miércoles, 18 de mayo de 2016
Las Ceremonias de Barro
Pareciera que las cosas volvieran a transfigurar.
Que los aposentos aùn se mantuvieran en los
craneos, junto a proposiciones de alfileres y
mallas donde duermen las
conchas.
Que todo estuviera lleno de cartones y los hombres
en este mercado vivieran en funciòn de ello.
Pareciera que hay puntos pequeños que
colisionan y colapsan hasta formar esgrimas en
sus verbos.
Què clase de verbos seràn.
Cierta intimidad dice que estàn ligados a la luz.
Ante ello, creo en los destellos solamente.
Y todos esos verbos que son aludidos descienden
de la luz.
Tambièn creo en los relampagueos que deja un
buitre en mi boca. En los aconteceres con partes de
riachuelos, donde palpitan los escudos.
En los edificios que en la lluvia unen las cabelleras
de las nutrias hasta formar una sintesis.
Pero pareciera que conozco el ambiente de una foca
porque alguna vez la habitè.
Que esta hoja es otra estela.
Y los dragaminas juegan en las mesas con extrañas
galaxias donde sueñan los monopolios.
Que las historias se encuentran en una cronica
donde los epistolarios definen a las cavernas en los
semàforos.
Pareciera que los ruidos parten de esas
metamorfosis, cuando el lenguaje adopta alguna de
tus runas.
De un fuego simultaneo.
De algùn folcklor reciproco.
O de una cacerìa que se desvanece entre identidades
donde las ceremonias son de barro.
martes, 17 de mayo de 2016
La Silaba
Alguna hoja duerme sobre la tierra.
Parece un poema de sal en tiempos en
que se agitaba en el trigo.
En sus palabras hay una memoria
en la cual se anudaron algunas constelaciones
con edades constituidas por el sueño.
Algunas de sus estrellas caen a
los rìos. Por ese hecho sè
que se trata de estrellas que forman
una figura,
un meteoro, un asteroide, tal vez
una esquina donde se encuentra un
àngulo. No pude observarlas.
Alguna hoja duerme y otra que respira,
cruza la noche.
Los filos son roces que merodean la ciudad
donde se juntan las silabas.
Es una ciudad que està hecha tambièn de
silabas, es una de las pocas cosas que anidan
en ella.
Alguna vez creo que esas silabas intentaron
construir àrboles, pero
fue imposible.
Una ciudad hecha tambièn de tierras y
cipreces.
Pero lo citado aqui es una silaba.
Silabas que incluso no podìan construir
palabras y si lo hacìan, era en secreto.
Este escrito dijo que una hoja duerme
sobre la tierra, ese fue su principio.
Quiere decir que alguna vez oyeron el
sonido de las palabras que formaron las silabas.
Quuire decir que ahora son parte de su
secreto.
Los Seres que Dejan de ser Amarillos
El viento duerme en el pecho de un animal.
Tal animal fue convertido en uva en alguna
de sus reencarnaciones.
Flota el piano en una deriva de hilos granates.
Paralelamente la brisa alcanza las helices de
una dinastìa, con doctrinas de cabellos en sus
puentes.
El escrito camina en una pelicula de algas
donde las mandibulas son apremiadas por los
buitres de un prologo.
Las ruinas lanzan un eco de coral a un lago
donde enquistase en una amapola, el llamado
de una selva.
Caen de la aurora los estambres.
La cita de los monopolios con un farol
en sus techos.
Quiromanticos son en este instante el sonido de
los rieles y las avenidas de las nucas.
Ardiente en el tipico modelo de la escarcha
mientras sopla la nube y se estrella el botìn de
una galera dibujada en la frente.
-tal dibujo es atribuido a los tempanos-
Las cuevas y los seres que viven en ellas
dejan de ser amarillos.
Las columnas muerden moleculas de fiebre
donde un universo empieza a latir como una
hoja.
Caminan los transitos y mercenarios. Poseen
ruecas y bolidos.
Estàn cargados de yodo y anuncios sobre la
expresiòn del todo lo hialino que
puede llegar a ser una historia de
La luz duerme en un animal.
Hasta allì la escencia llega con un protocolo
de barro para tomar un sol que
se devana en una curva.
En un punto colocado por el sueño en los
parpados.
Donde las cuevas y los seres que viven en ella
dejan de ser amarillas.
Debajo de las Locomotoras
Se encuentra vestida de niebla. En el interior
de un otoño. Seguida por las estrellas que el barro
impulsa desde un vientre de avispas.
Ella, que tiene un nombre y lleva nùmeros de
tallos en sus hombros, cubiertos por mitones en
este otoño sin nungun preludio.
Entre los sonidos que recorren el espacio con una
forma de gameto, diseminado por la humedad.
Entregada a luces que obvìan la posibilidad de
un vuelo a esas alas que viven debajo de las
locomotoras. Me pregunto por esas alas.
No las he visto sino en sueños donde llegan
al equilibrio los filos. Pero. Què clase de
equilibrio ha de ser.
Sumergida en los opalos como quien aguarda
corrientes de incandescencia.
Determinada a colgarse de los pendulos de uno
que otro solsticio.
Indagando como un detective en las formas que
toman los colores rojos de la luna.
El color rojo de los declives.
El matiz del escalofrìo en la
lengua.
Escribiendo en las arañas de aquello que esta
noche puede citar la realidad.
