jueves, 4 de febrero de 2016
Esoterico Palpitar
Sobre la mesa hay una pronunciaciòn.
No fue aguardada por la palabra y la misma
no tiene una finalidad que hable de ello. Son
sòlo cosas que acontecen cuando una luz
se filtra. Debemos asumir que todo
aquì es de sombras.
Industriales pesos de treboles en una caminata
antes de tocar esta mesa. Industriales dìas donde
tratamos de escribir que la finalidad
de tal pronunciaciòn era el solo hecho de existir.
Como siempre algo quedaba suspendido
en el aire que nos dejaba sin ningùn horizonte.
Paralelamente en las calles las pupilas
sucedìan a los cuchillos.
Ademas debemos tener en mente el recorrido de una
plaza. La llegada a un mercado de niebla. Debemos
dar por sentado que los girasoles al llegar lo
hacìan girando entre la carne.
Navegantes de piel sobre aquella mesa.
Una historia de trenes el el filo que forma una tiza
en movimiento, construida por longitudes de
gemas a lo lejos...Pero necesitamos en el espìritu
de esta estrofa una gema? Necesitamos los
pàjaros que son alcanzados por cuchillos?
Sobre la mesa hay una pronunciaciòn.
Una pronunciaciòn que no hallò este dìa su finalidad
y quizà jamàs la encuentre. Dirìa que es una estilizaciòn
de fragatas en una nuca. Dirìa que las boinas danzan alrededor
pero esa es una utopia.
Y la pronunciaciòn despuès de observar todas estas
cosas es esa extraña utopìa.
-lo cual no la hace una definiciòn-
Simplemente nos dice que lo ùnico que puede hacer
es alejarse de las cosas
entre uno y otro palpitar esotèrico.
miércoles, 3 de febrero de 2016
Poema
Pàjaros semicilindricos a lo largo de un tallo
con artificiales hemisferios
en los cuales el destello del meandro surgiò
en toda la extensiòn de una cucaracha de seda.
Pàjaros llevando versiones antiguas del piano
y una mosca. Versiones màs antiguas que el calor
y las celulas de los apostolados.
Poemas de verdes encrucijadas, entre oceanos
de plasma donde se ahogaba la oscuridad de los relojes.
Ciclos para este verano de tazas. De prolegomenos y
diafragmas, tomados como el equilibrio de un tono
bajo una luz dispersa.
Vuelos en ellos bajo una nube
o la vida de los ciclos en las urnas y los limites
donde empieza a crecer como un espectro
esa gaviota.
Pàjaros que cuelgan en sus alas como pendientes
estrellas caidas del universo. Animales que de alguna
forma fueron destinados a los hombres.
A pique siempre para que sòlo el zumbido del
aire escarbe en ellos.
Algunos ditados de diluvios y escombros.
Otros reconociendo las propiedades de los arreboles.
Siempre perpetuando el sueño de un ser
en la playa.
Un pàjaro y un ser tambièn semicilindrico.
Llenos de caracoles en sus brazos.
Exòtico Jabalì
Dentro de poco amanecerà.
Los mundos que iban a dormir se encontraràn
con la espuma.
Un mandamiento cubrirà la tarde de leyes.
Cada uno proviene de un agujeto negro
evocado por la porcelana.
Pensaremos en la selva como lo hacen las
lianas. Lo haremos desde un dìa exacto de fiebre.
Enmohecido y puro en las cortinas regadas
en el cemento por los telescopios.
El corazòn se abrirà como una marea.
Igual que una cinta de vidrio la arena se arrastararà
hasta la cita con una vocal en el sexo.
Sumamos grietas a las circunferencias de los
insomnios en las celulas.
Lenguajes de aire sobre las silabas.
Ceremoniosamente estrechadas por los habitos y
las expediciones a una liga, a un patio construido por
la proa de una nave, llevando historias de oboes, entre febriles
escamas encallando siempre entre islas ardientes o
quizà no hay tal isla. Tan solo hay un herradura
con su paraje quimico. Tan solo el casco de un equino
que siembra horizontes extrañamente entre las palabras y los
nombres que atan a las cosas especies de jaulas como
las tijeras.
Junto a un despreciable y exòtico jabalì.
Palabra
Algunas palabras regresan del corazòn.
Otras marcan las areas de los jardines en los muros
para deslizarse entre ellos. Se encuentran las
que tienen un lenguaje como la orilla
y en la arena esparcen sus limites.
Recordamos las que toman atajos.
Las que giran con un paìs alrededor, las que
llevan oleajes de sentinas en sus manos; son formas
de lunas desde desesperados frisos.
Esas que son inmoviles.
O aquellas que se detienen en los techos con
una bocina, caminan a travès de las nebulosas
orientando a una medula. Recorren las azoteas
con continentes de grillos.
