miércoles, 5 de noviembre de 2014

La Palabra en la Llama








De nuevo en las sienes. El caballo despierta
el juicio con serpientes celestes y en el brillo
de neologismos que jamás veré, antiguas páginas
de hambre llegan del polen insinuando birremes.
Me observo bajo la lupa de esa estrofa que acaba
de ocultarse en el papel; llena de esgrimas y lunares
meditativos, totalmente inquieta a la llegada de las 
corolas, reino inutil de deletreo o la profundidad de 
pacto alguno con el sufismo o el cielo de dos alfileres
besando este embarcadero donde alguna vez vivió 
la luna; era el extasis esa balada de sargazos sobre 
lo que enhebrado, sustituía al mundo entero sin
componer o estrúcturar otro, con las piezas exactas
de una agonía o la perfección estètica de una
herradura; era la caminata a la salida del azur y
los velos entre agujeros por la noche que saturno
encendía en los fósiles. 

-recien hoy lo sabemos-

Nuevamente en las sienes, organizado gnoseologo,
esbozando -o intentando esbozar- el semántico
brillo que proviene del destello con una respiración 
platónica, un tanto igual a las sombras de diálogos
al pie de volcanes académicos, donde Empedocles
había descubierto el fuego encerrado en otro fuego.

Y decidió quemarse en él.






lunes, 3 de noviembre de 2014

Los Cuadernos de Sienes






La frontera de rojo con un hilo, en ella el forastero
anclado en el universo del cipres, creciendo
junto a un vuelo que era romàntico; aqui y aveces o
en todas partes; detràs de los faroles,
desnudo como la escencia.

El singular de su silueta en una nube callejera, donde
los pàjaros escondieron su vuelo y empezaron a caminar
como los hombres.

Los acantilados; la suma y resta de los que sostuvieron
allì por un instante relentes y despuès se entregaron a los
heraldos, como quien se entrega a la contemplaciòn de
una corola. Ese lirismo encerrado en ellos. Ese 
drama de cometa. Ese lenguaje sin
naturaleza.

Los lìmites que un manantial puso a sus frutos
en la orilla, los espaciados follajes del limbo; incluimos
esa soledad que un reflejo deja. Tambièn los
minerales de los solidos una amanecer
en que sòlo podemos ver acertijos.

Identidades de amuletos que
describen la niebla.

Y semejantes a nuestros cabellos
llevan un cuaderno de sienes en la lluvia.







Ciudad de Psicodelia






Al atardecer sucede esto: un automovil descubre
otra ciudad encerrada en una pista. El reloj en la
mano del leproso se dirige a las cavernas con un
misterioso predicado.

Antiguas prisiones de intensidad se elevan a un
retablo donde marcan los cipreses, el lugar del
verdor a la estampida. Los nibelungos despiertan
en un casino. Mareas de ocasos tiemblan como 
colosos desertando del agua y las resacas.

Jardines amarillos se bifurcan en el veneno
de los hierros que conforman un rostro y en
la estilistica que concierta pinos de naipes,
un organo musical invade similes de garzas.

El dìa ahora inunda algùn corzo, algun 
abedul que debimos conquistar o tomar de
la niebla mientras los lenguajes caminaban,
inasibles sobre un evento de menhires.

Y escribimos. Nos enlazamos a las
paràdojas. Centrabamos las epifanìas y
con una sacudida casi silenciosa fraguabamos
la oracion de deslucidas entrañas sobre
matinales navìos que el poniente arroja
entre coros multiples de arrobos.

Las estrellas dejaban ver aquello que
llamabàmos siluetas. El hombre despierta
a la imagen, pero abandonando automoviles,
autopartes sin edad para no seguir describiendo
de azogues, ni adoquines descendiendo entre
puertos que gimen junto a una fragata
sin sentido.

O serà quizà el pasado y el presente
de una ciudad en el verbo intentando 
descubrirse.

Pacientemente entre la psicodelia.












Aproximaciòn a la Magia





El mar duerme.
Algo como el polen se destaca en èl 
como un suave viajero de pisos
y hondonadas. 
Tiene un santuario como aquellos que
llevan la experiencia de las dagas.
El mar duerme y sus capitulos
no son originales como la maldiciòn de
una piedra en una herida, ni
el torpor de la pìel
enlazada a una
cadena o los acertijos de espuma
aprendiendo a desatarse de
la magia.
El mar sueña, febrilmente 
como la inteligencia de las dunas
en los ofertorios. Es volatil
como inubicable respiro
de niebla o respiraciòn
del olmo basando su
inspiraciòn en otros ejes. En
otra magia.
Y nosotros decimos magia con
falta de edificaciòn y apariencia; la
escribimos con esa agitaciòn que tiene
la disciplina a traves de las
boyas y los cabos cuando
sus raices buscan el 
oceano para
sellar entre acuaticas xilografìas
el acto del zaguan y la madera,
la cartomancia del sol en un
gitano; el vibrar del eco
y allegado a ese sino
una especulaciòn
de cebras que duermen en
los prologos
de los àrboles.

