Está el mar sobre una superficie de alas
que liban su naturaleza.
Arrastra la fortuna de un eco en su viaje final
hacia el silencio.
Vibra en la armonía de una campana tomando
de la marea su reflejo.
Compone una música trágica cuya invención
es un huerto.
Un jardín de heridas donde desnuda el verbo
su amanecer de retinas.
El plural que se pierde al intentar tomar
el universo.
La forma de un palacio construÍdo en los dedos
por la nieve.
O el candelabro que inspira municiones ahora
que he escuchado.
Torrente que descubre en un puñal la memoria
de su inocencia.
Nosotros la llevamos para que como ayer el dolor
vuelva a traicionarnos.
Y sea canción de metal que brilla en el acero
de las caravanas.
De este crepitar tomando los espejos de
una montaña.
Ese extraño reflejo donde el brillo se confunde
en una imagen.
Está el mar como un soberano que vuelve a
destruir planetas.
Un borracho de sal que esgrime disputas en la
casa del desierto.
Un elixir en el conjugar del agua con un espía
de voces submarinas.
Un tremante donde la ironía presenta su postrero
encuentro con la lluvia.
Camina repitiendo el halo que sus mágicas
penumbras conocieron.
El extravío de una melodía que en su lira
abandona al plañido.
Y éste enfrenta esa distancia que esta enferma
entre amarillos horrores.
Ciencia del que brama en su epístola de navíos
con las uñas.
He sido liberado sólo por lagunas que perdían
su piso en el sueño.
Fuí seducido por cacofonías, bebo antologías
que no son de agua.
Dejo a la belleza porque es demasiada perfección
para mi sueño.
Concibo la derrota como un cuaderno que divisa
la noche y su itinerario.
Está el mar y mi espíritu camina sobre las aguas
pero sin ningun evangelio.
Guillermo Paredes Mattos
martes, 6 de marzo de 2012
lunes, 5 de marzo de 2012
Lucidèz Postmoderna
Como una anagogìa, sentada sobre la exegesis
Como una conciencia, encendiendo el horizonte
de las cùpulas.
Trascendiendo como nombres borrados por
los escalpelos.
Detràs de un alba de mercurio donde muere
apolo.
Y entonces derivan los aires a estribores
de rapsodas.
A un vestibulos de propiedades y caracteristicas
de marionetas.
Todas en conjunto buscan la libertad de
los crateres y los manantiales.
En la humanidad aplastada por
los lìmites.
En el trono, el mamifero o el carbòn
sobresaliendo de busquedas azules
donde gira el retorno.
En la ida del sol con ese alfabeto
de sonidos y puas adolescentes.
Cuando sabes que observar puede escribir
pero no tanto como lo que agoniza
en silencio.
En soledad.
En postmodernidades y fàbricas de libidos
rodeadas de albedrìo.
Muertas a centigrados por
la desiluciòn.
Guillermo Paredes Mattos
Como una conciencia, encendiendo el horizonte
de las cùpulas.
Trascendiendo como nombres borrados por
los escalpelos.
Detràs de un alba de mercurio donde muere
apolo.
Y entonces derivan los aires a estribores
de rapsodas.
A un vestibulos de propiedades y caracteristicas
de marionetas.
Todas en conjunto buscan la libertad de
los crateres y los manantiales.
En la humanidad aplastada por
los lìmites.
En el trono, el mamifero o el carbòn
sobresaliendo de busquedas azules
donde gira el retorno.
En la ida del sol con ese alfabeto
de sonidos y puas adolescentes.
Cuando sabes que observar puede escribir
pero no tanto como lo que agoniza
en silencio.
En soledad.
En postmodernidades y fàbricas de libidos
rodeadas de albedrìo.
Muertas a centigrados por
la desiluciòn.
Guillermo Paredes Mattos
El lenguaje del Frìo
El estado no era lunar, pero descencìa del espacio.
La naturaleza juntaba su estirpe -aquella que caìa- para crear.
Luego -lo escrito- era una posiciòn,
una maniobra del arte cuando tropeles y circunstancias
ofrecen papeles...
Obervo el oceano, su silencio es estructural como
una silaba, semejante a un hecho ligado
al vacìo. Y percibo que esa sensaciòn
es inclinaciòn de un halo
el vicio de articos sombreado por la espalda,
antes de convertirse en
concepto.
Mimesis de plomo para aquel
que sueña sobre los iones.
Idiomas de una extrella
dominada por jinetes y balsas.
Nùmeros de ciclos para guiar
a los sueños.
Frente a nosotros la marcha
del corazòn se desvanece
buscando irradiar con su fuerza una plaga
una horda, un cielo de alfiles
comparados con la nieve.
En un invierno llevando lenguajes
de frio en sus corolas.
Guillermo Paredes Mattos
La naturaleza juntaba su estirpe -aquella que caìa- para crear.
Luego -lo escrito- era una posiciòn,
una maniobra del arte cuando tropeles y circunstancias
ofrecen papeles...
