Conozco la intención ardiente del soplo. La reconozco en esta mecánica que busca lo sideral como el reflejo una filosofía hasta anhelarse.
He mirado la ribera de una cúpula donde acordes de virgenes impregnan de coral los sueños del espanto.
Conozco estos funerales, más de lo que la palabra puede dibujar cuando duerme y deja a otra realidad la pronunciación, el dique para ser creada.
Ruidos de botellas caminan por el ácido trepanados por un monje, cabalisticas mentes secularizan el sol como lo haría el suspenso.
Equinos y faroles representan la playa donde los barcos beben de estanques pudriendose en el tiempo. Lo milenario a veces llena del más miserable talento las orillas. Allí donde atrapados los sedimentos, nos llaman con sonidos de granito, como fonéticas de plastilina.
Observé roquedales dentro de arboledas, desconcertado como un extravío, ófrecí mi sacrificio a un crepusculo de marionetas. Donde nacen los bordes.
Tierras de venus persiguen mi insomnio mientras tanto.
Bosques de llaves.
Sé muy poco del idilio, el amor está hecho de brea y el único lugar para él esta constituido de asfalto.
Sé de profanaciones en el interior de mi edipo. La tierra inconfesable y quieta del aparejo mordido por telas de arañas.
Sobre esas condiciones, sobre este hecho la palabra muere. Y ese agonizar es un estado que nuestro espíritu arranca de la carne.
Hasta mirar en otro verbo.
Guillermo isaac paredes mattos
sábado, 20 de noviembre de 2010
Terciopelo Subterraneo XXIV
Intentos apolineos de mascaras rojas
mientras el brillo entretiene las hojas
en esa pretensiòn de mencionar en sus halos
manifestaciones de savia.
Pero esa decisiòn llega de una nave
tan naufraga como cualquier movimiento
y el movimiento es un ser que camina a la deriva
sin encontrar jamàs un espacio.
Pero esta noche hablo con las cosas.
Ese es mi mundo, mi creaciòn de ciudades enfermas
donde seguramente me extinguirè como un pàjaro,
asumàmoslo crisoles
en las murallas no hay lugar para nosotros
sòlo hay dientes y mamiferos de agua,
gruas, iridiscencias,
fuì un sepulcro que tuvo naturaleza de demonio en el alba
y como angel tuve una caida,
me pregunto cuando se darà la nuestra.
Asumàmoslo crisoles.
Maleficios de agua me acompañan
me guìan estertores de amor semejantes al ideal
de un solsticio,
ignorado por cetrinos adjetivos
aquellos que caen en esta estulticia
donde soy el calendario de un ojo
ciego como la espuma
y la orilla.
Esa orilla tan idolatra al recibir a las olas.
Y en cada ola hay una pasiòn pagana
dios lo sabe e inventò religiones
para salvar a los hombres
el detalle es que la religiòn creò su propio universo
uno ajeno a la vida,
sus evangelio buscan la salvaciòn lejos del hombre.
Por ello estoy aquì
sin ningun sentido cuando oigo al ente,
memorial como cualquier sortilegio,
no tan eterno semejante a una vida
que busca trapecios
para confesar un hambre,
lo màs terrible es que llega del verbo.
Quisiera vivir como yo, quisiera responder como ellos
pero soy un suicida en forma de nieve
sin ninguna escencia que pueda sostenerme,
el asunto es que construì mis pèndulos
tan propios sobre esta distancia
que irònica
presenta ante mì el destello de un niño
cruxificado sin amor por la belleza.
Oh, dios, estamos a la par, caminamos desnudos
como tù, sòlo vivo entre auroras y amaneceres
entre ellos hay un pàjaro que es esgrima en su vuelo,
sòlo quisiera una herida de su espada.
Y mientras los puñales adiestran
particulas de itinerarios semejantes al mercurio
escribo relampagueantes celulas con el instinto
inscripciones en el sexo de la piedra
a mì no me importa desdecir todo lo que he vivido,
finalmente ese es el destino
de alquien que ama las sombras
y cada noche entre relampagos
las besa.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
mientras el brillo entretiene las hojas
en esa pretensiòn de mencionar en sus halos
manifestaciones de savia.
Pero esa decisiòn llega de una nave
tan naufraga como cualquier movimiento
y el movimiento es un ser que camina a la deriva
sin encontrar jamàs un espacio.
Pero esta noche hablo con las cosas.
Ese es mi mundo, mi creaciòn de ciudades enfermas
donde seguramente me extinguirè como un pàjaro,
asumàmoslo crisoles
en las murallas no hay lugar para nosotros
sòlo hay dientes y mamiferos de agua,
gruas, iridiscencias,
fuì un sepulcro que tuvo naturaleza de demonio en el alba
y como angel tuve una caida,
me pregunto cuando se darà la nuestra.
