miércoles, 10 de agosto de 2011
Constelaciòn Dorsal
Soy dorsal como una abreviatura
alerta ante si misma.
Una abreviatura avezada como un bajamar
erguido como una ola entre las zanjas.
Sopesado por bajeles.
Asolado por un flujo de abalorios
donde una bastòn
abre badenes constelàndose en una mesa
para que la fortuna del diluvio
los recorra.
Nunca pude ascender, elevarme
como un proyectil soñando el escarnio.
Fuì trivialcomo el arqueo, un contoneo
nada màs, donde el vaivèn era el aura
del monòlogo en la cosa y pedì prestado
al ente un dorado pentateuco
lleno de plagas y exodos maravillosos.
Siempre busquè el caos.
Su sed ininterrupida
-descubrì- era otra abreviatura
y èsta una garrocha que recogìa equilibristas
cada noche de los huertos
tropezando siempre en sus huertos,
por ello jamàs hablo de sus galerìas.
Fuì abreviado por èstas
y si las castas son de àrboles
el bàlago del acervo hunde desigualdades
y muros, depresionas y puntas
de articulaciones, fàbulas ortopèdicas
donde los arrecifes y yo creìamos
que todo era dosel, pabellòn
de balsas tullidas,
almadìas de escaños inutiles
donde olvidàmos para siempre.
En una ciènaga de trascendencias.
En una plaga donde el mito
nunca logra desenterrar
lo inefable.
Sòlo lo crea.
Guillermo Isaac paredes mattos
sábado, 6 de agosto de 2011
La Experiencia del Poema
Solo y élástico en su lecho, entre
cavernas que parecen resistir en él.
Luego una llegada vólátil
una aurora de grietas y crestas
en el vagón de sus pupilas
buscándo en su mirada
la sintesis.
Práctico a veces
llenando de expresiones los dedos,
fenomenólogo de crispaciones,
antónima observación
precedida de asteriscos
donde nos fulminan sus halos.
Escolta de velorios
Recordando que toda cacería
eleva extrañada su cuerpo, acertijo
del contenido, tú, abadengo que creíste
que ser iluminado significaba
precipitarse.
Portaestándantes de iris, desaliñado
a largo plazo, mirada del hoy sin renuncias
sin rehenes, cortando la huida, el espejo
del flabelo, al juramento pulido,
abrillantado
en los ciclos del aborto,
cuando el mundo da grotezcos llamados
de circunciciones.
Y todo lo que sigue es relativo a
los eclipses.
Seco y arbitrario
como un puente.
Guillermo isaac paredes mattos
cavernas que parecen resistir en él.
Luego una llegada vólátil
una aurora de grietas y crestas
en el vagón de sus pupilas
buscándo en su mirada
la sintesis.
Práctico a veces
llenando de expresiones los dedos,
fenomenólogo de crispaciones,
antónima observación
precedida de asteriscos
donde nos fulminan sus halos.
Escolta de velorios
Recordando que toda cacería
eleva extrañada su cuerpo, acertijo
del contenido, tú, abadengo que creíste
que ser iluminado significaba
precipitarse.
Portaestándantes de iris, desaliñado
a largo plazo, mirada del hoy sin renuncias
sin rehenes, cortando la huida, el espejo
del flabelo, al juramento pulido,
abrillantado
en los ciclos del aborto,
cuando el mundo da grotezcos llamados
de circunciciones.
Y todo lo que sigue es relativo a
los eclipses.
Seco y arbitrario
como un puente.
Guillermo isaac paredes mattos
jueves, 4 de agosto de 2011
Contradicciòn Algebràica
Para escribir del desierto, no hace falta imaginaciòn.
Sòlo basta un desierto.
No son necesarias las dudas. No la realidad.
Tampoco los vellocinos ni los animales.
Hay que elmiminar los griales, dan un tinte religioso.
Todas èstas cosas llenan de elementos un poema.
Y ello no debe suceder con aquel
se escribe.
Que dicta su corazòn por si mismo.
Que nos mira y nos malinterpreta
aguardandonos en el portal de una esquina
donde termina una vereda, sin grados ni àngulos
pues su matemàtica ya nada puede decirnos.
Y todo desierto es algebraico.
Los tridentes juegan en èl sin poder devastarlo.
Finalmente los tridentes se preparan
para dejar morir su vida en èl.
Para escribir no hace falta nada, sòlo
la escritura, una que no pueda versar
que se alimente de carne o pieles
que viajan como el aceite
en un aliento dormido
en la criatura.
Cuando èste piensa.
Cuando èste sigue llenàndose de elementos.
