Tenìa una sola voz, para muchas redenciones.
La vocaciòn del arte uniendo la cultura al fruto.
La insolencia del sol con aretes de piedra.
Mi desprecio, aquel que buscò arrancar pedazos
de orgullo en sus escrùpulos.
Cuando el mar doraba de verde el mercurio y algo fatal
y transparente, colgaba venganzas de arena.
Ese fue la naturaleza en mis manos.
Llenò de guarniciones su oquedad de hiel.
Asimilò membranas con el primer estupor
del cisne.
Mi cuerpo de metal, ese animal de apogeos elipticos
y fractales llenos de mimbre.
De ese pudor del sueño entre la muerte.
Un pudor que ensaya y crea en su amanecer
tantas cosas.
Una de ellas es la vida.
Guillermo isaac paredes mattos
sábado, 19 de marzo de 2011
viernes, 11 de marzo de 2011
El Ojo del Camino
Sè que el dìa juega papeles extraños
y es alba.
Sè de auroras.
Del ojo de mi literatura despertando
muy temprano para verme.
Y mi inspiraciòn reacia a las brùjulas,
a los encontronazos, despabila un huerto,
una infamia, con venados de papel
somnolientos como
la iridiscencia.
Y vivì con esa presiòn cerrando una uña
para inquirir en la destreza
con la cual una liturgia
evoluciona al àrbol,
aplacando su pira de emociòn
su expedicionario confìn,
donde el sentimiento abre un ataud
para dar testimonio de la nieve.
De los mensajeros con poses
de agua en mi adios.
Mi adios de liendre.
Tambièn de suciedad y polvo.
Mi adios de adioses con equilateros
de cacofonìa.
Donde la lògica aguarda un atlas
de escarcha.
Y en su corazòn la sombra
casi dormida
de un sonido que no encuentro,
de una construcciòn imposible de decir,
ajena al diàlogo y las partes extremas
del trecho hermafrodito.
Donde un invierno nunca màs logrò
despertar un camino.
Guillermo paredes mattos
y es alba.
Sè de auroras.
Del ojo de mi literatura despertando
muy temprano para verme.
Y mi inspiraciòn reacia a las brùjulas,
a los encontronazos, despabila un huerto,
una infamia, con venados de papel
somnolientos como
la iridiscencia.
Y vivì con esa presiòn cerrando una uña
para inquirir en la destreza
con la cual una liturgia
evoluciona al àrbol,
aplacando su pira de emociòn
su expedicionario confìn,
donde el sentimiento abre un ataud
para dar testimonio de la nieve.
De los mensajeros con poses
de agua en mi adios.
Mi adios de liendre.
Tambièn de suciedad y polvo.
Mi adios de adioses con equilateros
de cacofonìa.
Donde la lògica aguarda un atlas
de escarcha.
Y en su corazòn la sombra
casi dormida
de un sonido que no encuentro,
de una construcciòn imposible de decir,
ajena al diàlogo y las partes extremas
del trecho hermafrodito.
Donde un invierno nunca màs logrò
despertar un camino.
Guillermo paredes mattos
El Pubis del Sol
Sin duda, mis pasos no encontraràn
una ciudad, èste oleaje.
Este presentimiento de amor en mis pasos,
la pùstula del cadaver en
su perpetuidad.
Donde el halo es una bitàcora
evanescente...donde el eter...
Hablo de lugares, diàlogo de polen...
Como un dòn cristalino, sin cèlulas
de transparencia,
despejando sus òvulos
un mediodìa de artes.
Artes como la llaga.
Artes desde la indiferencia.
Desde el camino a la mitad
o la vocaciòn que tuvimos
por los puentes donde el mundo
desperdiciaba un prodigio
tensado por moviles. Exodos
y omnicientes fòsiles bajo
solfeos de funerales.
Sin etiquetas, donde la boca
logre transfigurar un solo velero,
un invierno de margenes
como el que se acerca a nuestros labios
buscàndo una duna.
Un medano de sol y sangre.
Donde enterrar el sol
eternamente.
Guillermo Isaac paredes mattos
una ciudad, èste oleaje.
Este presentimiento de amor en mis pasos,
la pùstula del cadaver en
su perpetuidad.
Donde el halo es una bitàcora
evanescente...donde el eter...
