sábado, 22 de diciembre de 2012
La Arboleda del Leòn
Contamos con algunas
palabras.
Asi logramos hilar, tejer sobre una ceniza
de veredictos, soberanas.
A veces reflexiono sin ningùn poder,
sobre aquellas que no sacrificaron
un sòlo pensamiento,
en alguna avenida,
en el òpalo, que allegado al mercurio
derrama idolos, pero no idolatrìas.
La idolatrìa es la pureza del rito
pero no siempre.
Mitad de ese rito es racional, eso
supone un problema. Mi conciencia
sòlo logra sugerirlo.
Sobrevivimos con algunas palabras,
las otras pueden cortar en dos nuestra sombra,
para ello està el filo de un corazòn,
asi entendemos porque nos ha
sido arrancado.
Estamos ahora entre graves asuntos
de polietileno
y todas nuestras auroras son de plastico.
Es el momento perfecto para ver
la mitad de una de nuestras
sombras alejarse.
Guillermo Isaac paredes mattos
El Inalcanzable yo de mis Botellas
Empiezo desde el yo. Quizà por ser tan ecuànime
por vivir tan cardinal. Quizà hubiera tambièn
logrado empezar de su opuesto. Pero
lo tomo
porque es una ironìa
sin acento en mi pobre frase
escatològica. Ademàs no sè como empezar
desde un opuesto. Ese albedrio lo
dejo a los dioses.
Pero comparado con sus sienes nunca seguì
las hojas por la noche. Todas despejaban
los ruidos que siguen al diluvio. Todas
despertaban con una trompeta donde
el temblor es cuerpo submarino
de descendientes y
torres.
Asi, puedo decir que hay algo màs en
sus sienes: El maravilloso miedo de
la luna cuando se sumerge
en nuestra mirada,
la aleta marcial de una ley
en los pianos,
la cotidiana marcha del ave
en una corriente de seda,
el habito de brea
en el silo boreal
del enfebrecimiento...Sobre todo
si es evanescente.
Y es momento de deletrear que no poseo
memoria cultural del yo
para colgarme de alambres.
Tampoco el sino compuesto del
libreto entre los paradigmas
del estìo.
Todos ellos...descubren comportamientos
del cròtalo a la rueca. Todos despiertan
en la inquisicion donde
cualquier sueño que evocamos
termina enlazàndonos
a una goleta
de una carta de rìo.
Empezè desde el yo, porque èste es
el subversivo que corta la mano en mil pedazos,
el griterio psicològico de la neurosis
juntando psicodelias,
que unidas en la estrofa
reciban placidamente una cacofonìa.
Comenzè con su espìritu.
Porque sè que nunca podrè
-al menos en un poema-
terminarlo.
Guillermo Paredes Mattos
Maleficio Individual de una Ballesta
Tenìamos la experiencia del oceano cuando es
el tanteo de una balada por la noche.
Las mismas balaustradas donde firmaba en
el aire un fìsico. El àtomo le daba esa figura.
Pero yo buscaba -igualmente- al transformarme
junto a ese ser - en metafìsico plural -
la divinidad que sigue al firmamento con una
letra en la boca.
El infinito entero lo conoce como una replica singular
de piel, un velero donde pudiera guiar
una sombra, la plenitud de su luz
ya fue descubierta, el resplandor,
una similitud, la identidad.
Ahora - sin querer- el turno me pertenecìa.
Era tan personal...
Pero no sabìa de arboledas.
De rosas que vagan con encantamientos
de derivas y fotografìas, de fresnos acuosos
como un valle. En lo profundamente lìrico
del animal mi corazòn abordaba
su profecìa con el viento
y maleficios de uvas.
No vì la sìlaba de una manifestaciòn
ascender a una mancha
de rapsodas.
Debo a la individualidad
los hechos singulares del libro
cuando muerde un cometa.
Debo a una amenaza de crateres
el juego de lava y marea de volcan
que jamas vuelve al trapecio.
Nos pertenecìa la ilusiòn del
monje al repartir
enjambres.
Un enjambre que mi niñez alguna vez
arranco al mar con una
ballesta.
El singular y el plural manejados en este
texto son la venganza de ese mar.
Y tambièn de sus ballestas.
Guillermo Paredes Mattos
jueves, 20 de diciembre de 2012
El Movimiento de los Trances
Disipar no es el sìmbolo donde es temeraria
la armonìa ni el equilibrio de sus sueños.
Humedecer el espacio de una bala
cuando crece en el verano de una inocencia,
es borrarse entre auras como un
equinodermo.
Orientarse hacia un infinito que verdea, no
es lo remoto. Estoy aqui aùn con todas
mis dudas.
Un àrbol es aùn una tragedia, tanto como
un privilegio.
Decorar el cielo es un ideal, semejante a un
edificio de interiores cuyas murallas
presagian.