Obervo el oceano, su silencio es estructural como
una silaba, semejante a un hecho ligado
al vacìo. Y percibo que esa sensaciòn
es inclinaciòn de un halo
el vicio de articos sombreado por la espalda,
antes de convertirse en
concepto.
Mimesis de plomo para aquel
que sueña sobre los iones.
Idiomas de una extrella
dominada por jinetes y balsas.
Nùmeros de ciclos para guiar
a los sueños.
Frente a nosotros la marcha
del corazòn se desvanece
buscando irradiar con su fuerza una plaga
una horda, un cielo de alfiles
comparados con la nieve.
En un invierno llevando lenguajes
de frio en sus corolas.
Guillermo Paredes Mattos
viernes, 2 de marzo de 2012
Aquel que piensa en Devorarse
Lo ùnico que detiene el verbo, son barajas.
Si tù pudieras repetir mi vida como la experiencia.
Si la experiencia no dejara de condenarme por dedicarse
a mostrar mis escenas, cuando deberìa mostràrme
las suyas.
Si para que esto fuera manifestado, no tuviera que escribir
tan narrativo, en un acto profano, lleno de goletas.
Y esta silla o esta mesa me pudieran golpear, pero màs que
los hombres. De ello puedo deducir, que fakta demasiado
para decir que el dolor es ontologìa.
Un frenesì de mànticos entes, elevando en medianoches
de ruiseñores sus cuerpos.
Un cuerpo es la desolaciòn.
La eqiqueta de esa rampla donde los festines terminan.
Un cuerpo es el cuervo de la vocal mal dicha
de una ilusiòn que anhela y siembra espectativas
para despedazarla.
Entre la experiencia y los hombres despuès
de un diàlogo, lo ùnico que quedaqn son multitudes.
El pelo de las raices, la exploraciòn de
un circunscripto.
El vaya uno a saber.
Si tù pudieras repetir mi vida como la experiencia.
Esa afirmaciòn es absurda y por ello debe ser puesta
en forma.
Lamentablemente.
Eso jamàs sucederà fisicamente.
Fisicàmente es un bombardeo. La barbarie del deseo
en los brocales.
De un anhelo y un sentiemiento de alabastros
asumiendo que un recorrido de Guillermo sucederà
asi no lo quiera.
Lo ùnico que espero es devorarlo.
Guillermo Isaac paredes mattos
Si tù pudieras repetir mi vida como la experiencia.
Si la experiencia no dejara de condenarme por dedicarse
a mostrar mis escenas, cuando deberìa mostràrme
las suyas.
Si para que esto fuera manifestado, no tuviera que escribir
tan narrativo, en un acto profano, lleno de goletas.
Y esta silla o esta mesa me pudieran golpear, pero màs que
los hombres. De ello puedo deducir, que fakta demasiado
para decir que el dolor es ontologìa.
Un frenesì de mànticos entes, elevando en medianoches
de ruiseñores sus cuerpos.
Un cuerpo es la desolaciòn.
La eqiqueta de esa rampla donde los festines terminan.
Un cuerpo es el cuervo de la vocal mal dicha
de una ilusiòn que anhela y siembra espectativas
para despedazarla.
Entre la experiencia y los hombres despuès
de un diàlogo, lo ùnico que quedaqn son multitudes.
El pelo de las raices, la exploraciòn de
un circunscripto.
El vaya uno a saber.
Si tù pudieras repetir mi vida como la experiencia.
Esa afirmaciòn es absurda y por ello debe ser puesta
en forma.
Lamentablemente.
Eso jamàs sucederà fisicamente.
Fisicàmente es un bombardeo. La barbarie del deseo
en los brocales.
De un anhelo y un sentiemiento de alabastros
asumiendo que un recorrido de Guillermo sucederà
asi no lo quiera.
Lo ùnico que espero es devorarlo.
Guillermo Isaac paredes mattos
Subcultura de los Perros
Mientras la lengua logre individualizarse.
Mientras sea esquiva al hombre para morir e
interceptamos con expiaciònes, hablando
de luces, adherièndose a treguas nocturnas
de idolatràs, que frenèticamente espacian
sus objetos con un acto de manivelas
y dirigibles en un velo.
Cuando ese velo, detiene mirras de sables
que asolan los cielos y nacen los veredictos
con efigies que acercànse otoñales, ocultas bajo
un arrobamiento, sintièndose halos, en tonos crepùsculares.
Mientras la sensibilidad agota su gesta
y la brea en ella pierde la direcciòn del asfalto
porque es comùn no alcanzar el botìn de los perros
cuando sus salivas estàn llenas de luces.
Y nosotros vemos columpiarse
el libro de la promiscuidad cuando las paredes
arden en la proporcionalidad del sentido
aquel que mantiene el esqueleto sobre
esquemas que crean un rìo.
En estrùcturas que arrojan toda su vida, incluso
su sombra.
Esa sombra donde empieza entre el remordimiento
la cultura del pensar. El esbozamiento de la idea.
Y esas ideas estàn llenas de saliva.
