El cielo estrellado sobre mí.
Kant
Ví que una cabellera
dirigía a los plásticos
y los bosques eran de petróleo.
Llame a esa arrogancia
debilidad de arena, la huida funebre
de un tripulante. Imitándose luctuoso.
Puse fín a mi mismo.
Con agitación de guardaespalda y forastero
caminé rabioso a una de mis trampas,
aquella uniéndo todos mis engaños.
Vuelvo a esa experiencia ahora que
la luna replica meridianos.
Que al cruzar el tiempo
mis anagogías son sóplo religaciones.
Regreso al sino trabando mis pedazos
postreros.
Frente a mi corazón los dibujos parecen
animados por la voluntad.
Pero éste poniente no es el mío.
El devenir - ese que vimos- se derrama
sobre la miseria de los talismanes.
Los horóscopos dejan su estirpe al suceso.
Las temporadas han callado.
La vida arranca demonios de la niebla sin decirme
en que lugar yerran hoy.
Sentado ante la inmensidad puedo oirlo.
Sin ningún miedo
a la locura.
Guillermo isaac paredes mattos
jueves, 16 de junio de 2011
miércoles, 15 de junio de 2011
El Diametro Rebelde
Un poema imprime notas de admiraciòn
noches de nubarrones.
Es percusiòn.
Dulzura moral donde la ètica
abre su asombro.
Un asombro de anapesto.
La transparencia de tardìos sistemas.
El regimen donde equilibrios
de turbulencia vuelvfen elegiacos.
El poema es una càbala de diametro rebelde.
Pero sigue creando.
Abre dormidas repùblicas de astros
en una cùpula
en gorjeos de brillos multitudinarios
y alados vejàmenes.
Asi parece inmolarse.
Asi abre a la ruta un cirro que
tambièn escribe.
Una flota de sal que honra.
Un violento paraiso donde solamente
se llora.
Guillermo isaac paredes mattos
noches de nubarrones.
Es percusiòn.
Dulzura moral donde la ètica
abre su asombro.
Un asombro de anapesto.
La transparencia de tardìos sistemas.
El regimen donde equilibrios
de turbulencia vuelvfen elegiacos.
El poema es una càbala de diametro rebelde.
Pero sigue creando.
Abre dormidas repùblicas de astros
en una cùpula
en gorjeos de brillos multitudinarios
y alados vejàmenes.
Asi parece inmolarse.
Asi abre a la ruta un cirro que
tambièn escribe.
Una flota de sal que honra.
Un violento paraiso donde solamente
se llora.
Guillermo isaac paredes mattos
La Sed de la Arena
No sabemos que decirle al nombre cuando se aleja.
Nunca buscàmos esa conciencia donde el aire vuelve
a la vida convertido en mañana, ciencia del azul,
piastra de verde conmemorando un muerto, una hoja
donde la vida intentò conmovernos igual al verbo.
No conocemos el extasis que caerà con un copo
o la primera miseria llegando de otros ojos,
semejante a un lamento sin besos, recorriendo
las agujas del reloj en sentido contrario,
mostràndonos asi lo terrible de un dìa
el canto màs maligno del ayer sobre las manos
aquel ante el cual vacilamos, aquel inerranable
y por ende màs facil de agonizar en las ojeras.
Somos dos veces la opciòn del màstil
sobre los estuarios, una cabaña de arena
en nuestras bocas aùn gira ante el desprecio
y caminamos por ese sendero sin aguardar
una estela, sòlo caminamos, sòlo vibramos
apenas cerramos nuestra visiòn, hasta
enterrarla en el barro. Como un calibre
de arenas hundiendo las orillas, el vacìo
del temor, los precipicios del salmo.
Nunca comprendemos, nuestro interpretar
està sobre el ruido buscando una fonètica
que devuelva un hilo de futuros, un presente
dominado por campos de sonidos, construyendo
una rama de libros desconocidos.
Donde el universo es un manantial
y no la sed de la arena.
Guillermo isaac paredes mattos
Nunca buscàmos esa conciencia donde el aire vuelve
a la vida convertido en mañana, ciencia del azul,
piastra de verde conmemorando un muerto, una hoja
donde la vida intentò conmovernos igual al verbo.
No conocemos el extasis que caerà con un copo
o la primera miseria llegando de otros ojos,
semejante a un lamento sin besos, recorriendo
las agujas del reloj en sentido contrario,
mostràndonos asi lo terrible de un dìa
el canto màs maligno del ayer sobre las manos
aquel ante el cual vacilamos, aquel inerranable
y por ende màs facil de agonizar en las ojeras.
