lunes, 2 de mayo de 2016
Será asi
Creo que será asi.
Llegaré y encontraré un hombre encerrado en
sus sienes.
Algo de él habrá descendido a sus mentones
y pronunciará que lo hizo con la
intención de llegar a la boca y convertirse en
sonido.
Tal vez en palabra.
Creo.
Esa parte que se separó de las sienes dirá
que algunas noches cultivó lo profano
y entregó una profecía a cada
uno de los automoviles.
Mencionará también que era perseguido por
los pájaros y algunos de ellos
cayeron del cielo.
Algunos de esos pájaros continuan agonizando
en las patios, junto a bocinas y buques
que entre los escalofríos no dejan
de formar kilometros.
Las casas serán amarillas para todo esto.
Las casas recogerán sus puertas
por la noche guiadas por un
candil que les mostrará su insomnio y su
locura.
Las casas serán verdes para todo esto, pero
no llevarán ninguna pelicula que
muestre los hemisferios
donde la naturaleza
de un árbol imprimió en sus paredes el color
de sus hojas. Ni una sola.
Es decir ese verde será tan delicado y debil
como las historias que recogemos
en el alba.
Todas representarán el hambre de la noche.
Creo que será asi.
Habrá un hombre que estará encerrado en sus
sienes.
Rodeado de bocinas y de remos.
Repertorio
El àrbol desciende a una piscina.
En una de sus ramas existen animales que
llevan un repertorio.
Los repertorios estàn cubiertos de olas y escamas
hecho por el cual el àrbol empieza a citar al
mar y los peces; el mar y los
peces estàn cubiertos en
este momento
de cera.
El àrbol piensa porquè hay ramas y animales en ellas
con repertorios de mar y peces, que no dejan
mostrar el contenido de esos mismos
repertorios.
Intentamos comprenderlo, pero en nuestro intento
llegamos a las estrellas y el agua.
-lo cual es otra cosa-
Està bien, entendemos por un instante esa naturaleza
y pronunciamos al igual que esos objetos
que las ramàs del àrbol estàn cubiertas de olas y escamas
que nos conducen al mar y los peces.
Y ello -suponemos- pertenece de alguna manera
al àrbol.
A la naturaleza de esta ciudad que en esta mañana
està cubierta de seres acompañados de higos
y de un lugar que a lo lejos se
quema.
-los seres acompañados de higos son tambìèn otro mundo-
Pero no podemos ser ajenos a ese repertorio y entendemos
que està hecho de olas y escamas, de mar y de peces
y de un lugar que a lo lejos se quema
y no podemos ser ajenos.
-se debe decir que todo esto sucediò debajo de la piscina
y en cuanto al repertorio de las ramas, nunca lo veremos-
Porque despuès de estas cosas, no hay lugar en todo
el universo, a donde ir.
Jardines de Carbones
Se hallan entre las vocaciones. Al lado de un animal
que mira algunas veces entre la penumbra, con el caos
de un ser mientras duerme en una habitaciòn
colmada de lechuzas.
En el idioma de una raìz con la
hoja, bajo este otoño manifestandose en un parpado
mientras los origenes del oceano se suspenden entre
invocaciones de carne y de yodo.
Se encuentran en las tijeras.
En los tulipanes que atraviesan las cruces, en el olor
a gasolina de las puntas de las fiebres, en los nucleos
sudorosos de una colina donde recreanse las
costras.
En una soledad habitada por herraduras.
Por dirigibles que toman la estela de las bandadas en el
hemisferio. Silueteados por cohortes y templos
sobre las nubes de aquello que encima de la tierra
no es tan infinito y tiene limites de sal sobre cualquier
preludio.
Se encuentran en los preludios, en las alas de esos
preludios que llamamos presagios, en el nucleo inveterado
de una apariencia en la arena dotada esta vez de
escamas o iones con escoltas de nebulosas
y de hierbas.
En las esporas.
En la crisolita o el espìritu de los lenguajes
que dejan de migrar entre los bosques de la tierra
mientras la identidad de las reliquias en las manos
irrumpe en un megafono, lleno de lupas y monotonìas.
En los resplandores que nunca son de acero
y extrañamente buscan resurrecciones en el niquel
de las aspas.
Entre los buques y los diques.
En las extensiones de una gaviota con sus cremas
de musgo con las cuales deletrea el mundo.
Junto a un rehen que incursiona en un
verano de avispas.
Donde rìos de negro caminan buscando
desesperadamente
igual que ellos, los mismos jardines.
Poema
En cuanto al rango de la arena hay un àrbol
que cae. Una silueta en el interior de la nieve, que
a veces compartimos o arrojamos a la sed
de una mitografìa, disecando pàjaros en el aire.
En relaciòn al vigor, algo poderoso en la esquina
con movimientos de sacerdotes y conquistas de hilo
sumergidas entre patas de escarabajos o astros
iluminados por silices, que giran y rotan.
Sobre el destello de los puertos se encuentran las
algas, de regiones como los precipicios o entrañas,
mordiendo una tregua de algodòn e hisopos, entre
las espoletas de iridio en sus crestas.
Celulas de agua en un fragmento desconocido de
marchas entre los adobes, bajo primaveras de barro
donde aprendemos a reconocer dìas iguales a iguanas,
en una diminuta liturgia en las venas.
Mascaras de pumas para aquellos que izan entre
paginas primordiales de voceos, lirios de yeso,
mientras las cavernas destruyen los candelabros
de suscintos escolios, donde naufragan las raices.
Enigmas de sol en una pared de frecuencias con los
parpados, llena de pinturas y matriarcados de arañas
y robles. Espiritu de fuego en una peninsula vacìa
donde dialogan entre la ira, la sed de los idolos.