Viven sumergidas entre las selvas, convocando
inmensas mejillas de pianos. Cruzan los desiertos
tomando los detalles mas intensos de los dromedarios.
Toman himnos de los tejidos llenas de tatuajes en
las sienes, donde solidas estalactitas cruzan
por la noche sus testimonios.
Buscan la lucidez si se encuentra debajo de
todas las mareas.
Algunas palabras regresan del agua
igual a aquellas que lo hacen de la tierra
entre los simulacros que las identifican.
Buscan coronas. Posan historias de estrabismo
en los parpados de un buzo.
Cruzan los parques vistiendo sus iris
de monarquìas, se ocultan del cielo y los pelicanos
para asi ser boreales. Arrancan del sur
puertas magneticas que tambièn son
dinasticas.
Puertas magneticas que son tambièn dinasticas
mientras velan el sueño de sus profecìas.
Teatro de Fosiles
Centros de aluminio en los rangos.
Inclinaciones de pianos rumiantes donde brotan las trenzas.
Orgànicos paraderos de sal en un semàforo.
Historias de pinos alargandose en una hoja.
En ella el poema recoge su saliva pero no de manera
sobrehumana.
Lunas tomando la astrologìa de una subasta.
La goleta arrimada por la brisa entre filtros de redes,
silueteados en el fondo de un caracol por un
lecho; este es conjurado por las voces de un
teatro de fosiles.
Barricadas de estrechos silencios
manifestadas por los higos.
Historias de purpureos pulmones en
un vaso de seda.
Castas de marròn en un liquido por el
que no puede escribirse nada.
Prolongaciones de oceano en un indòmito
paìs escondido en la selva.
Hierbas sobre la luz de este verano de madera
en los huellas, donde invisibles esporas forman sus
lunares entre inefables capitulos de torres.
Andares segùn virgenes prismas
de una ventana, donde las rutas designan
una cupula, un hominido, un himno
semejante al pajaro que se abre
paso desde las entrañas.
Destruyendo en su camino al corazòn.
Palabra Verbo
Primero aparecen las palabras.
La habilidad del sueño logrando proyectarse
en ellas. Algo nos dirà que no es habilidad alguna,
son sòlo los puentes que llegan desde extraños hilos,
con ciertos brazaletes de carne abrazados
a las silabas casi semejantes al lenguaje.
Y en escencia cada rìo es el lugar donde construimos
una casa. El oceano es una vereda que baja por
los cabellos, llevando respiraciones que datan
del fondo del oceano y las galaxias y los himenes.
En escencia las piedras y nocturnamente
los crisoles del zòcalo-jazmin, la materialidad
de un soplo desterrado por un cefiro
hacia un mundo de espectros como
los que pueblan los roces y filos de una espina.
Distantes equinos que huyen desde el trueno
hacia posible rumiantes cargando sus adoquines en
los hombros, dirigiendo acaso aquello que puede
ser descomunal en sus tulipanes. La ojera dorada
de una lechuza por ejemplo.
Calles de plazuelas que obstruyen el paso de
los hombres y las cenizas, llevandolos a un
universo boreal de cimitarras y exorcismos
donde galopan las linternas.
Esferas por las que nunca caminamos
y prolongan sus calles hasta formar averìas de elefantes.
Esferas que arrojan arroz a los sembrìos
del polen, dibujados casi con exactitud por una cuchara
entre la noche.
Galeones que cuelgan historias de amor en el petroleo.
Continuidades de una fotografìa tomada desde
la perspectiva de una nuca.
Solares cajas de vidrio en los desiertos de la memoria.
Tornasoles de extasis en una lonja donde
extasiado el cirio vuelve a la columna lleno de
sinteticos crecientes, alumbrados por moluzcos
y por edificios plateados.
Alineandose nuevamente de extraña manera sobre
palabras verbos.
lunes, 1 de febrero de 2016
Este Puente
Por este puente han pasado millones
de seres. Ninguno ha grabado su nombre
en el mismo. Sòlo dejaron sus pasos
y sus voces. Pronunciaron ademas
pero no siempre ello es entrar al
inerior de una palabra.
El puente. Bajo èl, miles de carrros
se desplazan. Hay junto a todo esto un
rìo diminuto de aguas turbìas. Supongo que
se derritieron en ellas. Hablo de los seres de cera
por supuesto.
Observo este puente. Lleno de invisibles
cortinas posando al lado de aquello que llamamos
realidad.
Este mundo de gente que se oprime contra
sus estòmagos. De telefonos y gorras. De topos
en alguno de nuestros huesos con una radiante
mochila. Este puente que pertenece a un
universo centrifugo de helio y en menor
medida al heliotropo que asume las
voces de una cadena.
En ella millones de estalactitas surgen.
Para que finalmente llegue un murcielago.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
