El desierto se arrastra con un olivo en
los dedos.
Se anuncian bastardos de huesos en ellos.
Desde los ojos podrìamos recordar
como morìan sus auras, empujarnos a sedas,
envolvernos sobre triangulos desertando en pos
de todo desdeciemiento,
de cumbres inasibles. Hialinas. Todo èsto
en su espìritu.
El desierto. Hay hombres que tallan en su
corazon los hilos de un pulso para que
no se pierda.
Pero el corazòn no tiene destino.
Su pulso y latido ha sido escondido
en los bosques y los titanes para siempre.
No es necesario que el hombre
intente escarbar en su corazòn como
escarba en la vida del otro.
Eso ùltimo es màs innecesario todavìa.
Y en esos dìas que descubrimos
ese desierto y su olivo, ese corazòn
y su pulso sin poder decir ya nada.
Lo ùnico que queda es olvidarlo.
La gnosis de nuestras entrañas
lo transformara silenciosamente en
un cometa en la memoria.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
viernes, 15 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
Circunferencia del Lirismo
El nido es de sombra,la vida de azulejos.
Como la inocencia la figura es abortada
por las ciudades y el poema pregunta.
Sus interrogantes son de vidrio ahora
aunque esa mirada a travès de ellos
no servirà de nada.
Como una gran metàfora, el poema se convierte
en extensiòn de èsta
y como metàfora existe ahora igual
a una inmensa interrogante
que sòlo puede tocar el lirismo.
Ha formado sin querer un circulo.
Una lìrica y sutil mordaza.
Ese lirismo bendice su rito como un pensamiento.
Su bautizmo es moraleja de metal que sube
por las cordilleras, un otoño de escolleras
centenario y grial
de lo que dimos al oceano
en un amanecer por una ola.
Cuando los elementos presenciabanse a si
mismos desde lejos.
Y nada en nuestro corazòn podìa comprenderlo.
Guillermo Isaac paredes mattos
Como la inocencia la figura es abortada
por las ciudades y el poema pregunta.
Sus interrogantes son de vidrio ahora
aunque esa mirada a travès de ellos
no servirà de nada.
Como una gran metàfora, el poema se convierte
en extensiòn de èsta
y como metàfora existe ahora igual
a una inmensa interrogante
que sòlo puede tocar el lirismo.
Ha formado sin querer un circulo.
Una lìrica y sutil mordaza.
Ese lirismo bendice su rito como un pensamiento.
Su bautizmo es moraleja de metal que sube
por las cordilleras, un otoño de escolleras
centenario y grial
de lo que dimos al oceano
en un amanecer por una ola.
Cuando los elementos presenciabanse a si
mismos desde lejos.
Y nada en nuestro corazòn podìa comprenderlo.
Guillermo Isaac paredes mattos
Los Ataudes del Aulo
Creamos un universo
sombreado por el caos.
Iluminados por su porvenir
desarrollamos otros timpanos.
Conmovidos por una rebelión
le dimos una vida escalonada,
donde burlar la existencia para
originar la suya.
Tratamos que la noche no fuera ilógica,
pero lo fué
y hasta escribimos de su vida
con un óbjeto fabricado por el arte
en días en que caminamos misóginos
como un halcón varado
en el aire.
Sobre ello una ciudad azotada por
los cirros
trajo las centellas de una parádoja,
de otra descolgando un ataud
allí las espinas multiplicaron
el turbante llevado por
rojos mensajeros.
Pero como en halo, volvimos a citar
la perversidad y con ello los astros
llegaron con listas
de zafiros.
Una situación de cobre donde
los nombres eran llamados por el grito.
Y el grito lanzaba ventanas amarillas
a los ojos.
Desde gemelos de
desprecio.
Guillermo isaac paredes mattos
sombreado por el caos.
Iluminados por su porvenir
desarrollamos otros timpanos.
Conmovidos por una rebelión
le dimos una vida escalonada,
donde burlar la existencia para
originar la suya.
