miércoles, 7 de mayo de 2014
Flor Anti-Estetica
Grandes lunares.
Escuetas manchas de pàjaros en una sombra.
Promontorios de umbrales donde
llevamos el traje del conocimiento.
Epifanìas o cartas de metricas somnolientas
sin presente en el nuestro. Antiestèticas en la flor
que dejaba el oceano sin tallo, sobrecogida por las antiguas
fosas donde el aquelarre imitaba nuevamente
una historia. Una narraciòn de termometros
donde la existencia tocaba la necesidad
para alejarse.
Entonces la ventana era de mitos,
era, una inspìraciòn decapitando el nombre en
el espacio, con una capùcha reencarnandose en ejercicios
de pìèlagos o la direcciòn contigua a los idolos
donde nacìa un limite.
Sobre la cupula, un cadaver de la ley, un florescimiento
de hemisferios alojados en el instante del aura o
de las cosas.
Largas avenidas de otoño. En ellas la posibilidad del
rito y la telaraña evolucionò al flamenco de las cenizas
con desertores gitanos que leìan en negras barajas
el destino de las venas.
Inmesos procenios, protocolar aquella inmensidad
donde perfilò la fosforescencia
el idilico sonido de las aguas y el oceano
columpiando un nombre.
Uno que no llevara significado.
Uno que sòlo se suspendiera al ser escrito.
Guillermo Paredes
Poema
Menguante, tu estela allende al ciclope, creando
la historia de los vivos más fuerte en un nocturno
de muertos, en su beso; el lirio y el azafran, el indicio
de esa sensibilidad donde vas a crecer, la intuición
donde vas a morar, no importa si al final se vuelve
intelectual, para eso ya existen las ojeras.
Y allega una astromelia en ese paradero desde tus
cartas y si nosotros cruzamos un manantial, un reflejo
de piedras en su superficie se convertirá en finisimo
oleaje empujado por la brisa. El insecto que creíamos
forma, adquirirá la de una libélula, hasta la humareda de carne
poseerá una forma religiosa - la única para alcanzar
la bengala- Tropo devastado por aliento literario
del singular en costas donde la curvatura es el
traficos de noches y misticos violetas, interpretando
una vez más la estela donde el aerosol convierte peces
en domesticos forajidos del lenguaje, villanos de seda
tocando los primeros tulipanes marchitos en las
sonmabulas iglesias del zafiro.
Y después....
Guillermo paredes
Superstición de una Boina
Una superstición posee una boina.
Una dictadura ideal y el ejemplo intentando demostrarla
como definición.
No canta a la locura porque en sí la locura es un canto.
Uno tan intimo como la electricidad al encontrar
un iman en la arena.
Uno animal, no tanto como el oceano.
Esa es otra metafísica.
Asi que es dificil arrojar contenidos cuando no eres persa.
O la identidad de algún verso presiona el sacrificio
que existe en la palabra de manera totalmente
erronea.
Hay hasta en lo erroneo una teoría donde el conocimiento
empuja puñales.
Forasteros puñales como el pan o el hambre.
Como la creación a falta de botellas o pretorianos
basada en puros centinelas
como la abeja o el polen. Centinelas que barren
todavía la noche cuando las alcantarillas
son abiertas de manera sutil para
ofrecer una apariencia de flor
al universo.
Pero son dimensiones amarillas las que recorremos.
Palidas y enfrebrecidas entre dios y los
demonios.
Y lo que único que hacemos es cabalgar
entre ellas.
Guillermo Paredes
Naturaleza
Siempre tras los acertijos de mimbre, donde acrecienta
un episodio, su encuentro de menguantes. Una sonata de
desolación con tomos de anatomías arrancadas a una
enciclopedia, el verdor cabalistico y aquel del tremante
con sucias medias por donde veíamos las llagas de los
hombres.
Y si convertiase en herida no era necesidad el inspirarse
para escupir en una barricada o dorar un ente según escarlatas
o frentes que viven buscando augurios debajo de la tierra,
cada quien encuentra los suyos. Y ello es esotérico como
un amanecer de ayunos o sobrenatural como el barro que
nos tomó un amanecer del infinito.