Plateas de estacas donde el oceano vuelve al eter
con nomenclaturas de estrellas en los oidos, bajo la
tragedia de caracolas o navìos que se presienten
contemplando los ciegos ojos de los vacìos.
Rècord de pus para una naciòn versada en las uñas,
piscinas con sustancias de paciencia en los truenos
donde calan forajidos el ùltimo eco de los elixires
derramados por frisos de maleantes fieras.
En cuanto al poema sòlo una expresiòn de ambar
suspendida en un aire de graffitis y notas de pèndulos
con coreografìas que se arratran en miradas de buzos
inundadas por silencios de rastrillajes o grevas.
En cuanto al poema sòlo una legiòn de selvas, donde
los prismaticos sucumben ante la mirada de una flor
en las estacas -baluarte de ninguna porcelana- carta
donde una vez y otra al vacìo se arrojan los posesos.
domingo, 1 de mayo de 2016
Las Palabras
Palabras...
Buscan el horizonte llenas de bozales.
El viento por donde descendiò alguna noche
un rìo.
El eslabòn de sangre que hoy no puede formar
una cadena.
Odian el viento con una caricia comparable a
aquellas que trae la brisa.
El cadaver en una de sus alas les es todo un enigma.
Las silabas que atraviesan la arena con un pedazo
de lluvia, son otro misterio.
Buscan el oceano con un craneo en el viento
y depositan alambres en una piscina
lena de triangulos y alamares.
Anhelan el otoño caido en la nieve
junto a espinas que llevan calcio y alabastro.
Viles y humanas como los colores violetas
de los nervios, iguales a las ventanas de esas casas
llenas de transfiguraciones.
Buscan el horizonte entre los pasadizos por los
cuales el atardecer sembrò una grieta y un humo coloquial
igual a los veranos en que llegamos con una mirada
a los muelles, ebria de fasciculos y multitudes
de murcielagos.
Esperan en las cartas con una daga de papel
floreciendo en sus cabezas.
Presentan constelaciones que resisten el sueño de
los estandartes en una bocina de agua.
Caminan detràs de los siglos, de los perdigones y los
lustros, donde las camisas son semejantes a una boina, a
una caminata bajo el sol llena de elementos pudriendose
en sus cabelleras.
Nombrando una y otra vez desde un grito, los nombres
de sus siluetas incrustadas en las espinas de las
sombras.
Los Nombres de Cera
Recuerdo una memoria hecha de pàjaros.
Un esquimal de hierro al final del invierno en que aùn
el frìo arrastraba mandibulas del otoño.
El gris sobre la franela flotando en los liquidos jardines
de un manantial con un extraño peso.
El icaro hecho de opuestos en la ira de la brisa.
El huerto para las corolas y el huerto para los limones
abiertos en la noche por la punta de una estrella.
Parece exacto el vuelo de una cigueña sobre
el campanario cuya imagen semejaba una historia que
traìa rieles y sobre ellos vagones para imitar la dialectica.
Parece.
Recuerdo el final de las luces con epicentros al lado
de una mañana donde eran devoradas sobre los palacios
los rigores entre el deseo de las pieles. Luces devoradas
por los prismas.
Recuerdo el coeficiente y los rasgos. El cadaver de una nube
en las alas.
Vuelvo al cuello y al cono, con esa supersticiòn que tomamos
de un enjambre un atardecer de noticias y fragmentos
de alamos.
El cipres en las ondulaciones de un farol, en cuya amalgama
paisajes de hielo parecen decorar y oscurecer la leche.
El horizonte de pinos que nos ofrecìan las calles con una
distancia llena de aceitunas.
Recuerdo los candados en universos de deseo en el bronce
llenos de catapultas como las que llevan en sus ojos las
termitas. Recuerdo nombres como aquellos que son degollados
o aquellos que van a vivir despuès que los trenes se hayan
ahogado en el rìo.
Nombres de aceite igual que los nuestros.
Nombres de cera para que puedan derretirse.
Descripciòn de una Hoja
La hoja es la misma.
La lampara que camina sobre ella trae en
sus pasos el mismo brillo que ayer. Las sombras
de la realidad que la limitan estàn llenas de
imagenes con que algun dìa golpeamos
las nuestras.
Se encuentran los verbos entre sus angulos y hay
una cascara que cubre una palabra que ademàs es
el titulo. Despuès del titulo hay un escrito. Lleno
de silabas que forman sonidos y sonidos son
que se estrellan con los pàjaros y
las luciernagas. La hoja posee selvas y ecos.
Voceos de un mineral entre los quistes de
sus atolones.
La hoja es la misma.
Luce su botìn y moneda.
Tiene la existencia del frìo o del calor.
Se alimenta de hojas que caen de los àrboles y suele
darle un sentido a la hojarasca formada en el suelo segùn la
inercia o el recorrido de los senderos cuando
en ellos se comunican nuestros
pasos o nuestros
imanes.
Tiene cavidades.
Ha viajado a los ojos de los cometas alguna vez.
Se ha detenido en las cienagas donde duermen pesadamente
los dragones. Delata y acribilla, tiene aspas y dociles venenos
para casos en que se encuentra con el lenguaje, un
lenguaje ebrio de diluvios.
La hoja por donde se descompone para luego fermentar
un idioma, por donde vacilan las figuras hasta una madrugada
donde finalmente el aguila de agua forma un alfabeto, digerido
sòlo por plagas y daguerrotipos.
Devorado nada màs que por catalinas.
Que formando circulos en las ruedas de las bicicletas
atraviesan en este momento una pista.
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