viernes, 5 de agosto de 2016
En Medio de la Estela
En medio de la estela un poema.
Tambièn el verbo moviendose buscando moverse
entre las olas. El mundo tan superlativo
subiendo a las praderas
con un gigante de musgo y hierba en una de
sus ojeras.
En esa estela dominada por las boyas y las
cotas con recipientes que rotan por las expresiones
de un sueño hecho de branquias, supurando en
la lejanìa de los lagos.
En medio de una estela ya que no pudo ser en el mar.
-el mar era una astrologìa en ese instante-
Un destino de lamparas en los voceos de un escrito
donde los pàjaros esperaban un castillo,
la sal en los papiros,
la huella de una horda esparcièndose entre luminosas
legiones, donde cada hàlito era una
bovina azulada.
Y en las cadenas las piràmides.
En cada uno de sus eslabones los inviernos donde
viajaban las estampas del humo. Los nombres de los
pendientes. La llegada al sol con un estandarte
a esa casa por la cual aprendieron los
bozales a repartir
solitarios latidos a una manzana
bajo la luz de la luna.
Y en el ala del aguila un evento marròn de espirales.
Un vortice desprendiendose de una larva.
Un manantial de carbones con la lucidez de un demonio.
Un acontecimiento puro como el viaje de una
fecha de granizo a un ancla.
Atmosferas de procesiones de un corazòn con
latido amarillo. Portes de espumas bordeando los espejos
de un navìo a travès de las cascaras. Con proas
y aparejos al lado de los màstiles.
Formando por la noche la imagen de un galeòn en
las cadenas.
miércoles, 3 de agosto de 2016
Lecho de Libelulas
Hace mucho que no camino hacia alguien o hacia algo.
Que no elijo el otro elefante, la otra libertad, el otro mundo.
Hace mucho que no miro en el cielo un alfiler y bajo el mismo,
observo las cosas que se iluminan develadas por gramofonos.
Que no puedo escribir de logias ni de quenas.
Que no encuentro el sentido de las arpas entre la hojarasca
o los tèmpanos que duermen como andenes.
Que mi imposibilidad de decir una palabra se ha hecho mas
diminuta aùn que sus espacios en el
tiempo, cuando las dimensiones entretejen estelas de adioses
y mareas que cuelgan por un instante en sus gotas de
agua, un prototipo. Una caverna. Una cera de trapo o algodòn
que la lucidez por un instante compara con el salitre.
Hace mucho que no salgo a pasear con mis dequeismos y tropos.
Que los objetos se mueven igual que silogismos en la
construcciòn del lenguaje. -claro està en horas de lògica-
Que no escribo igual a los conceptos cuando deben definir una
avenida llena de buzos y paracaidas.
Hace mucho -casi a diario- que regreso del agua con una
cascara y los movimientos se encuentran en la orilla, donde sòlo
el oceano ofrece a todas las formas del aire sus relieves.
Hace mucho que sòlo las venas y sus caos y armonìas tan
cerca del hilo de una liebre. Hace casi tanto, que puedo
remontarme al ejemplo diario en que mis supersticiones
indican el lado elemental de un fractal, la opiniòn a punto de
conmoverse de cualquier energìa. De todo estremecimiento.
Conducidos por dios o las armònicas a lechos los lechos
donde se separan o unen bandadas de libelulas.
Otras Numismàticas
El hombre caminaba silencioso como una morfologìa.
En uno de sus ojos llevaba una aguja.
En sus mejillas los rieles formaban muelles para los navìos
cifrados en el viento.
La estaciòn del sueño en alguna de las esquinas seguìa
al agua.
Mirè a travès de los cuchillos por si la historia volvìa
a ser un extraño camino lleno de neumaticos,
de columnas magneticas llenas de oxidos y retratos
de escamas, donde alguna mañana la nieve florece
por esos encantamientos que se esconden
en el hielo.
