lunes, 3 de febrero de 2014

Providenciales Caballos






Un asta es como un acceso a la flor.
O una rosa intentando demostrarlo.

Los que estudian los feretros
conocen perfectamente que el niño
es aleatorio: ello claro desde 
una mimesis espiritual.

Concuerdo con el poema hasta en
cierto grado, pues el poema jamás 
concuerda con el uno.

Pero mi cabeza de uranio busca
el tridente exponencial que
este día camine igual que la plaga.

Mi cabeza de mercurio.
De persecuciones y giros en una idea.
De rotaciones hasta el pleno del sombrear
en una relación de caracoles.

Podriamos decirlo hasta respirar mustiamente.
Sobredimensionarlo hasta tocar la espora.
Escribirlo con algo de punto contemporaneo
vertiginoso y relampagueante en
un violín.

Se podría tensar uno de sus acordes.
Guardar su hermetismo para noches mas
centrales como la maniobra.

Concentrarnos nuevamente hasta que
llegue una retina.

Y sus vocales sólo nos conviertan
en caballos.



Guillermo paredes mattos

Poema







Como la caida del limòn
en el estuario del paraje.

O la toma de una frecuencia en
un mitòn, asediado por
izajes, semejantes una existencia 
equinoccial o simultanea.

Cuando la organizaciòn de un husar
ejercita ante la arena
las poleas del metal y una llave
antecede a la muralla donde
asciende un labio
sin su palabra ni boca. Cuando 
preguntas què lirio hay que
abrir por la noche.

En un còmo. O las estrellas
derramando a sirio como un relente
que torna a la ilusiòn con
el dibujo que no tomaràs
de este parque y ello
encrudecerà en los 
espejos sobre 
consignas 
empinandose a la razòn 
sin una lirica.

En este momento puedo
desconocerla.

Tomar su juramento personal.

Y recorrer su vida como
un juramento que llegarà para
alimentarme de niebla.

Asi alguna vez lo hizo un
otoño.



Guillermo paredes mattos

domingo, 2 de febrero de 2014

El Número de las Hojas





Nunca he contado las hojas de este árbol.
Ello implicaría la vida de este verano, incluso del otoño.
Lo cual significa que llegaría al invierno con
los huesos adheridos a mi piel o viceversa: es 
imposible alimentarse cuando se hacen
estas cosas. Sólo estámos desnudos.

Tampoco podría contar los átomos del agua
en una laguna: tendría que ser microscópico.
Tendría que no haber evolucionado.
Y ser una celula apartada de otras, la cual nunca
se unirá a ellas para formar un tejido, por ejemplo.

Nunca he tomado el espacio de la habitación
donde vivo para objetivar el aire. Tendría
que haber escrito alguna historia
donde la metafisica sería el
personaje: asi en el diálogo con ella
hubiera aprendido.

Pero nunca conté las hojas de un árbo.
Y este poema que continuó hasta llegar a 
la metafisica, nunca logrará decirlo, formarlo,
crearlo semejante a la creación cuando
inspira hechos como el siguiente:

Subir a un árbol y creer que un verano y un
otoño serán posibles para contar sus hojas.



Guillermo paredes mattos


Rosaleda de un Trueno







La bahia busca su origen.

La flor tecnologica 
se va pudriendo en los petalos.

Un archipielago llega tarde al oido como impulso
diezmado por una cortina.

Las huellas del aceite son insulares como
un continente y entre selvas
de zafiros la sepia toca
el alba percibiendo la intensidad,
el tanteo encarnizado que lo guiará
nuevamente a los carbones.

Y la espesura: madreselva de pàlidos 
encantamientos, cuenta filos
donde una silueta llega al festìn
con regueros silenciosos
donde el misterio
es cabaña de dromedarios que
enarbolan hacia los relámpagos una crin,
un termitero de osos
jugando con reliquias paganas;
alguna tomando la 
idolatrìa que dejan 
las cabelleras cuando abandonan
los craneos.

Y su camino no es el de los
truenos.



Guillermo paredes mattos



Teorema de Edipo






Asi hubiera vivido.

Con una mancia de lumenes
señalando el tacto del presagio.

Con un cristal roto en el agua mostrandome
la estela a seguir.

La silaba rota del forastero en la lluvia
derramando sintaxis de granizo;
el lenguaje a escribir

La espada de vapor en el tiempo,
me hubiera enseñado
la casa donde las nupcias
con el aura
son heliotropos.

Olerìa cometas antes de ser quemado
por ellos.

Acariciaria represalias y refriegas.

- incendiado contemporaneos baules -

Buscarìa el ultimatun del cefiro
sin ninguna intenciòn
de ver el oceano desde la proa.

La proa seguirìa siendo ese
acontecimiento que el momento ofrece
con un martillo ligado al destino
mas que a  la vida.

Con anuncios literarios de la 
propia hoja, con su màs entera subjetividad
serpenteando entre lechuzas y buhos,
hubiera caminado por la sangre.

Hasta que ella y la poesìa
hubieran encontrado el simbolo
donde logran construir su sangre.



Guillermo paredes mattos



sábado, 1 de febrero de 2014

Prefacio Metereólogo






El destino es imprescindible según 
los adivinos y los metereologos.

Describe arquidioces lleno de 
prolongaciones.

Busca crucifijos entre acertijos de
satiros.

Los diamantes del agua transforman
su pecho cuando vibra.

Los cristales, en su naturaleza casi
de astrologo.

Hasta hoy el silencio del conjuro
lo invoca.

Y hay en sus palacios, castillos
como un juguete de andanas.

De barbaries secas como una
uva roja.


El destino juega en los libros como
si tratarase de lirios.

O la liricidad que entretiene el pelo
entre la brisa.

La rafaga duerme en esa luz-sentina.

La corriente se seca ahora que
los martinetes nos cubren.

Especificamente han desatado leyendas

de mirras sobre los metales.

Especificamente serán legales como
todos los universo de la tierra.

Pero nosotros podremos mirar todavía
en los cielos.

Y gritar silenciosamente que hay 
otros.




Guillermo paredes m.









Conciencia del Eter





Hay seres que no poseen presencia:
la perdieron antes que los tocara una palabra.

Una palabra no siempre define la presencia
pero determina las horas del lenguaje en la
lluvia.

- hay estrellas que son prolegómenos-

La busqueda del diálogo en un bosque lo
pregunta por nosotros cada noche.

La busqueda de un sonido en las ramas
cuando el fruto es de coral y cae
buscando en primer orden
el oceano, también lo 
hace.

Hay seres y objetos que se derraman
mientras el instinto decide inalcanzable que
segundos son  los que abordarán el
reloj para siempre.

Hoy las llamaremos brújulas.

Y escalaremos en ellas desde
otra conciencia.

Una que logre relatar  en el horizonte
la forma en que a él llegaron los liquidos.

Una que escriba en la madera de qué forma
el animal dejó de ser primitivo.

Hay seres que podemos extender como si
tratarase de plastilina o un vacío en
los dedos.

Y sucede cuando esa conciencia que hemos
escalado, encuentra su propia 
inteligencia.




Guillermo paredes mattos