Comparado con el día, éste es
un martillo.
Un juego de luces.
La formalidad de una tez al bucear
en su entraña
en su carta de madera y la hipnotica
constelación de su boina.
Mesiánios veleros rigen los inviernos.
Ejecuciones de nubes son nacimientos de rituales.
El criterio desde la antonomasia.
El solemne epigrama donde la anécdota danza
con una foto.
Hereditarios corceles presionan monódicas
piezas de antología
abarcando la tierra.
La influencia del jínete otra vez
muestra los florecientes clanes de un individuo.
Su encomio, su vibración
adornada sólo por planetas.
Por tendencias
de especulaciones donde exponemos
nuestra ilusión nuevamente al proverbio.
Y es en ese trance donde caminan entre
lo inmediato los patriarcas.
Asesinando en la noche
todo mandamiento.
Como a una ruleta en el espíritu
del libro y la rosa.
Guillermo Isaac paredes mattos
sábado, 23 de abril de 2011
Pròlogo de Amoniaco
Como si la noche no fuera nada màs que un
reflejo.
Y la realidad una sombra.
Como si faltara el equilibrio y no nos arrastràramos
en el fondo del verano
con arquetipos de otoño.
Y decir basta, ilustrarìa las bicicletas
de un orden absoluto rebasando su imperio.
Su ley de deseo. Su marco luminado por los arrecifes
y èsa columna no llamàse a las sienes
profugas de sì mismas, una vida dentro
de su vida sin comprender ya nada.
Como si no llevàsemos màs de un ser dentro
de nosotros.
Y ello fuera la infamia de una justificaciòn
esbozando ninfòmanas apostasìas.
Viviendo al empujar. Buscàndo lejos
del lenguaje, un silicio trazado por barcos inmensos
de alfombras.
Y no aparecieran con formas de sonido en
el techo donde religanse arenas... Un fondo de eco
en los vidrios, una parodia subliminal
donde lo rutilante ironiza
entre lo atòmico.
Como si la realidad no dejara de ser una sombra
para volver a un incendio en el alma.
Y un prologo de amoniaco
en sus hojas.
Guillermo isaac paredes mattos
reflejo.
Y la realidad una sombra.
Como si faltara el equilibrio y no nos arrastràramos
en el fondo del verano
con arquetipos de otoño.
Y decir basta, ilustrarìa las bicicletas
de un orden absoluto rebasando su imperio.
Su ley de deseo. Su marco luminado por los arrecifes
y èsa columna no llamàse a las sienes
profugas de sì mismas, una vida dentro
de su vida sin comprender ya nada.
Como si no llevàsemos màs de un ser dentro
de nosotros.
Y ello fuera la infamia de una justificaciòn
esbozando ninfòmanas apostasìas.
Viviendo al empujar. Buscàndo lejos
del lenguaje, un silicio trazado por barcos inmensos
de alfombras.
Y no aparecieran con formas de sonido en
el techo donde religanse arenas... Un fondo de eco
en los vidrios, una parodia subliminal
donde lo rutilante ironiza
entre lo atòmico.
Como si la realidad no dejara de ser una sombra
para volver a un incendio en el alma.
Y un prologo de amoniaco
en sus hojas.
Guillermo isaac paredes mattos
lunes, 18 de abril de 2011
La Cabalgata de la Poesìa
El universo posee demasiados signos
para ser autèntico.
En todas sus habitaciones hay un libro
jugando con los relojes.
Con tiendas de radio.
Con cejas caminando debajo del castigo.
Lleva puestos. Posee suburbios. Se dijo
alguna vez que nunca podrìa ser labrado
en la tinta. Eso es falso.
Es extraño, deberìa conservarnos, pero no.
Ese universo nos ha dado una brujula
pavorosa en el espacio.
Còmo vivir en ella...
Còmo desatar un rocìo para siempre,
que caiga y toque la criatura hasta que su fuerza
enseñe el estòmago, escencialmente su estòmago.
Eso es personal, yo sigo extrañado con
la forma en que destruye los alimentos.
