lunes, 15 de noviembre de 2010

Estelas de la furia

Blando el comportamiento de los frutos de ocre.
Insinuante el arribo a sus poses marchitas.
Extraños los cielos que no son arrobos
ni el significado del sol bajo un flautista inca,
pleno e idolatra, heraldo y reciproco huerto,
donde aprendieron a buscar otro mar los jardínes.

Temblorosa la ignea perpendicular que hoy oprime
aquello que el amor no abraza ni arroja a lo ardiente
como algun insomnio es arrojado a los brazos de
un espejismo, para que nuestra soledad contemple
su agonía, su postrero resplandor, su etiqueta
de alambre episcopal y lujurioso cartilago,
como aquellos que rondan nuestros brazos
los que hunden su verbar más secreto,
él que nunca llegará a los muelles
aquel que vivirá en la belleza de su furia,
ensimismado, psicologizado, individualmente propicio
al infinito y todos sus simulacros.

Tenue la hojarasca, violento el resplandor
que sigue a nuestra carne como un profugo sigue a
la oscuridad pues alguien le dijo que allí estaba
la noche.


Y con ella, todas las estelas de la furia.



Guillermo Isaac Paredes Mattos

domingo, 14 de noviembre de 2010

Tornasol de Fràctales

Una noche como el agua
sombreada de plàsticos.

El lugubre templo donde los apocalipsis
cubren un dìa.

Treboles de intensidad en cuyos nombres
encorvinanse sobre sì, las praderas.

Y sumidos tornasoles
caen del arrobo como un hombre
desmedido y extraño en una sola huella.

En un brillo de pez
retorcido y silencioso
arredra
una nueva y aerea màquina
el cruze del girasol en una tumba.

Què originarà la existencia de ese cruze.

Poseidas màquinas
recorriendo marcialmente la arena
y los fractales.

El sur derrotado por mi corazòn.

Por un organo de hierba
oprimiendo una lira, un voceo de hiedras
una piedra semejante al roquedal
y los maquillajes del cieno.

Pero asi no termina un poema.

Asi nada màs resiste en los ojos del hombre
el destino escondido en sus iris.

Y no hay iris que sea descenlace
del hado.




Guillermo Isaac Paredes Mattos.

El Desencanto de la Nieve

El Desencanto de la Nieve


Mi mundo está cerrado y a veces tiene cuatro paredes
rie de sus tres dimensiones y danza cuando el dolor
agazapado maniobra hasta convertirse en sigilo.
Mi mundo parece una orilla, cualquier mar del universo lo toca
mi puerta tiene la memoria de mil manos y de mil miradas
pero ellas no guardan de mi madera una forma, la silueta
incendiando vilos de imaginación, enfrebrecidas carceles
para ofrecer corales de pulsación a los sueños.
Esta cayendo siempre en un elixir y delata a la eternidad
cuando ésta emula al pájaro y en mis manos intenta posar su cuerpo.
Tuve ya su peso una mañana y con él caminé hasta la noche
no hay en esa crepitación aquella, que aflora entre simbolos
de lluvias, holocaústos donde el follaje confiesa
a todos los cardos, camino en sacrificios de hordas,
manchando de resplandores el polvo. Es una pincel de agua
es una herencia acuarela, vago recitar de helechos
el pino del azufre donde empieza el día, su festín de piel
su habitación de huesped trasnformado en ceniza,
el candelabro majestuoso de una escafandra, incendiando
el adoquín de un minuciosa babosa, arrastrando
su estirpe de savia en mi corteza.
Mi mundo no tiene sentido, no pierde el tiempo
en abstracciones, golpea con látigos de fuego el pensamiento,
rastrea conjunciones de piel, donde el aliento presume
su soledad de pretensiones y donde la pretensión es otra soledad.
Un coro que apaga su sombra en la lira del desasimiento.



Guillermo Isaac Paredes Mattos

lunes, 8 de noviembre de 2010

Abominables Cielos

Monstruosos los cèfiros.
Monstruosa mi poesìa que nunca podrà salir
de ella misma.

Abominables visiones que el alma deja
en interiores de pèrgolas.

Atroces mis caminatas.
La mariposa de piedra y conturbenios
asumiendo empalizadas de paises de brea
como si todo estuviera hecho de
asfalto.

Lacrimògeno el sueño, que cubre la memoria
mientras èsta pudo haber caminado
a otro mundo.

Menos lacrimogeno obviamente.

Menos obvio.

