lunes, 4 de octubre de 2010

Destino

Mi poema es una noche.
Llena de culpas y remordimientos
lo contemporaneo. No es lìrico.

Asciende como una estaciòn en los trenes.

Toca puertas de estandartes pastoreando los acidos
y abedùles de màrmol colgados de mi pereza.

Destinado al erotismo vuelve vàndalo
toda gota de ceniza, todo rehen al acecho,
cualquier extorsiòn que sea plàstica.

Libros de eternidad y barro
elaboran un censo donde los equinoccios arredranse
a interiores de galaxias devorando
ese fracaso.

Su poesìa es ascètica.

Lleva tramites legales en una horca.

Glaciàres como el fragor del verano
debajo de la polvora.

Mi poema y su poesìa lo saben.

Porque nunca tuvieron a los dioses de su parte.

Y tampoco a sus demonios.



Guillermo Isaac Paredes Mattos

domingo, 3 de octubre de 2010

Lenguaje

Yo tengo una manifestaciòn del lenguaje.


Cuando se arrastra en las noches
màs abajo.


Y se descuelga en la aurora
sin la voluntad de devolver
una sola de sus heridas.





Guillermo Paredes

La Rendiciòn de mis nervios

Tengo cosas en comùn con la vida. Una iglesia
Una hoja, el parentezco con olor a granito,
la fosa donde beben los clanes y los grillos.

El olor a nervio y respiraciòn, a gallo
que tribalmente eleva una cùpula, una rada
donde beben del tiempo escènicos primogènitos.

Escribo por olvido del sol y las preguntas
yerro en el tarot de la cena y ha pasado
que mi hermano fue primordial como la ira.

No tengo navajas para la luz y aguardo
que mi boca pueda recorrer tripulaciones
de acidas redenciones con las puas.

Los filos no son siempre roces
pero descubren el oceano como posiciones
eròticas funciones de alambre en los brazos.


Cuando la poesìa, llamese providencia.
Llamese Divina.

O aquella que uno muerde para su propio
corazòn en los labios.

Cacada noche muerde el destino
de una representaciòn en las manos.


Guillermo Isaac Paredes Mattos

sábado, 2 de octubre de 2010

A donde la experiencia Camine

Sòlo la experiencia camina igual a un castillo.

Por ello su poema està lleno de palacios.

Abstractamente ello corona granitos.

Que un destino eleva con trenes de mediarosas
conquistando un pàramo que no era para èl.

Sòlo particularmente el universo no es infinito
y de categorìa en categorìa los nombres
sumidos son en la espuma
como una maravillosa egloga de purpura.

Asi nos traicionamos dulcemente
porque la vida se convierte en diamante.

Y un diamante es dialogo de esquizofrenico.

La teorìa jungiana del aceite.

El monte y la lluvia para vivir corriendo
como un patriarca de amor
soñando en las colinas.

Un diàlogo es sòlo un manicomio.

Alguien que sume sus partes a voz entera
desprendiendose de lumenes
y recalando en un acto
donde lo inedito
toma su naturaleza.

Esa que quizà antes de nuestra infancia
toco lo verdadero.


En un tiempo en que no habìa experiencia,
y los hombres vagaban como torres
en bosques de alas escarlatas
formando hemisfericos
nihilismos.




Guillermo Isaac Paredes Mattos


Guillermo Isaac Paredes Mattos

Poema

El instante es una forma.

La definiciòn que lo acompaña tuvo
su experiencia en los àrboles.


El instante es sobrecogedora experiencia.


Un ente catapultado a los circulos
y los abrigos, podrìa estructurar su galope
como estructura el galope del agua
en una corriente el rìo.


El instante es un animal.

Una opera.

La percepciòn de dios borrandose
entre laberintos.


Porque sòlo el destino de una insomne lucidez
puede tocarla.

Decidir entre su sensibilidad como
lo hace una pantera
en los montes.


El instante es inocencia.

La colisiòn que irrumpe profundamente
en los advientos del halo.

Y por ese principio el misterio
lo enraiza en la nada.

Asi como en las paredes de un abismo
se enraizan hasta florecer
las serpientes.





Guillermo Isaac Paredes Mattos

viernes, 1 de octubre de 2010

Voluminosidad

El volumen no es una
prueba cientìfica.

Està màs cerca de las figuras
que de cualquier cosa.

Por ello se pudre entre
los solidos.



Guillermo Isaac Paredes Mattos.

Volùmenes de los Angeles

Arrastrè caminos como la belleza.
Señales de anilina y exodos.
Què hacer con la poesìa a veces fueron todas
mis preguntas.


Y ya que hablo de volùmenes
crecì entre pabellones y plenilunios de truenos
que sin muchos relàmpagos rociaron uniformes
donde el universo esperaba retoques
una acuarela de piel bañada de estambres
o los fondos increibles
con los que mi lìrica
busca una sorpresa.

Pero.

Yo debo ser un hombre rojo que
nunca viste sus sonidos.

Que cavila y vacila entre conciertos
y gritos.

Soy un hombre rojo y mis pobres idearios
aùn preguntan a la creaciòn
por lo vacilante.

Los angeles son el mejor ejemplo de ello.

Al margen del demonio.


Ningun otro cayò a la tierra.



Guillermo Isaac Paredes Mattos