Nadie se sienta en la arena
para escribir de las puertas
Ya que todos los precipicios
dejaron su corazón atrás.
Guillermo Paredes Mattos
jueves, 13 de octubre de 2011
Lo General y lo Violaceo
Con algo tan general como violaceo.
Entre las catapultas de alguna noche rota
por hipotenusas.
Junto al barco manchado de trópicos
y eso tan humano que asciende por los ojos
hasta librar azotes en el mundo,
un ojo de arena.
En estelares libelúlas, donde los altares
disciernen raices de polvo.
Y las aguas escriben del oxigeno errante
de la nieve, aquel que toca sal e invierno.
En lo que concibe.
En la primera sustancia de la creación,
es decir alimentarse de una liendre
y pedirle a la providencia
que la entrene
hasta su llegada a la orilla
ebria como antorcha de veletas colosales
jugando su suerte en las murallas
y los ejemplares.
En las notas invisibles de la desolación,
cuando ésta vibra junto al vertigo
y sus alumnos retratan
el aposento con los astros
de una colina
en el instante que viajan al hidrógeno.
Y todo lo que tenemos que hacer es beber
en una de sus yescas.
Esa es la primera ley para morir
y separarnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Entre las catapultas de alguna noche rota
por hipotenusas.
Junto al barco manchado de trópicos
y eso tan humano que asciende por los ojos
hasta librar azotes en el mundo,
un ojo de arena.
En estelares libelúlas, donde los altares
disciernen raices de polvo.
Y las aguas escriben del oxigeno errante
de la nieve, aquel que toca sal e invierno.
En lo que concibe.
En la primera sustancia de la creación,
es decir alimentarse de una liendre
y pedirle a la providencia
que la entrene
hasta su llegada a la orilla
ebria como antorcha de veletas colosales
jugando su suerte en las murallas
y los ejemplares.
En las notas invisibles de la desolación,
cuando ésta vibra junto al vertigo
y sus alumnos retratan
el aposento con los astros
de una colina
en el instante que viajan al hidrógeno.
Y todo lo que tenemos que hacer es beber
en una de sus yescas.
Esa es la primera ley para morir
y separarnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
martes, 11 de octubre de 2011
Oración de Apolo
No tengo una razón para este amanecer.
Tampoco para aquel rostro que se borra
en una decisión, junto con él.
Nunca entendí las cosas del entendimiento,
por ejemplo la ráfaga que sin transpasar un animal
sigue viviendo.
Percibí -como hoy- que todo sigue desvaneciendose.
El planear del ave lo escribe en el aire.
Y para vivir
Eso es suficiente.
Guillermo Isaac paredes mattos
Tampoco para aquel rostro que se borra
en una decisión, junto con él.
Nunca entendí las cosas del entendimiento,
por ejemplo la ráfaga que sin transpasar un animal
sigue viviendo.
Percibí -como hoy- que todo sigue desvaneciendose.
El planear del ave lo escribe en el aire.
Y para vivir
Eso es suficiente.
Guillermo Isaac paredes mattos
lunes, 10 de octubre de 2011
Las Anclas del Lenguaje
Si el misterio dejara un ala roja llena de remordimientos.
Si al lado formàranse constelaciones sin fuego
y la primera llama concluyera que lo divino es
sòlo un ancla llena de rituales.
Aquellas que se engarzan en el cuello.
Y nuestro cuello divisara un lugar donde pudieran
someterse a la nada, todo aquello que esa ancla desata.
Si tù no pudieras compararme dentro de tus equilibrios
y mi corzaòn repitiera que en el interior
del libro las silabas que nunca tienen la eternidad
como palabra.
Y la palabra dibujara esa ancla con cinco movimientos
con un lègado de miedo o brùlula.Y esos movimientos
no fueran màs que curvas y direcciones
que a veces son ajenas a todo
lo que en ellas sucede.
Aym si una palabra se descubriera linguista.
Filosofo del sol.
Palabra griega del estuario.