Y yo llenè mi corazòn de evidencias
recoerriendo ambientes
inservibles y venenos trascendiendo
como una leyenda
en los mitos de una etiqueta.

Monstruosos los cèfiros.
Mi poètica vida, con la cual ni siquiera
aprendì a amarrar mis zapatos.

O cubrir cada uno de mis pies con
una media.



Guillermo Isaac Paredes Mattos

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Reminiscencia del mí mismo

Hoy los cascos ascienden, con pírrica dulzura
desde su desencanto. Hoy los retratos nos muerden.

La emoción circunda los fuselajes meridionales
que rondan mi encuentro. Son lanzadas las hojas.

Alguien entona en el labio centinelas y acucioso
el guardían abre una pradera para mis marionetas.

Borro mi desembarco funesto encima del ruido,
retraso mi llegada de conclusión a los muelles.

Inteligente como la inteligencia respiro el soplo
vagando por las nubes como una sirena borrosa.

Y vago su sigilo, vagas las armas de lo ardiente
cuando no hay melodías dispuestas a desertar con ella.

Plurales arcanos muestran la heroicidad del burro
en una ojera, soplando arpas y tambores.

Somos una estampa, procesiones de caidas y amamos
la nieve que entierra en su figura el invierno.

Lumenes atroces, dioses abominables nos tocan
con la sensibilidad de una garganta sin palabras.

Vocales de oido y desprecio dicen aún mi nombre
pero mi soledad es mas grande que esos titanes.

Y duermo como ayer, esperando mi despertar
en un velero y sus atalayas de bosques.

De miserable oficio de dinosaurio y primavera,
dada la mistica y creencia de sus pueblos.

Torsos de grillos encumbran la paciencia
que inherente a las sales rompen alcoholes.

Diccionarios pequeños son herramientas que acuñan
coros de bálsamico furor en los granitos.

Pequeño el oceano dice el agua. Mínimo
el hombre que oía del ser una leyenda.

Y asi entre mitos de ruinas alzo mi corazón.
Para ritualmente perderme entre mí mismo.





Guillermo Isaac paredes Mattos

martes, 2 de noviembre de 2010

El Canto de la Especulaciòn

Si te acercas a un soplo, llevado por la especulaciòn.
Si es itinerario y duermes cerca del agua
para que el oceano no pueda iluminarte.

Y entre cabellos paralelamente al sol.
Un estrado, asume un record que el desasimiento
domina, guìado por manìas de pistones,
por instrucciones de elipsis.

Y si ese soplo es imperio, una hueste
de rapiñas, donde algùn amanecer chacales
y hombres acariciaron la lujuria
con la cual el reino de aquella especulacion
enterrò el deseo en una idea.

Y en otra.
En el pensamiento perdido en los reyes.
En un oriente raspando alarmas.
En un capitan de novatos.

Señor, quise un dios que estuviera debajo
de la mesa como un nombre herido.

Por ejemplo, como el que llevan los perros.
Esos que discurren sobre vientos y brisas de panteras.
Los que no colocan su cuello ante el verdugo
y briosos como un cataclismo, observan
la postrera mirada del diluvio.

La postrera.

Pero no la ùltima.




Guillermo Isaac Paredes Mattos

Sin Truenos

Sin Truenos



No dejes que el poema inunde de barro tus noches.
No dejes a tu conciencia volver a esa intenciòn su
mirada de rampla. Su cirio sin equilibrio ni costra,
su galpòn vacìo.

Deja al oceano perder su escencia debajo de su mente.
Mira cuanta contemporaneidad hay en la mùsica
conquistado graznidos de àcidos y titanio,
oculta en los papeles, como un àngulo.

Alèjate de èl, mientras màs poeta dicte
la palabra poesìa, mas gigantesco
serà su yugo.

Cubrete de agua y cenizas prodigiosas
si es que navegan errantes en una calle.

No creas en nadie.

Ni siquiera en tu nombre y todas las palabras
que su espìritu puedan traerte.

Toma el hambre de tu piel y transformalo en carne
pues esa posibilidad acontecerà
semejante a esa trinidad
donde los cerquillos de tus labios
pierden su brillo.

Recoge el aura que es desterrada a cada momento
de tu vida.

No escribas siquiera de tu sombra.

Y cuando todos se hayan ido.

Cuando las cosas no tengan un sòlo
sentido en tu vida.

En ese momento que puedas llenar tu boca
de barro.

Sòlo allì, se un
manuscrito.





Guillermo Isaac Paredes Mattos