Tratamos que la noche no fuera ilógica,
pero lo fué
y hasta escribimos de su vida
con un óbjeto fabricado por el arte
en días en que caminamos misóginos
como un halcón varado
en el aire.
Sobre ello una ciudad azotada por
los cirros
trajo las centellas de una parádoja,
de otra descolgando un ataud
allí las espinas multiplicaron
el turbante llevado por
rojos mensajeros.
Pero como en halo, volvimos a citar
la perversidad y con ello los astros
llegaron con listas
de zafiros.
Una situación de cobre donde
los nombres eran llamados por el grito.
Y el grito lanzaba ventanas amarillas
a los ojos.
Desde gemelos de
desprecio.
Guillermo isaac paredes mattos
El Camino del Parpado
En escencia la lluvia.
Los tèrminos antiguos del rocìo.
el cirio y el tema donde la perpetuidad
se bate con sus eslabones intentando un instante,
una ceremonia ajena a los tallos,
un lunar sin puas.
Tambièn la arena. El tèmpano dorado. Allì
la especie baña un crucifijo,
la formaciòn de intensidades y musgos,
donde las algas llevaràn tu corazòn
como lleva el cielo una nube,
como la humedad la forma
màs refinada del agua
y eso en comparaciòn con esta noche
debe ser el encantamiento
que sobrevive en mis heridas
y las obliga a cantar igual
que la voluntad en la existencia.
Y los reinos del ser en una hoja
lo afirman, sin esa trompeta
que rompe una cumbre
para albergar sòlo nada.
Sòlo nada y esquimales
de crestas.
Sin ese lègado del tren en los rieles,
lègado de tristezas y vagones
de sombra, cuyo iridio
da origen a los manantiales.
A las purpuras estelas
descubriendo el delirio en una hoja,
en las catedrales de una estrofa,
en ese adivino del cabello
insinuando en las sienes.
Los fantàsticos caminos del parpado.
Guillermo isaac paredes mattos
Los tèrminos antiguos del rocìo.
el cirio y el tema donde la perpetuidad
se bate con sus eslabones intentando un instante,
una ceremonia ajena a los tallos,
un lunar sin puas.
Tambièn la arena. El tèmpano dorado. Allì
la especie baña un crucifijo,
la formaciòn de intensidades y musgos,
donde las algas llevaràn tu corazòn
como lleva el cielo una nube,
como la humedad la forma
màs refinada del agua
y eso en comparaciòn con esta noche
debe ser el encantamiento
que sobrevive en mis heridas
y las obliga a cantar igual
que la voluntad en la existencia.
Y los reinos del ser en una hoja
lo afirman, sin esa trompeta
que rompe una cumbre
para albergar sòlo nada.
Sòlo nada y esquimales
de crestas.
Sin ese lègado del tren en los rieles,
lègado de tristezas y vagones
de sombra, cuyo iridio
da origen a los manantiales.
A las purpuras estelas
descubriendo el delirio en una hoja,
en las catedrales de una estrofa,
en ese adivino del cabello
insinuando en las sienes.
Los fantàsticos caminos del parpado.
Guillermo isaac paredes mattos
domingo, 10 de abril de 2011
Diario Necrològico
Observa el hecho como una circunstancia.
Deja tu corazòn un momento en ella, porque no serà
para siempre.
Luego haz lo contrario.
Empieza nuevamente.
Observa el hecho como un fenòmeno.
Diremos otra cosa, como una pronunciaciòn.
Posaremos un alma, que no sea nuestra
para tranformala en manuscrito.
El hombre es una libelula, pero no un manuscrito.
Toca ahora a la circunstancia.
- Es posible que algùn dìa volvamos sobre el
hecho-
Escribiremos que es lamento.
Planetario de heridas, mortal relaciòn,
sìmbolo necrològico con la existencia.
La existencia no implica sòlo al hombre.
Debe ser la inspiraciòn de algùn muerto.
Debe -sin ètica- conservar las superficies
donde el puñal conjuraba lìneas macabras
y ningùn amor las creìa.
