viernes, 4 de abril de 2014

Lineas Suburbanas







La parsimonia o el dìa.
La parsimonia con relentes de huellas
o por si no lo siento, escatològico.

A travès de ellos los objetos nos hablan y
alguno dibuja un cuerpo, una linea suburbana
de relato americano con nous virginal igual a hombre
de nieve crucificado en una sombra
en un punto, tan lejado como un cuervo, tan borroso
de granizo.

Aguàrdando ambos arcanas plantaciones.
Frutos y flores como andenes buscando sus panteones.
Sin esperanza hoy de granizo o cuervo.
Ya sin esperanza del espigon, del espiral o la oraciòn
del ùltimo, transportado por zumbidos o cuerpos.

Y conducimos ahora otro astro.
Un irse disgregado. 
Un universo lleno de superficies como las que
llenan el aire.

Demostraciones como la sal o el espacio: uno para
maldecir con un tallo en la boca, ese espacio
de pitòn lentamente, en un principio,
como un oboe que desangrase
en esa balada que silenciosamente ante los
otros tomas.

Pero en tu soledad desprecias.


jueves, 3 de abril de 2014

Por Cada Poema Tenìas un Cròtalo






Por cada poema tenìas un cròtalo. Un
archipielago de relàmpagos en los hùmeros,
el tacto circunstancial donde el universo percutaba
o dejaba travesaños como la nociòn entera del baùl
en un parque. Habìa una pantera con silueta
de pan ese dìa.

Veteranas estopas reconocìan la carne y entre
galerìas de simbolos que sòlo las estrellas acarician
como un celo de vidrio en las cabelleras; me emocionè,
con la emociòn de esa vida que ronda los tejados al
filo de la hiel y grandes catacumbas donde 
expresa la luz una campana.

En casa sìlaba los retornos eran adivinos.
La magia de soledad reciclaba la pus del lago 
despuès de la lluvia; fidelidad de ningùn granizo y 
los àngulos; generos de complicidad dentro
de una ballena donde ya no respondìas
donde ya la la silaba separaba su 
vida del poema alejandose a 
cada instante a otro ciclo
que parece hemisferio.

Y entonces dejè un primer descenlace:

La naturaleza no desea que un pàjaro
que aprendiò entre la tierra se eleve y aprenda
tambièn en el viento.

Suficiente es con lo primero.




Manifiesto de Crateres






Son diversos matices.

Uno se encuentra en la vida y es 
llevado por grandes maldiciones.

Su nombre es existencia.

Otro pertenece a icosaedros.
Da origen a ciertos nùmeros, a monasterios
y equilateros. Equilibra el espacio cuando
no es ilimitado.

Otro matiz es el astro. No conocemos
la manera en que sus pergaminos
saludan contemporaneamente
tampoco sabemos de isocrònicos ruidos que entierra
en el corazòn de sus hojas.

Otros suben de la tierra a los lampos y 
caminando entre iglesias envuelven
sordidas epopeyas de angeles un menguante
en que cormoranes descubren el hierro.

Alguno imitase.
Otro es albatroz. la contorsiòn de èste ùltimo
aùn logra replegar la voluntad de alguno
de sus antepasados. El rigor que aquiltaban
çuando el universo estaba hecho de molinos.

Subsiguientemente se agita aquel que
toma el infinito. Debe beber conejos que vuelven
desde el halo. Debe 
llevar nupcias con el espacio de una victima
que rejuvenece; plagas y sentinas de corredores
admiten esa especie de tribu enciclopedica llena de
ceràmicas y glosarios, ambientados por tensos ambientes
creados por un protagonista donde el fragmento
y la marisma es carbonica. Su papel clandestino conduce
su reseña academica sin ningùn babor al lugar
donde muerden los codos.

Como un plumaje de macizas revoluciones
anhelando manifiestos de crateres.



