jueves, 3 de marzo de 2016
Encuentro
Una muchacha es un día.
Vino a encender un fervor para siempre.
Cuando llegó la aurora era una monarquía
mientras los elefantes dormìan.
Era invierno y no habìan palabras.
Era y lucidas jeraquìas de trenes llevaban senos
de madera en sus estatuas.
Prolongaciones de crines. Uno y otro aviòn
que despierta de los cines abriendose paso entre la
pantalla...La muchacha observa ello porque aùn era marina,
gravitacional o terrestre tal como lo escribìan los espacios
o el lugar donde se fermentan los milagros en las eras.
Tambièn oservò a los espectros.
Se retirò de la linfa y de las aguilas.
Fue un mamìfero hasta conservar la escritura de
la leche.
-hasta allì, tù yo seguìamos el camino de los
leprosarios-
Una muchacha convirtiendose en un dìa.
Habla entre moviles y sigue las ordenes de los
cigarros.
Se contenta con la estatura del agua.
Es prodiga y lunar como las biografìas.
Lleva craneos y hojas verdes de las cuales pueda
alimentarse.
-hasta ese punto lo sabemos tù y yo que paralelamente
hemos llegado a algo semejante-
A travès de un encuentro en los ojos.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Meridianos Sobre una Clepsidra
Meridianos sobre una clepsidra.
Una lechuza se abre paso entre los sirgadores.
Hordas de nieve entre el deseo febril del
enjambre y el anhelo del jazmin empezando a
devorarse una estela.
Plasticas runas entre brillos.
Onomastico del pensamiento en la espuma. Esa
misma espuma convertida en marisma.
Ondeando en los eclipses una luz redonda
de luna. con matices en los vortices
de una lejana probeta.
Jardines de amarillo en el mar.
Formas.
Formas de territorios que visten de esquirlas
un efecto, un elixir con llegadas de vacìo y una
orientaciòn de territoriales maquinas de
aceite.
Nombres de estrellas que despiertan del aire
con silabas conjuradas entre la magia.
Mastiles de agua con horarios de verbos
e historias de trasatlanticos. Brillos que extinguense
entre finales de gurbiones.
Y sobre todo esto: Un capitulo de lampo
ondeando en los paises de nuestros antepasados.
martes, 1 de marzo de 2016
Idea
Alguna silueta sobre el rostro, donde
vaporosos veranos renacìan en un nucleo
mordiendo muelles de artificios,
de lugares que son una paradoja,
en una orilla de abstracciones.
Una de ellas posa una idea en un bosque.
Luego el hombre la toma hasta la llegada
de los buhos. Luego un enves. Alguna llegada de
costras. Un acento reproducido por iguanas.
Extraña ahora la naturaleza de esa idea
caminando por alguna formaciòn en la noche.
Formaciòn generalmente dada a las constelaciones.
asi, la idea coloca en ella su primer dibujo, se
encuentra sobre las arrecifes de una estrella.
Entonces, si un hombre persigue una abstracciòn
por la noche, hallarà una idea caminando
presuradamente en un bosque.
Y si sucede algo prodigioso.
-que por lo general no acontece-
La verà alzar su vuelo dirigiendose
solitariamente a una estrella.
Un Río
Pienso en un río.
En un río esotérico en cada uno de sus poros.
Sobrenatural a la hora de elegir una hoja de cobre
entre las chimeneas. Humaredas azules en él llegan
a un amparo milenario.
En un río.
En las palabras que limitan con un trueno.
En aquellas que describen la fantasía de un limón
o una lamina en los puentes donde la imaginación revela
una piramide, un cono de gasa. Una historia de
espectros a los cuales llegarémos ceñidos a
una lámpara o un océano de brújulas.
Yo medito en los pergaminos que fueron
devorados por el sueño entre reflexiones, en las cintas
de un árbol donde los reflejos eran atados al tronco para
que no se pierdan en la inmensidad de los bosques.
En los suburbios de coral en una palmera.
En la marea llegando a ella, con un color blanco de
espuma. En la espuma que las entrañas intentaron atar
como los círculos de las hélices a los molinos.
Lo último sigue siendo tan extraño.
En una medalla.
En una serpiente que arranca los ejes
a los dirigibles antes de caer
en los volcanes.
En un sedimento donde los hipódromos se secan
cada tarde en las recorridos de los caballos
y algo milenario es despedido por los
jinetes en sus racimos.
Un río que es una casa de palcos.
De astrologías que hoy nos escriben desde los paramos
ofreciendo un hemisferio de gaviotas a los tigres.
A los acuarios que muerden las leyes por la noche
intuidos por los acordes de los grillos en
encaramados en las orillas de los
ríos.
Y ofrecerles sus mas hermosos cantos antes de
alejarse en el océano.