Asumàmoslo crisoles.
Maleficios de agua me acompañan
me guìan estertores de amor semejantes al ideal
de un solsticio,
ignorado por cetrinos adjetivos
aquellos que caen en esta estulticia
donde soy el calendario de un ojo
ciego como la espuma
y la orilla.
Esa orilla tan idolatra al recibir a las olas.
Y en cada ola hay una pasiòn pagana
dios lo sabe e inventò religiones
para salvar a los hombres
el detalle es que la religiòn creò su propio universo
uno ajeno a la vida,
sus evangelio buscan la salvaciòn lejos del hombre.
Por ello estoy aquì
sin ningun sentido cuando oigo al ente,
memorial como cualquier sortilegio,
no tan eterno semejante a una vida
que busca trapecios
para confesar un hambre,
lo màs terrible es que llega del verbo.
Quisiera vivir como yo, quisiera responder como ellos
pero soy un suicida en forma de nieve
sin ninguna escencia que pueda sostenerme,
el asunto es que construì mis pèndulos
tan propios sobre esta distancia
que irònica
presenta ante mì el destello de un niño
cruxificado sin amor por la belleza.
Oh, dios, estamos a la par, caminamos desnudos
como tù, sòlo vivo entre auroras y amaneceres
entre ellos hay un pàjaro que es esgrima en su vuelo,
sòlo quisiera una herida de su espada.
Y mientras los puñales adiestran
particulas de itinerarios semejantes al mercurio
escribo relampagueantes celulas con el instinto
inscripciones en el sexo de la piedra
a mì no me importa desdecir todo lo que he vivido,
finalmente ese es el destino
de alquien que ama las sombras
y cada noche entre relampagos
las besa.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Razòn de Mar
Dios escribía y la noche era de arena.
Dictaba líneas en mánticas de sed y era profeta
entre diluvios de arena y sueño.
Mientras tanto el insomnio contaba en las ciudades
el número del hombre, su devenir de estela
el manantial de una parábola que sin lenguajes
asomaba hacia la ruina y los cristales.
Dios escribía
como un gran metafísico posaba idolatrías
disponía ante el mar sus maldiciones
y era la luz procesión de un jardín en otro cuerpo,
la duda sagrada de quien llega hacia el insomnio oscilando
pensando finales de mar que hablan de todo
sin saber en qué lugar yerra el principio.
Ah...la naturaleza es un dón que cae de los árboles
el fruto de una idea al dilucidar,
la manera de alguna providencia cuando piensa
en el salto,
cuando escribe de mitos,
todos extraños sobre el espíritu de las cadenas.
Sobre ese entonces no hay actualidad
que sea expresión mas hostil en la palabra,
sobre ese entonces no hay un regreso a sí mismo
el ser ha empezado el infierno y no porque èste exista,
como una especie de razón es este mar
que me guía hacia el viento
y todas sus paradoja.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Dictaba líneas en mánticas de sed y era profeta
entre diluvios de arena y sueño.
Mientras tanto el insomnio contaba en las ciudades
el número del hombre, su devenir de estela
el manantial de una parábola que sin lenguajes
asomaba hacia la ruina y los cristales.
Dios escribía
como un gran metafísico posaba idolatrías
disponía ante el mar sus maldiciones
y era la luz procesión de un jardín en otro cuerpo,
la duda sagrada de quien llega hacia el insomnio oscilando
pensando finales de mar que hablan de todo
sin saber en qué lugar yerra el principio.
Ah...la naturaleza es un dón que cae de los árboles
el fruto de una idea al dilucidar,
la manera de alguna providencia cuando piensa
en el salto,
cuando escribe de mitos,
todos extraños sobre el espíritu de las cadenas.
Sobre ese entonces no hay actualidad
que sea expresión mas hostil en la palabra,
sobre ese entonces no hay un regreso a sí mismo
el ser ha empezado el infierno y no porque èste exista,
como una especie de razón es este mar
que me guía hacia el viento
y todas sus paradoja.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
jueves, 18 de noviembre de 2010
Los Prioratos Dorados
A Agueda Noriega
Basado en promedios descendìa por la aurora.
Como un excentrico fòsil bañado de agua.
Dentro de idilicos trapos tocados por el tiempo.
Centrado en espejos descendìa por reflejos
observando la espuma incendiados por la imagen
sucediendo a los libros detràs de una escena,
conquistando imperios dorados en
los màstiles,
reinos como la sed o los demonios,
fraguas entre la llama y los palacios.