Hablo de lugares, diàlogo de polen...
Como un dòn cristalino, sin cèlulas
de transparencia,
despejando sus òvulos
un mediodìa de artes.
Artes como la llaga.
Artes desde la indiferencia.
Desde el camino a la mitad
o la vocaciòn que tuvimos
por los puentes donde el mundo
desperdiciaba un prodigio
tensado por moviles. Exodos
y omnicientes fòsiles bajo
solfeos de funerales.
Sin etiquetas, donde la boca
logre transfigurar un solo velero,
un invierno de margenes
como el que se acerca a nuestros labios
buscàndo una duna.
Un medano de sol y sangre.
Donde enterrar el sol
eternamente.
Guillermo Isaac paredes mattos
martes, 8 de marzo de 2011
9
Poseo un grito, es esotérico.
Grabado por un pino recoge
trementinas.
Lleno de forajidos, crea manchas de nieve.
Alforjas de fuego, yescas
desprendiendo fàbricas de vaticinios
en la boca de un niño, sepultado por mariposas.
Pude escribir luciernagas en vez de mariposas
decir vellocinos o antepasados,
pero el poema escribió mariposas
y lo decidío antes que otra estructura, que una hoja
que la inspiración ebria
y su desastre al soltar sus amarras,
como una torre, tal el relampago
que da ser a la ilusión
llegué a performances con la conciencia
en hechizos de agua
y asolè la luna.
Talismanes, maleficios que contrariamente
al aplacar mi sed, la dejaban hambrienta, sedienta
de otra magia.
De un naipe en las manos del granizo
-desgraciadamente no las mìas-
y mis entrañas sin poder jamàs leer en èl.
Grabado por un pino recoge
trementinas.
Lleno de forajidos, crea manchas de nieve.
Alforjas de fuego, yescas
desprendiendo fàbricas de vaticinios
en la boca de un niño, sepultado por mariposas.
Pude escribir luciernagas en vez de mariposas
decir vellocinos o antepasados,
pero el poema escribió mariposas
y lo decidío antes que otra estructura, que una hoja
que la inspiración ebria
y su desastre al soltar sus amarras,
como una torre, tal el relampago
que da ser a la ilusión
llegué a performances con la conciencia
en hechizos de agua
y asolè la luna.
Talismanes, maleficios que contrariamente
al aplacar mi sed, la dejaban hambrienta, sedienta
de otra magia.
De un naipe en las manos del granizo
-desgraciadamente no las mìas-
y mis entrañas sin poder jamàs leer en èl.
lunes, 7 de marzo de 2011
La Luz Cautiva
Como una maravillosa herida cautiva en un ala.
Cuando todas las supersticiones se unen para
crear la tierra.
Y un hombre se desvanece en imagenes. Bajo
ese mundo de nadie, donde la nada
puede imaginar por fín un eco.
E inasible cantar allí como un desdecimiento
que rompe bosques con bocas de armiño.
Cuando enemigos de cera abren la flor de barro
donde escupen los peces.
Y nosotros intuiamos que algo pasaba, pero jamás
un suceso.
De aquellos que nunca quiebran la línea
pues su sueño es morir en el punto.
Cuando las palabras terminan convirtiendose
en promiscuidad y ya no te queda a donde ir
mas que a un yo psicológico, versado en neurosis
de algas y prostibulos
comodas como ningún pensamiento.
Y debes pensarlo, lo creas o no, debes pensarlo.
Ese pensamiento ninguno, no ha hecho de ti lo que eres,
ha hecho de ti lo que queda.
Guillermo Paredes Mattos
Cuando todas las supersticiones se unen para
crear la tierra.
Y un hombre se desvanece en imagenes. Bajo
ese mundo de nadie, donde la nada
puede imaginar por fín un eco.
E inasible cantar allí como un desdecimiento
que rompe bosques con bocas de armiño.
Cuando enemigos de cera abren la flor de barro
donde escupen los peces.
Y nosotros intuiamos que algo pasaba, pero jamás
un suceso.
De aquellos que nunca quiebran la línea
pues su sueño es morir en el punto.
Cuando las palabras terminan convirtiendose
en promiscuidad y ya no te queda a donde ir
mas que a un yo psicológico, versado en neurosis
de algas y prostibulos
comodas como ningún pensamiento.