Oì que los arreboles son el instinto del
cantaro nocturno cuando habla y en mi
ciudad de siete faroles siempre llueve.
Soy un forastero y siempre llueve.
Despuès de ello disipar es movimiento
del trance al destruir sus alas.
Nadie puede -poeticamente volar- por ello
siempre queda sellado en una bolsa,
en una virgen. Es - màs que un manifiesto-
un arquetipo que envuelve las brisas
con las cuales hoy volvemos a conjugarnos.
Escribir es una excitaciòn, una promordialidad
un pasaje al cadaver, una cita con ninguna conmociòn.
Una estructura. El aliento del respiro cuando
el corazòn lleva el conocimiento para
desgarrarse.
Y eso no sòlo lo convierte en experiencia.
Guillermo Paredes Mattos
El Culto Amarillo del Hermetismo
El ser, que camina dialògicamente cuando poetiza.
El poetizar, como verbo y la arenga del logos. Mi
interpretaciòn debajo de los astros ante ello.
Mi anagogìa de plenilunio o muestra
de explicaciòn. Bajo ese velo, la hegemonìa
buscaba una vìctima en el acero. Una que despuès
de muerta, aùn clavara en las maderas un papel,
el juicio amarillo de un demonio.
Pero no eran un juicio o demonio quienes
desprendìan la definiciòn. Ni la estrofa encima
de todo vaticinio tan formal, lleno de grises.
-Una evoluciòn buscando la experiencia-
Era una amenaza, ceniza de ganchos.
Una temperamental oraciòn del ancla
en los claveles.
Un canto de muestras
de horizonte.
Y ante ello observè el salto.
El màs anciano bolsillo de mi pantalòn pudo verlo.
Los elementos del universo que segregan
su leyenda por la tarde, cuando todos los huesos
caen en la gravedad del hemisferio, estaban allì.
No habìa esa gravedad que despuntara hacia
las palmas de la tierra
con su planetario de destierros, untada
por fanàticos de agua en mi casa.
En mi ùnica luz puntiaguda.
En la proporciòn del universo
mientras es temerario.
Y entonces volvì a escribir para entender
lo siguiente: Somos lenguaje mientras
el ser poetiza. Dialògicamente
como un acto de misterico canto.
Y su hermetismo màs sagrado.
Guillermo Paredes Mattos
miércoles, 19 de diciembre de 2012
El Vuelo Dorsal de una Araña
El vuelo dorsal de una araña.
La teorìa del epitafio cuando teje.
Sus piruetas sin reflejos cuando no amanece: Esa cultura
que se intuye pero se ve.
Las pàginas de mosca en los àngulos.
Allì sus formas eran tejidos que acariciaban
la transparencia para sostenerse en el aire.
Era un trato.
Es una tregua.
Es lo que puede sostenerse entre la divinidad
y el hombre, pero sòlo es el ente que vibra
entre ese àngulo y nuestra mirada.
Pero es un vuelo dorsal.
Un mito que cae.
Una recado de dios cuando intenta recoger
el rocìo de una hoja
pero èsta prefiere la hierba de la tierra,
la escarapela debajo de los pinos,
tan acendradas en raices
donde el hombre aprendiò
tambièn a suspenderse.
Como un vuelo dorsal.
Pero no como una araña.
Guillermo Paredes Mattos
martes, 18 de diciembre de 2012
Las Metàforas del Cretaceo
Sensaciòn, una vez màs aquì.
En partituras de sonidos a escalas.
Cuando el desplazamiento
eleva mareas purpuras de cielo
y las palabras son
herramientas
sobrenaturales
para ello.
Y te abandonas como sensaciòn
descubriendote sensibilidad,
identificando revoluciones,
farsas de temblores,
racimos.
Y ese momento te adhiere
a la clandestinidad.
A la chimenea y el crater
juntando entre ambas
monasterios.
Herviboro el mamut de tu continuaciòn,
ensillado en torno
a ningùn endecasilabo,
sòlo al drenaje.
Invitaciones de mordazas y conos.
Extraordinarios cabellos
en una torre inocente
donde el lenguaje
sortea la inspiraciòn,
màs no el lenguaje.
El todavìa del pronto.
La frase de paredòn, alargandose
en episodios de fantasmas
y sobregiros
naturales.
El aùn de las cosas, sensaciòn.
Condensa màs tus ventanas porque todas
seràn cerradas cuando imagines
una puerta,
el universo decapitando ballenas.
Ficticios poliedros
de lìneas o avernos
con la paciencia, limada por
efervescencias donde
la noche
se desvanace.
Y las listas del genocidio
en el pensamiento
se borran,
tornan al infinito.
Para que entonces puedas mirar
como se aleja
una respuesta.
Guillermo Paredes Mattos
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