En ardientes prioratos,
desportilladose en una resaca dorada
por los sueños.
Inventando carnes, con inteligencia de arena
en el abismo,
diò a la experiencia el paso
que raspa igual a una hoja cuando
todo se han ido.
Cuando boinas y perlas edifican un sepulcro
con ventanas de barro
robadas al estrèpito.
A las formas de venus al enumerar edipos.
A las siluetas de alevìnes
exterminado en la transparencia si
està hecha de ràfagas.
Porque asi como el fuego.
Ese viento que golpea nuestros parpados
tambièn puede quemarnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Basado en promedios descendìa por la aurora.
Como un excentrico fòsil bañado de agua.
Dentro de idilicos trapos tocados por el tiempo.
Centrado en espejos descendìa por reflejos
observando la espuma incendiados por la imagen
sucediendo a los libros detràs de una escena,
conquistando imperios dorados en
los màstiles,
reinos como la sed o los demonios,
fraguas entre la llama y los palacios.
En ardientes prioratos,
desportilladose en una resaca dorada
por los sueños.
Inventando carnes, con inteligencia de arena
en el abismo,
diò a la experiencia el paso
que raspa igual a una hoja cuando
todo se han ido.
Cuando boinas y perlas edifican un sepulcro
con ventanas de barro
robadas al estrèpito.
A las formas de venus al enumerar edipos.
A las siluetas de alevìnes
exterminado en la transparencia si
està hecha de ràfagas.
Porque asi como el fuego.
Ese viento que golpea nuestros parpados
tambièn puede quemarnos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Los Vuelos Majestuosos
Poseìa una orden.
Un acto de huellas
sobre la marejada.
La estela vertiginosa
que abandona el camino
en la tierra cuando avanza.
Igual al hombre.
Operaba quirurgimente
dentro de un propòsito
desordenado en el vocablo
rebelde en el diàlogo
impregnado de silabas
y palabras discretas
como una supersticiòn
bañada de espejismo.
Busquè el cielo
amarrado a mi boca.
Diciendome que asi
y no de otra forma
desgarran los barcos
sus fàbricas
su falta de rostro
su rotaciòn igual
a subjetividades
llegando del papel
y los gèneros.
Llene de distancia
mis labios, mi pelo
el iris diciendome
de reencarnaciones
y heridas. Como
cicatrizes de venus
en un pergamino
lleno de heridas.
Donde el dolor como
la noche. Tambièn
cruza los àrboles.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Un acto de huellas
sobre la marejada.
La estela vertiginosa
que abandona el camino
en la tierra cuando avanza.
Igual al hombre.
Operaba quirurgimente
dentro de un propòsito
desordenado en el vocablo
rebelde en el diàlogo
impregnado de silabas
y palabras discretas
como una supersticiòn
bañada de espejismo.
Busquè el cielo
amarrado a mi boca.
Diciendome que asi
y no de otra forma
desgarran los barcos
sus fàbricas
su falta de rostro
su rotaciòn igual
a subjetividades
llegando del papel
y los gèneros.
Llene de distancia
mis labios, mi pelo
el iris diciendome
de reencarnaciones
y heridas. Como
cicatrizes de venus
en un pergamino
lleno de heridas.
Donde el dolor como
la noche. Tambièn
cruza los àrboles.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
La Imaginaciòn de los Reinos
Paseo mi alma como un tratado de liquidos
incendiando templos y promiscuidades,
amenazas de sol, yugos como la tarde.
He postulado a todos los màstiles
con la esperanza y el vèrtigo de convertirme
en una bandera oprimida por mis herejìas,
encendida en mis idolatrìas.
Entre mi corazòn y sus latidos
hay màs distancia de lo que mi poesìa imaginaba,
por eso soy de barro. De ceniza.
Y camino de orilla en vera, alimentàndome
de espoletas y piedras, de circulos presionados
por figuras de geomètricas aguas,
arrobadas por el sueño.
Memorias de sal y truenos
crean origenes y làmparas
frutos como una saliente bate el diccionario
cayendo junto a una trompeta y tratandose de lluvias
el acido dirige semàforos con maestrìas
de sempiternas agujas
recorriendo las venas.
Tengo memoria de mi alma. Inocencia de sus cìrculos,
alguna noche la acariciè intentando que ello
grabarase para siempre entre la realidad.
Pero la realidad no sòlo està hecha de hombres.
A mi lado caminan otros imperios.
Guillermo Isaac Parades Mattos
incendiando templos y promiscuidades,
amenazas de sol, yugos como la tarde.