Donde otros idiomas, donde un ancla llegan para beber
se sus cenizas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Si al lado formàranse constelaciones sin fuego
y la primera llama concluyera que lo divino es
sòlo un ancla llena de rituales.
Aquellas que se engarzan en el cuello.
Y nuestro cuello divisara un lugar donde pudieran
someterse a la nada, todo aquello que esa ancla desata.
Si tù no pudieras compararme dentro de tus equilibrios
y mi corzaòn repitiera que en el interior
del libro las silabas que nunca tienen la eternidad
como palabra.
Y la palabra dibujara esa ancla con cinco movimientos
con un lègado de miedo o brùlula.Y esos movimientos
no fueran màs que curvas y direcciones
que a veces son ajenas a todo
lo que en ellas sucede.
Aym si una palabra se descubriera linguista.
Filosofo del sol.
Palabra griega del estuario.
Donde otros idiomas, donde un ancla llegan para beber
se sus cenizas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
viernes, 7 de octubre de 2011
El Caos de los Huesos y la Carne
En este instante de piedra.
Bajo las columnas o el tiempo que logra derramàrse
sobre nosotros.
En los remordimientos de la creaciòn, ya que dejar caer
el tiempo entre los hombres no està en los planes de nadie.
Nadie tambièn lleva el nombre inspirado.
Los cometas que podemos nombrar
entre capitulos de inspiraciòn.
Cuando èsta se separa de si misma.
En el momento que se supera sin saber que camina
hacia el desastre.
Cuando los mànticos libros de la premeditaciòn
desmienten miles de principios.
Y vacilantes atravesamos un amarillo desvanecièndose.
Un hombre caminando entre sus huesos.
A dònde habrà ido su carne preguntan
los cometas.
Esa pregunta debiò haber sido nuestra.
Ahora cuando el mar deja sus coronas al
entendimiento.
Y entre lo posible la contradicciòn observa
como el lugar de su contrario es tomado
por lo inasible.
Y lo inasible desbòrdase.
Pues su espìritu no logra mantenerse mucho
tiempo en el lugar opuesto.
Y muere -llevado por el caos- entre la carne,
debajo de los huesos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Bajo las columnas o el tiempo que logra derramàrse
sobre nosotros.
En los remordimientos de la creaciòn, ya que dejar caer
el tiempo entre los hombres no està en los planes de nadie.
Nadie tambièn lleva el nombre inspirado.
Los cometas que podemos nombrar
entre capitulos de inspiraciòn.
Cuando èsta se separa de si misma.
En el momento que se supera sin saber que camina
hacia el desastre.
Cuando los mànticos libros de la premeditaciòn
desmienten miles de principios.
Y vacilantes atravesamos un amarillo desvanecièndose.
Un hombre caminando entre sus huesos.
A dònde habrà ido su carne preguntan
los cometas.
Esa pregunta debiò haber sido nuestra.
Ahora cuando el mar deja sus coronas al
entendimiento.
Y entre lo posible la contradicciòn observa
como el lugar de su contrario es tomado
por lo inasible.
Y lo inasible desbòrdase.
Pues su espìritu no logra mantenerse mucho
tiempo en el lugar opuesto.
Y muere -llevado por el caos- entre la carne,
debajo de los huesos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
jueves, 6 de octubre de 2011
Los Verbos de la Sangre
Los animales cubren la noche con
un verbo.
Un verbo que abre sus venas tanto como
sus entrañas
bajo una aurora de ìdolos.
Una visiòn de ìdolos entre la
sangre vibra en ellos. El pulso sigue perteneciendo
a la divinidad.
A esa belleza de sangre involucrando un tiempo
donde lo milenario despierta la desesperaciòn
como si tratàrase del veneno.
De una historia ancestral
cubriendo de laberintos
lo que resta de la magia
de esa prosa con ensenadas de maldiciòn
porque la experiencia de su sangre
es otra caida.
Pero hoy los animales citan purificaciones.
Un mito de vortices
citando sus espinas.
Riendas de un corazòn abierto por los cielos
de la noche anhelando su inocencia.