Luego noos trajo a este universo.
Y nos convirtió en naturaleza.
Guillermo paredes
martes, 6 de mayo de 2014
Lo que Tocamos
Aquel era el signo. El sol sobre la cresta ocultando la
oscuridad de las olas. El astro encerrado por el celeste
y la expresiòn del rostro creada por un sentimiento, que
la naturaleza al gong de la orilla creaba. La playa,
desnuda y extensa como el lenguaje empezaba a definir
los nombres en tu cara, en el golpe del pecho en
tu corazòn, las saetas en el aire se convertìan en pàjaros
-inmensas jabalinas de porcelana en nuestra memoria
lanzadas por los griegos-, terminos como la arena y la
espuma empezaban a trazar el universo incomparable
del màstil a lo lejos o el horizonte embadurnado de
barcos; ahora sabemos que ninguno era para nosotros.
Aquel el signo y en las quimeras de un rapto empezamos
a orientarnos hacia los guijarros y estuarios en
cuyas alfombras los moluscos anhelaban inutilente la
vida. El pescador del amanecer sitiaba el alba con su
mirada: cetrina visiòn de un mundo que sòlo escribimos
y paralelo a bandadas y botes huyò sin refriegas ni
genocidios hacia un juramento, uno extraño, misterioso,
uno tal vez màs alto. Como aquel que se dobla en los
àngulos de esta imagen, maravillosamente mortal como
todo lo que tocamos.
Guillermo paredes
lunes, 5 de mayo de 2014
La Relatividad y su Silabeo
He vivido procesandome en una silla.
Pensando que todos los jardines eran antediluvianos.
He sido paciente de brea una vez y según
algunos ofertorios labré mi plano cognitivo
desde una ilusión no tan significativa, para vivir
un poco mas.
Mostré interpretaciónes hasta llegar
al verdear de una manzana, islámica hasta el fín de
los grandes equilateros, llena de callejones y
silueta de pergolas.
Empero la existencia
está hecha de nervios y juguetes, de
largas bocanadas de alcantarillas, paredones donde
se hace oscuro el atizar de la encina y el silabeo
del mundo relativiza cosas fugaces como un
trompo o el encallar eterno del aire en los
ojos mientras vivimos. !Relativiza sed!
!Relativiza! vive entre los puentes porque
asi llegarás a ninguno. Te postrarás en
medio del lago preguntando a Caronte
a cada segundo por las horas y ya que
tú no tendras dos monedas, intentarás
bajar del cielo dos planetas
hasta el siglo de las
transformaciones.
!Relativiza sed, relativiza!
Asi el brío, asi el amor, un criadero
de satiros y rameras en el atardecer
de la noche, cuando un nictalope de goma
es el portaestandartes de lenguajes
con los dirigibles.
Y sentado sobre los craneos detiene el
brillo del polietileno.
Guillermo Paredes
El Verbo en la Metàfora
Rubia era la platea y ceniza. El palco y el standard
del rito. El polen furtivo y forastero del diluvio, el
único que tocamos, el único que una mañana fue
nuestro. Después las cosas podían suceder, un arco,
un miramiento, la población alineada y subversiva,
el hoplita burocrata del abecedario y más aún, la
estrofa acariciaba con sed crepúscular el poema,
el tacto de la silaba, la ilusión de su metáfora donde
nuevamente el látigo del verbo entraba para hallar
su espíritu. Y decíamos largo es el sacramento que
huye de la realidad y busca el texto, extraño el sentir
que deja la arena en la memoria y seguidamente iza
en papeles y sepias lo que organizó de manera
elemental; un planteamiento de siglos y granizadas,
una batista en los ojos llena de acidos y luces que
en todo momento giran y vibran ribonucleicas.
Sacros lamentos de inciaciones, el inspirar de una
lechuza bajo planos arcaicos de transparentes ecos
buscando el ritmo descomunal del canto; insomnios
cuyo trafico desvanecente abre el paramo donde
territorios de incandescencia incendiaron el trigo.
Y sòlo tù y yo estuvimos para que pasara.
Guillermo Paredes
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