Cimbreada por las cartulinas y los efectos de un
laboratorio con infinitos paises.
Moviendose en un hilo donde los espectros son
peninsulas de un verbo y a veces juntan lo
milenario.
Ebria de antepasados que inundan de kerosene
las encìas del bosque.
Entre gaviotas reclutadas por el acido de una casa
que siempre ha de ser roja.
Sobre maniobras de hollìn que juegan con semaforos
de madera en las palabras. Con aniversarios de
candados en una de sus orejas.
Se encuentra vestida de aneroides.
Con un idioma que tiene efectos de jinetes despuès
de los filos en una borda.
Incendiando prostibulos en el interior de las
agujas.
Durmiendo en los regueros. Buscando estacas en
cada rìo de la vida.
Donde la sombra de esa vida se forma.
Vestida de piel.
En un cable de bronce por donde infinitamente
circulan las palomas.
Despuès del Mar
Después del mar inventaron cadaveres.
Cada uno era más azul que el
otro.
Con ellos caminaron hasta la niebla igual
que un espejismo a veces lo hace
hacia la magia.
Después.
Alguna palabra mostró un anden
y el lirio entre los equinoccios
ensartó a sus pétalos
la figura de una liebre. Brotaron
hiperboles.
Con el significado más profundo
y lejano en esa palabra, justo cuando
sus silabas llegan a un pino
lleno de alamares
devorados de noche por la hiedra, viajaron
a los rangos donde se arrastraban
las leyes del sodio.
Formaron conjuntos de sal en una
bocanada.
Dieron a la hojarasca el color del marfil
en un lunar ambidiestro.
Se ocuparon de hegemonias en un
capitulo verde de espuma.
Fusionaron escamas en los veleros.
Despuès del mar inventaron cadaveres.
Cada uno mas azul que el otro
y en esas ceremonias donde la muerte
celebra el ultimo lenguaje de la vida,
desde una citara oyeron el sonido
que los bosques descuelgan de un muro,
de un horror blanquecino durante edades
de hielo, en una mañana que cuenta
las raices del otoño en la carne.
En los dìas alojados en la piel como
voces desesperadas que catapultan los
lustros.
O las pretinas del fleco donde son
domadas las deidades.
Despuès del mar inventaron cadaveres.
Cada uno màs azul que el otro en los
lenguajes secretos de la arena.
lunes, 16 de mayo de 2016
Esta Tarde
Esta tarde el pez es de ceniza.
-pudo haber sido de barro-
Una de sus aletas llegò tarde a la premoniciòn.
Esos que han sido heridos por la premoniciòn conocen
que de alguna manera està emparentada a la tierra.
Los otros, fijan mancuernas y de vez
en cuando enumeran los escapularios
sobre una ventana donde filtra
una nube su experiencia. Cùal serà esta tarde
la experiencia de esa nube...Còmo serà por
sì misma la experiencia. De què mitologìa
escribirà cuando sea cifrada en
lo nocturno.
Pero esta tarde es de ceniza a pesar de los unos y los
otros. A pesar tambièn de los violines y las gaitas,
de la cuchara en el bolsillo del pantalòn y de los
conos de sal en las yemas de los dedos. A
pesar de todo ello, una de sus iguanas
convulsiona en los margenes
y convulsionar es de
alguna manera
validar un silencio que crece entre la ira y el violeta
de un dìa estereofonico,
con abalorios de lampos semejantes a los que lleva
un tridente al abrir la boca y llevarse
un dado amarillo de vapor a los
intestinos.
Esta tarde de peces que no son prismas.
Que poseen espirales en uno de sus atomos y
recogen de sus branquias, esa referencia
a una feria de troncos arrastrando el sol en un vagòn
de leche.
Este atardecer en que el sol ha vuelto a secar
la hierba de un jardìn hecho de caracoles, de acentos
como la longitud original de una aceituna,
rasgando en el pelo, el viento que
traìa la brisa de un morral
donde toda adolescencia
recolecta
y recolectarà faroles.
Este atardecer tan de ceniza por la razòn
de un pez y el sino de todas sus casualidades.
Entre atentados de fosforo y cuchillos de
fiebre, sobre todas las mesas que
caminan entre los relieves de sus ojos.
domingo, 15 de mayo de 2016
Sobre el Papel
Sobre el papel hay una estridencia.
Una galerìa de candados entre los romances
con simulacros que sueñan bajo las colonias.
Dìas de icaros en los cascabeles. Un dìa màs
largo en las ojeras con similes de estrellas y
epistolarios llenando la tarde de tribus y aminoacidos.
En el papel las deidades con una galaxia hecha
de crestas y guiones de vestiduras al filo del polvo
en la conciencia de una bengala, dibujada por
un pico.
Nociones de pulsos en un paladar donde la carne
impone rasgada de enigmas sus epitafios; encerrados
ademàs en la aurora.
Robustos enjambres de naftalina cruzando el
presente de una cresta donde adrenalinas al igual
que evanescencias interpretan el mundo.
Caminantes de agua y ensueños
regresan a las sienes de un hombre, donde algun dìa
se espaciaron elegìas o inquisiciones.
Firmamentos de ambar y circulos con axiomas
de otro universo, penetran los espigones que
el sol varò en un candado.
Debajo de èl se hallaba una piedra.
Y sobre la piedra, orientandose al oceano,
las raices lo señalaban.
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