Y debes pensarlo, lo creas o no, debes pensarlo.
Ese pensamiento ninguno, no ha hecho de ti lo que eres,
ha hecho de ti lo que queda.
Guillermo Paredes Mattos
8
He mostrado al arte, en su escena vacía de cosas sensatas.
Lo hice -casi siempre- bajo la noche, para que el día
nunca lo supiera.
Y el día nunca lo supo.
Presumo que es un pírrico triunfo, de aquellos
a los que acostumbre mi corazón después de su pulso.
En el pulso hay también otra victoria - no sé si pírrica-
en él muere el latido.
Me acostumbre a sus tuneles.
A las intervenciones del sol cuando nos deja de lado.
A la imagen reflexionando en las contorsiones
del paciente, imaginando que ello es su existencia,
pero es lo último y único que nos puede dar.
No hay otra cosas.
Señores de los puentes y las reliquias.
Miren ustedes el amanecer ha cruzado la noche
para detenerse.
La dialectica contruyó el entarimado para
que suban a cantar los heroes.
Los cuervos, los idolos.
Y por ello mi espíritu se alejó
de esas voces.
Lo hice -casi siempre- bajo la noche, para que el día
nunca lo supiera.
Y el día nunca lo supo.
Presumo que es un pírrico triunfo, de aquellos
a los que acostumbre mi corazón después de su pulso.
En el pulso hay también otra victoria - no sé si pírrica-
en él muere el latido.
Me acostumbre a sus tuneles.
A las intervenciones del sol cuando nos deja de lado.
A la imagen reflexionando en las contorsiones
del paciente, imaginando que ello es su existencia,
pero es lo último y único que nos puede dar.
No hay otra cosas.
Señores de los puentes y las reliquias.
Miren ustedes el amanecer ha cruzado la noche
para detenerse.
La dialectica contruyó el entarimado para
que suban a cantar los heroes.
Los cuervos, los idolos.
Y por ello mi espíritu se alejó
de esas voces.
sábado, 5 de marzo de 2011
La Labor del Infinito
Yo fuì el ùltimo sentimiento en crear, por ello
èsta noticia. Propaganda con naipes de agua,
aura de jabalìnas.
Yo fuì el postrero nombre. Esa inmortalidad
que durà un segundo, mi corazòn sòlo fue seguido
por cartas y oràculos.
Por acertijos que caminan guiando a fragatas al ocaso
y confirman que poco pueden sus estelas en su intento
de regresar a sus vidas.
-se desvanecen en la superficie olvidadas
para siempre-
Tambièn fuì un navìo. Es decir un ser hecho
de madera buscando su latido en el mar. Porque
a ello lo condenaron los hombres.
Pero -sobre todas las cosas- fuì un sentimiento
en crear, la ùltima posibilidad de la vida,
el encuentro entre dios y los cisnes
me fue demasiado estrecho
para tensar allì mi cuerpo.
Y tuve que buscar otras cosas, sentarme
bajo una constelaciòn de àrboles
para mirar cual serìa el primero
en deshojarse.
Y acabar en algun lugar del infinito.
Perdido, desnudo, igual que
los hombres.
Guillermo Paredes Mattos
èsta noticia. Propaganda con naipes de agua,
aura de jabalìnas.
Yo fuì el postrero nombre. Esa inmortalidad
que durà un segundo, mi corazòn sòlo fue seguido
por cartas y oràculos.
Por acertijos que caminan guiando a fragatas al ocaso
y confirman que poco pueden sus estelas en su intento
de regresar a sus vidas.
-se desvanecen en la superficie olvidadas
para siempre-
Tambièn fuì un navìo. Es decir un ser hecho
de madera buscando su latido en el mar. Porque
a ello lo condenaron los hombres.
Pero -sobre todas las cosas- fuì un sentimiento
en crear, la ùltima posibilidad de la vida,
el encuentro entre dios y los cisnes
me fue demasiado estrecho
para tensar allì mi cuerpo.
Y tuve que buscar otras cosas, sentarme
bajo una constelaciòn de àrboles
para mirar cual serìa el primero
en deshojarse.
Y acabar en algun lugar del infinito.
Perdido, desnudo, igual que
los hombres.
Guillermo Paredes Mattos
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