Somos dos veces la opciòn del màstil
sobre los estuarios, una cabaña de arena
en nuestras bocas aùn gira ante el desprecio
y caminamos por ese sendero sin aguardar
una estela, sòlo caminamos, sòlo vibramos
apenas cerramos nuestra visiòn, hasta
enterrarla en el barro. Como un calibre
de arenas hundiendo las orillas, el vacìo
del temor, los precipicios del salmo.
Nunca comprendemos, nuestro interpretar
està sobre el ruido buscando una fonètica
que devuelva un hilo de futuros, un presente
dominado por campos de sonidos, construyendo
una rama de libros desconocidos.
Donde el universo es un manantial
y no la sed de la arena.
Guillermo isaac paredes mattos
sábado, 11 de junio de 2011
Melodía para la Obsidiana
No hay muchas cosas donde aferrarse.
Un ave de sombra, una figura de límites,
la caricia de obsidiana en el alabastro,
no hay un lugar de donde tomarse,
cuando el mundo crea las cosas imposibles
para mí y pregunto, sólo me queda preguntar
por la savia, por la muerte de linfas y elixires.
Soy un mediano animal, carnivoro y antiguo
como el ópalo, intenté buscar mi corazón
intenté sembrar mi espíritu, envié mensajes
a todos los símbolos que viajaban a la luna
por más que nunca encontré una botella.
Ahora sé que jamás habrá respuesta.
Lo extraño es que la poesía nunca me lo dijo.
Lo misterioso es que lo guardo en sus probetas.
Hubiera querido derramarme sobre todo lo que
no era fonética.
Insultado a los cometas de mi barrio, sobre todo
aquellos que nunca elevaron sus alas.
Pero fuí un hombre que se quedo dormido un otoño
pensando que ello me conduciría a la naturaleza.
Escribí y escribí, lo cual no es más que otra enfermedad,
la cara oculta del otro. El lado oscuro de la piel
y la carne, atiborradas de orbitas podridas.
No existe sólo un mundo, éste es una pronunciación
de la realidad o un ente, una de tantas- llenándolo de máquinas,
de remordimientos, de escrúpulos con las manos abiertas,
tal y exactamente como posee la ira.
Amé roquedales, concerté con medanos, dí la vuelta
a mi rostro con un arte de tinieblas y un fondo
observaba con una soledad diplomatica.
Sucia como una constelación.
Como el vientre de una nebulosa.
Igual a una vena de prados abierta
por un diente.
O un herida - la más extraña- esas que sólo
pueden dejar en el alma una melodía
de obsidiana.
Guillermo isaac paredes mattos
Un ave de sombra, una figura de límites,
la caricia de obsidiana en el alabastro,
no hay un lugar de donde tomarse,
cuando el mundo crea las cosas imposibles
para mí y pregunto, sólo me queda preguntar
por la savia, por la muerte de linfas y elixires.
Soy un mediano animal, carnivoro y antiguo
como el ópalo, intenté buscar mi corazón
intenté sembrar mi espíritu, envié mensajes
a todos los símbolos que viajaban a la luna
por más que nunca encontré una botella.
Ahora sé que jamás habrá respuesta.
Lo extraño es que la poesía nunca me lo dijo.
Lo misterioso es que lo guardo en sus probetas.
Hubiera querido derramarme sobre todo lo que
no era fonética.
Insultado a los cometas de mi barrio, sobre todo
aquellos que nunca elevaron sus alas.
Pero fuí un hombre que se quedo dormido un otoño
pensando que ello me conduciría a la naturaleza.
Escribí y escribí, lo cual no es más que otra enfermedad,
la cara oculta del otro. El lado oscuro de la piel
y la carne, atiborradas de orbitas podridas.
No existe sólo un mundo, éste es una pronunciación
de la realidad o un ente, una de tantas- llenándolo de máquinas,
de remordimientos, de escrúpulos con las manos abiertas,
tal y exactamente como posee la ira.
Amé roquedales, concerté con medanos, dí la vuelta
a mi rostro con un arte de tinieblas y un fondo
observaba con una soledad diplomatica.
Sucia como una constelación.
Como el vientre de una nebulosa.
Igual a una vena de prados abierta
por un diente.
O un herida - la más extraña- esas que sólo
pueden dejar en el alma una melodía
de obsidiana.