Sedadas infinitamente por
hojarascas.










domingo, 2 de noviembre de 2014

La Casa de Vidrio





Tenìas una saeta de vidrio, necesaria para construir
una casa. El golpe de los relojes sobre tu balcòn de 
agua donde se oscurecieron los arrecifes. El golpe
seco del acantilado sobre su espiritu y un callejòn 
donde a veces el mundo terminaba. Llevabas el 
overol que la bruma deja en los hombres despuès
de haber caminado entre ellos. Tù sabìas que no 
podìas quitartelo. Y sabìas que los vagones eran
el aliento de las ruletas y traversas pero desde
un sentido que hoy no logra normar los vicios de
latitudes y generos; a lo sumo se acerca y llega 
a la ignorancia con ellos -Todo y nada lo haremos
juntos bajo los cadaveres -

En tus ojos se extasiaba aquello donde el corazòn
aùn puede prodigarse; un dique entero, el destino
de la bolichera mordiendo una casa de vidrio donde
jardines de estalactitas se agolpaban.

Ah...la casa de vidrio donde las estalactitas te 
ofrecieron el nombre de la rosa y a veces el nombre
de la espina. Esa casa que dispusiste para el hecho
y los nombres azules de lo cotidiano; en tiempos
donde el azufre era el monasterio desde el cual
llamaste a los peces.

Y hoy que a tu alrededor las construcciones dejaron
de arrancar el vidrio de nuestras sienes. Hoy que
nuestros pabellones muestran seres de sol alquilados
en los oidos por los jinetes, hoy que son corceles los
que retumban con sus cascos el plomo inveterado en
los similes y los heteronimos, hoy que invocamos bajo
las ruinas de una destrucciòn celeste. Una que 
casi arrancò la piel de los hemisferios.

Hoy que invocamos siquiera la espesura de un invisible
cefiro.

Y tal cefiro encerrado en una casa de vidrio no responde.








sábado, 1 de noviembre de 2014

Respuestas





El oceano con su espejo de duna en la boca.
El contenido en ella de los dìas que vienen 
y van desde la arena formando el desierto.
El relato del agua en el pelo creando un sino
de agujas llamado devenir y horizonte. Los
musculos que la espuma dora en el interior
del agua y junto a esos mùsculos, el nervio
adormecido de la orilla, llegando ya entre
soldados de plomo olvidados por un niño. La
infancia escribimos tiene un acento ante el 
oceano que el lenguaje nombra mitologico.

Sòlo asi la magia y la alegorìa se crean. 

(por lo general a sì mismas)

Y cierto escrito, como una transcripciòn de 
ilusiòn y apariencia, que un mundo condiciona
en relentes u oasis de sueño como el eter
o los umbrales de la naturaleza donde èsta
regresa al mentòn con un molino o alguna
marea cuya trascendencia libera un arpa o
una mantis que disecandose, brota.

Cierto escrito como un lampo donde logramos
detener una cebra. Escrito que lima sudestadas
junto a un agujero o enumera batistas sin que
la divinidad tense una barricada en la fogata
semejante a una hoguera.

(eso estructura el simil)

Un tanto escrito, que propondrìamos un ser
debajo de las cenizas, para identificar el plazo 
que el lenguaje ofrece a la metafisica cuando
llueve o llega al oceano con la empresa de 
un soldado arrojado por un niño o la magia
de una alegorìa imitando a los parpados,
cegando silenciosamente las pupilas.

La responsabilidad en lo ùltimo no pertenece
al hombre. 

Las respuetas se encuentran en la mitologìa.



Sentido de Pàjaros y Buhos







Hasta el amanecer los pájaros siguieron devorando 
los vidrios.

En un universo sin equipajes ellos devoraban los
vidrios, las fuentes, los amantes, los capitulos 
y las velas.

Hasta el amanecer los pájaros se encontraban también
con los buhos y no había manera de que dejara de ser.
Tan sólo sufríamos por ello y eso es siempre inevitable.

Alguno de aquellos pájaros se ánimo a crear lenguajes 
con los buhos. Hasta ese momento todo era panorámico,
mas que objetivo. Tambièn primitivo.

Panorámico hasta la llegada de cicatrices y radas.

Objetivo como los teléfonos y mareas y como la objetividad
proviene del astro mas lejano, diremos que tal astro 
mostraba en la oscuridad su tridente y su abracadabra. Asi
todas las cosas de la tierra -sobretodo pájaros y buhos-
nos condujeron a las mas extrañas orbitas.

Primitivo como cuando vuela un dinosaurio.

Ante todo ello detuvimos nuestras almas.

Pero, principiaban las luces de un verano lleno de psicodelias
y torres. Principiaba particularme en el tallo donde la 
inercia buscaba reinos mandarines. Hasta el momento de
esa busqueda, las cosas miradas desde nuestra distancia no
adquirían sentido. Apenas conociamos la fisica para lograr
conmovernos. La conmoción desde la primera palabra
de este poema hubiera sido un sentido a partir de ello
pero fue algo que la fisica no pudo darnos. Tampoco
este poema, mucho menos esa voluntad que acontecìa
en los pàjaros y buhos.

Y hasta el amanecer los vidrios encontraron
nada que no fuera pàjaros dedicados a
devorar vidrios. 

Además de ello tuvieron que sumar a su busqueda
un buho. Eso lo hacía más infinitamente extraño.

En el fondo no debería tener tanta importancia que 
los buhos hayan llegado para completar un significado 
con los pajaros.

Me hubiera dado igual si se hubieran devorado entre
ellos, empero eso no sucedió.

Ambos llegaron para devorar los vidrios.

Y nosotros dormiamos en ellos.