Es dificil beber de ellas. Pertenecen a
los perros.
Pero estàn llenas de luces.
Guillermo Paredes Mattos
Mientras sea esquiva al hombre para morir e
interceptamos con expiaciònes, hablando
de luces, adherièndose a treguas nocturnas
de idolatràs, que frenèticamente espacian
sus objetos con un acto de manivelas
y dirigibles en un velo.
Cuando ese velo, detiene mirras de sables
que asolan los cielos y nacen los veredictos
con efigies que acercànse otoñales, ocultas bajo
un arrobamiento, sintièndose halos, en tonos crepùsculares.
Mientras la sensibilidad agota su gesta
y la brea en ella pierde la direcciòn del asfalto
porque es comùn no alcanzar el botìn de los perros
cuando sus salivas estàn llenas de luces.
Y nosotros vemos columpiarse
el libro de la promiscuidad cuando las paredes
arden en la proporcionalidad del sentido
aquel que mantiene el esqueleto sobre
esquemas que crean un rìo.
En estrùcturas que arrojan toda su vida, incluso
su sombra.
Esa sombra donde empieza entre el remordimiento
la cultura del pensar. El esbozamiento de la idea.
Y esas ideas estàn llenas de saliva.
Es dificil beber de ellas. Pertenecen a
los perros.
Pero estàn llenas de luces.
Guillermo Paredes Mattos
La Conciencia Poètica
Supòngamos que vivir es decir
-màs no- en superlativo.
Una preparaciòn para lugares donde los huesos
viven desnudos.
No sè, si èsta ùltima metàfora es util
para que mis sienes sigan interceptando el mundo,
el universo.
Ellas se asemejan a un culto que empieza
debajo de un paso y de otro.
Iniciaciòn es una palabra muy semejante a otras
que cantan o mueren bajo instantes -como ahora-
hipotèticamente dormidas.
Es gnostico que nuestra intencionalidad alise esa conciencia
donde el oceano nos detiene.
Semejante a una visiòn del arte.
Escribo èsto porque creo que para vivir aquel
superlativo debe enfrentarse a los animales
que viven en esa conciencia.
Algunos los llaman ideas.
Otros tienen otra palabra para ellos.
La palabra llevada al plural, es demonios.
Guillermo Isaac paredes Mattos
-màs no- en superlativo.
Una preparaciòn para lugares donde los huesos
viven desnudos.
No sè, si èsta ùltima metàfora es util
para que mis sienes sigan interceptando el mundo,
el universo.
Ellas se asemejan a un culto que empieza
debajo de un paso y de otro.
Iniciaciòn es una palabra muy semejante a otras
que cantan o mueren bajo instantes -como ahora-
hipotèticamente dormidas.
Es gnostico que nuestra intencionalidad alise esa conciencia
donde el oceano nos detiene.
Semejante a una visiòn del arte.
Escribo èsto porque creo que para vivir aquel
superlativo debe enfrentarse a los animales
que viven en esa conciencia.
Algunos los llaman ideas.
Otros tienen otra palabra para ellos.
La palabra llevada al plural, es demonios.
Guillermo Isaac paredes Mattos
jueves, 1 de marzo de 2012
El Mar Absoluto
Y cuando escribas, que la poesìa nunca pueda notarlo.
El mar es sòlo una letra.
Se une a otras para comparar el misterio que
existe al conviertese en sìlaba.
El misterio que hay al transformarse en palabra.
Es extraño. Yo tengo aparte de lo mencionado,
una astilla azul como la fatalidad
un diccionario sin alfabetos
el recorrido de la piel cuando logra desdecirse.
Algo sin puntos, como una nube comatosa.
La direcciòn del furor, los palcos de una avenida
batiendo el record de lo inhospito,
la posiciòn a rastras de un poema entendiendo
por laberinto esa funciòn arcana
de lo hialino, ese acto sagrado de
la tempestad, cuando el esplendor
lleva la cita de un epitafio en la arena
esperando que el viento forme
un medano en su superfice.
Un mèdano solitario donde pueda descansar
un hombre.
Frente al mar absoluto.
Guillermo Isaac paredes mattos
El mar es sòlo una letra.
Se une a otras para comparar el misterio que
existe al conviertese en sìlaba.
El misterio que hay al transformarse en palabra.
Es extraño. Yo tengo aparte de lo mencionado,
una astilla azul como la fatalidad
un diccionario sin alfabetos
el recorrido de la piel cuando logra desdecirse.
Algo sin puntos, como una nube comatosa.
La direcciòn del furor, los palcos de una avenida
batiendo el record de lo inhospito,
la posiciòn a rastras de un poema entendiendo
por laberinto esa funciòn arcana
de lo hialino, ese acto sagrado de
la tempestad, cuando el esplendor
lleva la cita de un epitafio en la arena
esperando que el viento forme
un medano en su superfice.
Un mèdano solitario donde pueda descansar
un hombre.
Frente al mar absoluto.
Guillermo Isaac paredes mattos
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