Guillermo isaac paredes mattos
Canción de Mar
Yo tengo una canción para el mar y está hecha de fuego,
de caricias que sólo son presentimientos, de barcos
que se convierten en presagios.
Mis navíos sólo llevan plagas entre sus voces
aquí hasta este corazón que me da el soplo se ahoga.
El universo que amó la vida, es el que he condenado
y subversivo en el ala del cometa, giro en el yelmo como brillo,
en la conquista mas cara del cielo, en el anhelo que ofrece
su soledad a la tierra. Luego el horizonte, las ciudades de un pacto
con el agua y el devenir de esta fragua donde cae, donde un reino
ilumina manantiales de sombras, celestes tinieblas como el viento
o el cefiro que clama porque la tempestad nace con una gota de lluvia.
Yo tengo un rocío para mi soledad de campanas
y yerro en la aurora buscando calles vacías, árboles
donde cuelgan los caballos su mirada de sangre,
su balcón de luna, su juglar de astro, hay cielos que se van
pero en mis venas he conservado los míos
y mis brújulas suceden en páginas de colores
derramándose en mareas, en alas de sirenas
en tripulántes de esferas perdonando racimos
esperas como la corteza de un árbol o la veleidad
de una muralla rota por la estrella.
Amor tú que impregnas de vanidad cada cielo
tú que derramas tus lágrimas dentro de mis venas
para que no pueda escuchar los himnos de tu dolor,
acercate esta noche a mis labios
mi cuerpo esta tendido en la orilla esperando una marea,
porque yo tengo una canción para el mar
y esta hecha de fuego.
2003
Guillermo paredes mattos
de caricias que sólo son presentimientos, de barcos
que se convierten en presagios.
Mis navíos sólo llevan plagas entre sus voces
aquí hasta este corazón que me da el soplo se ahoga.
El universo que amó la vida, es el que he condenado
y subversivo en el ala del cometa, giro en el yelmo como brillo,
en la conquista mas cara del cielo, en el anhelo que ofrece
su soledad a la tierra. Luego el horizonte, las ciudades de un pacto
con el agua y el devenir de esta fragua donde cae, donde un reino
ilumina manantiales de sombras, celestes tinieblas como el viento
o el cefiro que clama porque la tempestad nace con una gota de lluvia.
Yo tengo un rocío para mi soledad de campanas
y yerro en la aurora buscando calles vacías, árboles
donde cuelgan los caballos su mirada de sangre,
su balcón de luna, su juglar de astro, hay cielos que se van
pero en mis venas he conservado los míos
y mis brújulas suceden en páginas de colores
derramándose en mareas, en alas de sirenas
en tripulántes de esferas perdonando racimos
esperas como la corteza de un árbol o la veleidad
de una muralla rota por la estrella.
Amor tú que impregnas de vanidad cada cielo
tú que derramas tus lágrimas dentro de mis venas
para que no pueda escuchar los himnos de tu dolor,
acercate esta noche a mis labios
mi cuerpo esta tendido en la orilla esperando una marea,
porque yo tengo una canción para el mar
y esta hecha de fuego.
2003
Guillermo paredes mattos
EL Nombre de los Druidas
Algùn fenòmeno, siempre intelectual.
Una emotiva herencia del tèmpano.
La materia con la cual edificamos una estalactita.
Lo evanescente como un asteroide.
La referencia a la gresca y esa puntualidad
de una casta al aplastar los clanes.
El sesgo del apogeo cuando miente al corazòn
y un presentimiento radica funebre
como una corazonada junto al sequito
del diàlogo.
El idilico diafragma.
Los vacìos pulmones del desierto.
Un palco donde nuestros hàbitos atraviesan
las ramplas y otros pares de carnosidad.
Las nubes del ejercicio mortal.
El velo del pròlogo errante como mi burocracia.
El compromiso de mi subjetividad
-en absoluto esquizofrenica-
con pàjaros que elaboran un siglo
un enconado cemento de papel
una cursilerìa en èpocas doradas llenas de
liturgìa, iguales a una sacristìa sin tendencias
y armas de revelaciòn con turbas profeticas.
Un neoplasico ultraje.
Un proverbio de laminas.
Ese tan ajeno expediente.
Expediente oral donde todos mis respiros
son antropomòrficos.
Segados sòlo por un devenir
lleno de druidas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Una emotiva herencia del tèmpano.
La materia con la cual edificamos una estalactita.
Lo evanescente como un asteroide.
La referencia a la gresca y esa puntualidad
de una casta al aplastar los clanes.