He postulado a todos los màstiles
con la esperanza y el vèrtigo de convertirme
en una bandera oprimida por mis herejìas,
encendida en mis idolatrìas.
Entre mi corazòn y sus latidos
hay màs distancia de lo que mi poesìa imaginaba,
por eso soy de barro. De ceniza.
Y camino de orilla en vera, alimentàndome
de espoletas y piedras, de circulos presionados
por figuras de geomètricas aguas,
arrobadas por el sueño.
Memorias de sal y truenos
crean origenes y làmparas
frutos como una saliente bate el diccionario
cayendo junto a una trompeta y tratandose de lluvias
el acido dirige semàforos con maestrìas
de sempiternas agujas
recorriendo las venas.
Tengo memoria de mi alma. Inocencia de sus cìrculos,
alguna noche la acariciè intentando que ello
grabarase para siempre entre la realidad.
Pero la realidad no sòlo està hecha de hombres.
A mi lado caminan otros imperios.
Guillermo Isaac Parades Mattos
La intuiciòn invisible
Hoy la lluvia es un gènero de rocìo
avivada por el sol y las inmensidades de vidrio.
Hoy el veneno asciende al agua como un soplo
de escarcha renaciendo en un sustantivo
de gramàticos estros
renunciando al hombre.
En lo personal no sè que trae desde
lo profundo.
Pàlida la humana esquina, retumba en sus àrboles
como un ficus siniestro bordeando
un oceano de efigies
un planeta de ramplas, donde naipes
y pìramides organizan su agonìa
como un vestigio seco de ardientes lùpulos.
Indicios de museos y tumbas alguna vez.
Arquetipos entre demiurgos y sienes rondando los pòmulos
con trinos siniestros, como aquellos
alimentàndose de ìdolos
y heraldos,
acumula daguerrotipos en aurorales entrañas.
Esas fueron las nuestras.
Esas y no otras.
Guardalo espìritu en cada una de tus inteligencias
Sopla en ello con los vetigios que la magia
abandona en un candelabro cuando
todo se humedece
y los aeroplanos tropiezan
con los dirigibles en el hemisferio.
Yo fuì un hombre de poemas y razones.
De pensamientos e inspiraciones como el tacto de la cèlula
cuando es despojada de piel
y cèfiros,
de tornos e inmensidad.
Cualquiera que llegò a visitarme tenìa
una palabra en sus manos.
Una palabra cayendo de sus ojos.
Inconquistable.
Terriblemente inconquistable a
sus labios.
Fuì esa imprecisiòn asolada
por la escarcha y los pasajes que laberintos
o vagones abandonaban en los puertos
creyendo que se trataba de muelles.
Fuì la respiraciòn de un pobre arte.
El sujeto que llevaba escolios allì
donde sòlo debìa agitarse una pàgina.
Un pergamino de barro
tratado como piel por los dìas
abismado en los ocultos golpes
de carne.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
avivada por el sol y las inmensidades de vidrio.
Hoy el veneno asciende al agua como un soplo
de escarcha renaciendo en un sustantivo
de gramàticos estros
renunciando al hombre.
En lo personal no sè que trae desde
lo profundo.
Pàlida la humana esquina, retumba en sus àrboles
como un ficus siniestro bordeando
un oceano de efigies
un planeta de ramplas, donde naipes
y pìramides organizan su agonìa
como un vestigio seco de ardientes lùpulos.
Indicios de museos y tumbas alguna vez.
Arquetipos entre demiurgos y sienes rondando los pòmulos
con trinos siniestros, como aquellos
alimentàndose de ìdolos
y heraldos,
acumula daguerrotipos en aurorales entrañas.
Esas fueron las nuestras.
Esas y no otras.
Guardalo espìritu en cada una de tus inteligencias
Sopla en ello con los vetigios que la magia
abandona en un candelabro cuando
todo se humedece
y los aeroplanos tropiezan
con los dirigibles en el hemisferio.
Yo fuì un hombre de poemas y razones.
De pensamientos e inspiraciones como el tacto de la cèlula
cuando es despojada de piel
y cèfiros,
de tornos e inmensidad.
Cualquiera que llegò a visitarme tenìa
una palabra en sus manos.
Una palabra cayendo de sus ojos.
Inconquistable.
Terriblemente inconquistable a
sus labios.
Fuì esa imprecisiòn asolada
por la escarcha y los pasajes que laberintos
o vagones abandonaban en los puertos
creyendo que se trataba de muelles.
Fuì la respiraciòn de un pobre arte.
El sujeto que llevaba escolios allì
donde sòlo debìa agitarse una pàgina.
Un pergamino de barro
tratado como piel por los dìas
abismado en los ocultos golpes
de carne.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
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