He debido ser un brocal azul eternamente.
Ese poseido de culpas cristalinas
sobre lo invisible.
El miedo del sino o ese ir siempre
a una fuente sin fondo.
A un interior donde la superficie gime
alrededor de botellas encantadoras.
El universo està hecho de signos,
pero tambièn de otras cosas.
Cuando el tiempo que nos ha sido dado termine.
Tendrà que mostrarnos el diluvio
que continua tras ello.
Ese alguna parte.
Y hay que tener miedo para representarlo.
Un miedo lleno de limbos y pànicos.
Que pueda compararse al
infierno.
Y no ser èl.
Guillermo isaac paredes mattos
para ser autèntico.
En todas sus habitaciones hay un libro
jugando con los relojes.
Con tiendas de radio.
Con cejas caminando debajo del castigo.
Lleva puestos. Posee suburbios. Se dijo
alguna vez que nunca podrìa ser labrado
en la tinta. Eso es falso.
Es extraño, deberìa conservarnos, pero no.
Ese universo nos ha dado una brujula
pavorosa en el espacio.
Còmo vivir en ella...
Còmo desatar un rocìo para siempre,
que caiga y toque la criatura hasta que su fuerza
enseñe el estòmago, escencialmente su estòmago.
Eso es personal, yo sigo extrañado con
la forma en que destruye los alimentos.
He debido ser un brocal azul eternamente.
Ese poseido de culpas cristalinas
sobre lo invisible.
El miedo del sino o ese ir siempre
a una fuente sin fondo.
A un interior donde la superficie gime
alrededor de botellas encantadoras.
El universo està hecho de signos,
pero tambièn de otras cosas.
Cuando el tiempo que nos ha sido dado termine.
Tendrà que mostrarnos el diluvio
que continua tras ello.
Ese alguna parte.
Y hay que tener miedo para representarlo.
Un miedo lleno de limbos y pànicos.
Que pueda compararse al
infierno.
Y no ser èl.
Guillermo isaac paredes mattos
Crisol de Adn
Nuevamente el relàmpago. Aquel
de la circunstancia, aquel del brillo.
Y mi patio a quemarropa, buscando su dios
de adn.
Su nombre inmemorial, el circulo donde
la particula enmudece al mar
para seguir viviendo.
Pero el mar calla sòlo entre vacìos de lunas.
Entre ovulos de ensueño o enfebrecidos sargazos
donde los espolones citan nuestro corazòn
en vano.
Y en vano es dilatar la piel.
Estructurarla en un mundo de trampas y dicotomìas.
Yo quiero una màs èste dìa.
Una que salte la alambrada.
Que doble su esqueleto en esa voluntad
sin regreso, rebelde como una trono de vidrio
asolando tiendas de pubis.
Transtornos semejantes a una balsa
eligiendo hemisferios errantes
condenados a la inteligencia
de una herida.
Y esa es es uno de los màs
terribles conocimientos.
Guillermo isaac paredes mattos
de la circunstancia, aquel del brillo.
Y mi patio a quemarropa, buscando su dios
de adn.
Su nombre inmemorial, el circulo donde
la particula enmudece al mar
para seguir viviendo.
Pero el mar calla sòlo entre vacìos de lunas.
Entre ovulos de ensueño o enfebrecidos sargazos
donde los espolones citan nuestro corazòn
en vano.
Y en vano es dilatar la piel.
Estructurarla en un mundo de trampas y dicotomìas.
Yo quiero una màs èste dìa.
Una que salte la alambrada.
Que doble su esqueleto en esa voluntad
sin regreso, rebelde como una trono de vidrio
asolando tiendas de pubis.
Transtornos semejantes a una balsa
eligiendo hemisferios errantes
condenados a la inteligencia
de una herida.
Y esa es es uno de los màs
terribles conocimientos.
Guillermo isaac paredes mattos
sábado, 16 de abril de 2011
Los Ojos Boreales
Yo tenìa una vela.
No es lo mismo que crecer guìado por
un velo.
No es igual a una antorcha sorprendida
por veranos de gas en el sueño.