Pensando que puede introducir alguno
-quizà como una metàfora-
en aquello escrito.
Hay que mirarlo muy bien.
Por principio, el poema abre
la dialèctica de las contradicciones.
Como un universo seguro.
Tan seguro que en èl podriamos morirnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Sòlo basta un desierto.
No son necesarias las dudas. No la realidad.
Tampoco los vellocinos ni los animales.
Hay que elmiminar los griales, dan un tinte religioso.
Todas èstas cosas llenan de elementos un poema.
Y ello no debe suceder con aquel
se escribe.
Que dicta su corazòn por si mismo.
Que nos mira y nos malinterpreta
aguardandonos en el portal de una esquina
donde termina una vereda, sin grados ni àngulos
pues su matemàtica ya nada puede decirnos.
Y todo desierto es algebraico.
Los tridentes juegan en èl sin poder devastarlo.
Finalmente los tridentes se preparan
para dejar morir su vida en èl.
Para escribir no hace falta nada, sòlo
la escritura, una que no pueda versar
que se alimente de carne o pieles
que viajan como el aceite
en un aliento dormido
en la criatura.
Cuando èste piensa.
Cuando èste sigue llenàndose de elementos.
Pensando que puede introducir alguno
-quizà como una metàfora-
en aquello escrito.
Hay que mirarlo muy bien.
Por principio, el poema abre
la dialèctica de las contradicciones.
Como un universo seguro.
Tan seguro que en èl podriamos morirnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
martes, 2 de agosto de 2011
El Jardìn de los Tuertos
Recuerdo la vocal del paradero.
La narración de una efigie.
Esa dinámica cuyas galaxias
se exterminan sobredimensionadas
por el brillo.
Por un jardín de barníz
y pulsos botánicos.
Recuerdo. Una imagen de escribas
ayunando.
El puerto de un anciano.
Ese tropel de la providencia en la
escama. También auras, lo hago
para confirmar
que antes de toda sentencia en ellas
vivió un tuerto.
Uno que jamás pudo dormir.
Uno que a voluntad del hado y espejismos,
descifró sólo un ángulo.
Lo recuerdo sobre todo por mí.
Por mis pOcas y tanTas palabras.
Por ese barco paseando alrededor de su cabeza.
No sé si sigue cubriendo vueltas.
Si gira aún como un torno.
Procaz cual liendre acompañada
de una gripe.
Mortal como la mestruación o
la experiencia.
Lápidas de graznidos sobre la
compulsión.
Nordicas epilepsias redondeando la
faena de mi fé.
Me veo tan lejano de esa estrella
que debería caer de la tierra, perderme
de toda gravedad, pero recuerdo.
Recuérdome sinóptico.
Hecho sin espacios de verbo.
Con una rima de catalinas donde la rima
sesgaba su frecuencia.
Con la mimesis borrosa de los acertijos
escribiéndo que el hombre al dormir
es otro tipo de amenaza.
Antiguedad de voliciones.
La mitología conoce en el manantial
otro cuerpo.
Y ese cuerpo irradia
un equilatero latrocinio,
la formación de una puerta
que nada atraviesa.
Pero éste poema habló
de algún tuerto.
Y al mirarlo sus ojos no pueden
engañarme.
El en secreto lo hace.
La narración de una efigie.
Esa dinámica cuyas galaxias
se exterminan sobredimensionadas
por el brillo.
Por un jardín de barníz
y pulsos botánicos.
Recuerdo. Una imagen de escribas
ayunando.
El puerto de un anciano.
Ese tropel de la providencia en la
escama. También auras, lo hago
para confirmar
que antes de toda sentencia en ellas
vivió un tuerto.
Uno que jamás pudo dormir.
Uno que a voluntad del hado y espejismos,
descifró sólo un ángulo.
Lo recuerdo sobre todo por mí.
Por mis pOcas y tanTas palabras.
Por ese barco paseando alrededor de su cabeza.
No sé si sigue cubriendo vueltas.
Si gira aún como un torno.
Procaz cual liendre acompañada
de una gripe.
Mortal como la mestruación o
la experiencia.
Lápidas de graznidos sobre la
compulsión.
Nordicas epilepsias redondeando la
faena de mi fé.
Me veo tan lejano de esa estrella
que debería caer de la tierra, perderme
de toda gravedad, pero recuerdo.
Recuérdome sinóptico.
Hecho sin espacios de verbo.
Con una rima de catalinas donde la rima
sesgaba su frecuencia.
Con la mimesis borrosa de los acertijos
escribiéndo que el hombre al dormir
es otro tipo de amenaza.