El Adivino del Cielo
Se encuentra en muchas sienes.
Entre la espiralidad que hoy corre por el grito.
En la destreza del cielo para comprender una narración en
el interior de cada uno.
Se halla en cada ser Está en aquello que florece
en una casa con leyendas de aceites y oscuridades
que tocan el vértigo de los panales
cuando sinuosas bandadas de abejas nos enseñan
el camino del mismo.
Está en lo cultural.
En las palabras que llevan los esquizofrénicos por el jardín
de un sanatorio donde un águila -en lo alto-decide su caída desde
la cota que puede ser posible tomar y entonces se abandona
en picada a un pájaro. Se encuentra en ese pájaro que
adivina el vuelo en picada y abre su pico. Su constelación en lengua
o qué sé yo que arroja esa encrucijada a los
magos que duermen en las copas.
-todos provienen de los techos-
Está en la harina y las imágenes del trigo en el pelo.
En esos suburbios donde las fuerzas de un horizonte toman
la secreta belleza de un muelle cuando brama y sólo la
violencia de una ola puede resumirlo entre palabras
que no logra el lenguaje.
Está en los adivinos.
En las adolescencias de plástico.
En el lenguaje que renace después de cada edición de la
espuma en algún punto de arena de los meandros.
Son aquellos que han dejado pasar para quedarse
allí toda la noche.
Son sólo aquellos que dejarán en los espacios de
los meandros una gaviota.
Y una gaviota es a veces sólo una estación roja del
mar tomando el sueño del aire.
Y las formas nocturnas de la espuma.
Siseos Antediluvianos
Era un espejo en el horario astral de la
brisa. De las huellas de una balsa con
horarios terrestres y siseos antediluvianos,
como los que guarda en secreto el polen.
Miro el pensamiento. El lenguaje del lienzo
en èl se convierte en estela. Las sombras en sus
silabas son de alabastro ahora. Iglus
de ecuestres aluminios, silban a travès de los
monasterios, donde elevase en el brillo del eter
el fuego de la nuca de extranjeros.
Efigies sobre una mirada de pabellones ecuestres
donde limitamos con la hoja a partir
de un invierno, que recogìa un verano en cada
celula de su vida, lleno de orientes secos
e higos. Yo lleguè hasta esa efigie para recoger
el hambre. Mi hambre era maritima esa hora
y soñaba con los trenes.
Un espejo en la noche. Junto a èl
las cosas dedicaban esferas multicolores de ansias
y anhelos semejantes a un equilibrio
de dorados vagones en las melenas, buscando
alcanzar en las sienes, a los cantos de los
grillos.
Muelles de vidrio en el fedespalto.
Breas con ojos de cuervos recogiendo la belleza
de un mundo dispuesto en las espinas. Un mundo con
estandartes y alambres como los ejes, pero
igualmente dispuesto en las espinas y las
oportunidades del sol en las aguas.
-cùal es el nombre de ese mundo-
Era un espejo en el lado boreal. Parece un lazo
maritima cuando prepara una luz y se afinca en los
rituales de algo milenario
como el pelicano que roe los huesos de una tortuga
por ejemplo.
Crateres
Tendràs el destello.
El resplandor.
Un navìo mas allà de los hechos, semejante
a las reencarnaciones o las azoteas
para una bengala, proveniente de
finisimos trapecios que anudan
bahìas de petroleo a sus
cascos.
Poseeràs la evanescencia.
Caminaràs sobre este marzo de fiebre.
De sol en las galerìas.
De nombres que toman idolos para llegar
o arrastrarse en la boca, hasta un simulacro donde
se devana u oscilase, donde se es reciproco o
un limite de doradas abstracciones en las alas de
los bucles, nos alientan.
Sin embargo, preguntamos, hacia què?
En tus manos
las mandibulas tiritaràn con su dìa
de hule y chimenea. De flanco en el interior
de una palabra, de perimetro como ese azul bañado
por la intuiciòn entre caracoles o auroras,
con privilegios y pinos que desatan
en la piel de las murallas
aquella caminata
sòlo
construida por los acertijos de una araña.
Tendràs en la hierba
las primeras sortijas de una nube
y caracterizaras aquello tan propio de un baul
cuando encerramos los ojos en una figura
dormida en èl
para llegar al otro dìa bañados por sus
instantes de magia.
Caminaràs en ese baul buscando talismanes.
Cuerpos y transfiguraciones.
La metamorfosis serà otro vidrio nupcial
en la boca uniendo la saliva al sonido y lograràs
pronunciarte.
No seràn manifiestos, seràn sòlo pronunciaciones
de la vida de un lagarto cuando està en el mundo.
Y se encuentra a diario con sus fardos.
Se encuentra a diario nada mas que con sus
erupciones.
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