Busquè en mis ojos, empecinado en una mañana,
donde los fluorescentes describìan a medias un preludio,
en el mismo se bañaban las iguanas llevando frutos de
sepia en sus hombros.
Al lado de esa iguana habìa un manantial.
Un archipielago lleno de veteranos rocìos y de acidos.
Un archipielago dotado de elixires en las ventanas de los
grafitos, girando hacia los estuarios de una extraña
peninsula, herida por las cascaras.
El hombre era elemental como en ocasiones la hierba
que dibuja una naranja y el abecedario donde los semidioses
ya no pueden elegir en los nombre de un tallo.
De un parpadeo.
De todas estas cosas que nuevamente se recorren tejido
al fin de la luna por otras numismàticas.
Unas ebrias de hierro.
Colocados en los artificios por ese arte que vendrìa
a pertenecer al veneno.
Y a todos los zoologicos que caen de sus manos.
martes, 2 de agosto de 2016
Palabra Liberada
Todo camina como un puerto hacia una
casa liberada. Las cosas que comprenden
mejor que las algas los objetos, esas historias con
una superficie amarilla de galpones, donde
una dimensiòn transparente escribe
por capitulos
la infinita edad en los insomnios.
Todo se nutre de esos extraños organismos
con grandes espejismos en sus rostros, con apendices
y ruidos donde existe una manzana, entre
interiores que muerden nada màs que los
antilopes.
Sòlo las lianas.
Los obuses del bosque enterrado en la cera.
Los puertos de hambre sitiados por las orugas en una
conversaciòn de anilina. Todo
busca su reverso en este lecho de musgo donde la
humedad representa las casas vacìas de una boca,
el manantial de las encìas descritas por los higos y los
reportes del sol con una peninsula de eter
sorprendidos por bordes de
predicados en un panal de espuma.
Y entre centros de paises con el helio. En dìas
con la pubertad y el movimiento de la inocencia en una
llama, los dialogos se extienden como racimos inertes
de utopìas en los cuales la quiromancia
deja atràs el hilo de una llama
en un dialogo de minaretes.
Entre nucleos de plasmas que inundan de centinelas
las hogueras de una playa.
Igual que pàjaros que se mimetizan en el horizonte
con las bocas del crepùsculo creando acaso
el opusculo de una leyenda.
Igual que hordas que llegan del vacìo como celestes
amenazas de una hora que plantea secretamente la llegada
de un diluvio.
Semejante a himnos que se despedazan siguiendo
de noche a una uva.
Todas las cosas se liberan ahora que sueñan
entre nosotros.
Elevando en el viento todo aquello que como palabras
sumergimos en nuestros papeles.
La Mujer Verde
La mujer con su perspectiva de brisa, ahora
que es alcanzada por los troncos.
La mujer semejante a una niña, buscando la
ley en los cometas.
Sus palabras de la infancia llenas de parpados
fabulosos.
Las torres desnudas en sus astros
describiendo a los musgos en sus cìrculos.
La mujer identica a una muchacha durmiendo
en un extraño exilio lleno de fiordos.
Su fruto verde de araña, su techo invisible
por donde los marsupiales llegan a una de sus
hojas.
Que es invertebrada igual al oceano en una
de sus yemas.
Que dispone de auras y pluricelulares
educaciones, pensadas siempre desde los
cerebros y las bicicletas.
La mujer que regresa del martillo con
residuos mecànicos.
Que ha terminado con las descendencias y
camina en los muelles llena de analogìas.
Que recorre los prefacios con una ciencia
casi siempre metropolitana y antigua, reclinandose
en las hordas de todos los colores.
Los instrumentos en ella
llenos de tambores y hojarascas con escenas
de radiotelescopios.
Que escribe en las sotanas de los monjes
la vida de subversivos jabalìes.
Su nombre relativo a los molinos y las instancias
superlativas de un abanico.
La rotaciòn minuciosa de sus epifanìas
entre recipientes de preambulos
con un concepto o algo que puede ser
denominado como un mediodìa.