Pero el amor es otra superficie.
Una siniestra ejecuciòn en la piel llevada a cabo
por el deseo.
Un portentoso onirismo sin ningùn papel
en un diario.
Donde los periodicos sumaban en ellos
noticias de resina,
formulas de traversas, otra percusiòn.
Por ello observa el hecho como
diferencia.
Nunca fue una circunstancia.
Guillermo isaac paredes mattos
Deja tu corazòn un momento en ella, porque no serà
para siempre.
Luego haz lo contrario.
Empieza nuevamente.
Observa el hecho como un fenòmeno.
Diremos otra cosa, como una pronunciaciòn.
Posaremos un alma, que no sea nuestra
para tranformala en manuscrito.
El hombre es una libelula, pero no un manuscrito.
Toca ahora a la circunstancia.
- Es posible que algùn dìa volvamos sobre el
hecho-
Escribiremos que es lamento.
Planetario de heridas, mortal relaciòn,
sìmbolo necrològico con la existencia.
La existencia no implica sòlo al hombre.
Debe ser la inspiraciòn de algùn muerto.
Debe -sin ètica- conservar las superficies
donde el puñal conjuraba lìneas macabras
y ningùn amor las creìa.
Pero el amor es otra superficie.
Una siniestra ejecuciòn en la piel llevada a cabo
por el deseo.
Un portentoso onirismo sin ningùn papel
en un diario.
Donde los periodicos sumaban en ellos
noticias de resina,
formulas de traversas, otra percusiòn.
Por ello observa el hecho como
diferencia.
Nunca fue una circunstancia.
Guillermo isaac paredes mattos
sábado, 9 de abril de 2011
El Final del Fuego
Y esa luz buscando su propia
direcciòn.
Ese corte de inspiraciòn frìo, casi humedo como
las tinieblas.
Entre cohortes de ojos naturales
abriendo el espejo dorado, tambièn evanescente,
que lleva el asiento y propicia muladares,
voces demasiado a la trascienda en esta ventana
donde el vidrio se despedaza
para asi volver a unirse.
Pero no todo està hecho de regresos.
No todo da la vuelta con su minotauro,
hay serpientes que lo alargan en su mitologìa
con un conocimiento asilado entre espinas
y puas invernales como ferroviarios anhelos
donde nunca cae el silo,
el ventilador, la morada
de una caricia entregada al eco
y el logro de expropiarlo del sonido.
Cosa burocràtica por supuesto.
Pero no todo, existe en el sonido. Aùn creo
ser lùdico y lìrico segùn mi opiniòn.
Pero la existencia lo apaga en lirios de fuego
para que el pètalo halle su intensidad,
la inmensidad del nardo màs ardiente
donde una axila
o una reacciòn de la niebla
concibe èste adulterio, èsta coartada.
Y yo me quedo en ese fìn sin secretos.
Con miles de antros que apagar y encender en
mis sueños.
Como si esa llama perteneciera a
mi espìritu.
Y no es asi.
Guillermo isaac paredes mattos
direcciòn.
Ese corte de inspiraciòn frìo, casi humedo como
las tinieblas.
Entre cohortes de ojos naturales
abriendo el espejo dorado, tambièn evanescente,
que lleva el asiento y propicia muladares,
voces demasiado a la trascienda en esta ventana
donde el vidrio se despedaza
para asi volver a unirse.
Pero no todo està hecho de regresos.
No todo da la vuelta con su minotauro,
hay serpientes que lo alargan en su mitologìa
con un conocimiento asilado entre espinas
y puas invernales como ferroviarios anhelos
donde nunca cae el silo,
el ventilador, la morada
de una caricia entregada al eco
y el logro de expropiarlo del sonido.
Cosa burocràtica por supuesto.
Pero no todo, existe en el sonido. Aùn creo
ser lùdico y lìrico segùn mi opiniòn.