El sesgo del apogeo cuando miente al corazòn
y un presentimiento radica funebre
como una corazonada junto al sequito
del diàlogo.
El idilico diafragma.
Los vacìos pulmones del desierto.
Un palco donde nuestros hàbitos atraviesan
las ramplas y otros pares de carnosidad.
Las nubes del ejercicio mortal.
El velo del pròlogo errante como mi burocracia.
El compromiso de mi subjetividad
-en absoluto esquizofrenica-
con pàjaros que elaboran un siglo
un enconado cemento de papel
una cursilerìa en èpocas doradas llenas de
liturgìa, iguales a una sacristìa sin tendencias
y armas de revelaciòn con turbas profeticas.
Un neoplasico ultraje.
Un proverbio de laminas.
Ese tan ajeno expediente.
Expediente oral donde todos mis respiros
son antropomòrficos.
Segados sòlo por un devenir
lleno de druidas.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
viernes, 10 de junio de 2011
El Corazòn del Poema
Hay anècdotas que renacen y el iris.
Vacilaciones escènicas como el colapso.
Algo como una nube de instrumentos encontràndo
la deriva.
Y entre torreones -clàsicos y herreos- llevamos
el insomnio de un astrolabio, fijo y mortal
en una estrella. Una tradiciòn que a la larga
nos devuelve al extasis a cambio
del encantamiento.
Sin duda, sòlo somos un dado. Nunca dos.
Hay y no nos arrastràmos solemnes, no sabemos
el matìz de la naturaleza al buscar lo peculiar,
el beso singular de una arquitectura
balìstica
como la arena.
Y no es heroico, tampoco mitòmano, escribir de ello
es pronunciarse como un maniàtico recordando
un poco
su efervescencia, aquella que al dictar olvido
inunda de asfalto todos sus criterios.
Primitivo -algo coral- estilizador de recogimientos
sobrevuela las ciudades sin ninguna opiniòn
sin ningùn techo.
Hay impetus, pàlidos e ilustrativos,
refinadas conciencias de gravedad.
La percepciòn de uno que vaga.
La percepciòn en sus disturbios
y vaya el tiempo a conceptuar
los vidrios donde un documento besa
a su enemigo.
Estàn las fuentes y los bebedores dogmaticos.
La lìrica sintetizàndolo todo.
El marco astral del himno.
Los sensuales acompañamientos
de travesaños.
Entre sonoridades - jamàs nuestras-
asociamos una idea que trepe por la fidelidad
como un oboe. Intimo impero donde el gènero
pierde un ancestrp mostrando
el halo penetrante,
un signo de temàticos rieles
asesinando sus monòlogos entre los empedrados.
Porque sòlo debajo de los rieles
y las piedras
nos encontraremos.
Guillermo isaac paredes mattos
Vacilaciones escènicas como el colapso.
Algo como una nube de instrumentos encontràndo
la deriva.
Y entre torreones -clàsicos y herreos- llevamos
el insomnio de un astrolabio, fijo y mortal
en una estrella. Una tradiciòn que a la larga
nos devuelve al extasis a cambio
del encantamiento.
Sin duda, sòlo somos un dado. Nunca dos.
Hay y no nos arrastràmos solemnes, no sabemos
el matìz de la naturaleza al buscar lo peculiar,
el beso singular de una arquitectura
balìstica
como la arena.
Y no es heroico, tampoco mitòmano, escribir de ello
es pronunciarse como un maniàtico recordando
un poco
su efervescencia, aquella que al dictar olvido
inunda de asfalto todos sus criterios.
Primitivo -algo coral- estilizador de recogimientos
sobrevuela las ciudades sin ninguna opiniòn
sin ningùn techo.
Hay impetus, pàlidos e ilustrativos,
refinadas conciencias de gravedad.
La percepciòn de uno que vaga.
La percepciòn en sus disturbios
y vaya el tiempo a conceptuar
los vidrios donde un documento besa
a su enemigo.
Estàn las fuentes y los bebedores dogmaticos.
La lìrica sintetizàndolo todo.
El marco astral del himno.
Los sensuales acompañamientos
de travesaños.
Entre sonoridades - jamàs nuestras-
asociamos una idea que trepe por la fidelidad
como un oboe. Intimo impero donde el gènero
pierde un ancestrp mostrando
el halo penetrante,
un signo de temàticos rieles
asesinando sus monòlogos entre los empedrados.
Porque sòlo debajo de los rieles
y las piedras
nos encontraremos.
Guillermo isaac paredes mattos
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