Esto ùltimo importa mucho cuando nos escoltan
helices y truenos.
Cuando nòrdicos testamentos bajan con una
esfera inca en la boca.
En ese mundo, todo buscaba su inocencia. Los colores,
el patio de carbòn en la lluvia.
El sitio donde el amor morirìa amenazado por
la venganza del odio.
Ello es milenario. Desde hace siglos el amor
y el odio abandonaron sus barajas entre los hombres.
Y los nùmeros de èstos cumplieron la profecìa.
Tenìa una vela.
Escribìa como un complice.
Entrenaba luces en la oscuridad.
Era semejante al sismo en el sentido de
una nube dotada por percepciones
por jueces floreciendo tal una etiqueta
en la conciencia de la hoguera.
En gremios de alabastros
donde lo insólito construía su nave.
Y entonces, del pàjaro de hordas, nada.
De mi naturaleza, apenas un reflejo
en esta noche
bajo esa inmensidad que no tiene corazòn.
Porque solo asi puede sacrificar sus
ojos boreales.
Igual que el hombre.
Guillermo Isaac paredes mattos
No es lo mismo que crecer guìado por
un velo.
No es igual a una antorcha sorprendida
por veranos de gas en el sueño.
Esto ùltimo importa mucho cuando nos escoltan
helices y truenos.
Cuando nòrdicos testamentos bajan con una
esfera inca en la boca.
En ese mundo, todo buscaba su inocencia. Los colores,
el patio de carbòn en la lluvia.
El sitio donde el amor morirìa amenazado por
la venganza del odio.
Ello es milenario. Desde hace siglos el amor
y el odio abandonaron sus barajas entre los hombres.
Y los nùmeros de èstos cumplieron la profecìa.
Tenìa una vela.
Escribìa como un complice.
Entrenaba luces en la oscuridad.
Era semejante al sismo en el sentido de
una nube dotada por percepciones
por jueces floreciendo tal una etiqueta
en la conciencia de la hoguera.
En gremios de alabastros
donde lo insólito construía su nave.
Y entonces, del pàjaro de hordas, nada.
De mi naturaleza, apenas un reflejo
en esta noche
bajo esa inmensidad que no tiene corazòn.
Porque solo asi puede sacrificar sus
ojos boreales.
Igual que el hombre.
Guillermo Isaac paredes mattos
viernes, 15 de abril de 2011
Mi Cara y sus Palabras
Una superficie ambicionada por contradicciones.
Los cantos irreproducibles de una matanza.
Nuestra responsabilidad matizada por un brío.
Dónde a barlovento es llevado por los vientos
los bolidos...preguntámos...
La izquierda del cadaver...
La que sembró politicas junto a la razón.
Cuando ésta se quemaba sudorosa en la playa.
El agregado de las fortalezas y el pico
hundiendo palcos.
El amanecer de las cínicas estrellas.
Yo amé una y le hablé cuando ella no podía
pronunciar palabras.
Y sus sonidos eran atroces como éste poema.
Como todos los escritos que seguramente serán
rotos por mi cara. Mi cara es sólo una
de mis palabras.
Hasta entonces un patio de carbón reconocía
las paredes donde dominaba el secreto
la fatidica horda de lo luminoso.
Y la dialectica retozaba entre faroles
donde escondiase mi poesía.
Temerosa ella de un participio.
De esas comprensiones, anagogías
con que partía a la busqueda
del estremecimiento.
Pero como siempre.
Mi espíritu llegaba tarde.
Y el estremeciemiento junto con
sus archipielagos.
Habían partido.
Guillermo isaac paredes mattos
Los cantos irreproducibles de una matanza.
Nuestra responsabilidad matizada por un brío.
Dónde a barlovento es llevado por los vientos
los bolidos...preguntámos...
La izquierda del cadaver...
La que sembró politicas junto a la razón.
Cuando ésta se quemaba sudorosa en la playa.
El agregado de las fortalezas y el pico
hundiendo palcos.
El amanecer de las cínicas estrellas.