Antiguedad de voliciones.
La mitología conoce en el manantial
otro cuerpo.
Y ese cuerpo irradia
un equilatero latrocinio,
la formación de una puerta
que nada atraviesa.
Pero éste poema habló
de algún tuerto.
Y al mirarlo sus ojos no pueden
engañarme.
El en secreto lo hace.
lunes, 1 de agosto de 2011
La poesìa y los Tiestos
Conocimos la hoja bajo aquello beduino.
Los arabes dormian cerca de la playa
con un labeinto en los ojos, idèntico al desierto.
Descòlgabamos lexicos sin titulos.
Ante ello situamos que la distancia no es
siempre lo que la define o puede definirlo.
Desde un titànico suspenso ligado a los
gigantes, pudimos deducirla...
Y llamamos fracaso a esos territorios.
Fuimos una corriente, la intensidad
de metàlicos fascìculos.
La burocracia de los muccines
era todo el silencio para nosotros.
Semejante a un escrito, logramos
fìnàlmente escribir desde el lenguaje
tan sugestivos como una tiniebla
examinamos aspectos
que sòlo un incendio reclina en sus brasas
y apuntamos a centurias
a reinvindicaciones de composiciòn familiar
llena de alrededores.
Eras de incursiones que hoy repetimos
bajo la coherencia de una isla.
Alistando su espìritu.
Los gallardetes de su corazòn.
Su unidad encajando en un sueño.
Apuntalada sobre acertijos
de lìrica hipocrecia.
Como un vahido.
A veces como un beso.
Uno poètico, cayendo de los tiestos.
Guillermo isaac paredes mattos
Los arabes dormian cerca de la playa
con un labeinto en los ojos, idèntico al desierto.
Descòlgabamos lexicos sin titulos.
Ante ello situamos que la distancia no es
siempre lo que la define o puede definirlo.
Desde un titànico suspenso ligado a los
gigantes, pudimos deducirla...
Y llamamos fracaso a esos territorios.
Fuimos una corriente, la intensidad
de metàlicos fascìculos.
La burocracia de los muccines
era todo el silencio para nosotros.
Semejante a un escrito, logramos
fìnàlmente escribir desde el lenguaje
tan sugestivos como una tiniebla
examinamos aspectos
que sòlo un incendio reclina en sus brasas
y apuntamos a centurias
a reinvindicaciones de composiciòn familiar
llena de alrededores.
Eras de incursiones que hoy repetimos
bajo la coherencia de una isla.
Alistando su espìritu.
Los gallardetes de su corazòn.
Su unidad encajando en un sueño.
Apuntalada sobre acertijos
de lìrica hipocrecia.
Como un vahido.
A veces como un beso.
Uno poètico, cayendo de los tiestos.
Guillermo isaac paredes mattos
Mensajes Teofìsicos
Furiosas formas del idioma.
El tacto gnostico de mordazas, obeliscos o crines
sitiados por yelmos
de conspiraciòn divina.
Asi lo divino cuelga sus rieles.
Su marca de insurgencia, relente de metales
por reflexiòn, por estribillo
de elìpticos dogmas
deshilachando lumbres.
Inviernos de pergaminos
donde los faros despiertan archipielagos
y socavones de carbòn dominan nuestra campaña...
nuestra estatura de limòn
en los pòlumos, la flota màs amarilla de àngeles
en las praderas.
Curva la lìnea su explanada
de final sin orbe,
la descripciòn exterminando
arpègicos detalles
intencionalmente liberados por
todo mi paganismo.
Por allendes monasterios donde la tradiciòn
despierta sus ritos.
Y yo como hombre de idolos y de ritos.
Apago en ellos mensajes teofìsicos.
Guillermo Isaac paredes mattos
El tacto gnostico de mordazas, obeliscos o crines
sitiados por yelmos
de conspiraciòn divina.
Asi lo divino cuelga sus rieles.
Su marca de insurgencia, relente de metales
por reflexiòn, por estribillo
de elìpticos dogmas
deshilachando lumbres.
Inviernos de pergaminos
donde los faros despiertan archipielagos
y socavones de carbòn dominan nuestra campaña...
nuestra estatura de limòn
en los pòlumos, la flota màs amarilla de àngeles
en las praderas.
Curva la lìnea su explanada
de final sin orbe,
la descripciòn exterminando
arpègicos detalles
intencionalmente liberados por
todo mi paganismo.
Por allendes monasterios donde la tradiciòn
despierta sus ritos.
Y yo como hombre de idolos y de ritos.
Apago en ellos mensajes teofìsicos.
Guillermo Isaac paredes mattos
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