Guille


Las Puertas de Rojo










Las puertas de rojo diseminado en el calìz.
La fantasìa de trebol y reloj en la extorsiòn del cuchillo.
Un tragaluz donde la penumbra fermenta aùn un pensamiento.
La inflexiòn de marte, semejante al animal de una aurora
y junto a èl, el oscilar de otro rostro.
El universo comunista de la brisa a veces.
Un deseo, como las grandes formaciones de inmensidad
donde una carta explora en espiral con una flor trazada.
Luego el  nido de la culata, el esgrimista de colinas
que no son perpetuidad, pero tejen arañas al gong
del sentir proveniente de la sombra del himno.
Alguien toma la toga de predicador en la bala.
Y en èl, las escaleras por las que el viento
dirigiò su fauna, incendian felinos
en una melancolica duna donde la arena divide
el brillo que extiende apolo en el verano.
Coros y notas de saltamontes uniendo la naturaleza
a los ejes. Asi renunciaban a la dinastìa del verano
un ojo, emergiendo entre el barro como un cuello de
pàjaro, somnoliento entre mandarinas podridas
en una traversa, como si hubieran crecido
sobre rieles.
Y ello fuera toda su vida.





martes, 1 de abril de 2014

La Figura y la Realidad






Las figuras caminan representadas por una tradiciòn.
En ellas los vortices perpetraban su historia. Una historia
particularmente epistolar, llena de cucharas. Unas
veces insinuaba girasoles, otras cristantemos.
Nunca supe de què parte de la ola provenìa todo esto.
Las figuras estiraban su linaje de ninguna catarata.
No tenìamos coordenadas con las cuales marcar
posibles coincidencias geograficas: primera
condiciòn para llegar. No tenìamos explicaciones
de fragatas. Tampoco dimensiones que bebieran
la intensidad del arco en alguna de ellas; intensidad
-esta vez- bañada de daguerrotipos. 

Caminaban y representaban tambièn puertas, osculos
y escaleras de antañas cubiertas por el polvo. En esos
dìas eramos profanadores del verso sin que el verso
hablara.

Caminan doblando amplicaciones, ondulaciones 
de sesgos, universos de siseos.

Desnudando lo que juega en el trigo con el placer
del lenguaje cuando deja de ser idioma y lenguaje.

Una de ellas encuentra uno de los filos de la realidad
y lo corta.

Y por un segundo su universo entero desaparece.



Guillermo

Aprendizaje





Allì el desierto.
Las cerillas y la vanguardia de
una chimenea.
El entendimiento segùn el orden
de los bosques en
el logos de la yesca.
En una consonante o su aquello,
entre lo que es un vendrà, asi
personalmente se unen las
cosas cuando no buscan una
mesa o es ardiente 
la inmensidad 
mas desconocida. Aquella que llega
del brocal, un pretil.

Esa que parece individual, pero
sòlo està llena de temperaturas.

De materias mas personales aùn para
invadir un panteòn o un simulacro
donde nace el verano.

Y tal materia es llevada en todo lo que
agita; indicios de patios porque
jamàs viò redentores; niños profetas
como el mal o las dinastìas.

Pero los ha visto, tanto como
viò a las cuclillas, escupìan mariposas,
procolabismos de hiedra y un sereno
que en el amanecer comulgaba con
la caverna en la grasa.

Pero mas allà el jordan era el hilo
el escolio de petroleo
dibujado por limpias inquisiciones
de clepsidras o pupilas de arroz
que recitaban
lo cotidiano, el màstil
el reflejo y la maniobra con la
cual despertamos esta mañana
con variaciones de jadeo
entre la rosa.

Profesando nada màs que minaretes

entre supersticiones donde
rompese el talisman y
el instinto.




Guillermo

Intuiciòn de la Cebra







Podemos escribir una historia de cebras
y arnes. Dedicarnos una noche a esculpir 
en las flautas, unir fiebres o espolones
concebir un arte marino si el oceano
no està hecho de piedras. Adquirir un
enjambre emanando auras en cuyo
veneno predican su experiencia 
mafias de zafiros. Es como un
lugar sin planetarios.

Preguntar en la arena sin necesidad que
un soldado posea colores y oscilar entre
espacios donde los regimientos dan fè
de una herida como el agua o el ciclo
del salmòn cuesta abajo.

Cerrar los ojos a un rìo o interpretarlo
de forma que sienta en toda direcciòn
que el universo es embargado por los sauces
detallar muestras de amor en un labio
que nos pertenece con la talla del
frìo o el ladrido, un amanecer en
que se desvanecen las perlas.

Y entre salitres como el
vidrio, intuir que tal viaje
es resplandor creando una cebra
con acantilados de piel y soberanos
palacios arrojando el torno y la lluvia nos 
van alejando de esa conspiraciòn
donde alguna soledad es como
el trebol, como el naipe
entre la conmociòn o
el espiral de una
bengala donde 
nacen los 
ojos.

Buscando su 
esquirla.





Guillermo