Sacerdotes y piedras de bailarines,
monarquìas de altares donde el agua
se confunde con un rojo ebrio de predicciones
y zafiros...Sobre esos montoneros sublevase
el final de un nictàlope con rostro de museo.
Y el horizonte planea, borra, desaparece
aquello que el universo no puede representar
entre las venas.
Un dios olvidado. Ancestral, hoy desconocido
por los verbos de mi sangre.
Guillermo Isaac paredes mattos
un verbo.
Un verbo que abre sus venas tanto como
sus entrañas
bajo una aurora de ìdolos.
Una visiòn de ìdolos entre la
sangre vibra en ellos. El pulso sigue perteneciendo
a la divinidad.
A esa belleza de sangre involucrando un tiempo
donde lo milenario despierta la desesperaciòn
como si tratàrase del veneno.
De una historia ancestral
cubriendo de laberintos
lo que resta de la magia
de esa prosa con ensenadas de maldiciòn
porque la experiencia de su sangre
es otra caida.
Pero hoy los animales citan purificaciones.
Un mito de vortices
citando sus espinas.
Riendas de un corazòn abierto por los cielos
de la noche anhelando su inocencia.
Sacerdotes y piedras de bailarines,
monarquìas de altares donde el agua
se confunde con un rojo ebrio de predicciones
y zafiros...Sobre esos montoneros sublevase
el final de un nictàlope con rostro de museo.
Y el horizonte planea, borra, desaparece
aquello que el universo no puede representar
entre las venas.
Un dios olvidado. Ancestral, hoy desconocido
por los verbos de mi sangre.
Guillermo Isaac paredes mattos
La Silueta de las Cosas
Hoy veré el amanecer.
Muchos dioses no podrán saberlo.
Ya que sólo uno me acompañará.
No sé si estaré listo para preguntar.
Una pregunta suele ser una flor vacía.
Tampoco sé, si llegaré al final del río
a la luna...ese antiguo lugar donde
nació el entendemiento. Mi entendimiento.
Hoy estaré convencido de muy pocas cosas.
Viviré bajo las mismas condiciones que la vida
ante la naturaleza.
Hoy acompañaré al amanecer.
Ninguna persona debe despertar por ello.
El ser en ellos no se transformará en pápiro.
Y en ese momento comprenderá
que el universo no es siempre azul de ingenio.
Seré celeste -como mis manos-
Volveré a aprender de todo aquello a lo cual
renuncié alguna vez.
Las turbas serán aladas y exactas gramáticas.
Una condición. Un lamento casi, donde el alma
respira entre las cosas.
Hoy descubriré que las cosas no poseen
palabras.
Que la arena es acustica.
Sus orillas están llenas de travesaños.
Y tendré que afirmarlo finalmente
-será una manera de afirmarme -
son las cosas y no el hombre las que reinan
entre ellas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Muchos dioses no podrán saberlo.
Ya que sólo uno me acompañará.
No sé si estaré listo para preguntar.
Una pregunta suele ser una flor vacía.
Tampoco sé, si llegaré al final del río
a la luna...ese antiguo lugar donde
nació el entendemiento. Mi entendimiento.
Hoy estaré convencido de muy pocas cosas.
Viviré bajo las mismas condiciones que la vida
ante la naturaleza.
Hoy acompañaré al amanecer.
Ninguna persona debe despertar por ello.
El ser en ellos no se transformará en pápiro.
Y en ese momento comprenderá
que el universo no es siempre azul de ingenio.
Seré celeste -como mis manos-
Volveré a aprender de todo aquello a lo cual
renuncié alguna vez.
Las turbas serán aladas y exactas gramáticas.
Una condición. Un lamento casi, donde el alma
respira entre las cosas.
Hoy descubriré que las cosas no poseen
palabras.
Que la arena es acustica.
Sus orillas están llenas de travesaños.
Y tendré que afirmarlo finalmente
-será una manera de afirmarme -
son las cosas y no el hombre las que reinan
entre ellas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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