Las citas de los merodeadores en los
monasterios de su cuello.
La mujer despidiendo a un termino que
fue masacrado por los brazaletes.
El barco anclado en uno de sus senos donde
se proyecta un juguete de anis.
La mujer blanca de color verde sentada en
esta mesa.
Arrasando de una misteriosa manera mis
ojos.
La Sed de las Antorchas
En una hora donde te preparas para una
sola palabra y la identidad de la
luz atraviesa un precipicio
cuya mistica rebasa
un plano, una linea esotèrica
ofreciendo el reflejo de un mundo que
vive detràs de los àrboles.
Y frente a esos àrboles la imagen de
un parpado. Del tallo que regresa a naturaleza
desde una semilla en un amanecer
en la que los pàjaros
toman escoltas del aire, convirtiendolas
en ràfagas.
En una hora te preparas para un universo
lleno de aceite, en el cual
los muertos llevan
cucharas y en los relieves del agua los
escarabajos
encienden sus limites tomando el fuego
desde un manantial de antorchas.
En ese cielo.
En la historia que regresa de las
reencarnaciones.
En las cubiertas donde los artropofagos
siguen a los girasoles
entre bandadas amarillas de mercurio.
En esa hora donde la mistica rebasa sus
planos, tù escribes.
Bajo la lluvia o la sed de las antorchas.
lunes, 1 de agosto de 2016
Las Cosas Como una Especie de Lechuza
Las cosas como una especie de lechuza.
Las cosas en una forma de hialino helio.
Llegando de un tambor que crece en el ambar.
O en las amalgamas y el sonido de los coros
en las ramas, mientras millones de pelicanos
crean en el hemisferio una curva hecha
de plastico y celulas de olivo. Las cosas.
Ten en cuenta que bajo cada una hay un sol
de carbòn o un estandarte de sangre que poco
o nada dentro de la yesca estremece, una sortija
ademàs de un cuello donde los dirigibles mutan
y levitan, semejantes a extrañas programaciones
que casi siempre son de brea. Ten en cuenta el ala.
Ten en cuenta que el final del pasillo es denominado
por un nombre, suspendido en los flancos de la
hierba, donde las amapolas embisten el radio
de las hormigas y el temple de esa intensidad que
a nada ni nadie se orienta. Ten en cuenta el ojo
y su latido un poco mas allà de la niebla
donde los margenes y los limites empiezan,
iguales que flores y gritos en ellas de humaredas.
Ten en cuenta la bolichera con sus rìos de mercurio.
La bicicleta empujada hacia el rigor.
La andanada en los navìos donde empiezan los
cirios y los animales, con plazas objetivas y
estructuras de hidrògeno que ya antes arrasaron
las playas y los arreboles, con lampos
e incognitas edades que llegan de las selvas,
del reloj conquistado no sòlo por el tiempo,
sino por los inviernos que en cada tejido de la
lluvia empiezan.
Las cosas como especie de lechuzas, cada
una con sus inmensos ojos y sus palpitantes latidos,
cada una con su vuelo primordial y en èl, los ecos
de una generaciòn llegada del sodio y los objetos
que una noche devuelven a la distancia misterio
por misterio. Las cosas con su polen y ese
cabalismo que en el interior de la espuma
sòlo las cenizas del mar preconizan.
Con sus itinerarios de trenes, con sus maquinas a
vapor en una rueda, con sus diàsporas y genocidios
en la silueta de un circulo, cuando la transparencia
aplaza su llegada de las calles y los terrenos
levantan su cartòn de cera empujado desde el
misterio por solsticios y paginas, por
meridianos y prendas donde incuban animales
en los inviernos sus abecedarios, con devenires
y constelaciones de sepia.
Las cosas como una especie de lechuza.
Con su prado y con el purpura de sus bosques
sumergiendose en el esplendor de un mediodìa
en las lamparas.
Donde despuntan a los edificios, vaticinios de
semillas y arcoiris.
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