reminiscencia.

En los adjetivos muy cerca de un lago donde el
espacio llega a una nervadura.

En los nomades irreconocibles de un talisman
creciendo entre las venas.

O en los higos donde la primavera es un evento
con tradiciones de salitres amarillos.

En los puertos que trajeron la edad de los muelles
con una expresiòn de acantilados.

Desde los conjuntos de olas que rompen en la
orilla; una de ellas arranca un dìa en su memoria a
la arena.

Un dìa semejante a un sastre que deja los colores
junto a un ritual euclidiano lleno de 
serpientes doradas.

En las distancias que significan una mañana donde
el eter llena de alfileres los simulacros.

De simulacros y nupcias boreales.

O las manadas de zafiros y edificaciones de asfalto
en la percusiòn de un horizonte.

Donde se levantan hacia los hemisferios banderas

de leche.








Al Atravesar un Diàlogo






El hombre atraviesa un diàlogo.
Como el diàlogo, tal hombre està lleno de
palabras y astronautas.
De entelequias.

El dìa es mamifero mientras tanto.
Parece despertar con un molino en sus sienes.
Luego de agolpa entre los perihelios.
En ese momento esta lleno de capitulos.

La linfa cae de una profunda historia
oprimiendose entre sartas de petroleo y astros
de madera.

El hombre cruza una palabra y luego otra.
No puede separarlas lo cual adquiere el significado
de un hemisferio.

Las puertas son de yesca ahora.
El mundo determina el nùmero de los balcones
que caen del sueño en èl. Se ciñe una caratula a una
cronica donde el lago es extranjero. Tiene
asonadas de misticismo en sus
lampos.

Trabajan a diario las clepsidras. Igual que una
pergola en secreto llena de manadas.
De civiles con alientos de emperdibles
y literalmente un monasterio
es el solsticio elaborando
mitografìas.

Proximas galaxias de plasticos
en una chalina. Un pañuelo ensartado en 
el roce de una capucha, alimentada
de teatros.

Las civilizaciones respìran y es como sentir
un punto que avanza entre los terrible
con una bicicleta.

Lo terrible es una corbata donde llegan
al esgrima los artropodos.
Un limite lleno de cadenas con escarcha.

Un collar de acido que empuja hacia los
prodigios el sueño de sus eslabones.






Poema






Son nombres de elementos que tratan con la luna.
Son nombres que se mimetizan con el rigor o la lluvia.
Que se diversifican o crean sus temperamentos en el agua.
Que caminan a los testimonios de la arena para reconocerse.

Llevan en sus tatuajes puestos de orgìas.
Casas de unidades semejantes al ruido o los fuselajes.
Estaciones con sienes de ferrocarriles alcanzadas por los
perimetros y los faroles.

Nombres que llevan reciprocos equilibrios de goma en sus aceites.
Silabas en ellos que desnudan el pensamiento desde una
inmensa profecìa, culturalizada por una tarde
con intermitentes rasgos
de piastras.

Alguna vez arrastraron escuadras en las colinas de los
epitafios y con inmensos nudos de arroz llegaron
a los indices donde moraban los veleros.

Nombres cuyos contenidos revisan esta tarde un eslabòn,
un anagrama. Una pared de cobre donde son inasibles
los destellos tanto como las sentinas que
cubren los relampagos.

Como en una muralla de higos crearon extrañas garrochas
y sumaron a la existencia de una calle
los pormenores naturales de
un hilo.

Nombres que se identifican con los casos electricos
de las esponjas y las nubes increibles
encerradas por un punto.

Zigzagueos de ostras y veletas segùn los idearios de
un prologo, cuando los animales enumeran el ruido de los
zapatos en las cienagas, subordinados a una oruga o una
especie de llave con cocinas domesticas de trigo.

Zigzagueos como el dirigible que despierta en mi casa.
Adherido a una pared de corolas.

Donde todas las apariencias, suman conjuntos de agonìas
y polen.