Yo amé una y le hablé cuando ella no podía
pronunciar palabras.
Y sus sonidos eran atroces como éste poema.
Como todos los escritos que seguramente serán
rotos por mi cara. Mi cara es sólo una
de mis palabras.
Hasta entonces un patio de carbón reconocía
las paredes donde dominaba el secreto
la fatidica horda de lo luminoso.
Y la dialectica retozaba entre faroles
donde escondiase mi poesía.
Temerosa ella de un participio.
De esas comprensiones, anagogías
con que partía a la busqueda
del estremecimiento.
Pero como siempre.
Mi espíritu llegaba tarde.
Y el estremeciemiento junto con
sus archipielagos.
Habían partido.
Guillermo isaac paredes mattos
Los Reinos Inutiles
Somos el fruto de un huesped entre las espinas.
La nube contemporanea de los iris.
Entre nosotros sòlo yerran imaginaciones y poseidos.
Un canto de poder cuando la voluntad gira sola.
Y sus veleros. Y sus veletas nos confinan
a farsas de sol, sin estuarios ni oasis.
Nos enfrascamos con zafiros y lenguas sobre
una ciencia que ha destruido todo y retoca
lo cultivado en noches de motines.
En ese escenario de artefactos como rehenes.
En ese calibre angustioso desde la desesperaciòn.
El sentimiento llega para elevar al mar sus heridas.
No tenemos sombras y tampoco las tendremos.
No buscamos huellas, mucho menos la voluntad
involucràndose en las efigies del destino.
Para ello estàn los magos.
Nosotros los conocimos hace muchos siglos.
Conservamos una imagen de ello
porque los dioses sobre el papel son salvajes
y la furia es una escafandra a la cual volveremos
con redobles de flautas indolentes, esa misma furia
nos quitò un àrbol, un helecho oscilando
entre la madreselva como un aritmetico dìa.
Lleno de poligonos.
Somos algo ecuestre, una piel de eter.
Nos encontramos segùn los celos de los astros
y los ataudes de los planetas. Nos encontramos
y todo semeja un valle de candelabros
donde fermenta su canto una mariposa.
Allà su estirpe, allà su imperio si
canta aùn de esa manera.
Jamàs hay que escucharlos.
Sòlo hay que tener presente, nuestra muerte
nos alcanzarà incluso sin darse cuenta.
Lejos, soberanos en nuetro pequeño, inutil
pedazo de todo.
Guillermo isaac paredes mattos
La nube contemporanea de los iris.
Entre nosotros sòlo yerran imaginaciones y poseidos.
Un canto de poder cuando la voluntad gira sola.
Y sus veleros. Y sus veletas nos confinan
a farsas de sol, sin estuarios ni oasis.
Nos enfrascamos con zafiros y lenguas sobre
una ciencia que ha destruido todo y retoca
lo cultivado en noches de motines.
En ese escenario de artefactos como rehenes.
En ese calibre angustioso desde la desesperaciòn.
El sentimiento llega para elevar al mar sus heridas.
No tenemos sombras y tampoco las tendremos.
No buscamos huellas, mucho menos la voluntad
involucràndose en las efigies del destino.
Para ello estàn los magos.
Nosotros los conocimos hace muchos siglos.
Conservamos una imagen de ello
porque los dioses sobre el papel son salvajes
y la furia es una escafandra a la cual volveremos
con redobles de flautas indolentes, esa misma furia
nos quitò un àrbol, un helecho oscilando
entre la madreselva como un aritmetico dìa.
Lleno de poligonos.
Somos algo ecuestre, una piel de eter.
Nos encontramos segùn los celos de los astros
y los ataudes de los planetas. Nos encontramos
y todo semeja un valle de candelabros
donde fermenta su canto una mariposa.
Allà su estirpe, allà su imperio si
canta aùn de esa manera.
Jamàs hay que escucharlos.
Sòlo hay que tener presente, nuestra muerte
nos alcanzarà incluso sin darse cuenta.
Lejos, soberanos en nuetro pequeño, inutil
pedazo de todo.
Guillermo isaac paredes mattos
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