Pero la existencia lo apaga en lirios de fuego
para que el pètalo halle su intensidad,
la inmensidad del nardo màs ardiente
donde una axila
o una reacciòn de la niebla
concibe èste adulterio, èsta coartada.
Y yo me quedo en ese fìn sin secretos.
Con miles de antros que apagar y encender en
mis sueños.
Como si esa llama perteneciera a
mi espìritu.
Y no es asi.
Guillermo isaac paredes mattos
viernes, 8 de abril de 2011
La Regiòn de dos Soles
Hàblase de astros.
Por ello puedo detener un poema. Buscar en su continuidad,
pasear entre su devenir.
Cederle el paso siempre y cuando se haya mutilado,
asi mi espìritu puede aconsejar a sus renglones
ya que sòlo puedo hacerlo a partir de lo
que he vidido
y he sido mutilado por mi mismo
muchas veces.
Las evidencias son obvias.
Toda èsta estrofa podrìa resumirse en una sola
pero hoy no es necesaria
tampoco una razòn suficiente para la luna
o su colapso, tampoco.
He creado barricadas
- no sè si sirvan de algo-
intentè asi guardarme de èsta alma
y no crecer tanto
-almàticamente hablando-
ese termino pude ser dañino
pero eso no importa,
basta que mi noche se acerque al diluvio
en el instante que es aplastado.
En el momento que una tormenta persevera
en otra o aquella sin ser vista,
con aires de lugubre mantis de brocal
y abrevadero.
Pero hay que temer a otras cosas.
Al pànico pues logradamente intenta suspenderse.
Al corazòn con propensiòn al milimetro
y su desastre.
Puede el poema detenerse
sin necesidad del hombre,
sin una revoluciòn ni un arquetipo
o el juego provisional de una manìa
cuando es escàndalosa en su reflejo
de verano tàcito.
Puedo y puede detenerse el poema.
Son dos cosas al azar cuando la insurecciòn
lleva a la deriva un texto,
una insurrecciòn personal y misògina, con tintes
de màgicos desengaños.
Es y camina como una psicopatìa metabòlica
debajo de los puentes.
En cada palpito posee el don de traicionarnos.
Eso tambièn es mìstica.
Y sòlo soy el hombre.
El palido juicio que no puede sostenerla.
Guillermo Isaac paredes mattos
Por ello puedo detener un poema. Buscar en su continuidad,
pasear entre su devenir.
Cederle el paso siempre y cuando se haya mutilado,
asi mi espìritu puede aconsejar a sus renglones
ya que sòlo puedo hacerlo a partir de lo
que he vidido
y he sido mutilado por mi mismo
muchas veces.
Las evidencias son obvias.
Toda èsta estrofa podrìa resumirse en una sola
pero hoy no es necesaria
tampoco una razòn suficiente para la luna
o su colapso, tampoco.
He creado barricadas
- no sè si sirvan de algo-
intentè asi guardarme de èsta alma
y no crecer tanto
-almàticamente hablando-
ese termino pude ser dañino
pero eso no importa,
basta que mi noche se acerque al diluvio
en el instante que es aplastado.
En el momento que una tormenta persevera
en otra o aquella sin ser vista,
con aires de lugubre mantis de brocal
y abrevadero.
Pero hay que temer a otras cosas.
Al pànico pues logradamente intenta suspenderse.
Al corazòn con propensiòn al milimetro
y su desastre.
Puede el poema detenerse
sin necesidad del hombre,
sin una revoluciòn ni un arquetipo
o el juego provisional de una manìa
cuando es escàndalosa en su reflejo
de verano tàcito.
Puedo y puede detenerse el poema.
Son dos cosas al azar cuando la insurecciòn
lleva a la deriva un texto,
una insurrecciòn personal y misògina, con tintes
de màgicos desengaños.
Es y camina como una psicopatìa metabòlica
debajo de los puentes.
En cada palpito posee el don de traicionarnos.
Eso tambièn es mìstica.
Y sòlo soy el hombre.
El palido juicio que no puede sostenerla.
Guillermo Isaac paredes mattos
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